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martes, 14 de enero de 2014

¿Problemas entre los hijos y el colegio?



En la vida escolar de los hijos es esperable que surjan problemas ¿Qué actitud de los padres es considerable como positiva? ¿Qué hacer ante las quejas de los hijos sobre el colegio? ¿Qué motivos de quejas son los más frecuentes? ¿Qué hacer cuando el colegio se queja del niño?


Los padres, en ocasiones, se enfrentan a la educación de sus hijos con temores de no poder estar a la altura de los tiempos y los métodos educativos. Pero no hay por qué sentirse así, no hace falta ser una persona de gran cultura, ni gran nivel intelectual ni adquirir métodos de aprendizaje especiales. Lo más importante que debemos tener es una actitud positiva y unas expectativas razonables.

Existe un objetivo primordial: desarrollar en los hijos un fuerte deseo de aprender acompañado de un sentido de la responsabilidad y confianza en sí mismo para llevar a cabo las tareas escolares. Los padres deben ser defensores de los hijos, guiarlos, apoyarlos y saber también quedar en la sombra para que ellos asuman sus responsabilidades en el colegio.

Si un hijo quiere aprender y está convencido de que el colegio es importante, el éxito está garantizado. El objetivo de los padres debe dirigirse a fomentar una actitud positiva en los hijos y a darles motivaciones para tener éxito en el colegio, cuanto antes, mejor.

La actitud de los padres ante el colegio y el modo de comunicarla ejercen una fuerte influencia en los sentimientos de los niños. Aún así, existen algunos problemas que trataremos de resolver. Uno de ellos surge cuando el hijo se queja del colegio; otro, cuando es el colegio el que se queja del niño; y, por último, podemos hablar de cuando el profesor y el niño no se llevan bien, es decir, no hoy entendimiento entre ellos. Analicemos cada uno de estos supuestos.

La primera cuestión que nos podemos plantear es cuando el hijo se queja del colegio. En primer lugar hay que tener cuidado a la hora de interpretar sus quejas, asegurarse que no existe una razón de fondo mas grave. Las quejas obedecen a diversas razones:
·      Algo o alguien le molesta.
·      Quiere encubrir algo más serio.
·      Quiere llamar la atención de los padres.
Algunas quejas reflejan luchas infantiles morales que forman parte del desarrollo sano de cualquier niño. Los padres deben escuchar las quejas para que el niño no piense que no se le toma en serio y aprender o distinguir si surgen de un problema real en el colegio o no. La mayoría de los niños no son capaces de describir con exactitud lo que les molesta y utilizan el colegio como un todo ya que así es un objetivo fácil. Si se quejan de algo que nadie puede comprobar pueden obtener comprensión, desviando la atención sobre el colegio en general, frente al cual los padres ejercen poco control.

Otro motivo de queja es la injusticia. Cuando el niño es uno más entre centenares y tiene que ajustarse a un complejo sistema de normas y reglas, es raro que no se sienta injustamente tratado en algún momento de su vida escolar Una situación injusta que se suele dar en los colegios es la que se llama "de reacción posterior": un niño hace algo a posteriori en reacción a algo que le han hecho a él. Lo podemos describir mejor con un ejemplo: un niño le hace algo a otro (el profesor no mira). El segundo niño reacciona atrayendo la atención del profesor quien ve la segunda reacción pero no quién la provocó. El segundo niño recibe el castigo. Los profesores son humanos y tienen sus defectos como cualquier otro profesional. Uno de ellos consiste en la humana tendencia de tratar a los niños de forma desigual. En ocasiones el profesor ''etiqueta" al niño al que le resulta difícil librarse de ella.

Existen otros motivos por los que el niño puede quejarse, como son:
·      El niño tiene dificultades con el profesor, con algunas asignaturas o con las normas del colegio.
·      Algún/os niño/s se ensañan con él, le toman el pelo, le excluyen del juego o maltratan.
·      Síndrome de separación: cuando pasa de la guardería al colegio. En este caso el niño se quejará de todo e incluso puede ponerse enfermo.
·      Hay niños que dominan la frustración mejor que otros. Cuando no se consigue puede aparecer esto: "el profesor la ha tomado conmigo".
·      Los niños que han dejado de ser dirigentes ya sea por haber perdido a sus amigos (cambio de colegio) o ven que su papel no es valorado, empiezan a quejarse de todo y a culpar al profesor o al colegio de su "marginación".
·      El niño se queja del colegio para llamar la atención de sus padres.
·      El niño siente temor al fracaso aún cuando tenga éxito. Como el colegio provoca tensión, lo consideran responsable de sus males.

 En muchos casos si el profesor conociera la situación tendría capacidad de solucionarla, pero él no es adivino... Solución: hay que transmitirle al niño la necesidad de que comunique sus necesidades y sentimientos.

Ya hemos visto diversos tipos de quejas que puede hacer el niño en relación con el colegio. Es necesario que llegado a este punto analicemos ¿Qué pueden hacer los padres?. Explicaremos las distintas posibilidades a través de los siguientes puntos:

1. Hablar y escuchar. Aceptar lo que dice el niño sin juzgarlo y animarle a hablar libremente para obtener una visión global de los motivos de la queja.

2. Proporcionar directrices. Si le preguntamos: ¿qué crees que debes hacer?, ¿cómo puedes solucionar el problema?, ¿lo has discutido con tus amigos del colegio?, etc., guiaremos al niño a la raíz del problema y a que acepte la responsabilidad de resolver por sí mismo el problema.

3. ¿Qué quieres que haga?. Hay que conocer los deseos del niño ya que a veces quieren quejarse pero no que los padres intervengan.

4. Consultar en el colegio. Dependerá de la gravedad de la queja y de si el niño ha pedido nuestra intervención. Si la queja es seria y tiene fundamento hay que concertar una cita con el profesor, el niño y los padres.

5. Investigar el problema. La reunión no debe centrarse en adjudicar culpas sino en investigar el problema.

6. Trazar un plan. Ayudar al niño a averiguar lo que debe hacer en la siguiente ocasión.

7. Preguntar. Hablar con el niño de vez en cuando para saber cómo van las cosas. Esta medida es preventiva y de esta forma garantizamos estar debidamente informados lo que tranquiliza a todos, tanto al niño como a los padres.
Hasta el momento hemos analizado la situación que se produce cuando el niño se queja del colegio y qué pueden hacer los padres. Es necesario también reflexionar sobre la situación que se produce cuando el colegio se queja del niño. Se produce la queja cuando la actuación o conducta del niño dificulta el funcionamiento de otros alumnos o el niño no respeta ciertas normas. Ante esta realidad los padres deben tomarse en serio estas quejas:
·      El niño se resiste a la autoridad.
·      Maltrata a otros.
·      Muestra falta de respeto a los adultos.
·      Lleva objetos o sustancias prohibidas a las aulas.
·      Destruye propiedades del colegio.
·      Muestra incapacidad para dominar sus impulsos.

Como sugerencias para solucionar estos problemas tanto si se está de acuerdo con el colegio como si no, podemos dar las siguientes:
·      Oír ambas partes para llegar a la raíz del problema.
·      Fijar el objetivo de conciliar las opiniones de todos los implicados en la situación.
·      Procurar no culpar a alguien en concreto, y si la situación requiere un castigo no eximir a las partes culpables de las consecuencias (tampoco al niño).
·      Los padres deben averiguar de qué es responsable su hijo y admitirlo. El niño debe tomar conciencia de su responsabilidad y el colegio evitar que se convierta en víctima al niño.
·      Llegar a acuerdos y soluciones.
·      Establecer líneas de comunicación; qué hacer en casa y qué en el colegio.

 Si los padres consideran justo el castigo, no prolongarlo en casa. Si hay que reforzar con restricciones en casa hay que hacerlo en un periodo limitado.

 Si los padres piensan que el colegio trata la situación de forma injusta o erróneamente no hay que someterse. Esto demuestra que no se han establecido relaciones adecuadas.

 Más vale mantener el tipo y la sonrisa. Que el colegio conozca a los padres equivale a tener una póliza de seguros.

Por último, cabe hablar de otro tipo de conflictos que nacen de las relaciones interpersonales y son aquellas situaciones que se resumen en que el profesor y el niño no se llevan bien. Generalmente los profesores sienten un profundo cariño por sus alumnos y los niños les recuerdan durante toda su vida. Pero existe la posibilidad de que no se entiendan. Son varias las razones que originan el conflicto:
·      La relación empezó mal.
·      Hay "conflicto de caracteres".
·      Hay postura punitiva del profesor injustamente.
·      El profesor ha herido con sus palabras al niño.
·      El niño se ha esforzado por adaptarse sin conseguirlo, etc.
·      El niño reta al profesor para llamar la atención.
·      Al niño le cuesta vivir las normas de funcionamiento del grupo-clase.
·
Para resolver la situación hemos de tener en cuenta a la apreciación de todas las partes implicadas, es decir, el profesor y el niño. Los padres deberán ser los defensores de la verdad de la situación, y si es su hijo la causa principal del conflicto elaborar la respuesta educativa correcta en colaboración con el centro educativo. De igual manera colaborar con el centro para introducir los cambios oportunos en el profesorado.

El primer paso es hablar con el profesor y en segundo término con el tutor, jefe de estudios e incluso el director. Esta reunión será entre padres, profesor y tutor-jefe de estudios-director (depende de la complicación del caso e implicación del equipo directivo). Normalmente estas actuaciones nos llevarán a feliz término pero si no fuera así, habría que valorar otras opciones: Posibilidad de que pasara con otro profesor, consultar con el Consejo Escolar...

Como resumen diremos que si cubrimos las necesidades de la Educación Preescolar, Infantil y Primaria estaremos ayudando a que nuestros hijos triunfen en el colegio ya que ésta época es fundamental en la vida escolar y a menudo no es atendida y valorada por los padres. No olvidemos que el niño que necesita ayuda en la Educación Secundaria quizá no recibiera la guía paterna desde el principio y en esto consiste la base de todo.


Fuente
Escuela de Padres
MEC
Ministerio de Educación de España


sábado, 17 de agosto de 2013

¿Qué hay sobre el fracaso escolar?

El fracaso escolar es un impedimento para concretar las Escuelas Inclusivas ¿A qué causas se le puede atribuir? ¿Influye la Televisión? ¿Qué reacciones familiares son aconsejables? ¿Qué podemos decir de los trastornos de aprendizajes y de los emocionales?
 


Actualmente estamos siendo testigos de una realidad que salta a los medios de comunicación en relación con el sistema educativo, o más bien, con su estado de salud, y es el consabido fracaso escolar: ¿realmente hay tanto fracaso escolar como se dice?; si es así, ¿sabemos de forma fiable en qué etapas se da más y/o menos?; ¿coinciden los expertos en las causas que lo provocan?, ¿y en las consecuencias?, ¿y en las posibles soluciones tanto desde casa como desde el mismo sistema educativo?; ¿es verdad que España registra más fracaso escolar que los países de su entorno? Por último, ¿si esto es una realidad que se manifiesta desde hace años, incluso décadas, qué es lo que impide poner freno y darle solución? En este artículo intentaremos reflexionar sobre estos puntos y alguno más.

Es preciso, antes de nada, intentar definir qué entendemos por fracaso escolar. En primer lugar, hablamos de fracaso escolar cuando un alumno no consigue los objetivos propuestos para su nivel y edad y existe un desaprovechamiento real de sus recursos intelectuales. Es decir, en principio, el sistema se plantea unos objetivos determinados para los individuos de una cierta edad y en el momento que esos objetivos no se cumplen, hablamos de fracaso. Por tanto, visto así, el fracaso afecta a todos y la punta del iceberg es el alumno que no tiene éxito. Luego, podemos deducir, que es una persona, un miembro de la sociedad que necesita ayuda y la sociedad tiene que saber responderle… ¿En verdad es así?

En España uno de cada cuatro niños fracasa en sus estudios, con los consiguientes problemas que conlleva a nivel psicológico, emocional, de autoestima, etc. Por materias, es en las áreas instrumentales (Matemáticas, Lengua) donde aparece mayor fracaso muerte afecta a todos los humanos.

De todos ellos, sólo un 2% de los fracasos se debe a factores intelectuales, mientras que alrededor de un 29% está originado por trastornos de aprendizaje, entre los que destacamos la dislexia. La misma proporción se debe a factores emocionales de todo tipo y un importante 10% se debe al Trastorno de Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) Por último hay que decir que el fracaso escolar puede deberse a las dificultades acumuladas en el aprendizaje después de varios cursos.

Todos los informes que podamos utilizar vienen a coincidir en que el niño tiene problemas de lectura y comprensión, que es lento a la hora de captar el lenguaje oral, que le falta concentración, que su nivel de atención es inconstante e insuficiente, que no está conectado en tiempo real a lo que sucede, que no es maduro para entender lo que pasa a su alrededor, que no es capaz de mantener una postura adecuada, que es desordenado, …Ante toda esta información, seguimos insistiendo, ¿cuáles son las causas de esta situación?

Las causas más reseñables son los trastornos de aprendizaje y los trastornos emocionales. Las podemos enumerar del siguiente modo:

 1. Intelectuales. Como consecuencia de un desajuste entre la edad cronológica y la intelectual. Y no solo porque exista una discapacidad manifiesta sino también porque, en ocasiones, hay un bajo nivel de lectura comprensiva, asociada a una falta de vocabulario y a la falta de hábitos de lectura.

 2. Motivacionales. Cuando no existe la actitud, la tendencia o atracción hacia el aprendizaje. La desmotivación puede venir dada, entre otros factores, por una inexistente correlación entre los contenidos impartidos en el aula y las necesidades reales de una sociedad tan cambiante como la actual. Es importante que en estos casos, el niño reciba estímulos positivos como el reconocimiento por los seres queridos, la aceptación social y el logro de metas a corto plazo.

 3. Falta de esfuerzo. Muy unidas a las anteriores. Se trata de cuando dedica menos tiempo del necesario o no aprovecha debidamente ese tiempo al hacer un estudio con escasa intensidad, es decir, baja concentración, bajo nivel de comprensión y falta de memorización de lo estudiado.

 4. Orgánicas. Se definen por problemas físicos que provocan cierto grado de absentismo escolar o por enfermedad crónica que genera cierto grado de cansancio en el niño.

 5. Emocionales. Se dan tanto en niños con carencias afectivas como en niños sobreprotegidos, así como en niños hiperactivos, inseguros o con exceso de fantasía. Estas causas degeneran en trastornos del carácter acompañados de inestabilidad, cólera y reacciones negativas hacia el profesor y compañeros lo que ocasiona importantes dificultades de integración en el aula.

 6. Falta de técnicas y hábitos de estudio. El alumnado debe aprender a aprender. Deben saber cómo se aprende y ello exige la utilización adecuada y en el momento y forma adecuados de las técnicas de estudio correctas.

 7. Programación inadecuada. A veces existen tareas de excesiva dificultad para el nivel de maduración del alumno. Otras veces se pretende que el alumnado alcance de igual forma el mismo nivel.

Ya sabemos que las causas del fracaso escolar es múltiple y entre ellos La televisión: según la Asociación de Telespectadores y Radioyentes, los niños españoles son los más "teleadictos" de Europa con un 97% de los chicos enganchados a la televisión unas tres horas y veinte minutos diarios por término medio. La revista Archives of Pediatric and Adolescent Medicine, de julio de 2005, incluye tres estudios que relacionan el uso de la televisión con las calificaciones escolares: en todos los casos, los niños que más televisión ven, sacan perores notas.

 Ante esta situación que describimos y una vez que aparece el fracaso escolar, es decir, cuando el niño empieza a traer suspensos a casa, ¿cuáles son las reacciones que se dan?

 1. Una gran parte de padres tienen tendencia al castigo como primera reacción. El padre que recurre al castigo, a los gritos no se ha preocupado del hijo durante las 10 o 12 semanas que dura una evaluación y se limita a llevarse el gran disgusto cuando llega el boletín con las notas.

 2. La reacción anterior es acompañada de una búsqueda inmediata de profesor particular.

 3. La humillación. Las familias tienden a usar expresiones como "eres un vago", "no vas a ser nada en la vida", "eres un inútil", etc. Lo que se está generando es inseguridad en el chico por oír comentarios tan negativos como los anteriores.

 4. No hacer nada después de los grandes gritos. Suele ser frecuente olvidarse del enfado cuando ha pasado un poco tiempo y el chico vuelve a estar abandonado a su suerte. Los padres vuelven a estar inmersos en la dinámica de sus preocupaciones, del día a día y en una gran mayoría, se cae en el olvido del fracaso hasta la próxima.

 5. Búsqueda de información. No obstante, antes de tomar decisiones precipitadas, los padres deben obtener información y la primera fuente de información es el propio niño, el supuesto "fracasado" para ver las verdaderas causas, motivos del hecho. También se puede concertar una entrevista con el tutor o con el profesor específico con quien el niño ha presentado una nota negativa.

Por tanto, ante la situación de fracaso escolar, la familia adopta un papel prioritario para la solución o intento de solución del mismo llevando a cabo distintas acciones:

1. Hay que aceptar y reconocer que el hijo tiene dificultades.
2. Demuestren que le quieren no por sus éxitos sino por él mismo.
3. La información sobre todo lo relativo al centro educativo es primordial.
 4. Participen en las actividades del centro educativo que precisen la presencia de los padres.
 5. Muestren predisposición y atiendan sus necesidades y preguntas en casa.
 6. No cometan el error de hacerle el trabajo (deberes) con el engaño y creencia de que así le ayudan.
 7. Háganle saber que no saben la respuesta a las preguntas que hace su hijo y propónganle buscar juntos la solución.
 8. Potencien en el hijo la confianza en sí mismo.
 9. Permítanle que tome decisiones y asuma responsabilidades.
 10. No le comparen con otros miembros de la familia.
 11. Sean coherentes. Si ustedes leen en casa, están transmitiendo una actitud positiva que se contagia y es más fácil compartir aficiones.
 12. No asedien a su hijo con la idea del estudio.
 13. Hablen con su hijo para conocer mejor el problema antes de tomar decisiones que más tarde les podrán llevar al arrepentimiento.
 14. No amenacen ni castiguen; hay otros caminos como el pacto, la estimulación…
 15. Enseñe (si no lo hacen en el centro educativo) a utilizar las técnicas adecuadas y a estudiar.
 16. Evite transmitir mensajes negativos como "no vales", "no sabes", "eres mal alumno", etc.
 17. Celebren sus éxitos por pequeños que sean.
 18. Las clases particulares no siempre son la solución.
 19. La ayuda de los maestros suele ser muy valiosa siempre que los padres van a ellos con una actitud adecuada. Los educadores tienen datos del rendimiento del chico y observaciones de su comportamiento en clase.
 20. Tener clara la vocación profesional es la principal fuente de motivación del adolescente, por lo que es fundamental ayudarle a decidir la carrera o profesión que quiere estudiar. En este sentido, una buena orientación profesional puede dar buenos resultados (es aconsejable acudir al orientador escolar del centro educativo)
 21. Enséñenle a apuntar las tareas en una agenda con precisión, a organizar el tiempo en casa (hacer horarios con tiempos de estudio y de descanso), proponerse metas cortas…

Por último nos preguntamos si toda la solución recae y la encontramos únicamente en el entorno familiar. Dicho de otra forma, ¿qué papel juega en todo este problema el sistema educativo? Efectivamente, el sistema educativo también tiene algo que decir y hacer. Ya decíamos al principio que es un problema de todos. En resumen apuntamos algunas medidas que este sistema educativo español tan cambiante pretende aplicar como solución o lucha contra el fracaso escolar:

 1. Competencias básicas. La lectura, la escritura y el cálculo (matemáticas) son los pilares en los que se basará el aprendizaje del alumnado.
 2. Repetir curso.
 3. Examen de recuperación o extraordinario.
 4. Las evaluaciones de diagnóstico en distintos momentos educativos pretenden velar por el estado de salud del sistema.
 5. Educación infantil gratuita.
 6. Más recursos para los idiomas extranjeros.
 7. Autonomía de los centros.
 8. Financiación.



Fuente
Escuela de Padres
MEC
Ministerio de Educación de España


jueves, 25 de abril de 2013

El rendimiento académico depende más de la familia que de la escuela, dice un estudio

¿De qué depende el rendimiento académico? La respuesta no puede ser simple, y no se pueda obtener una respuesta universalmente válida, pero tal vez el más importante sea el “capital cultural” de la familia del alumno. El siguiente artículo hace su aporte a la discusión del tema.


Un reciente estudio ha descubierto que el involucramiento familiar es un factor determinante del desempeño académico en los niños, mucho más que la calidad de la escuela. Los investigadores evaluaron datos de alcance nacional referidos a más de 10 mil estudiantes y sus padres, maestros y administradores escolares.

El trabajo fue realizado en conjunto por las universidades Estatal de Carolina del Norte (EEUU), Brigham Young y California.

"Nuestro estudio muestra que los padres deben estar concientes sobre su importancia, e  invertir tiempo en sus niños chequeando las tareas para el hogar, participando de los eventos escolares y haciendo saber a los niños que la escuela es importante", afirma la Dra. Toby Parcel, profesora de Sociología en la Universidad de Carolina del Norte y coautora del trabajo.

Específicamente, los investigadores observaron cómo el "capital social familiar" y el "capital social escolar" influían en el rendimiento académico. El capital social familiar puede ser descripto como los lazos entre padres e hijos, tales como la confianza, las líneas de comunicación abiertas y el involucramiento en la vida académica. El capital social escolar es la habilidad de la escuela de servir como un ambiente positivo para el aprendizaje, incluyendo aspectos como la participación estudiantil en actividades extracurriculares, la autoestima de los docentes y su capacidad para responder a las necesidades de los alumnos individuales.

Los investigadores encontraron que los alumnos con altos niveles de capital social familiar y bajos niveles de capital social escolar rendían mejor, académicamente, que los que tenían altos niveles de capital social escolar pero bajos niveles de capital social familiar. "En otras palabras, aunque los involucramientos de escuela y familia tienen su importancia, el rol de la familia es mucho más fuerte en determinar el logro académico", dice Parcel.

El trabajo, titulado "Does Capital at Home Matter More than Capital at School?: Social Capital Effects on Academic Achievement," fue publicado en el Research in Social Stratification and Mobility.



Fuente: Universidad de Carolina del Norte, EEUU
En Síntesis Educativa

viernes, 12 de octubre de 2012

Pero… ¿qué podemos hacer como padres y madres para conseguir éxito escolar?

¿Qué camino seguir para aportar al éxito escolar de los hijos? ¿Existe una única forma? ¿Cuáles pueden ser nuestros aportes? Las siguientes reflexiones fueron hechas desde la óptica de los padres.



Hemos visto pues, que tanto el fracaso como el éxito escolar son situaciones que nos afectan, o nos afectarán, a todos, en mayor o menor grado y de las que somos responsables. Por tanto, todos podemos y debemos implicarnos: la administración, los centros educativos y los docentes, el alumnado, las familias…, pero,… ¿qué podemos hacer como padres y madres para conseguir éxito escolar?

Al menos hay dos ámbitos en los que poder contribuir al éxito escolar:
a) ayudar desde casa, en el seno familiar, y
b) ayudar en la escuela y la comunidad, implicándonos en aquellas iniciativas escolares que ayuden a construir una escuela y una educación más democrática y abierta a la sociedad y a la participación de todos y todas.

En cada uno de estos dos ámbitos hay diferentes modos de actuar y diversas tareas que, como familias, podemos hacer para mejorar la educación de los hijos, por ejemplo: asumir estilos de crianza y climas familiares adecuados, establecer hábitos de estudio en casa, ayudar a nuestros hijos con los deberes,… también comunicarnos de modo adecuado con el profesorado, colaborar en las actividades escolares del centro, implicarnos en la toma de decisiones escolares,… De ellas nos ocuparemos en las páginas siguientes.

Es preciso aclarar que, al igual que todas las personas somos diferentes y tenemos distintas posibilidades y fortalezas, no todas las familias tenemos por qué hacer las mismas cosas, ni participar de las mismas actividades. Es decir, aunque deba existir un proyecto educativo global, común y compartido, cada uno puede contribuir desde su realidad de forma distinta y en grado diferente, sabiendo que lo fundamental es estar coordinado con los demás y contribuir en una acción diseñada conjuntamente.


 A modo de resumen
 Afrontar los problemas existentes y construir  una sociedad futura mejor depende de lo buena que sea la educación, por ello es necesario ayudar   a cambiarla y colaborar en su mejora.         
Conseguir éxito escolar es mucho más que sacar buenas notas, es mejorar la educación y la  sociedad.                                
Todos podemos y debemos implicarnos en esta tarea de educar; porque si familia, escuela y comunidad colaboramos, alcanzar el éxito escolar  será más fácil.                                   
Hay distintos modos en los que las familias  pueden contribuir al éxito escolar: ayudando desde casa, colaborando con el profesorado,  implicándose en las dinámicas del centro, etc.      
No todas las familias tienen por qué implicarse  del mismo modo, pero sí todas deben estar comprometidas con la educación.

Extraído de
EL ÉXITO ESCOLAR
¿Cómo pueden contribuir las familias del alumnado?
Santiago Ramírez Fernández
Antonio García Guzmán
Christian Alexis Sánchez Núñez
Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos


 

jueves, 4 de octubre de 2012

¿Qué es el éxito escolar? ¿Por qué es importante y necesario?

Mucho se habla del “éxito escolar”, pero ¿Sobre quién recae? ¿A quiénes involucra? ¿Qué significa socialmente? ¿Cuál es la importancia hoy en día?

Un acto educativo muy conocido y tradicionalmente instaurado en nuestra sociedad es el de la graduación o la entrega de títulos. Se trata de actos ceremoniales, cada vez más extendidos, donde se entregan diplomas a aquellos estudiantes que se han esforzado, que han estudiado y superado diferentes cursos y materias, obteniendo, en definitiva, buenas calificaciones o resultados.

Este acto está cargado de estados personales y emocionales como la alegría, la satisfacción, la motivación, etc. También posee diferentes connotaciones sociales como, por ejemplo, el reconocimiento del esfuerzo y la valía del estudiante por parte de su familia, la cual se engalana para este acto, lo festeja, lo recuerda etc.; también se aprecia en el reconocimiento administrativo que recibe el estudiante, por parte de la sociedad o de un gremio profesional, al recibir un título con un determinado valor o equivalencia. Sin duda, para muchos, este momento representa una forma de manifestación del éxito escolar obtenido por el estudiante. Se trata de un éxito y un reconocimiento centrado en el alumno o alumna, que es quien recibe el diploma como premio a su esfuerzo y dedicación, su sacrificio, su valía y buena preparación.

Sin embargo, para nosotros, el éxito escolar no es algo exclusivo del alumno que termina la escolaridad obligatoria, que progresa en el bachillerato o en Formación Profesional (FP) y que obtiene un título universitario, sino que es un éxito de todos que beneficia a todos. Es la sociedad en general y los distintos estamentos e instituciones que la componen (las familias, los ayuntamientos, los centros escolares,…) los que apuestan día a día por la educación. Son muchos los esfuerzos y sacrificios que realizan las escuelas y las familias con sus menores, para que sean mejores personas y mejores ciudadanos. Por ejemplo, muchas familias piensan, desean y luchan para que sus hijos tengan la oportunidad de estudiar más de lo que ellos estudiaron y optar a un puesto con unas condiciones sociales y económicas mejores de las que ellos tienen. La sociedad, a través de su sistema educativo, también persigue que todos los estudiantes desarrollen plenamente su personalidad y sus capacidades, que adquieran valores democráticos y diversos conocimientos y hábitos que les permita ser libres, autónomos y responsables para participar en la vida económica, social y cultural; además de que les capacite para ejercer una ciudadanía crítica y responsable en una sociedad cambiante. Tener éxito escolar no significa sólo ser un buen estudiante, sino ser también un buen hijo, un buen amigo, un buen trabajador, un buen compañero, un buen ciudadano,… y además, serlo en entornos cuyos marcos de referencia varían constantemente. De aquí la importancia de la educación para el crecimiento personal, para la integración en la comunidad y, en resumen, para la adaptación a la sociedad y la mejora de la misma. El éxito escolar aumenta las posibilidades de crecer como persona y de construir una sociedad mejor.

Por todo ello, y atendiendo a las raíces democráticas de nuestra sociedad, la legislación educativa, a sabiendas de que todos tenemos distintas condiciones y características de partida que pueden favorecer o limitar las posibilidades de obtener buenos resultados escolares, establece que la educación básica pública debe ser para todos y de calidad. La educación ha de ser flexible y ha de permanecer atenta a las necesidades que pueda presentar el alumnado, para garantizar así la igualdad de oportunidades. Para ello, la administración educativa establece medidas facilitadoras a aquellos estudiantes que puedan presentar necesidades específicas de apoyo educativo, tratando así de asegurar que el éxito escolar esté al alcance de todos.

El éxito escolar depende también de la capacidad del sistema educativo para ofrecer y garantizar una educación básica de calidad que permita que toda la ciudadanía aprenda a desenvolverse con éxito en los diferentes ámbitos de la vida (familiar, relacional, profesional, laboral y social). Por tanto, el alumno que no aprueba unas asignaturas, que no alcanza una titulación básica o que no aprende una profesión para insertarse laboralmente, es el reflejo de las debilidades de nuestro sistema educativo. La sociedad, en este caso, no alcanza el éxito escolar porque no ha conseguido los objetivos educativos que se había propuesto, es decir, no estamos educando a nuestras futuras generaciones tal y como habíamos pensado que era idóneo.

“(…) la responsabilidad del éxito escolar de todo el alumnado no sólo recae sobre el alumnado individualmente considerado ,sino también sobre las familias, el profesorado, los centros docentes, las administraciones educativas y, en última instancia, sobre la sociedad en su conjunto, responsable última de la calidad del sistema educativo”.

El éxito escolar es de todos, y la responsabilidad de conseguirlo también es de todos. Aunque el alumno es el beneficiario directo de las inversiones y acciones educativas que se realizan (es quien obtiene un título, quien aprende, quien adquiere unas competencias y dominios esenciales para su vida…), también las familias y el profesorado, tras no pocos esfuerzos, contribuyen al éxito escolar y se sienten recompensados y satisfechos cuando hijos y alumnos progresan. Este éxito se extiende también a la sociedad ya que habrá cumplido con sus pretensiones de educar adecuadamente a sus futuras generaciones buscando su propia consolidación, crecimiento y desarrollo social.

Resumiendo, el éxito escolar no sólo está relacionado con las buenas notas o los títulos obtenidos por un número determinado de alumnos, sino que también tiene que ver con la adquisición de habilidades y competencias que favorezcan el crecimiento personal y social de los individuos. Las familias, el barrio, la comunidad, y la sociedad en general se suman, pues, al carro del éxito escolar por los beneficios que supone para todos, una buena educación. Es el principal modo que tenemos de asegurarnos de que el mundo en que hoy vivimos sea mejor en el futuro, porque serán ciudadanos preparados y comprometidos para hallar soluciones a los problemas existentes. Además, según la previsiones que se manejan, dentro de unos años aquella persona que no esté cualificada, difícilmente podrá acceder al empleo y tendrá mucha posibilidades de estar excluido socialmente. Es decir, el éxito escolar es la clave preventiva que va a favorecer el desarrollo y crecimiento personal de cada individuo pero también la construcción de una sociedad más rica, justa y cohesionada socialmente.

La educación como salvavidas
En el actual océano de tempestades, el barco en que navegábamos está perdido, las cartas de navegación han quedado obsoletas, la tripulación está dividida, debilitada e indignada, las velas del compromiso están rasgadas, el viento laboral es huracanado, el mástil económico se resquebraja, la brújula moral está desorientada, y los capitanes de navío saben que la educación básica es la opción que nos permitirá comprometernos a trabajar en equipo y aprender a reparar los desperfectos, coser las velas, saber buscar vientos favorables y orientarnos entre las olas para dirigir la nave hacia buen puerto.


Extraído de
EL ÉXITO ESCOLAR
¿Cómo pueden contribuir las familias del alumnado?
Santiago Ramírez Fernández
Antonio García Guzmán
Christian Alexis Sánchez Núñez
Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos


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jueves, 30 de agosto de 2012

¿Cómo puedo ayudar, desde casa, a promover el éxito escolar?


Mucho se puede hacer desde casa, para lograr éxito escolar ¿Podemos pensar en una receta única? ¿Es importante el temperamento del niño? ¿Cómo actuar? ¿Qué significan los “limites”? ¿Qué característica deben tener?

¡Los comienzos son muy importantes!
Vamos a centrarnos en ver si nuestra actuación como padres o madres, desde que el niño es un bebé, tiene o no una importancia futura en que nuestro hijo o hija tenga éxito en la escuela. Analizaremos brevemente con qué equipamiento viene el niño al mundo y cómo podemos contribuir a potenciar sus fortalezas y corregir sus limitaciones.

Conversación entre dos madres hablando de la “forma de ser” de sus hijos cuando eran pequeños
MADRE1: Mi hijo, desde muy pequeño, desde que era bebé, ha sido un niño muy tranquilo, dormía bien, no daba problemas al comer y se entretenía mucho tiempo con cualquier juguete que le dabas. No fue un niño llorón ni de muchas rabietas; ahora sí, a él los sitios donde había mucha gente le agobiaba, prefería ambientes tranquilos, ha sido más bien tímido, todavía lo es aunque ya menos. Le encantaba que le contará cuentos, que jugáramos con él, no se cansaba, siempre estaba muy atento a las cosas y se podía jugar estupendamente con él. Ha sido siempre muy curioso.

MADRE 2: Pues el mío mayor era así también, ahora el segundo, ese ha sido un trasto. No paraba, todo el día inventando cosas, corriendo y subiéndose por todas partes. No tenía paciencia para hacer nada, se cansaba enseguida de cualquier actividad y si la tenía que hacer sólo menos aguantaba. De bebé nos ha dado unas noches….., le costaba conciliar el sueño, no dormía seguido, malísimo para comer. En cambio es mucho más sociable que el hermano, tiene mucha simpatía, derrocha optimismo y se gana a la gente. No sé cómo siendo hermanos y habiéndolos criado igual pueden ser tan diferentes.

Seguro que le resulta familiar la conversación anterior e incluso habrá participado en charlas informales como ésta en las que describimos una serie de comportamientos habituales en nuestros hijos e hijas pequeños que reflejan un particular modo de actuar y de reaccionar emocionalmente ante las cosas. A este estilo propio de sentir y de actuar con que nacemos y que manifiesta el bebé desde muy pequeño es a lo que llamamos temperamento.

¿Con qué aspectos de la personalidad está relacionado fundamentalmente el temperamento?
Los distintos temperamentos que observamos en los niños son producto de la combinación de una serie de rasgos relacionados con sus funciones biológicas (alimentación y sueño), su nivel de actividad, su modo de reaccionar emocionalmente, su capacidad de adaptarse a los cambios y de interesar por nuevos estímulos y su sociabilidad. Así encontramos niños y niñas a quienes les cuesta relacionarse con los demás, prefieren estar solos a estar con otros y se retraen ante cualquier posibilidad de contacto social. Sin embargo otros niños son más sociables, buscan la interacción con otras personas y disfrutan compartiendo múltiples actividades. Del mismo modo, hay niños inquietos, con poca capacidad de atención, que resisten poco tiempo haciendo una misma
tarea y cambian constantemente de actividad, que responden rápidamente a los distintos estímulos y que no les da miedo enfrentarse a lo nuevo y otros niños son más tranquilos, persisten durante m tiempo en una misma actividad, mantienen la atención durante espacios más largos de tiempo, les cuesta adaptarse a los cambios y responden negativamente a lo desconocido. También apreciamos diferencias entre niños con tendencia a la alegría, con un humor positivo y que soportan niveles altos de estimulación y otros con más propensión a la tristeza y el enfado y que suelen sentir malestar, incluso, con menores niveles de estimulación que los anteriores. Podríamos seguir comentando otros tipos de conducta que son expresión del temperamento de cada niño, pero que, como hemos dicho al principio, siempre están relacionadas con sus niveles de actividad, su sociabilidad, sus reacciones emocionales y su manera de interpretar y actuar sobre las cosas. <!--[if !vml]--><!--[endif]-->

¿Influirá el temperamento con el que nace el niño o niña en la consecución del éxito escolar?
Muchas de estas conductas que hemos comentado, derivadas del temperamento heredado, son favorecedoras y facilitadoras de los aprendizajes y ayudan a transitar por la escuela con mayor garantía de éxito. Todos sabemos, por ejemplo, de la importancia que tiene la atención, el ritmo de trabajo y la constancia para que un niño aprenda. Sin embargo, hay aspectos del temperamento que pueden originar dificultades a la hora de tener éxito en la escuela. Por ejemplo, niveles altos de impulsividad pueden llevarle a no centrarse en sus tareas, y rehuir el contacto social puede afectar al desarrollo del niño, ya que la mayoría de los aprendizajes se realizan interactuando con otras personas.

¿Es determinante el temperamento o podemos hacer algo para construir una personalidad con más recursos favorables para el éxito en la escuela?
Como hemos visto, el temperamento con el que viene cada niño al mundo lo predispone a pensar, sentir y actuar de una determinada manera, pero estar predispuesto no significa que necesariamente se produzcan estos comportamientos en una sola dirección y no se puedan moldear mediante la educación. El temperamento nos dota de una serie de posibilidades y de limitaciones que van a favorecer o dificultar los aprendizajes. Por tanto, desde el minuto uno, los padres y madres debemos dedicar tiempo a conocer el temperamento de nuestros hijos, a saber las necesidades y preferencias de éstos, adaptarnos a él y comenzar a proporcionar experiencias y pautas estables de conducta que repetidas en una y otra ocasión se conviertan en hábitos favorables que aumenten sus recursos y compensen aquello que el temperamento no facilita.

Son muchos los aspectos que tendríamos que considerar aquí, pero nos vamos a centrar en tres cuestiones que nos parecen muy importantes para los comienzos: el establecimiento de vínculos afectivos y de un ambiente estimulante, el estilo de crianza y el fijar límites a los niños y niñas.

a. Vínculo afectivo y ambiente estimulante
Los primeros años de vida de un niño deben basarse en la creación de un vínculo afectivo positivo con la persona que lo cuida (apego), que le dé seguridad, y la creación de un ambiente estimulante que le permita experimentar sensaciones múltiples, despierte su curiosidad por lo que tiene a su alrededor y desarrolle al máximo las capacidades innatas que trae. Una seguridad básica y un ambiente familiar estimulante pueden tener una influencia notable en los futuros logros escolares. Veamos comportamientos apropiados para desarrollar estos dos aspectos:

1. Mantener, desde el primer momento, un contacto ocular con nuestro hijo, hablarle con dulzura y cariño, abrazarlo, besarlo, acariciarlo, etc.
2. Ser sensibles a las señales del niño, atendiendo con prontitud y de forma apropiada a sus necesidades. No escatimar tiempo en estos momentos.
3. Compartir juegos y otras actividades cotidianas con los niños: leer un cuento juntos, ir al parque, hacer un puzle, dibujar o pintar, ir al campo y disfrutar de actividades al aire libre, etc.
4. Realizar actividades guiadas, aquellas en las que como padre enseñamos algo al niño. Por ejemplo a lavarse los dientes, a vestirse, a recoger, etc.
5. Escuchar y conversar con sus hijos sobre lo que le acontece en la vida, los programas televisivos que ven, sobre sus actividades cotidianas, sobres sus juegos, etc.

Todo esto favorece el que el niño o niña se desarrolle en un ambiente seguro, mejore su autoestima y su autoconocimiento, confíe más en las personas, establezca relaciones óptimas con otras personas en el futuro, mejore la atención y la concentración, sea constante en terminar lo que empieza, descubra el gusto por aprender, esté motivado para descubrir nuevas cosas, etc.

b. Estilo de crianza
Las investigaciones realizadas sobre los estilos de crianza parecen corroborar que los padres o madres que transmiten calidez, que son afectuosos con sus hijos, que les prestan atención, les escuchan, comparten juegos, etc. y al mismo tiempo establecen límites ajustados a su edad, mantienen una cierta vigilancia y control y exigen lo que son capaces de dar, proporcionan el mejor ambiente para el desarrollo del niño: favorece su autoestima, el niño resiste y se recupera mejor de las dificultades, y mejora las habilidades emocionales y sociales, todo ello tan necesario para aprender. Algunas conductas que pueden ejercitar los padres y madres para favorecer este estilo de crianza responsable serían estas:

1. Cuidarlo con ternura, dedicándoles tiempo, caricias, amor y una presencia estable.
2. Compartir numerosos momentos de juegos, de vivencias, de experiencias, en un ambiente tranquilo y afectivo.
3. Permitir al niño o niña que se equivoque, no anticiparse a sus errores y hacerles ver que poco a poco irán saliendo mejor las cosas. Enfrentarse a las dificultades hace que se apropien de recursos y estrategias útiles para el futuro y pierdan el miedo a probar cosas nuevas y a aprender. Se vuelven también más constantes.
4. Evitar hacer aquellas tareas que el niño o niña ya pueda realizar por sí solo. Valorar y elogiar su esfuerzo, su trabajo y su colaboración. De esta manera se esforzarán por hacer las cosas bien y serán más responsables.
5. Ayudarle a resolver las situaciones conflictivas a través del diálogo y de sus propios recursos.

c. Fijar límites
Los niños y niñas necesitan explorar el mundo para conocerlo y adaptarse a él, pero también necesitan unos límites que les guíen en esta tarea, que les proporcionen seguridad, que les indiquen hasta dónde pueden llegar para que la convivencia no se perturbe y no perdamos el respeto por los demás y por las cosas. Unos límites razonables y equilibrados favorecen el aprendizaje y educan en la responsabilidad. Estaremos sentando las bases para un futuro en el que el niño tendrá que asumir unas normas establecidas en la escuela, tendrá que respetar a los que convivan con él en su centro, tendrá que cumplir unos horarios de estudio, tendrá que renunciar a determinados deseos en algunos momentos para cumplir con sus obligaciones académicas, tolerará mejor las frustraciones, mejorará su autocontrol, etc. Veamos algunos consejos para establecer límites a los niños y niñas.

Algunas consideraciones a la hora de fijar límites y establecer normas
1. Los límites no deben ser demasiado restrictivos ni demasiado amplios.
Un control excesivo sobre el niño suele provocar que éste se rebele ante la falta de libertad y se le impide, al mismo tiempo, la oportunidad de crecer y aprender. Por su parte, límites demasiado amplios no educan en la responsabilidad y promueven que el niño exceda los límites con mucha frecuencia.
2. Los límites deben tender a guardar un equilibrio.
Que sean lo suficientemente firmes para guiar a nuestros hijos, proporcionarles seguridad y enseñarles a ser responsables y lo suficientemente flexibles para que ejerzan su libertad, su poder y su control sobre las cosas.
3. Las normas y límites deben ser claras y comprensibles.
Los niños necesitan saber qué comportamientos se espera de ellos, hasta dónde pueden llegar y qué ocurrirá si se exceden en sus pretensiones. Esto ayudará a entender cuál es el camino de las conductas aceptables.

4. Los límites hay que revisarlos cada cierto tiempo.
El desarrollo del niño irá marcando los tiempos de revisión de los límites establecidos para que hagamos los cambios oportunos en cada momento, otorgando un mayor espacio de libertad y responsabilidad.
5. La enseñanza de las normas es efectiva si el mensaje que transmites es coherente con tus actuaciones.
Si decimos: “Baja el volumen de la televisión, sino tendré que apagarla”. Si el niño no obedece, debemos ser firmes y apagar la tele.
6. Los límites no pueden variar según las circunstancias.
Hay veces que estamos muy ocupados o de buen humor y lo que no permitimos en otras ocasiones lo permitimos en ese momento y le decimos: “Vete a jugar ahora y luego haces los deberes” cuando días antes le hemos gritado porque quería jugar antes de trabajar.
7. Es conveniente fijar y dar a conocer las normas antes de aplicarlas.
Es conveniente que nuestros hijos e hijas conozcan con antelación las normas y se les debe escuchar antes de establecer las limitaciones. Algunas pueden adoptarse en común y otras tendremos que fijarlas nosotros.
8. Construir las normas en positivo.
Es preferible decir “Hay que hacer las tareas del colegio antes de ver los dibujos en la tele por la tarde” que decir “No ves los dibujos hasta que no realices tus tareas del colegio”.

Extraído de
EL ÉXITO ESCOLAR
¿Cómo pueden contribuir las familias del alumnado?
Santiago Ramírez Fernández
Antonio García Guzmán
Christian Alexis Sánchez Núñez
Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos


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jueves, 23 de agosto de 2012

El éxito escolar como un fenómeno multidimensional

Nos toca vivir una época con más dudas que certidumbres, entre nuestras preguntas está ¿Qué escuela queremos? En función de una respuesta ¿Qué significa “éxito” en la escuela? ¿Qué aportes hacer desde la familia?



Hemos podido comprobar que son muchas y variadas las situaciones que influyen en el éxito escolar, situaciones que especialmente son difíciles de afrontar en el momento actual debido a los continuos cambios sociales que se producen.

 Así, partiendo de que la educación es tarea de todos y que debe estar dirigida a preparar al alumnado para la vida en una sociedad futura, que a buen seguro será diferente a la actual, deberíamos plantearnos al menos la eficacia de los modos tradicionales que tenemos de concebir la escuela y su función educadora.


Aunque todos hemos contribuido siempre a la educación de los hijos (padres, escuela, amigos, televisión,..), ha habido momentos y lugares en los que el protagonismo lo ha tomado una sola institución. Así, por ejemplo, durante mucho tiempo, se concibió que el sentido o la utilidad de la escuela era instruir técnicamente en aquellos conocimientos que posibilitaran la inserción social y laboral de los estudiantes, ya que las primeras influencias educativas y socializadoras durante la niñez era una misión familiar. Esta escuela procuraba enseñanzas estables y homogéneas para todos los jóvenes, pues con ello era suficiente para tener éxito, dado que los roles laborales que demandaba la sociedad no sufrían cambios. Sin embargo nuestra sociedad actualmente es diversa y cambiante, aquello que tiene valor en un momento determinado no tiene por qué tenerlo siempre y aquello que es válido y adecuado para algunos no tiene por qué serlo para todos. De hecho, se reconoce como esencial, en una educación ciudadana para la sociedad del conocimiento, la capacidad de adaptarse a situaciones cambiantes, el fomento de la creatividad y el aprendizaje a lo largo de la vida.


Esta situación nos alerta de la necesidad de configurar escuelas más abiertas e integradas en la comunidad. Se precisa de una educación más flexible y atenta a las distintas situaciones y necesidades de los usuarios, una escuela que sea vivida y compartida por todos y todas.


En este sentido, son diversas las iniciativas a nivel nacional e internacional que defienden la necesidad de cambios en el modo de gestionar y desarrollar la educación. De hecho, se están desplegando distintas experiencias educativas que demuestran ser eficaces para la consecución de éxito escolar. Aunque son diferentes los elementos y actuaciones que se desarrollan tratando de buscar éxito escolar (creación de climas positivos de aprendizaje, atención educativa inclusiva, aprendizajes auto-regulados o activos del propio alumnado, roles del docente como mediador y facilitador, la gestión positiva de los conflictos del aula, establecer grupos de trabajo interactivos, atender al funcionamiento de los grupos, colaboración entre el profesorado,….), existe un denominador común en todas ellas: la idoneidad de los procesos de democratización de la educación en las escuelas y las prácticas educativas abiertas a toda la comunidad. Esto requiere la existencia de comunidades educativas comprometidas con la tarea de educar.
 

Se ha demostrado que en los centros escolares donde existe una relación colaborativa con las familias, no sólo se alcanza un mayor éxito académico del alumnado, sino que se obtienen beneficios y mejoras para todos (familias, centro, profesorado, etc.). De hecho, la normativa vigente reconoce el derecho de las familias a estar informadas sobre el progreso del aprendizaje e integración socioeducativa de sus hijos y a participar en el proceso de enseñanza y aprendizaje para mejorar el rendimiento de los mismos1.
 

Hay muchos padres y madres que se esfuerzan diariamente por ayudar a sus hijos en sus tareas escolares y aprendizajes, pero, en general, en nuestro país, sería deseable una mayor participación e implicación educativa familiar, es decir, se necesita de una mayor colaboración entre la familia y la escuela a la hora de coordinarse para educar.


Si bien es cierto que existen canales tradicionales de participación de las familias en la escuela como el consejo escolar y las asociaciones de padres y madres, la realidad es que su contribución al éxito escolar debe mejorarse como ya veremos más adelante.



Beneficios de la relación colaborativa entre la familia y el centro educativo para el éxito escolar

ÉXITO ESCOLAR
FAMILIAS
• Mejora la comunicación con los docentes
• Mejora la comunicación con los hijos/as
• Mejora la comprensión de los programas escolares
• Actitud positiva hacia la escuela y su personal
• Aumenta la autoconfianza y la autoestima
• Aumentan las habilidades sociales
• Aumenta el compromiso social y comunitario

PARA EL ALUMNADO
• Aumenta el rendimiento académico
• Mejora la actitud hacia la escuela
• Adquiere más habilidades sociales
• Aumenta la probabilidad de cursar estudios post-obligatorios
• Tiene mejores hábitos de estudio
• Disminuyen los comportamientos conflictivos
• Disminuye el absentismo y el abandono escolar

 CENTRO EDUCATIVO

• Más competente y eficaz
• Enseñanza más centrada en el niño/a
• Mejor relación con las familias y la comunidad
• Profesorado más satisfecho y comprometido
• Instituciones que enseñan y aprenden



Unas veces son las creencias y rutinas familiares las que dificultan la implicación en la escuela, otras, sin embargo, surgen de la propia sociedad que no posibilita una conciliación laboral que permita a las familias atender las situaciones escolares de los hijos,… y, a veces, es el propio funcionamiento escolar o la actitud de los docentes lo que no fomenta el que las familias participen en el centro.


De esto modo, la situación que tenemos actualmente, dista mucho de ser un sendero cómodo, limpio y señalizado por el que transitar, más bien se trata de un camino borroso, que hemos descuidado y que se ha difuminado entre la maleza torcida que ha crecido con el tiempo y la pasividad de algunos para desbrozarla. Si queremos llegar al destino que hay al otro lado del camino, hemos de tomar decisiones, ponernos manos a la obra y esforzarnos por despejarlo y señalizarlo. Hay que trabajar por aquello que uno quiere y no darse por vencido como ocurría en el cuento de las dos ranas.




CREENCIAS CREAN REALIDADES
Dice una historia que dos ranas cayeron en un enorme cubo de nata de una lechería. Una le dijo a la otra:
-Es mejor que nos demos por vencidas, estamos perdidas. No podremos salir de aquí.
-Sigue nadando –le dijo su compañera-. Conseguiremos salir de alguna forma.
-Es inútil –chilló la otra-. Es demasiado espeso para nadar, demasiado blando para saltar, y demasiado resbaladizo para arrastrase. Ya que de todas formas voy a morir, es mejor que sea ahora.
Y dejándose caer, murió ahogada. Su amiga, en cambio, siguió moviéndose intentando nadar, sin rendirse. Cuando se hizo de día se halló encima de un bloque de mantequilla que ella misma había batido. Y allí se quedó, sonriente un buen rato, mientras se comía las moscas que llegaban en bandadas en todas las direcciones. Creer que puedes conseguir algo, es el primer paso para que así suceda.
Jaume Soler y M. Mercè Conangla

Aplícate el cuento



Igual que estas dos ranas se encontraron, sin buscarlo, en un apuro que iba a condicionar definitivamente su existencia, los padres y madres nos encontramos con diversas dificultades para ejercer una participación educativa. Ahora que sabemos que es necesaria la colaboración y el esfuerzo compartido para conseguir éxito escolar y mejorar la educación, debemos decidir si nadamos para intentar cambiar la situación o nos dejamos ahogar dándonos por vencidos. Los que ya vienen luchando en este medio adverso son aquellos padres y madres participantes en el AMPA que, día a día, se empeñan en aportar su granito de arena a la educación de sus hijos. Esta publicación tratará de ofrecer consejos que les motiven a seguir con el esfuerzo, además de claves y ejemplos que ayuden a convencer al resto de padres y sugerencias que propicien estilos y sinergias que consigan transformar la nata en mantequilla con mayor celeridad.







Extraído de
EL ÉXITO ESCOLAR
¿Cómo pueden contribuir las familias del alumnado?
Santiago Ramírez Fernández
Antonio García Guzmán
Christian Alexis Sánchez Núñez
Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos





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