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viernes, 8 de noviembre de 2013

El problema de las matemáticas


Las Matemáticas, como materia a estudiar en la escuela, han sido siempre vista como una pesada carga ¿Qué significan las matemáticas? ¿Qué aportan? ¿A qué se considera como “adecuada construcción de los conocimientos matemáticos? ¿Qué objetivos podemos asignar a los aprendizajes de las matemáticas? ¿Cuál es la finalidad de la enseñanza?


Es momento en este artículo, de analizar cuáles son los fundamentos de un adecuado programa de enseñanza de las matemáticas teniendo en cuenta las grandes dificultades que entrañan para muchos niños (no hay que olvidar las estadísticas de los resultados académicos) y la importancia que el actual Sistema Educativo le otorga a las Matemáticas como materia fundamental junto a la Lengua.

El artículo pretende dar a conocer, de forma básica, los principios de un programa de enseñanza de las Matemáticas basados en el hecho de que cuanta más información tenga la familia más podrá colaborar en el proceso educativo de los hijos. Por tanto, no se trata de que las familias apliquen un programa de enseñanza ni sustituyan a los maestros, más bien que colaboren estrechamente con la escuela conociendo mejor la actuación docente.

La estructura de este artículo se basa en analizar el significado de las matemáticas como materia de conocimiento y su aportación a la formación de la persona. Después intentamos explicar cuál es el proceso que sigue el individuo en la construcción del conocimiento matemático para terminar enumerando los objetivos, fases por las que pasa, finalidad y principios que debe contar un adecuado programa de enseñanza de las matemáticas.

En primer lugar debemos saber que las Matemáticas son un conjunto de conocimientos en evolución con la necesidad de resolver problemas prácticos. Su evolución no sólo se ha producido por acumulación de conocimientos o de campos de aplicación. Los propios conjuntos matemáticos han ido modificando su significado con el transcurso del tiempo, ampliándolo, precisándolo o revisándolo.

Como disciplina científica, las matemáticas tienen una Estructura Interna que relaciona y organiza sus diferentes partes, en la que destaca una componente vertical, la que fundamenta unos conceptos en otros, que impone una determinada secuencia temporal en el aprendizaje. El carácter distintivo del conocimiento matemático proviene de su gran poder como instrumento de comunicación conciso y sin ambigüedades. Por otro lado, existe una gran relación entre las diferentes partes del edificio matemático de tal modo que diversas estrategias o procedimientos generales pueden utilizarse en campos distintos y con propósitos diferentes.

La aportación de las matemáticas a la formación integral de la persona consiste en el desarrollo de la capacidad de pensamiento y de reflexión lógica y en la adquisición de un conjunto de instrumentos para explorar la realidad, representarla, explicarla y predecirla, en suma, para actuar en y sobre ella. De forma más detallada veamos en qué consiste esta aportación:
·      Enriquecen y ayudan a utilizar un lenguaje más concreto y conciso y progresivamente más abstracto.
·      Son un poderoso instrumento de comunicación mediante el cual es posible representar, explicar y predecir la realidad de forma rigurosa, precisa y sin ambigüedades.
·      Desarrollan el razonamiento lógico y matemático, la sensibilidad estética y la creatividad, proporcionan y desencadenan procesos que permiten desarrollar capacidades de carácter general, el razonamiento deductivo e inductivo.
·      Educan la percepción espacial, y estimulan la creatividad al usar y combinar conceptos conocidos para generar otros.
·      Proporcionan o desencadenan procesos que permiten desarrollar capacidades de carácter general, ayudando a comprender y solucionar problemas cuantitativos.
·      Potenciar la memorización comprensiva y la interiorización de procedimientos y técnicas matemáticas no por la repetición, sino por la comprensión significativa.
·      Proporciona herramientas de aplicación a situaciones no sólo escolares, sino también extraescolares.

De manera más sintética podemos decir que el área de Matemáticas desempeña una labor fundamental en el tratamiento educativo en las primeras etapas educativas porque se entiende que su contribución es decisiva para potenciar en el individuo las siguientes capacidades:
·      Perseverancia, orden y rigor en el pensamiento.
·      Exploración activa de lo que le rodea.
·      Búsqueda de estrategias propias de resolución de problemas.
·      Sensibilidad estética.ð Capacidad de análisis, reflexión, conceptualización.
·      Procesos de autonomía.
·      Imaginación, creatividad, fantasía.
·      Curiosidad e interés por lo que le rodea.
·
Por último, en relación con la aportación de las Matemáticas, cabría apuntar el valor funcional que poseen como conjunto de procedimientos:

- Para resolver problemas en muy diferentes campos.
- Para poner de relieve aspectos y relaciones de la realidad no directamente observables.
- Para permitir anticipar y predecir hechos, situaciones o resultados antes de que se produzcan o se observen empíricamente.

Por todo lo anterior está justificada una adecuada construcción del conocimiento matemático basada en un correcto programa de aprendizaje de las matemáticas fundamentado en unos objetivos, fases, principios, etc. que más adelante veremos. Pero ahora es momento para plantearnos una serie de preguntas de interés cuyas respuestas nos pueden ayudar a entender mejor los periodos por los que pasa todo niño en su conocimiento matemático. ¿Cómo construye un niño la matemática?, ¿de qué forma se inicia en el mundo de los números? Para responder a estas preguntas, PIAGET (dentro del marco de la psicología cognitiva) considera que el desarrollo de la inteligencia de los niños es una adaptación del individuo al mundo que lo rodea. Nos viene a decir que el proceso comienza con una forma de pensar (estructura) propia de un nivel de desarrollo madurativo. Después debemos saber que algunos cambios externos crean conflicto y desequilibrio. El niño (como toda persona) intenta compensar esa confusión y resuelve el conflicto mediante su propia actividad intelectual. Y ¿saben?, de todo esto resulta una forma distinta de pensar y estructurar las cosas, en definitiva, un nuevo estado de equilibrio.

Todos sabemos que la inteligencia se desarrolla a través de un proceso de maduración y aprendizaje. De acuerdo con Piaget, la inteligencia se desarrolla en cada persona a través de determinados estadios que son parte de un proceso continuo, en el cual una característica del pensamiento infantil se cambia gradualmente en un tiempo determinado y se integra en formas mejores de pensamiento. No es momento de recordar los distintos estadios psicoevolutivos por los que según PIAGET pasa el individuo; tan solo citamos el estadio sensoriomotor (de 0 a 2 años), el periodo preoperacional (de 2 a 7 años), el periodo operacional concreto (de 7 a 11-12 años) y el estadio de operaciones formales (de 11-12 a 14-15 años).

De todo lo anterior y según los principios en que se basa todo programa de enseñanza de las matemáticas, hay que saber que el proceso de construcción del conocimiento matemático debe estar fundamentado en la actividad real de los niños, para lo cual es imprescindible conocer, en cada edad, su manera característica de razonamiento y los tipos de tareas que los individuos pueden hacer. De ahí la necesaria preparación en psicología evolutiva del docente. Siguiendo los distintos estadios de desarrollo cognitivo planteados anteriormente y sabiendo que las edades cronológicas son orientativas, pues es el orden de sucesión de estadios lo que permanece invariante, podemos afirmar lo siguiente:
En el estadio temprano de operaciones concretas (7 a 9 años), los niños son capaces de trabajar con operaciones simples sobre elementos concretos. Ambos, elementos y operaciones, deben estar relacionados con objetos físicos y con operaciones realizables experimentalmente.

Por ejemplo, en este nivel las cuatro operaciones de la aritmética elemental son significativas cuando se las utiliza por separado con números pequeños dentro de la experiencia del niño. Los niños no tienen aún capacidad para construir un sistema matemático en cuanto tal, pero ya comienzan a preparar sus cimientos en forma de estructuras elementales concretas.  
El estadio final de operaciones concretas (10 a 12 años) se caracteriza por la capacidad del niño para trabajar con cierto número de operaciones en secuencia si los números con pequeños, y con números grandes si forman parte de operaciones simples. En conclusión, el niño comienza a desarrollar sistemas matemáticos simples y representa un nivel de desarrollo en el que ya puede comenzar a usar las matemáticas como tales. Empieza a desarrollar una estructura concreta de experiencias que puede ir construyéndose año tras año para formar un sistema lógico concreto.

En el estadio de generalización concreta (13 a 15 años), los niños pueden usar un cierto número de operaciones, no asequibles físicamente. Pueden utilizar elementos generalizados (cifras grandes y letras en sustitución de números) Así, el chico es capaz de desarrollar una estructura matemática compleja en la medida en que tenga un fundamento concreto.

Por último, en el estadio de operaciones formales (16 años en adelante), el alumno no tiene necesidad de relacionar elementos, operaciones o la combinación de ellos con modelos análogos físicos, y puede tomar como realidad un sistema abstracto bien determinado con sus definiciones, relaciones y reglas. Se enfrenta con variables en cuanto tales, porque puede evitar sacar la conclusión final hasta haber considerado las diversas posibilidades. El niño está preparado para trabajar con el sistema formal abstracto que, para el matemático, constituye la esencia de las matemáticas.

Los PRINCIPALES OBJETIVOS que se persiguen en la ENSEÑANZA DE LAS MATEMÁTICAS se concretan en dos:
1. Desarrollar la capacidad de los escolares para la realización de las operaciones aritméticas y el uso inteligente de los números.
2. Desarrollar la aptitud para aplicar eficazmente los conocimientos aritméticos en situaciones de la vida real (lo que llamamos en educación contenidos funcionales).

Estos dos objetivos se traducen en dos fases claramente diferenciadas en todo programa de enseñanza de aritmética:      
 La fase puramente matemática: donde el maestro se plantea objetivos como la comprensión inicial del número y de las relaciones del sistema numeral; el conocimiento de los hechos numéricos básicos de las cuatro operaciones fundamentales y de sus relaciones; comprensión del significado de las diferentes operaciones; destreza en cálculo, etc.

 La fase social con objetivos como alcanzar destreza en el uso de medidas y artificios de medida; aptitud para leer e interpretar datos cuantitativos en tablas, cartas, gráficos, mapas, etc.

En casa deben saber que en función del nivel educativo en que se encuentre el niño, estará en una fase o en otra y por tanto podrá presentar unos problemas u otros porque estos problemas están asociados al tipo de actividad que se pretende. Por ejemplo, un niño puede saber calcular muy bien en la operación que sea (fase matemática) y sin embargo presentar dificultades para la resolución de problemas relacionados con la vida cotidiana (fase social).

Por tanto, la enseñanza y el aprendizaje de las Matemáticas se caracteriza porque ha de tener como FINALIDAD:
·      el establecimiento de destrezas cognitivas de carácter general, que puedan ser utilizadas en casos particulares.
·      su aplicación funcional, facilitando que los alumnos apliquen los conocimientos matemáticos fuera del ámbito escolar.
·      su valor instrumental, creciente a medida que el alumno progresa hacia tramos superiores de la educación.

Para una información más completa, los padres deben conocer los principios fundamentales de la enseñanza de las matemáticas que son el comienzo para alcanzar los objetivos propuestos a través de las fases enumeradas. Estos principios son los siguientes:
1. El programa será funcional, previendo la aplicación de las destrezas matemáticas en una amplia gama de situaciones sociales de tal forma que despierte en los niños un genuino interés por la materia y el deseo de dominar las operaciones numéricas.
2. El significado matemático de las operaciones deberá ser claro para los niños, de modo que éstos lleguen a comprender los procesos mecánicos que han de dominar y se esfuercen en ello.
3. El descubrimiento por el niño de hecho, significados, generalizaciones y relaciones a través de un proceso empírico que implica primero la manipulación de objetos concretos, después el análisis de las distintas fases de las operaciones, visualmente representadas en diagramas e ilustraciones de toda índole y, finalmente, el estudio de los procedimientos abstractos, tal como vienen explicados en los textos, conduce a la comprensión de las operaciones y, por consiguiente, facilita su retención.
4. El aprendizaje aritmético es un proceso de crecimiento gradual que requiere adecuada dirección y guía. Cada etapa del aprendizaje debe ir precedida por la aplicación de pruebas para determinar la preparación del niño para el nuevo trabajo. La organización y graduación del programa tendrá en cuenta diferencias de ritmo entre los individuos.
5. El diagnóstico es un elemento esencial en la enseñanza de la aritmética y su aplicación continua en el curso del aprendizaje, permitirá al maestro descubrir y corregir, en el momento oportuno, las dificultades de los alumnos.
6. Debe darse al niño la oportunidad de enriquecer y ampliar significados mediante actividades interesantes, vitales, realistas y variadas. La práctica sistemática de las operaciones aritméticas es necesaria para asegurar la eficiencia operativa, pero este entrenamiento debe ir precedido de la comprensión de los pasos del proceso y del significado de la operación.


Fuente
Escuela de Padres
MEC
Ministerio de Educación de España

jueves, 15 de julio de 2010

Cómo afrontar una pelea familiar

A menudo surge en la familia situaciones en las que el comportamiento de los más pequeños es de lo más irritable. Por desgracia a menudo, los adultos reaccionan de una forma irascible en los mismos términos que los hijos y claro está, el terremoto está servido. Los adultos estamos convencidos de que los niños son muy inteligentes y saben cómo sacar de quicio a los demás. Los niños manipulan con sus antojos y peticiones a los mayores y de esa manera obtienen todo tipo de parabienes.

Y es que la intención inicial de los mayores es la de controlar la situación porque se consideran maduros y lo suficientemente preparados como para conseguir los propósitos establecidos. Ya sabemos que el problema está en que eso no es verdad. ¿O es que acaso no recordamos cómo reaccionamos la vez que la niña no quería tragarse la bola de comida cuando comía pescado?, o ¿cuando pedimos que colocara la habitación y se nos fue dando largas hasta que al final no se cumplió nuestra petición?, y así una tras otra. En todas estas situaciones y otras muchas similares, los padres se han hecho los fuertes, se han propuesto controlar la situación y conseguir sus objetivos por las buenas y dando sensación de poder y control y al final, han conseguido frustrarse porque han dado una pésima imagen ante el hijo e incluso ante otros adultos que presenciaban la escena perdiendo el único prestigio que uno puede tener.

En el día a día, en las relaciones que se mantienen entre los miembros de la familia ES NORMAL QUE SURJAN DESACUERDOS porque también sabemos que donde hay amor también existe conflicto. Y es que donde hay personas que piensan hay discrepancia de pareceres, de formas de actuar..., eso es normal. Todos no podemos pensar igual. El avance y el desarrollo nacen de la disparidad de criterios e intereses y eso es lo que pasa en la familia. Ante esta situación, es importante reconocer un problema y antes de esto, saber que existe y atajarlo cuanto antes de la mejor manera posible.

Sabemos que hay dos formas de afrontar e intentar solucionar un problema: constructiva y destructiva. Afrontar un problema de forma destructiva daña la autoestima de los rivales y desgasta emocionalmente a los enfrentados. Esta forma de solucionar un problema es ruidosa, violenta,... sobre todo cuando se llevan a cabo en público, ante una visita, en la calle, ante amigos, etc. Sin embargo, afrontar un problema de forma positiva, constructiva, supone desarrollo, alienta el diálogo y permite que los contendientes lleguen a su máximo potencial. No es difícil llegar a afrontar un problema de una forma constructiva si nos lo proponemos y desde aquí nos proponemos dar algunas ideas que con seguridad nos facilitarán más la relación en familia.

Lo normal, por desgracia, es que los problemas se solucionan con DISPUTAS que en la mayoría de las veces son INNECESARIAS. Estas disputas surgen, por parte de los mayores, cuando ven que la situación se les va de las manos y observan que no controlan ni tienen tanto poder como quisieran. Por otro lado, no siempre se puede evitar pelear y si esto llega a producirse es conveniente elegir bien las "batallas".

Hay que tener en cuenta aquellas situaciones que tienen verdadera importancia: problemas relacionados con los valores, la comunicación, etc. además hay que saber valorar la importancia real de cada situación porque dos problemas relacionados con un mismo tema (como puede ser la honestidad) no tienen la misma importancia porque no afectan por igual a la persona implicada o el posible daño que se ocasiona no es tan grave. Por otro lado, es conveniente afrontar disputas que creamos que vamos a salir victoriosos y con el objetivo cumplido.

También suelen surgir problemas cuando LOS HIJOS RETAN A SUS PADRES Y ESTOS NO LO SOPORTAN. La impotencia estaría detrás del hecho de que un adulto afronte de forma airada una situación conflictiva. Los adultos piensan que deben controlar en todo momento la situación y en el momento que un hijo presenta un problema, se cree que en parte es un fracaso del adulto que se violenta y cree que es un fracaso suyo. La respuesta del adulto es la de afrontar el problema de forma destructiva y lo que hay que pensar es que un hijo puede desafiar a sus padres y eso no significa que éstos sean unos fracasados.

Por otro lado conviene recordar una máxima que no por básica debemos dejar de lado: PARA PELEAR HACEN FALTA DOS. Si uno de los contendientes no recibe respuesta del otro pese a que le ha provocado, dejará de ofrecer una actitud de ataque. En ocasiones debemos aplicar aquella técnica de extinción tratada en el artículo de esta sección de Escuela de Padres titulado "Cómo mejorar la conducta de los hijos".

Toda persona que provoca a otra espera de esta última una respuesta. Nosotros los adultos no debemos caer en la dinámica de responder de forma negativa ante una ofensa. Se supone que debemos controlar la situación. Tenemos más formación que los hijos y por tanto más recursos para poder afrontar correctamente un problema. Recordemos que la técnica de la extinción se produce cuando se ignora la conducta indeseable. La conducta debe desaparecer con el tiempo al no recibir refuerzo que la mantenga. La extinción debe ser aplicada siempre que se produzca la conducta. No se debe aplicar de forma intermitente ya que de lo contrario, se refuerza la conducta y es contraproducente para el objetivo deseado.

En definitiva se trata de encontrar formas adecuadas de responder ante situaciones problemáticas. No siempre se consigue ser tan niño como su hijo de cinco años o ver las cosas con esa óptica de los adolescentes pero seguro que con una dosis de paciencia, un poco de conciencia y las técnicas que se intentan describir a continuación, seguro que el éxito está garantizado y las peleas familiares serán un motivo de conflicto del pasado.

CAROLYN MEEKS en su libro "Recetas para educar" (Ediciones Médici, Barcelona 2002) nos plantea CINCO MANERAS DE SALIR AIROSO DE UNA PELEA FAMILIAR si esta llega a producirse y con el fin de plantearla de forma constructiva. A continuación se exponen una serie de puntos básicos que nos ayudarán a controlar en todo momento la situación para no empeorar más (si cabe) la situación originada:

1. Trate de contemplar la situación desde la perspectiva de su hijo.
Sería molesto para cualquier adulto el hecho de estar sometido de repente, a las órdenes y quizá caprichos de otras personas que tuvieran más poder y que en todo momento impusieran lo que hay o no que hacer. Está claro que en muchas ocasiones los hijos viven situaciones de este estilo. Por eso, ante cualquier conflicto, hay que ponerse en el lugar del hijo, identificarse con él porque de esta manera veremos el problema desde otra perspectiva, a ser más comprensivos y a resolverlo de una forma más justa.

2. Utilice la técnica de hablar de su propia experiencia.
Esta técnica consta de tres pasos siendo el primero el de identificar los sentimientos de su hijo (¿disgustado?, ¿frustrado?, ¿triste?,...) al tiempo que le enviamos un mensaje abierto como "me parece que estas disgustado" para dar rienda suelta a sus sentimientos y que nos pueda comunicar con más libertad lo que piensa. El segundo paso sería hablar de sus propias experiencias cuando tenía la edad de su hijo. Este paso viene a decirle a su hijo que usted también se ha sentido alguna vez así y que ha compartido ese sentimiento. Por último quedaría apuntar la solución. Se trata de compartir con el hijo una solución o consejo que usted considere que le ha ayudado en la vida. El resultado final de esta técnica es positivo y en definitiva lo que hacemos con ella es empatizar con el hijo, es decir, ponerse en su lugar. Hacer una escucha activa para así ayudar mejor, ser más efectivos.

3. Imponga un tiempo de reflexión a su hijo.
Cuando la aplicación de todas las técnicas existentes y pasos anteriores fallan quiere decir que se entra en una situación de bloqueo en la que las partes enfrentadas no consiguen una fluida comunicación. Es el momento de la reflexión que consigue enfriar los ánimos y sentimientos y permite pensar de una forma más justa, equitativa y objetiva. Además, si el hijo es lo suficientemente mayor, le podemos pedir que durante el periodo de reflexión, intente pensar en una posible solución al problema.

4. En caso de perder los estribos, tómese usted un tiempo de reflexión.
También es necesario tomarse un tiempo para analizar la situación antes de cometer algún error del que más tarde nos arrepentiremos. En ese tiempo de reflexión es conveniente también formular un plan para intentar solucionar el problema. No es necesario intervenir para solucionar el problema en el mismo instante que surge, es conveniente siempre tomarse un tiempo.

5. Pregúntese qué es más importante para usted, el amor al poder o el poder del amor.
Muchas discusiones surgen en el seno de la familia cuando los adultos quieren controlar al niño y su comportamiento, más que ayudarle a desarrollar su propia escala de valores y su sentido de la responsabilidad. No es conveniente enfadarse cada vez que su hijo le comunique algún sentimiento porque de lo contrario terminará por no comunicar con usted.

Todo lo que hasta el momento hemos comentado es con el fin de salir victoriosos en una pelea si es que ésta no la hemos podido evitar. Pero si no le gusta llegar a una situación de esta naturaleza, de pelea y enfrentamiento, es mejor prevenirla y para ello le remitimos a PODEMOS EVITAR UNA PELEA FAMILIAR que será el título y el tema de análisis en otro artículo de esta misma sección (basándonos en el libro de CAROLYN MEEKS antes citado) y al cual remitimos al adulto interesado en este aspecto de la educación familiar.

Fuente


Escuela de Padres


MEC


Ministerio de Educación de España


 


 

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