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lunes, 26 de marzo de 2012

Educar adolescentes en redes sociales

Las redes sociales en Internet se constituyen en un fenómeno explosivo, y fundamentalmente novedoso. Esto genera incertidumbres en los padres ¿Qué hacer? ¿Cuál es el margen de acción? El siguiente artículo reflexiona sobre el problema.



El autor analiza el componente identitario de las redes sociales para la actual generación de adolescentes, que las utiliza como una herramienta para zafarse del exceso de control y protección paterno. Recomienda dejar espacio a los adolescentes para que ellos decidan, pero a la vez estar cerca, para que sepan que pueden contar con nosotros ante cualquier duda o peligro. Además, recuerda una serie de consejos básicos a transmitir a los menores, para preservar su identidad y sus derechos como usuarios, como no dar datos personales, advertirles de que las imágenes expuestas pueden ser utilizadas o manipuladas, y cuidar la información que enseñan a los demás, entre otras recomendaciones.

Tener hijos adolescentes o poder tenerlos dentro de poco –en cuanto crezcan los niños y las niñas que criamos implica pensar en el fenómeno de las Redes Sociales en Internet. Nuestras generaciones más jóvenes han nacido con el ratón en la mano y el portátil bajo el brazo. Esta situación implica una relación asimétrica con las nuevas tecnologías, ellos saben de estas cosas más que nosotros y esto determina nuestra posición como padres y madres.

Parece que las nuevas tecnologías de la comunicación no sólo separan generaciones por cómo las usan, sino que además, se están utilizando como elemento identitario diferencial. Así, igual que hace unas décadas los vaqueros o la música rock eran vividos como señales que daban sentido e identidad a una generación frente a la anterior, ahora el uso del móvil, Messenger o Tuenti sirven para definir elementos compartidos que definen a nuestros adolescentes y jóvenes.

Las Redes Sociales en Internet existen desde hace muy poco tiempo. Se habla de 10 años, y se afirma que existen más de 100 millones de usuarios. No tenemos porqué tomar la cifra como exacta, pero en todo caso nos ayuda a entender cómo se trata de un acontecimiento con una fuerte tendencia expansiva. En el que participan masivamente jóvenes y adolescentes.

Debemos pensar qué utilidades tiene para los y las adolescentes este espacio de comunicación “virtual”. A través de la página personal de Facebook o Tuenti (por mencionar algunas de las redes más extendidas) los chicos y chicas se muestran, juegan a construir identidades, deciden cómo se exhiben ante los demás… A la vez pueden comunicarse y encontrarse de múltiples formas y evitando las restricciones espacio-temporales que les imponemos desde nuestra cultura. Así esta generación de adolescentes, una de las más protegidas y controladas por los adultos, ha conseguido encontrar un medio desde el que romper el cuidado con el que se les limitaba sus relaciones con los iguales. En un marco social en el que hay pocos hermanos, la relación con la familia extensa –sobre todo con los primos se hace más complicada y cuando los tiempos y espacios libres se han restringido por los posibles peligros que pueden acechar a la infancia y la adolescencia –mucho más en las ciudades-, resulta que los chicos y las chicas han encontrado un medio para hablar con sus amigos desde el ordenador de su habitación o desde el sofá del salón cuando están tecleando en el portátil familiar.

Todo esto provoca un significativo nivel de incertidumbre en muchos padres y madres. Y podemos pensar en algunas razones. Por ejemplo, mencionemos cómo estas nuevas aplicaciones informáticas ponen en cuestión la tradicional asimetría del saber que deja por encima a los padres y madres. Aquí la cosa es al contrario, son los chicos y las chicas los que pueden dar lecciones a sus mayores. Otra fuente de inquietud pasa por reconocer que a través del ordenador ya no sirven los tradicionales sistemas de control familiar. Ahora no basta con determinar a qué hora se vuelve a casa o con llamar por el teléfono móvil para saber con quienes están nuestros hijos e hijas. Con estas nuevas formas de comunicación ellos pueden estar usando el chat de Facebook y escribirse con una persona de 25 años o con un amigo residente en Santiago de Chile con el que comparten la afición por el motociclismo.

Y por supuesto están los otros miedos, los de siempre: que nuestro hijo o hija entre en contacto con alguien que le haga daño, que le “roben” algo valioso, que se exponga a situaciones traumáticas… En este sentido Internet reproduce los temores habituales que tenemos los padres y madres ante cualquier tipo de relación social. Y es que probablemente esto se nos escapa: Internet no es más que un nuevo medio para hacer las mismas cosas. Por eso aparecen razonablemente los mismos y antiguos miedos. “No te salgas del bosque y no hables con extraños” fueron las dos únicas indicaciones que oyó Caperucita de labios de su madre, antes de dejarla para cruzar el bosque.

Y esto nos lleva a que pensar en educar sobre las redes sociales de Internet es hacer lo de siempre en otro contexto. Desde esta perspectiva recuperamos algunos de los instrumentos básicos de la crianza: el control como contención; el apoyo como instrumento de estímulo; la comunicación como recurso para establecer vínculos. Nada más y nada menos.

Por otro lado es importante saber ajustar cada respuesta a la situación y la edad. A veces les dejamos solos demasiado pronto y a veces demasiado tarde. En ocasiones es algo que no decidimos, que viene dado por las circunstancias, pero incluso en esos momentos, si somos conscientes de ello, podemos hacer por reducir las dificultades que esto conlleva. También desde un marco general, queremos destacar la importancia de poder estar cerca para hablar y atender si aparecen problemas. A veces el trabajo educativo en la adolescencia es un trabajo de acompañamiento, de estar junto a ellos atentos y distantes a la vez. Dejar espacio para que ellos decidan a la vez que estamos cerca como un salvavidas que no hay necesidad de usar pero cuya sola presencia recuerda peligros y promete ayuda cuando se pueda requerir.

Desde una perspectiva más específica, pensando en las características de la comunicación en Internet y ciertas características de los y las adolescentes, podemos pensar en cuestiones como la imagen personal, las dificultades entre pensamiento y acción, las relaciones amistosas y el aprendizaje de los derechos como usuarios. Repasémoslos de forma breve. La Red ofrece a los y las adolescentes un mágico escaparate donde mostrarse a los demás y desde el que recibir (e imaginar) respuestas de los otros. Hay que pensar lo que se muestra, cómo se muestra y a quién se enseña. A la vez, cuidarse en Internet implica tener claro que no se deben dar datos personales (domicilio, teléfono, información bancario, números o claves de tarjetas de crédito). Incluso es recomendable identificarse sin dar el nombre completo, usando alias que permitan proteger nuestra identidad. En otro sentido las imágenes expuestas pueden ser utilizadas y/o manipuladas por otros, tener esto en cuenta y cuidar qué se enseña a los demás es importante en un medio en el que la información (escrita o visual) puede permanecer en teoría hasta el infinito.

Y hablamos repetidamente de pensar porque es una acción importante en este grupo de edad que puede tender con demasiada rapidez a la actuación, aunque esto no sea algo exclusivo de los adolescentes. En Internet, una vez que se incluyen imágenes, datos o cualquier otra información sobre una persona esta información queda fuera de su control. Y aunque hablamos del mundo virtual, en ese mundo de pantallas y microprocesadores pasan cosas que nos llegan al mundo real, a nuestras emociones y nuestros afectos. Los ordenadores pueden hacer daño y dejar heridas. Cuidarnos con ellos es cuidarnos a nosotros.

A través de las aplicaciones de Internet los chicos y chicas se comunican. Esto nos lleva a otro punto: cómo se articulan las relaciones. Aquí es importante cuidar a los amigos y en ocasiones cuidarse de ellos ¿Son siempre los amigos de sus amigos sus amigos? Hay que tratar de seleccionar bien a quién se permite acceder a nuestra información. Esto implica usar los niveles de “privacidad” de las Redes, ajustando cada contenido al nivel de privacidad que se estime más oportuno. En este plano hay que prestar atención a las posibilidades de ligar: hacerlo en Internet con extraños puede tener graves consecuencias. Tengamos en cuenta que algunas personas mienten sobre su verdadera identidad. Si bien se trata de situaciones poco frecuentes, a veces se conciertan citas entre personas que se han conocido en Internet. Si esto ocurre, es importante que la cita se organice en un lugar público durante las horas del día y en compañía de amigos de confianza. Es importante avisar a un adulto sobre dónde se va.

Desde otro plano Internet es negocio. Muchas de sus aplicaciones son producidas por empresas y esto también ocurre en las Redes Sociales. Aquí debemos incluir la mirada del consumidor y pensar en nuestras estrategias y derechos como usuarios. Así debemos recordar que no todas las Redes Sociales son iguales ni tratan o defienden nuestra información de la misma forma. Y nosotros podemos escoger cuál nos resulta más útil para nuestros intereses o más respetuosa con nuestros derechos. Además existen mecanismos de regulación y denuncia para utilizar en situaciones en las que consideremos que se producen irregularidades o se usan nuestros datos inadecuadamente, para ello hay que conocer esos procedimientos. Por último, en este sentido comercial hay que abrir el campo de análisis al papel y el impacto de la publicidad. Estos nuevos medios de comunicación son utilizados también por otras empresas comerciales que buscan impactar en los usuarios de las Redes Sociales y dirigir sus conductas y adquisiciones.

En un reciente estudio del INJUVE, Rubio y Menor recogen cómo las preocupaciones de los jóvenes y los adolescentes coinciden con las de sus padres ante los riesgos y peligros de Internet. Hay que construir condiciones desde las que podamos confiar en nuestros hijos e hijas, en sus recursos, su capacidad de análisis, su sensatez, también entendiendo que si se da una dificultad que les sobrepasa van a pedirnos ayuda. Confianza que se vuelva también hacia ellos, ayudándoles a ganar autonomía y madurez.

Acabemos recordando que nuestra sociedad reparte y multiplica los agentes socializadores. No sólo en nuestras casas nuestros hijos e hijas crecen y se educan. Por ello queremos hacer una breve mención del papel de la escuela en la educación ante las nuevas tecnologías. La LOE y sus desarrollos proponen en este sentido educar la competencia digital, en la que se incluyen habilidades y destrezas para utilizar estos nuevos medios. Sólo queremos aquí subrayar la necesidad de no quedarnos en una exigencia de eficacia instrumental (saber usarlos y manejar máquinas y aplicaciones). Además de saber utilizar el teclado y el ratón debemos favorecer entre chicos y chicas el aprendizaje de sistemas éticos y actitudes que permitan que la llamada “ágora digital” esté organizada según principios democráticos. También con los ordenadores se enseña o se aprende a ser ciudadano. Y esto es algo que debemos tener presente a la hora de impulsar iniciativas como madres y padres desde nuestras asociaciones y en los consejos escolares.


Autor
Luis García Campos
Colaborador de Formación de CEAPA, psicólogo y orientador
Extraído de
nov/dic 2009 padres y madres de alumnos y alumnas



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La Educación como fenómeno social

lunes, 30 de agosto de 2010

Aprender y mejorar en habilidades sociales

Este artículo se encuentra íntimamente relacionado con otro titulado
Seguro que en muchas ocasiones los mayores (padres, abuelos...) le han dicho a un niño: "¿qué se dice?" (cuando llegan a un sitio o cuando se le regala algo...), "tú cuando llegues tienes que decir..." (para indicar que tiene que saludar...). Identifican estas situaciones ¿verdad? En realidad, la familia enseña habilidades sociales. Lo que ocurre es que, con el tiempo, esta preocupación de enseñar lo que vulgarmente llamamos buenos modales, se olvida, porque consideramos que el niño ya sabe comportarse en el entorno social al que pertenece y sabe desenvolverse. Eso es un error. Los mayores deben estar constantemente pendientes del comportamiento de los niños y dar pautas concretas y exactas de cómo deben comportarse con los compañeros, vecinos, resto de la familia, etc.
El presente artículo pretende dar pautas a los padres para enseñar o ayudar a transmitir a los niños qué son las habilidades sociales, tipos, características y cómo mejorar.
CONCEPTO
TIPOS DE HABILIDADES SOCIALES

ELEMENTOS DE LA CONDUCTA HABILIDOSA

Los tres elementos de la conducta habilidosa son:
. la mirada
. la distancia interpersonal
. la postura

La mirada
La forma en que miramos es muy importante cuando nos relacionamos con los demás. Debemos mirar a una persona a los ojos o a la zona superior de la cara (zona que rodea los ojos). Si miramos a quien hablamos o escuchamos conseguiremos mayor respuesta que si estamos mirando hacia otro lado. Esto es indicativo de que seguimos la conversación y de que nos interesa. Sin embargo hay que tener en cuenta que un exceso de contacto ocular muy fijo y continuo puede resultar molesto a nuestro interlocutor. Si retiramos la mirada estamos indicando desinterés, timidez, sumisión o sentimientos de superioridad.

Hay muchos y diferentes tipos de habilidades sociales.
Unas son muy fáciles de llevar a cabo:
HACER UN CUMPLIDO cuando te gusta algo de una persona.
PEDIR UN FAVOR cuando necesitas algo.
DECIR GRACIAS cuando te ayudan.
SALUDAR, decir las buenas horas.

Otras habilidades son más difíciles:
Pedir un CAMBIO DE COMPORTAMIENTO a otros.
DECIR NO a un amigo cuando nos pide un favor, de forma que no se enfade.
RESOLVER UN CONFLICTO, un problema.
TRATAR CON LOS ADULTOS.

Tener habilidades sociales significa saber comportarse en el entorno en que vivimos y definen la forma en que nos comportamos y lo que decimos cuando estamos con los demás. Hay buenas maneras y malas maneras de hablarle a la gente y de comportarnos con las personas. Al aprender las habilidades sociales aprendemos las buenas maneras de hacerlo. A los niños hay que decirles: "si tienes unas buenas habilidades sociales seguramente tendrás más amigos y amistades que alguien que no las tenga. Te llevarás mejor con los maestros, compañeros de clase o de juegos y con tus familiares".
"Los hijos y las habilidades sociales". Este último está más orientado a los jóvenes y adolescentes, mientras que en el presente artículo nos queremos centrar más en el inicio, en cómo dar a conocer a los hijos una habilidades sociales básicas que les permitan relacionarse mejor con las personas de su entorno, además de conocer qué son las habilidades sociales y si trabajarlas está al alcance de las familias.
TIPOS DE COMPORTAMIENTOS
 
Fuente
Escuela de Padres
MEC
Ministerio de Educación de España


Cuando los niños aprenden las habilidades sociales tienen que atender uno de los aspectos básicos más importantes, que es la diferencia entre varios tipos de comportamientos:
el comportamiento PASIVO
el comportamiento AGRESIVO
y un tipo especial de comportamiento o conducta que llamamos CONDUCTA ASERTIVA

Si una persona actúa de forma pasiva no se expresa a sí misma, se comporta como un ratón: deja que los demás niños le manden, le digan lo que tiene que hacer y no defiende sus derechos. Sus necesidades, opiniones o sentimientos son ignorados y, puede que los otros niños se aprovechen de él.

El comportamiento agresivo es el que se observa en los niños mandones, que meten miedo a los demás. Critican a los demás niños y los humillan, dejándolos en ridículo. Sólo se preocupan por conseguir lo que ellos quieren y cuando quieren. Rara vez se preocupan por los sentimientos de los demás y con frecuencia se meten en líos o peleas. Por su forma de ser tienen pocos amigos de verdad. Son los niños agresivos.

Queda, por último, dedicar unas líneas a la conducta ideal, la CONDUCTA ASERTIVA. La asertividad se refiere al hecho de comportarse tal y como uno es. Significa dejar que los demás sepan lo que sientes y lo que piensas de una forma que ofenda, pero que al mismo tiempo te permita expresarte.

También significa defender tus propios derechos e intentar siempre ser sincero, justo y honrado. La asertividad es solo una parte de las habilidades sociales, aquella que reúne las conductas y pensamientos que nos permiten defender los derechos de cada uno sin agredir ni ser agredido. Lo ideal sería que todos nosotros actuásemos de forma asertiva, ya que entonces pocas veces nos pelearíamos, perderíamos amigos o sentiríamos miedo de estar con los demás.
La distancia interpersonal 
Existen distintas zonas:
a) Distancia íntima (0-50 cm): en esta zona se sitúan las personas amadas y familiares.
b) Distancia personal (50-125 cm): es el espacio personal de cada uno, una especie de esfera protectora que nos gusta mantener entre nosotros y el resto de los individuos.
c) Distancia social (1,25-3,5 m): es la distancia que se mantiene para trabajar en equipo o en relaciones sociales ocasionales.
d) Distancia pública (más de 3,5 m): es la que nos gusta mantener con los desconocidos (por ejemplo al caminar por la calle).
Hay situaciones en las que no se respetan estas distancias. Si una persona se sitúa en un tipo de distancia que no le corresponde entonces nos sentimos incómodos. Esto se produce en los dos sentidos, tanto si un desconocido se sitúa en nuestra distancia personal como si una persona muy cercana (por ejemplo nuestro hermano, hermana, primo, etc.) se mantiene alejado de nosotros y evita el acercamiento.

La postura
La postura es la posición que adoptan los miembros (brazos y piernas) de una persona con respecto al cuerpo, lo cual influye en la relación con otros. La postura de nuestro cuerpo es algo que nuestro interlocutor percibe a simple vista y por tanto hay que cuidar. La inclinación de nuestro cuerpo hacia la persona con la que hablamos es una muestra de atención y acercamiento, mientras que estar echado hacia atrás en la silla indica desinterés o rechazo.

¡CRUZAR LOS BRAZOS ESTÁ PROHIBIDO! Tener los brazos cruzados se asocia con una actitud defensiva, mientras que la distensión y relajación de los brazos trasmite una actitud confiada. El mantener una conversación con alguien que tiene los brazos cruzados puede indicarnos que esa persona no pretende cambiar sus planteamientos.
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