Mostrando entradas con la etiqueta calidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta calidad. Mostrar todas las entradas

domingo, 4 de octubre de 2015

¿Calidad de la educación o educación con calidad?

Desde este blog siempre hemos considerado que es necesaria una discusión sobre qué escuela queremos, y eso lleva consigo una idea del significado de “Calidad educativa”. En esta publicación, el autor hace un interesante aporte para ayudarnos en el debate.


Durante las últimas décadas, en América Latina se ha hecho cada vez más usual hablar del tema -calidad - dentro del lenguaje educativo, por considerar que las connotaciones del tema conllevan implicaciones de orden ideológico y práctico en la orientación de los procesos que relacionan con la educación, planteamos la necesidad de un amplio debate teorfco que permita por lo menos, establecer la validez del término en sus respectivos

Las repetidas referencias a la calidad en términos de carencias o deficiencias y como consecuencia de estados de crisis, han generado diversos puntos de vista sobre la calidad de la educación, los cuales justifican el desarrollo de investigaciones que aporten nuevos elementos teóricos y alternativas metodológicas para comprender el tema en cuestión,

La consideración de la calidad en su sentido más genérico, como “conjunto de cualidades que constituyen la manera de ser de alguien o de algo", permite concluir de entrada que cuando se habla de calidad de la educación, la connotación será diferente a objetos de otra especie.

Al parecer, las confusiones en tomo a los objetos educativos, han conllevado interpretaciones que se han limitado a considerar segmentadamente la educación o que han procurado identificarla con otro tipo de procesos donde es posible un registro más cuantitativo, como en el caso de la producción Industrial.

En el primer caso, son comunes las referencias a la calidad de la educación en términos de rendimiento, insuficiencia o carencia de recursos, deserción y cobertura, entre otros, En el segundo caso, se alude a estándares, niveles, optimización, o eficiencia con respecto a una mercancía.

Asumiendo una connotación de la calidad como “lo mejor”, habría que decir que con respecto a la educación se debe entender desde una perspectiva eminentemente histórica y social, por lo tanto, será comparable en términos de espacio, tiempo, modalidad, metodología y según características socio-culturales, definiendo el concepto en su especificidad, habrá que referir calidades diferentes para la educación básica secundaria, la educación media vocacional o educación superior; para la educación de la década de los setentas y la de los ochentas: para la educación metropolitana y la educación de la provincia.

De lo anterior se infiere que admitimos una calidad “de por sí” para la educación, Razón por la cual creemos que es una tautología hablar de calidad de la educación.

Al considerar lo social como referente al análisis de Ia calidad, nos identificamos con el investigador Ángel Facundo en que este es un concepto esencialmente comunitario, el cual presenta a su vez relaciones con el concepto de necesidad social, Por esta razón consideramos que es válido un enfoque evaluativo en la Investigación de la calidad de la educación, puesto que adquieren sentido las opiniones y percepciones de los diversos agentes que tienen que ver con lo educativo ya que, si una educación satisface el mínimo de necesidades sociales sobre el cual hay consenso entre los diferentes grupos, clases, estratos, etc., entonces merece ser considerado de calidad, Según la cuantía de la satisfacción será el nivel de calidad superior o inferior.

Por otra parte, si se torna La calidad desde la idea de “lo mejor”, en el a la noción de calidad total, valdría la pena incluir los conceptos de educación pertinente y de calidad de vida, puesto que tienen que ver con la satisfacción de necesidades de grupos mayoritarios de la población.

Relacionando brevemente  la educación como referente para el análisis de la calidad, diríamos que lo cualitativo no lo entendernos en contraposición de lo cuantitativo, por el contrario, asumimos que en una connotación de la calidad intervienen consideraciones de orden cuantitativo, sin ser estas las que primen en la determinación de la calidad de La educación.

En este sentido acogemos el criterio de calidad propuesto por Antanas Mockus cuando plantea que  la calidad de la educación debe ser juzgada más como calidad dc una praxis que como calidad de una producción.

Por lo indicado, los criterios de calidad no solamente la circunscribirán al interior de La Institución escolar. Ella tiene en cuenta su entorno social, razón por la cual tiene sentido hablar de educación pertinente, entendida como aquella que posee calidad de pertenecer a un contexto socio-cultural determinado. También en estos términos, adquiere vigencia la posición del Movimiento Pedagógico cuando plantea que el reto de la educación contemporánea, en torno a La calidad de la educación, debe centrarse en establecer un sistema escolar que responda efectivamente a las aspiraciones de progreso y bienestar de la inmensa mayoría de la población (Congreso Pedagógico Nacional, 1987).

Los planteamientos anteriores insinúan una toma de posición frente a la calidad como un gran propósito, Por lo tanto, privilegiando La idea de una educación con calidad, por encima de cualquiera otra consideración, Asumirlo de esta manera presupone, ante todo, precisar el concepto de educación según las condiciones concretas de la realidad que se analiza, permite además, una operacionalización dcl concepto en la práctica, de manera que pueda constituirse en un proyecto real en lo pedagógico y en lo comunitario, y obviamente, involucrando lo participativo

Entendida en los términos anteriores, la calidad se convierte en un problema de sentido para los actores participantes en dicho proceso, puesto que, corno dice AntanHs Mockus, “una praxis escolar en la que no haya comunicación, o en la que esta no tenga suficiente sentido para unos y otros, donde no se busquen y no se encuentren vínculos significativos entre la vida y el libro, la vida y la escritura, no es definitivamente, desde nuestro punto de vista, una praxis escolar que pueda considerarse de calidad” (Educación y Cultura, octubre dc 1987). Así pues, como gran propósito y proyecto concertado, la búsqueda de una educación con calidad compromete a toda la comunidad, puesto que sólo la acción de esta garantiza que la educación sea propiciadora de sensación de segundad y de realización social, que se concretice y ejecute como derecho, que llene expectativas presentes v futuras y posea los recursos necesarios. En síntesis que se convierta en un espacio real para la realización de la democracia.

Autor
Rodrigo Jaramillo Roldán

domingo, 5 de mayo de 2013

La participación como factor para la democratización y calidad de la enseñanza

Para muchos está claro, sin la participación de la familia en la escuela, no es posible ingresar al camino de la Calidad Educativa, pero no se trata de un camino sencillo ¿Cómo se puede organizar esa alianza? Los siguientes párrafos, desde la óptica de los padres de familia, en el contexto español, hacen su aporte para la reflexión.

La participación es, sin lugar a dudas, el factor fundamental de un sistema democrático y el que puede garantizar la calidad de nuestro sistema educativo. El grado de desarrollo de la participación en los centros educativos nos puede servir para medir su salud democrática. Pero, ¿cuál es el estado de salud de nuestras escuelas? ¿El desarrollo actual de la participación es garantía de la calidad de la enseñanza? La respuesta a estos interrogantes la obtendremos haciendo un pequeño análisis de su funcionamiento. A través de esta revisión, cada lector puede ampliar aquellos aspectos que configuren su realidad concreta y que ayuden a entender el estado de la salud democrática de las escuelas.

Los consejos escolares como órganos testimoniales y burocráticos
El Consejo Escolar, espacio que por sus características tendría que ser el lugar donde convergiera la participación de todos los sectores de la comunidad escolar, en un plano de igualdad, sigue siendo más un deseo que una realidad. El sentir mayoritario de padres y madres, no deja lugar a dudas: “los consejos escolares no sirven, son una pérdida de tiempo”. Es una realidad que casi en la práctica totalidad de los consejos escolares no se tiene capacidad de decidir, y las propuestas que se hacen o no son tenidas en cuenta o sirven de enfrentamiento entre padres y profesores.

Un órgano donde la comunidad educativa no debate, ni discute, ni profundiza en ningún tema que vaya más allá de lo prescriptivo, no puede ser considerado como espacio de participación. En consecuencia, los consejos escolares están aún muy lejos de constituir espacios de relación, encuentro y participación de la comunidad escolar, tal y como aparece en la legislación.

Las reuniones de aula, para que el tutor hable y los padres callen
Las reuniones de aula, que deberían ser espacios de información, debate y contraste sobre los procesos educativos, se han convertido en la mayoría de los casos en simples auditorios, donde el tutor habla y los padres y madres callan. Reuniones que en un alto porcentaje responden a unos rituales prescriptitos, en las que el tutor trasmite una información bastante superficial del lo que piensa hacer o está haciendo. Es desolador asistir curso tras curso a estas reuniones, cuyos esquemas se van repitiendo año tras año y donde el papel de los padres sigue perviviendo con la misma pasividad y lejanía. Tan es así, que de una asistencia casi masiva de los padres en los primeros niveles educativos se va pasando a una asistencia casi testimonial en los últimos cursos de la enseñanza obligatoria. La participación de los padres y madres en el proceso educativo de sus hijos no es muy directa y continua, como sería deseable. Los progenitores suelen ser más participativos en Educación Primaria, una participación que va reduciéndose gradualmente a medida que el alumno empieza a adquirir cierta independencia, y en Secundaria los padres y madres van dejando de asistir a los centros educativos. Estos espacios deberían ser democráticos, lugares de encuentro y debate entre el centro educativo y los padres. Para salir de esta situación, es urgente, como dice Chomsky, convertir estos espacios en un elemento de la comunidad con preocupaciones compartidas, en la que uno espera poder participar constructivamente.

Concepciones obsoletas de equipos directivos y profesorado
Son numerosos los obstáculos que encuentran muchas APAs, por parte de algunos directivos y una parte del profesorado, para disponer de un espacio en el centro o para el desarrollo de las actividades extraescolares. Casos en los que se le ha negado, dificultado e incluso prohibido repartir información dirigida a padres, numerosas las argucias de directores para aceptar el nombramiento del represente del APA en el consejo. Y un largo etcétera que nos pone en evidencia la existencia de actitudes, que demuestran las reticencias y recelos de una parte del profesorado hacia la participación de los padres en el centro educativo. Con estas actitudes no solamente se le hace un flaco favor a la participación, sino que se pone de manifiesto concepciones más de tiempos dictatoriales que democráticos.

La dificultad de implicar a los padres en la participación
Por otra parte, nos encontramos unas APAs con grandes dificultades para interesar al conjunto de los padres y madres en la participación. Los numerosos problemas para encontrar padres dispuestos a implicarse en las juntas directivas, para colaborar en comisiones de trabajo y en otras actividades son indicadores claros de una situación bastante generalizada. El desinterés que existe por la participación es tal, que ni tan siquiera se cuestiona. Estas situaciones nos avisan que el problema es mucho más profundo de lo que a primera vista pueda parecer.

La experiencia de reuniones de juntas directivas, de asambleas de APAs, de reuniones de aula, de consejos escolares, entre otras actividades, nos hacen conscientes de la situación real de la participación y de la lejanía existente entre la normativa que la desarrolla y las prácticas del día a día. Esta situación, en la que la participación es más formal que real, es vivida diariamente por cientos de padres y madres que se sienten impotentes, pero al mismo tiempo esperanzados en transformar en posibilidades reales y eficaces el derecho a la participación de todos, como un instrumento necesario para la consecución de una escuela democrática.



Autor
Ginés Martínez Cerón
Vicepresidente de CEAPA
Revista ceapa
Número 78.

lunes, 15 de junio de 2009

La adolescencia y el sueño

El sueño es un elemento esencial de la vida. Pasamos prácticamente un tercio de nuestra existencia dormidos y la sola magnitud de este dato ya nos da una idea de la importancia que le da nuestro organismo a esta actividad.

Quizá hablar de actividad para referirnos al hecho de dormir nos parezca un contrasentido, pues todos asociamos el sueño a lo contrario, al reposo y la inactividad. Que el sueño tiene una función fundamental de descanso es obvio, pero pensar que se reduce a eso es una simplificación exagerada de una realidad mucho más compleja. El sueño no es un estado homogéneo, sino una secuencia ordenada de procesos que se repiten rítmicamente cada 90-120 minutos, en la que nuestro cerebro pasa de fases de descanso a otras de intenso trajín. Durante las primeras nuestras neuronas recargan sus fuentes de energía, limpian los deshechos que se han ido acumulando durante la vigilia y reparan su maquinaria celular para afrontar las exigencias que vendrán tras el despertar. La función de las segundas aún no la comprendemos completamente, pero sabemos que son indispensables para el establecimiento y consolidación de la memoria y de las emociones. La expresión popular de «consultar los problemas con la almohada» tiene una base fisiológica. Durante el sueño las experiencias vividas durante la vigilia se organizan, se ordenan, se integran con un componente emocional y se articulan con nuestra memoria previa. En este proceso, un problema aparentemente insoluble o una decisión difícil durante la vigilia pueden encontrar su solución. Por este motivo, la privación de sueño disminuye sustancialmente la capacidad de atención, de concentración y de memorización, provoca irritabilidad y agresividad y si se prolonga a la larga acaba modificando el ánimo, ocasionando apatía, anhedonia y tristeza. La función del sueño no se limita al cerebro, sino que se extiende a todo el organismo influyendo decisivamente en el control de nuestras hormonas y de nuestro sistema inmunológico. El sueño hace crecer, porque la hormona de crecimiento, entre otras, se segrega mientras dormimos. La falta de sueño engorda, porque altera el equilibrio entre grelina y leptina, hormonas relacionadas con el apetito y la saciedad. Y las personas privadas crónicamente de sueño sufren más infecciones y más graves que las que satisfacen adecuadamente sus necesidades.

Sin embargo, a pesar de que nuestra propia experiencia nos advierte a corto plazo del efecto nocivo que tiene el dormir poco, tenemos pocos reparos como individuos y como sociedad para maltratar nuestro sueño. Se calcula que dormimos entre una y dos horas menos al día que a principios del siglo XX, cuando no había electricidad, y la tendencia a reducir el tiempo de sueño se mantiene con el desarrollo tecnológico y el aumento de las posibilidades de distracción. La hora de inicio del sueño se retrasa cada vez más. Los programas de televisión de prolongan hasta horas imposibles para nuestros relojes biológicos y las actividades lúdicas se organizan cada vez más entrada la noche. Sin embargo, la hora de despertar se mantiene, o incluso se adelanta con el fin de conseguir un horario laboral más integrado que nos deje la tarde libre para el ocio. Acortar el tiempo de sueño implica entorpecer los procesos de aprendizaje, no de una manera lineal sino exponencial, pues la primera mitad del sueño se dedica fundamentalmente a las tareas de mantenimiento y reposo, mientras que las funciones de integración y memorización de la información se realizan principalmente en la segunda mitad del sueño, que es la que más reducimos si nos obligamos a despertar antes de lo que nuestro cerebro había programado.

El problema es especialmente grave en la adolescencia, pues es una etapa de la vida en la que se combinan necesidades de sueño prolongadas, en torno a nueve horas diarias, adquisición continua de gran cantidad de información nueva que hay que procesar y elaborar y anhelo de integración en un grupo social que gusta de reunirse y comunicarse a horas cada vez más intempestivas, rompiendo el ritmo vigilia-sueño cada fin de semana y sacrificando sin reparo las horas de sueño para dedicarlas al ocio o simplemente para «charlar» por el móvil o por Internet. A esto se añade la tendencia cada vez más extendida de iniciar las clases a una hora más temprana, de modo que los alumnos acuden con frecuencia al colegio cortos de sueño por acostarse tarde y mal desayunados por apurar al máximo los últimos minutos de cama, con el cerebro en una situación que combina la «inercia de sueño» o estado de torpor mental que se da en la transición desde el sueño hasta el despertar completo, con una pájara intelectual por el periodo prolongado de ayuno desde la cena. Periódicamente nos sobresaltamos al conocer las cifras crecientes de fracaso escolar. Si bien es evidente que este es un problema complejo de origen multifactorial, también es indudable que mantener la maquinaria del aprendizaje en condiciones satisfactorias de servicio es el paso primero e ineludible para conseguir un rendimiento óptimo y después de lo expuesto creo que a nadie se le escapa que esto solo es posible con un sueño suficiente en cantidad y calidad.


31-05-09
JUAN JOSE POZA NEURÓLOGO. COORDINADOR DEL GRUPO DE ESTUDIO DE LOS TRASTORNOS DE LA VIGILIA Y EL SUEÑO DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE NEUROLOGÍA (SEN)

http://www.diariovasco.com/20090531/opinion/articulos-opinion/adolescencia-sueno-20090531.html
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Busca en mis blogs