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miércoles, 1 de febrero de 2017

PADRES DE FAMILIA, SIN SU PARTICIPACIÓN NO ES POSIBLE LA CALIDAD DE LA EDUCACIÓN.

LA SOCIEDAD Y DE MANERA ESPECIAL LOS PADRES DEBEN ENTENDER QUE, SI BIEN EL ATRASO ESCOLAR (NO-APRENDIZAJE O MALA CALIDAD DE DICHO APRENDIZAJE), LA REPETICIÓN DEL AÑO Y HASTA EL ABANDONO SON UN FRACASO DE LA ESCUELA, DE SUS MAESTROS Y DE SU PROYECTO PEDAGÓGICO, TAMBIÉN DEBEN SER CONSIDERADOS COMO UN FRACASO DE LOS PADRES.

En Colombia, a partir de esta semana regresarán a las aulas escolares más de 9 millones de niños, adolescentes y jóvenes de la educación básica y media, o irán al preescolar cerca de 700.000 niños, por primera vez.
Este hecho, que debería ser un gran acontecimiento nacional, como siempre, pasará desapercibido y no tendrá ninguna repercusión social o gubernamental. Qué bueno sería que el Ministerio de Educación Nacional, MEN, y sus entidades adscritas se movilizará junto con las Secretarías de Educación, por lo menos en las dos o tres primeras semanas del año escolar, para lograr que la sociedad comprenda que los colegios no son los únicos responsables de la educación y de la calidad de la misma; que se aprende toda la vida; que el hogar es la primera escuela y la más importante para el desarrollo inicial del cerebro de los niños y de su proceso de formación; y que los colegios sin la ayuda y la participación de los padres de familia jamás podrán ser de buena calidad de manera integral.
Cuando escribo que el MEN y las Secretarías se movilicen, estoy pensando en algo así como planear, promover y motivar de manera sencilla la participación de los padres y de las familias en la educación de sus hijos a través de las redes sociales, medios masivos de información, videos, folletos, entre otros. Un buen ejemplo de la capacidad de movilización institucional es el esfuerzo y los recursos que el MEN se ha gastado en demostrar que el Programa es la panacea en el acceso, la equidad y la calidad de los más pobres en educación superior. Pregunto: No sería mejor que esta plata en propaganda no la gastáramos en apoyar a la Labor de los maestros y padres de familia desde afuera.
Imaginemos por un momento que durante dos o tres semanas todos los años los padres de familia de Colombia que vean televisión u oigan radio se acostarán recordando un eslogan sencillo del MEN mediante el cual se promueve que ellos lean 15 minutos a sus hijos o los escuchen leer, al menos 4 o 5 días a la semana. O Lograr que los padres comprendan la importancia de hacer preguntas inteligentes a sus hijos, que vayan más allá del contexto tradicional del ¿cómo les fue? o ¿qué hizo hoy en el colegio?, o motivar que los padres asistan por iniciativa propia a los colegios 4 o 5 veces al año, y se pongan de acuerdo con los docentes sobre cómo ellos pueden ayudar al hijo desde casa, de manera más efectiva, en su formación, desarrollo y deberes educativos. Recordemos que los estudiantes, de 365 días que tiene un año, solo asisten a los colegios cerca de 170 días a clase durante 6 u 8 horas diarias, el resto del tiempo, más del 80%, ellos están en casa.
Para la mayoría de padres de familia o adultos responsables de los niños y adolescentes que estudian en la educación básica y media el ingreso de sus hijos a los colegios se convierte en un descanso. Siguen pensando que el colegio es una especie de guardería donde los maestros tienen el deber de cuidarlos, entretenerlos, educarlos y ojalá disciplinarlos, sin ninguna responsabilidad y acompañamiento de padres de familia.
La evidencia proporcionada en diversos estudios de investigación educativa ha demostrado un vínculo claro entre la participación de los padres de familia y el éxito escolar de los niños y adolescentes, de manera especial se destaca cómo los padres que participan y están enterados sobre los objetivos educativos de los colegios y del trabajo que realizan los docentes en el aula logran un mejor apoyo emocional y una mayor motivación hacía el esfuerzo académico de los estudiantes. Ojo, a los padres no se les exige una habilidad específica o un dominio sobre un área o saber para ayudar a los estudiantes, sólo conocer qué pasa en la escuela y tener una actitud positiva hacía lo que allí sucede, esas son herramientas suficientes para lograr que ellos motiven y participen de la educación de sus hijos (Grolnick et al. (2009). Parenting and children’s motivation at school).
La sociedad y de manera especial los padres deben entender que, si bien el atraso escolar (no-aprendizaje o mala calidad de dicho aprendizaje), la repetición del año y hasta el abandono son un fracaso de la escuela, de sus maestros y de su proyecto pedagógico, también deben ser considerados como un fracaso de los padres o de los responsables directos de los niños o adolescentes. Este último punto no lo tienen entronizado la mayoría de padres de familia y por ello la mala calidad de la educación o el fracaso escolar se considera una responsabilidad exclusiva de los colegios, o de los docentes y hasta, para algunos, culpa de FECODE, cuando ocurre en los colegios oficiales.
Por lo anterior, me pregunto: cuándo el MEN y las autoridades educativas incluirán en la política educativa  el desarrollo de mensajes, campañas de educación y programas de formación en los colegios que estimulen a los padres de familia en el propósito de promover su participación en la educación de los hijos, de manera especial, en los barrios, municipios y regiones más pobres del país, donde viven las familias como menos educación y riqueza, y donde, se requiere más y mejor educación para los niños.



Por: Angel Perez.
Fuente: http://www.dinero.com/opinion/columnistas/articulo/padres-de-familia-participacion-en-calidad-de-educacion-angel-perez/241400


viernes, 16 de mayo de 2014

La participación de las madres y los padres en los centros escolares


La familia es la máxima responsable de la educación de los jóvenes, pero no la única, la escuela tiene funciones que cumplir, también la administración política. Todos tenemos en común la búsqueda de calidad en el sistema educativo, e indiscutiblemente la participación es uno de los factores más importantes ¿De qué manera puede participar la familia en los centros escolares?


Los padres y madres somos los máximos responsables de la educación de nuestros hijos y tenemos el deber de velar por su formación integral. A partir de una determinada edad, delegamos en los maestros una parte de esta labor educativa: en la escuela se instruye y se educa, se aprenden conocimientos y se transmiten valores. La Administración, por su parte, es la responsable última de procurar una educación para el conjunto de la ciudadanía, proporcionando un marco que facilite esta tarea: leyes, espacios, recursos, gestión, la formación de los maestros y profesores, y el control de calidad de todo el sistema. Pero todavía tiene una tarea más importante: crear las condiciones para que la educación sea un elemento compensador de las desigualdades.

La participación es un factor de calidad para el sistema educativo y un instrumento básico para la formación de ciudadanos y ciudadanas autónomos, libres, responsables y comprometidos con los principios y valores de la Constitución.

Una escuela de calidad es aquella que sabe dar respuesta a las necesidades específicas de todos y cada uno de los alumnos, que es capaz de potenciar sus capacidades de manera individualizada y coordinada con las familias, que decide sus objetivos y que es gestionada con el máximo consenso de toda la comunidad educativa, que establece canales regulares de comunicación con las familias, que es capaz de enseñar a ser y de formar ciudadanos a todos sus alumnos sin exclusión, que es capaz de mejorar en función de esta evaluación. Éstas son también algunas de las características esenciales de la escuela basada en la participación.

Formas de participación de las familias en los centros escolares
Los padres y las madres tenemos diversas maneras de participar en los centros escolares. La familia puede participar en la vida y gestión de los centros docentes tanto de forma individual, a través de las tutorías, como de forma colectiva, a través de las asociaciones de madres y padres del alumnado y de los Consejos Escolares. Un primer nivel, el más básico, implica estar informados de lo que acontece en la escuela, interesarnos por todo lo que hacen nuestros hijos, asistir a las reuniones de clase o de tutoría, o establecer una coordinación entre nuestra actividad educadora y la del centro.

La participación individual
Esta participación tiene su propio instrumento: las tutorías. La tutoría y la orientación son parte esencial de la función docente. La función tutorial y orientadora del alumnado se desarrollará a lo largo de todas las etapas y enseñanzas. Cada alumno y alumna tiene asignado un tutor o tutora que conoce su expediente académico y su situación personal en el centro escolar y se ocupa de la relación con su familia.

En la actualidad la tutoría abarca un conjunto de actuaciones plenamente integradas en la función docente, actuaciones que no pueden limitarse al mero seguimiento del progreso académico del alumnado, sino que deben ser entendidas como la manera de alcanzar un mayor conocimiento de los alumnos y las alumnas y con ello mejorar su integración escolar y social y su proceso de enseñanza y aprendizaje.

La relación de los tutores y tutoras con las familias del alumnado se lleva a cabo habitualmente a través de entrevistas individuales, que se realizarán previa cita y en horario de tarde. Será necesario realizar varias entrevistas a lo largo del curso escolar, con objeto de mejorar el conocimiento por parte de las familias y tutores y tutoras del progreso personal y académico del alumnado.

Asimismo, los tutores y tutoras podrán convocar a todos los padres y madres del alumnado del grupo que tienen a su cargo para informarles de aquellos aspectos que consideren relevantes en relación con su tutoría. Con carácter preceptivo convocarán una reunión general de padres y madres antes de la finalización del mes de noviembre de cada año para exponer el plan global de trabajo del curso, la programación y los criterios y procedimientos de evaluación, así como las medidas de apoyo que, en su caso, se vayan a desarrollar.

Un segundo nivel aparece después de tomar conciencia de formar parte de un colectivo que tiene unas necesidades comunes (comedor escolar, actividades extraescolares, etc. ) y unos mismos objetivos: conseguir una enseñanza de calidad. Para todo esto debemos ser socios de la asociación de madres y padres de alumnos (AMPA), en donde las madres, padres o tutores legales, de manera colectiva, trabajamos para dar respuesta a estas inquietudes y necesidades.

La participación colectiva
La participación de las familias puede hacerse también a través de sus entidades representativas, las asociaciones de madres y padres del alumnado (AMPA), lo que permite abordar de manera colectiva los problemas y organizar soluciones y actividades para conseguir unos fines comunes.

El marco legal vigente hasta ahora nos proporciona una tercera posibilidad: los consejos escolares (de centro, municipales, autonómicos y estatales). En el caso de los consejos escolares de centro, la participación implica capacidad de toma de decisiones y en el resto, capacidad de opinar y asesorar a las administraciones.
En el ámbito de la participación, las madres y los padres del alumnado tienen reconocidos, entre otros, los siguientes derechos:

-          Estar informados sobre el progreso del aprendizaje e integración socioeducativa de sus hijos e hijas.
-          Participar en el proceso de enseñanza y aprendizaje de sus hijos e hijas.
-          Participar en la organización, funcionamiento, gobierno y evaluación del centro educativo.
-          Ser oídos en aquellas decisiones que afecten a la orientación académica y profesional de sus hijos e hijas.

Por otra parte, como primeros responsables de la educación de sus hijos, hijas, a las familias les corresponde:

-          Adoptar las medidas necesarias, o solicitar la ayuda correspondiente en caso de dificultad, para que cursen las enseñanzas obligatorias y asistan regularmente a clase.
-          Proporcionar, en la medida de sus disponibilidades, los recursos y las condiciones necesarias para el progreso escolar.
-          Estimularles para que lleven a cabo las actividades de estudio que se les encomienden.
-          Participar de manera activa en las actividades que se establezcan en virtud de los compromisos educativos de los centros con las familias para mejorar su rendimiento.
-          Conocer, participar y apoyar la evolución de su proceso educativo, en colaboración con el profesorado y el centro.
-          Respetar y hacer respetar las normas establecidas por el centro, la autoridad y las indicaciones u orientaciones educativas del profesorado.
-          Fomentar el respeto por todos los componentes de la comunidad educativa.

La cultura de la participación en el ámbito educativo puede ayudar a reducir los conflictos que se producen en los centros docentes, conflictos que, por otra parte, son inherentes a cualquier actividad humana, así como resolverlos en el caso de que aparezcan. Establecer mecanismos de prevención y resolución pacífica de los conflictos forma parte de la educación para una formación integral, una educación que contempla el desarrollo de la autonomía del alumnado y de su espíritu crítico, su capacidad para tomar decisiones, trabajar en equipo, convivir e integrarse socialmente.


Extraído de
La participación de las madres y padres en los centros escolares
Francisco Montañés
Junta Directiva de CEAPA

domingo, 16 de diciembre de 2012

¿Somos capaces de perdonarnos a nosotros mismos?


Los siguientes párrafos, extraídos del libro "Educar sin gritar", nos ayudan a reflexionar sobre la importancia de tener la capacidad de perdonarnos a nosotros mismos, en el camino de ser mejores padres.



“Si nuestro hijo tiene problemas, será porque algo habremos hecho mal nosotros”. Algunos padres se repiten esta idea una y otra vez, mientras sus dudas no paran de crecer. La aparición de conductas problemáticas en el hijo suele llevar a sus padres a preguntarse en qué han fallado:


• ¿Deberíamos haber pasado más tiempo juntas?

 • ¿No le demostramos suficientemente nuestro afecto?

 • ¿Teníamos que haber dialogado más?

 • ¿No supimos hacer valer nuestra autoridad?

 • ¿Deberíamos haber sido más severos?

 • ¿Puede ser consecuencia de los problemas en nuestra relación?

 • ¿No supimos entenderlo?

 • ¿En qué nos equivocamos?


Algunos padres no necesitan ni tan siquiera del reproche del hijo para sentirse culpables.

 Aunque a veces se pierdan los nervios y se llegue a hablar mal a los hijos, en la mente de éstos no sólo quedan hechos puntuales, sino también el sentir del día a día. Somos seres humanos, y no somos infalibles. Es natural perder la paciencia en ocasiones, pero esto no significa que uno se autocalifique como  «mal padre» o «mala madre». El hecho de darnos cuenta, tomar conciencia de que podemos avanzar en el autocontrol, y el deseo y la intención de hacerlo mejor, son elementos muy importantes, y a veces casi suficientes para que se produzcan los cambios deseados.


Los sentimientos de culpa difícilmente contribuyan a mejorar la situación, y ayudan poco a la hora de buscar soluciones. Habitualmente lo que hacen es empeorarla y terminan por enturbiar la relación. Sumergen al progenitor en la inseguridad y lo convierten en rehén de su propia culpabilidad. El hijo, aunque esté descontento también con la situación, puede incluso aprovecharse de ella.


En no pocas ocasiones se pierde demasiado tiempo y energía poniéndose a la defensiva, buscando justificaciones o echando la culpa al cónyuge, al hijo o a la «juventud de hoy». A perdonar se enseña perdonando, comprendiendo las equivocaciones, disculpando los errores. Es difícil perdonar a los hijos cuando el nivel de exigencia e intransigencia es desproporcionado. E igualmente será difícil enseñarles a disculpar también a los  demás si los padres no son capaces de perdonarse a sí mismos por sus errores.


Los padres no son infalibles. Son seres humanos que pueden equivocarse. Pero en el propósito de la mayoría está el abordar la tarea educativa con la mejor intención posible. Es necesario reducir esa acusada tendencia a la culpabilidad con la que muchos padres pierden todo un caudal de energía que podrían aprovechar para poner remedios, cambiar y emprender nuevas prácticas educativas.



De
Educar sin gritar, de Guillermo Ballenato.
Editorial El Ateneo.

martes, 20 de noviembre de 2012

La corresponsabilidad

¿Quién es responsable de los aprendizajes de los alumnos? Desde la retórica, todos aspiramos a una escuela con equidad, y sentido inclusivo, pero para ello es imprescindible la participación y la responsabilización de todos los actores. Los siguientes párrafos reflexionan al respecto.


La concepción de la FCPE sobre la participación de los padres y madres en el sistema educativo se centra en una palabra: corresponsabilidad. La corresponsabilidad es la división de las responsabilidades educativas y del acto educativo entre la familia y otros educadores potenciales. Comienza en el momento en que los padres confían el niño a terceros (escuela de educación infantil, ayudante maternal, etc.) y continúa durante varios años, en primaria y secundaria, cuando el estudiante comparte su vida entre su familia y otros espacios educativos. Durante todo este período un principio se impone: el niño está en el centro del proceso educativo.


Los padres y las madres son los primeros protagonistas de la corresponsabilidad. La gran dificultad para desarrollar la corresponsabilidad reside en la obligación constante de la búsqueda de un acuerdo y de una complementariedad entre los distintos educadores, en cumplimiento de las especificidades y papeles de cada uno. Se trata de intercambios de información e ideas entre los distintos participantes para definir objetivos educativos comunes y medios de alcanzarlos.


Para la FCPE, el sistema educativo debe entender esto, para así aceptar e integrar a los padres, a todos los padres, y realizar un esfuerzo para incluir a quienes sintiéndose excluidos de la sociedad no se atreven a participar en la escuela o no saben qué sentido dar a la escolaridad de sus hijos. El objetivo de la educación en un país es estrechar el vínculo entre la familia y la escuela y superar las barreras sociales y culturales.


Este proceso de corresponsabilidad no debe olvidar al menor como sujeto activo, que podrá comprometerse también, a través de su proyecto personal y de las responsabilidades que asumirá en el aula y en el centro educativo. En todo planteamiento educativo, la dimensión emocional no puede ignorarse, porque da sentido al acto educativo.


En Francia, los padres están representados en los distintos niveles del sistema educativo: en los consejos escolares de primaria ("école maternelle" de 3 a 6 años, "école élémentaire" de 6 a 11 años); en los consejos de centro en la secundaria ("college" de 11 a 15 años y "lycée" de 15 a 18 años); en los consejos escolares departamentales; en los consejos escolares regionales; y, a nivel nacional, en el Consejo Superior de la Educación. Los representantes de los padres ante la institución escolar son elegidos, mediante elecciones, cada año en los centros educativos.


En la primaria, el consejo escolar vota el reglamento interno, discute la organización de la semana escolar (sobre 4 ó 5 días, por ejemplo) y debate sobre todos los problemas relativos a la escuela. El consejo escolar también elabora el proyecto educativo del centro, y emite su juicio sobre el funcionamiento general de la escuela: actividades extraescolares y complementarias, apertura fuera del horario lectivo, y cuestiones de higiene, salud y seguridad, entre otras funciones. Sobre el reglamento interno y el proyecto educativo de centro el consejo escolar sólo tiene carácter consultivo. En otros asuntos, son el director, el inspector de educación o el municipio quienes deciden.


En la secundaria, los padres elegidos son miembros del consejo de administración. El consejo de administración tiene por papel elaborar y votar el presupuesto del centro, definir el proyecto educativo, aprobar el reglamento interno y cuestiones de higiene, salud y seguridad. Establece también los principios de organización del tiempo escolar, define las actividades educativas opcionales y la apertura del centro a su entorno, organiza la recepción y la información de los padres.


Durante el verano de 2006, el Ministerio de Educación nacional publicó dos reglamentos oficiales para precisar el papel de los padres de alumnos en la escuela. Esta nueva normativa refuerza el derecho de los padres a ser informados, a reunirse en los locales escolares, y reafirma el papel de las asociaciones de padres, en particular para la difusión de la información a los padres. Por fin, estos textos insisten sobre la necesidad de organizar las reuniones escolares a horas que permitan la presencia y la participación de los padres.


El FCPE representa a alrededor de 325.000 familias, e integra a 100 asociaciones departamentales y a 22.000 asociaciones de padres. Federa también padres de alumnos de la enseñanza francesa en el extranjero. Su organización es piramidal: el consejo local interviene en el centro educativo; el consejo departamental interviene ante las administraciones y otras instituciones departamentales o regionales; la federación nacional interviene ante el Ministerio de Educación nacional y otras instituciones a nivel nacional.



Entendemos la corresponsabilidad como la división de las responsabilidades educativas y del acto educativo entre la familia y otros educadores potenciales.



Autor
Faride Hamana
Presidente de la Federación de los Consejos de Padres de la Escuela Pública de Francia (FCPE)
En
Padres y madres de alumnos y alumnas


viernes, 12 de octubre de 2012

Pero… ¿qué podemos hacer como padres y madres para conseguir éxito escolar?

¿Qué camino seguir para aportar al éxito escolar de los hijos? ¿Existe una única forma? ¿Cuáles pueden ser nuestros aportes? Las siguientes reflexiones fueron hechas desde la óptica de los padres.



Hemos visto pues, que tanto el fracaso como el éxito escolar son situaciones que nos afectan, o nos afectarán, a todos, en mayor o menor grado y de las que somos responsables. Por tanto, todos podemos y debemos implicarnos: la administración, los centros educativos y los docentes, el alumnado, las familias…, pero,… ¿qué podemos hacer como padres y madres para conseguir éxito escolar?

Al menos hay dos ámbitos en los que poder contribuir al éxito escolar:
a) ayudar desde casa, en el seno familiar, y
b) ayudar en la escuela y la comunidad, implicándonos en aquellas iniciativas escolares que ayuden a construir una escuela y una educación más democrática y abierta a la sociedad y a la participación de todos y todas.

En cada uno de estos dos ámbitos hay diferentes modos de actuar y diversas tareas que, como familias, podemos hacer para mejorar la educación de los hijos, por ejemplo: asumir estilos de crianza y climas familiares adecuados, establecer hábitos de estudio en casa, ayudar a nuestros hijos con los deberes,… también comunicarnos de modo adecuado con el profesorado, colaborar en las actividades escolares del centro, implicarnos en la toma de decisiones escolares,… De ellas nos ocuparemos en las páginas siguientes.

Es preciso aclarar que, al igual que todas las personas somos diferentes y tenemos distintas posibilidades y fortalezas, no todas las familias tenemos por qué hacer las mismas cosas, ni participar de las mismas actividades. Es decir, aunque deba existir un proyecto educativo global, común y compartido, cada uno puede contribuir desde su realidad de forma distinta y en grado diferente, sabiendo que lo fundamental es estar coordinado con los demás y contribuir en una acción diseñada conjuntamente.


 A modo de resumen
 Afrontar los problemas existentes y construir  una sociedad futura mejor depende de lo buena que sea la educación, por ello es necesario ayudar   a cambiarla y colaborar en su mejora.         
Conseguir éxito escolar es mucho más que sacar buenas notas, es mejorar la educación y la  sociedad.                                
Todos podemos y debemos implicarnos en esta tarea de educar; porque si familia, escuela y comunidad colaboramos, alcanzar el éxito escolar  será más fácil.                                   
Hay distintos modos en los que las familias  pueden contribuir al éxito escolar: ayudando desde casa, colaborando con el profesorado,  implicándose en las dinámicas del centro, etc.      
No todas las familias tienen por qué implicarse  del mismo modo, pero sí todas deben estar comprometidas con la educación.

Extraído de
EL ÉXITO ESCOLAR
¿Cómo pueden contribuir las familias del alumnado?
Santiago Ramírez Fernández
Antonio García Guzmán
Christian Alexis Sánchez Núñez
Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos


 

miércoles, 15 de febrero de 2012

¿Qué tal mejores padres?

Si nos preguntamos ¿Qué escuela queremos? Seguramente será aquella que permite y estimula la participación de los padres. La importancia de la familia en los aprendizajes escolares de los alumnos está reconocida, además de la necesaria participación en la institución escolar, son determinantes en la formación de hábitos. En los siguientes párrafos, se destaca este último aspecto.

 



No hay duda de que un gran maestro puede marcar una diferencia enorme en los logros de un alumno, y necesitamos reclutar, capacitar y recompensar a más de tales maestros. Sin embargo, algunos estudios nuevos están mostrando que también necesitamos mejores padres. Padres más centrados en la educación de sus hijos pueden marcar una enorme diferencia en los logros de un alumno.

 

Cada tres años, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, u OCDE, aplica exámenes como parte del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos o PISA, por sus siglas en inglés, con los cuales se examina a muchachos de 15 años de los principales países industrializados del mundo sobre comprensión de la lectura y capacidad para aplicar lo aprendido en matemáticas y ciencia para resolver problemas reales, las habilidades más importantes para tener éxito en la universidad y en la vida. Los estadounidenses de 15 años no se han distinguido en los exámenes PISA en comparación con alumnos de Singapur, Finlandia y Shangai. 

Para comprender mejor por qué algunos estudiantes florecen al presentar las pruebas PISA y otros no, los países de la OCDE alentaron a Andreas Schleicher, quien las supervisa por parte de la Organización, a ver más allá de los salones de clase. 

Así es que a partir de 2006 y empezando con cuatro países para después agregar 14 más en 2009, el equipo PISA fue con los padres de cinco mil estudiantes y les preguntó “cómo educaron a sus hijos y después comparamos eso con los resultados del examen” para cada uno de esos años, me explicó Schleicher. Hace apenas un mes, el equipo PISA publicó las tres conclusiones principales de su estudio: 

“Los alumnos de 15 años, cuyos padres leen libros a menudo con ellos durante el primer año de primaria, muestran marcadamente calificaciones más altas en el PISA 2009 que el de los hijos cuyos padres leen poco frecuentemente o nada. La ventaja en el desempeño entre los alumnos cuyos padres les leen en sus primeros años de escuela es evidente, sin importar los antecedentes socioeconómicos de la familia. El compromiso de los padres con sus hijos de 15 años se asocia en forma contundente con un mejor desempeño en los PISA”. 

Schleicher me explicó que “sólo preguntarle a tu hijo cómo le fue en la escuela y mostrar un interés genuino en lo que está aprendiendo puede tener el mismo impacto que muchas horas de clases particulares. Es algo que cada padre puede hacer, sin importar cuál sea su nivel académico o antecedentes sociales”. 

Por ejemplo, el estudio PISA revela que “los estudiantes cuyos padres informaron que habían leído un libro con su hijo ‘a diario o casi todos los días’ o ‘una o dos veces por semana’ durante el primer año de primaria, tienen calificaciones marcadamente más altas en el PISA 2009 que aquellos cuyos padres reportaron haber leído un libro con su hijo ‘nunca o casi nunca’ o ‘una o dos veces al mes’. En promedio, la diferencia en la calificación es de 25 puntos, el equivalente de bastante más de la mitad de un año escolar”. 

Sí, los alumnos de hogares acomodados tienen más posibilidades de tener padres más involucrados. “No obstante”, encontró el equipo PISA, “aun cuando se compara a estudiantes con antecedentes socioeconómicos similares, aquellos cuyos padres les leían libros regularmente cuando estaban en primer año de primaria tuvieron, en promedio, 14 puntos más en la calificación que los alumnos cuyos padres no lo hicieron”. 

También importa el tipo de participación de los padres. “Por ejemplo”, nota el estudio PISA, “en promedio, la diferencia en puntos de las calificaciones en lectura asociada con la participación de los padres es más grande cuando estos leen un libro con su hijo, cuando hablan de cosas que hicieron durante el día y cuando cuentan cuentos a sus hijos” La diferencia en las calificaciones es menor cuando la participación de los padres tiene la forma de simplemente jugar con sus hijos. 

Estos hallazgos de PISA se reflejan en un estudio reciente del Centro para la Educación Pública de la Asociación Nacional de Consejos Escolares de Estados Unidos, y escrito por su directora, Patte Barth, para el número más reciente de la revista The American School Board Journal. El estudio, titulado “De regreso a clases. Cómo la participación de los padres afecta el rendimiento de los alumnos” encontró “algo sorprendente”, escribió Barth: 
“La participación de los padres puede adoptar muchas formas, pero sólo unas cuantas se relacionan con un desempeño más alto de los alumnos. De los padres que trabajan, las acciones de quienes apoyan el aprendizaje de los hijos en la casa tienen más probabilidades de impactar el rendimiento académico en la escuela”. 

“Supervisar la tarea; asegurarse que los niños vayan a la escuela; recompensar sus esfuerzos, y hablar sobre la idea de ir a la universidad. Estas acciones están vinculadas a una mejor asistencia, mejores calificaciones, mejor puntaje en los exámenes y preparación para la universidad”, escribió Barth. “El estudio encontró que hacer que los padres se involucren en el aprendizaje de sus hijos en la casa es un motor más poderoso para el rendimiento que los que asisten a las reuniones de padres de familia y del consejo escolar; ser voluntarios en el salón de clases, participar en recaudaciones de fondos y presentarse las noches de regreso a la escuela”. 

Sin duda que no hay sustituto para un buen maestro. No hay nada más valioso que una gran instrucción en el salón de clases. Sin embargo, ya no dejemos toda la carga a los profesores. También necesitamos mejores padres. 

Mejores padres pueden hacer que cada maestro sea más efectivo.

Por Thomas L. Friedman
Servicio de noticias de The New York Times
Fuente
LosAndes.com 









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miércoles, 16 de noviembre de 2011

Creencias de padres y madres acerca de la participación en la educación de sus hijos

Entre los factores que explican la diferencia de rendimiento escolar, figura por lo general en primer lugar, los referidos a la familia de los alumnos. Teniendo en cuesta esto para poder tomar mejores decisiones, es imprescindible conocer las creencias de los familiares al respecto ¿Qué consideran ellos sobre lo que deben hacer? Este “post” reproduce párrafos de un trabajo de investigación de un contexto mexicano, pero pueden extraerse valiosas conclusiones ¿Es necesario desarrollar un “curso para padres”?



Se realizó un estudio fenomenológico con una metodología cualitativa cuyo objetivo fue describir las creencias de padres y madres acerca de la participación en la educación de los hijos… Se encontró que los padres y madres consideran importante y participan en la educación de los hijos sólo en las dimensiones referidas a crianza y supervisión del aprendizaje en casa; no consideran las referidas a comunicación y apoyo a la escuela.

Las madres evidencian formas más diversas y comprometidas de participación que los padres y mencionan dificultades y necesidades referidas a sí mismas como obstáculos para una participación efectiva. Se concluye que es necesario capacitar a los padres y madres para que adquieran una visión más amplia de las formas en que pueden participar en la educación de sus hijos…

Según Valdés y Urías (2010), cuando se ha analizado la influencia de la familia en el logro escolar se ha reconocido el efecto de dos grupos de factores: unos son aquellos que se conocen como “de insumo” o estructurales (condición socioeconómica, nivel de escolaridad de los padres y recursos para el estudio, entre otros); y otros son los denominados “procesales” (expectativas de los padres y participación en la educación de los hijos, entre otros)…

La importancia de la participación social, y en especial de la participación de las familias, para el logro de una educación de calidad, ha sido reconocida en múltiples foros educativos. Esto ha provocado la creación de regulaciones, normativas, orientaciones y programas de acción que indican que el nivel de participación y satisfacción de los padres es una medida de calidad del sistema educativo; esta participación se percibe como una importante variable para el avance de la calidad en educación.

Por otra parte, el INEE sostiene que el trabajo conjunto de padres de familia y profesores para lograr mejores aprendizajes en los estudiantes es un tema que debe recibir especial atención debido a que se considera que escuela y familia comparten responsabilidades en el proceso de educar al niño en su desarrollo físico, psicológico y afectivo.

El estudio de las creencias de los padres y las madres acerca de su participación en la educación de sus hijos resulta importante para comprender este fenómeno, ya que la manera en que las personas interpretan el mundo influye en cómo lo comprenden, sienten y actúan en él. Según Pozo, para cambiar las prácticas escolares es necesario también cambiar las concepciones o creencias que los diversos actores del proceso educativo tienen del mismo; entre ellos, desde luego, los padres y madres de familia.

Conclusiones
El análisis que los padres y madres hacen de los factores que influyen en el aprendizaje de sus hijos, atribuibles a ellos mismos y a la escuela, resultó ser muy limitado, en tanto que sólo consideraron en su explicación aspectos actitudinales y motivacionales, lo cual reduce sus posibilidades de actuar como agentes efectivos de cambio en la interacción con sus hijos.

En lo relativo a las variables familiares de insumo, los padres y madres sólo tuvieron en cuenta el aspecto económico, dejando prácticamente de lado aspectos relativos al capital cultural (especialmente en el caso de los padres). El hecho de no tener conciencia de la importancia de este factor en el logro escolar quizás se relacione con que no lo tienen en cuenta en las acciones que realizan como apoyo al aprendizaje de sus hijos; y no lo conciben como dificultad en sus necesidades de capacitación para lograr una participación más efectiva en la educación de sus hijos.

Los factores familiares procesales que los padres consideran que influyen en el aprendizaje de sus hijos se circunscriben a aspectos relativos a la crianza y supervisión del aprendizaje en casa; esto constituye una visión limitada de su influencia en la educación de sus hijos, ya que no consideran aspectos relativos a la comunicación con los docentes ni con las acciones que puedan realizar para mejorar el funcionamiento de la escuela.

Al comparar las percepciones de padres y madres acerca de los factores familiares que influyen en el aprendizaje de sus hijos se pudo apreciar que las madres poseen una visión un tanto más amplia que los padres, ya que consideran también, aunque sea de manera muy general, aspectos relativos al capital cultural, como son, sin lugar a dudas, los conocimientos y habilidades que ellos poseen para apoyar a sus hijos con las tareas.

En lo relativo a las acciones concretas para participar en la educación de sus hijos, la visión de los padres se limita a aspectos relativos a la crianza y supervisión del aprendizaje en casa. Por otra parte, las madres, congruentes con su visión más amplia de los factores que influyen en el aprendizaje de sus hijos, además de realizar acciones referidas a los aspectos relacionados con la crianza y supervisión, adoptan acciones en el rubro de comunicación con la escuela y los maestros.

Es de hacer notar que tanto los padres como las madres no consideran dentro de su participación aspectos relativos a actividades que tengan como propósito el mejoramiento de la escuela o que afecten su funcionamiento, las cuales son, sin duda, importantes, ya que son precisamente las que convierten a los padres en agentes activos de los cambios educativos.

Cuando se analizan las dificultades expuestas por padres y madres para participar de manera más efectiva en la educación de sus hijos, se aprecia que las madres adoptan una postura más activa en ambos aspectos al atribuir factores externos y modificables respecto de ellas mismas. En el caso de los padres, ellos colocan sus dificultades en aspectos externos a ellos mismos (tiempo y características de los hijos), lo cual apunta a un locus de control externo, y por ende refiere una menor motivación para realizar acciones al respecto; las madres, por su parte, ubican sus dificultades en aspectos internos y controlables, manifestación de un locus de control interno que indica una mayor motivación para enfrentarlas.

Por otra parte, el análisis de las necesidades de capacitación referidas por padres y madres con vistas a mejorar su participación en la educación de sus hijos permite inferir que ellas tienen una mayor conciencia de sus debilidades, ya que fueron las únicas que plantearon necesidades concretas de capacitación referidas a conocimientos y habilidades.

Los resultados sugieren la necesidad de trabajar con los padres y madres para que aumente su comprensión acerca de los factores que influyen en el aprendizaje de sus hijos y de la importancia de su participación en su educación. Por otra parte, es conveniente mostrarles las diferentes formas en que pueden participar en la educación de sus hijos, así como la importancia de desarrollar acciones en todas las dimensiones.

Resulta también esencial desarrollar acciones especialmente dirigidas a los padres, los cuales poseen creencias más estrechas acerca de los factores que afectan el aprendizaje de sus hijos y de las formas en que pueden participar, así como una menor tendencia a desarrollar acciones para mejorar su participación. Esto puede estar relacionado con lo encontrado por diversos autores, quienes han encontrado menor participación de los padres en la educación de estudiantes tanto de primaria como de secundaria.

Por último cabe señalar que es importante fomentar una participación efectiva de padres y madres en la educación de sus hijos, especialmente en comunidades desfavorecidas, ya que ésta propicia una mayor equidad en la educación al atenuar incluso la influencia negativa de un contexto socioeconómico y social desfavorable


Extraído de
Perfiles Educativos | vol. XXXIII, núm. 134, 2011 | IISUE-UNAM
Ángel Alberto Valdés Cuervo
Maestro en Investigación Educativa. Profesor investigador del Departamento de Educación del Instituto Tecnológico de Sonora. Líder del Cuerpo Académico de Procesos Educativos. Temas de investigación: familia y crianza, psicología educativa.
Maricela Urías Murrieta
Doctora en Educación, Instituto Tecnológico de Sonora. Profesora investigadora de esa misma institución. Temas de investigación: familia y crianza, y evaluación. 

martes, 8 de noviembre de 2011

Participación de los padres y logro educativo

El involucramiento de los padres en las escuelas es un factor esencial a la hora de ingresar en el camino de la calidad educativa ¿Qué aspectos puede asumir esa participación? En esta publicación, se resume el punto de vista de la teoría sobre este tema.



La participación de los padres y madres de familia en la educación de sus hijos se asocia a una actitud y conducta positiva hacia la escuela, mayores logros en lectura, tareas de mejor calidad y mejor rendimiento académico en general. Una mayor participación de los padres reporta también beneficios a las familias, ya que aumenta su autoconfianza, el acceso a información acerca del funcionamiento de la escuela y permite una visión más positiva de los profesores y la escuela en general.

Por otro lado, Belleï et al. señalan que la promoción de la participación de los padres y madres de familia en la educación de sus hijos es una estrategia para promover cambios en el sistema educativo, ya que actúa como un mecanismo que:
a) presiona a las escuelas para entregar una educación de calidad;
b) demanda información sobre el rendimiento de sus alumnos;
c) enfrenta discriminaciones y abusos;
d) implementa mecanismos de responsabilidad y defensa de sus derechos en relación a los servicios que se le otorgan; y
e) plantea demandas respecto de esos derechos.
Reafirmando las ideas anteriores, Epstein y Sheldon señalan que las escuelas exitosas son aquellas donde existe una interacción efectiva familia-escuela-comunidad. Enfatizan también el papel central que juega la escuela en la promoción de estas interacciones, las cuales deben darse en uno y otro sentido. Una educación de calidad, comentan, sólo es posible si se establece una interacción efectiva entre los diferentes actores del proceso educativo (escuela-familia-comunidad).

Modelos para el estudio de la participación de los padres
Existen diversos modelos teóricos para explicar las formas en que se puede expresar la participación de los padres en la educación de sus hijos. Todos estos modelos se caracterizan por enfocar dicha participación como un fenómeno que puede darse en diferentes niveles y dimensiones. A continuación se presentan algunos de los más importantes y se señala la forma como cada uno de los modelos conceptualiza la participación.

Taxonomía de participación de padres de Martiniello.
Esta autora propone analizar la participación de los padres de familia desde las siguientes cuatro dimensiones:
1. Crianza: desempeño de las funciones propias de padres y madres, creando las condiciones económicas y psicológicas que permiten al niño asistir a la escuela.
2. Maestros: acciones que desarrollan los padres y madres para continuar y reforzar el proceso de aprendizaje del aula en la casa.
3. Agentes de apoyo: se refiere a las contribuciones que los padres y madres hacen a las escuelas para mejorar la provisión de los servicios (dinero, tiempo, trabajo y materiales).
4. Agentes con poder de decisión: los padres y madres desempeñan roles de toma de decisión que afectan las políticas de la escuela y sus operaciones (participación de padres en consejos escolares consultivos y directivos, o en programas de selección de escuelas/ vales escolares).

Niveles de participación de Flamey .
Se distinguen en este modelo cinco niveles posibles de participación de los padres:
1. Informativo: los padres y madres procuran informarse acerca de la escuela y el desarrollo del niño en la misma.
2. Colaborativo: los padres y madres cooperan en actividades de apoyo que requiera la escuela.
3. Consultivo: los padres y madres actúan como agentes consultivos de la escuela sobre diversos temas a través de las asociaciones.
4. Toma de decisiones en relación a objetivos, acciones y recursos: participación de los padres y madres en las decisiones académicas y administrativas de la escuela, ya sea a través del voto o de puestos en organismos administrativos.
5. Control de eficacia: los padres y madres adoptan un rol de supervisión del cumplimiento del proyecto educativo y de la gestión de la escuela.

Modelo de Epstein.
Según estos autores, la participación en la educación de los hijos abarca seis dimensiones:
1. Crianza: establecimiento por parte de los padres y madres de ayudas para el desarrollo de los niños y adolescentes; y un ambiente en el hogar que dé soporte a sus hijos como estudiantes.
2. Comunicación: diseño y conducción por los padres y madres de formas efectivas de comunicación con la escuela y los profesores, acerca de los programas de la escuela y el progreso de sus hijos.
3. Voluntariado: los padres y madres organizan la ayuda y soporte a la escuela y a las actividades de los estudiantes.
4. Aprendizaje en la casa: apoyo a los estudiantes con las actividades relacionadas con el currículo escolar.
5. Toma de decisiones: participación de padres y madres como representantes y líderes en los comités escolares.
6. Colaboración con la comunidad: identificación y utilización por parte de padres y madres de recursos y servicios de la comunidad para apoyar a las escuelas y sus familias; organización de actividades en beneficio de la comunidad que incrementen las oportunidades de aprendizaje de los estudiantes.

En este estudio se utilizó como marco de referencia el modelo de Epstein, ya que describe de manera más detallada los diferentes aspectos que incluye la participación familiar como apoyo a la educación escolarizada de los hijos. Sin embargo, se agregaron las expectativas de los padres y madres con respecto al desempeño académico de sus hijos.


Extraído de
Perfiles Educativos | vol. XXXIII, núm. 134, 2011 | IISUE-UNAM
Ángel Alberto Valdés Cuervo
Maestro en Investigación Educativa. Profesor investigador del Departamento de Educación del Instituto Tecnológico de Sonora. Líder del Cuerpo Académico de Procesos Educativos. Temas de investigación: familia y crianza, psicología educativa.
Maricela Urías Murrieta
Doctora en Educación, Instituto Tecnológico de Sonora. Profesora investigadora de esa misma institución. Temas de investigación: familia y crianza, y evaluación.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Padres y docentes, en el mismo barco

La siguiente nota, escrita en España, es válida para numerosos contextos, la pérdida de prestigio del docente equivale a una caída de la importancia social de su trabajo. Eso va de la mano de una baja calidad educativa, cuesta trabajo establecer cuál es la causa y cuál el efecto, pero lo indudable es la necesidad de una verdadera alianza entre padres y docentes.

  



Cállate. Ponte en tu sitio. Siéntate. Callaos. Un poco de atención... Los profesores dedican el 16% de la clase a imponer orden en las aulas, un trabajo agotador que afecta negativamente en el rendimiento académico de los alumnos y hasta en el ambiente del centro. Este constante tira y afloja y la escasa colaboración de los padres son uno de los talones de aquiles de nuestro sistema educativo.

Organizada por CEAPA y CONCAPA, se celebró recientemente en el Consejo Escolar del Estado la I Jornada de Participación. Y también hace poco tuvo lugar en Pamplona el 35º Congreso de FAPACE, organización que aglutina a los padres de los centros de Fomento. En estos foros, se ha vuelto a destacar que se necesitan padres que se involucren más en el colegio.

Y no es que los padres tengan mala voluntad o que pasen de lo que les sucede a sus hijos en las aulas. En muchas ocasiones la falta de formación les impide afrontar sus obligaciones, que dejan demasiado en mano de los profesores. De ahí la necesidad de seguir impulsando las Escuelas de Padres como eficaz herramienta para darles el apoyo educativo necesario con el fin de que sepan moverse en un territorio en el que, por desgracia, a menudo se sienten desbordados.

Escaso respaldo
Este pasotismo, sin embargo, tiene negativas consecuencias para el ambiente de los centros educativos, como confirma una encuesta de FETE-UGT. El 55% de los encuestados subrayan la falta de respaldo de los padres a la hora de afrontar los problemas que surgen en las aulas. Más aún, en muchas ocasiones la respuesta de las familias va en contra incluso de los intereses educativos, actitud que en nada contribuye a que mejoren los resultados escolares y a que, por supuesto, disminuya el fracaso escolar, el verdadero lastre de la educación española. Y es que para mejorar el clima educativo es indispensable que mejoren las relaciones entre los padres, profesores y alumnos. La extensión de un clima de desconfianza, violencia y de indisciplina, aunque no sean casos escandalosos ni trágicos como los que a veces saltan a las noticias de los medios de comunicación, empaña el trabajo y el esfuerzo que ponen los docentes para mejorar la calidad de nuestro sistema educativo.

Hace falta, pues, que los padres, en todas las etapas pero especialmente en la Secundaria, la más conflictiva, asuman su papel de colaborar con la escuela. No puede ser que se alineen por sistema en el bando contrario al de los profesores, asegurando con su conducta que sus hijos mantengan una actitud desafiante. Más aún, resulta preocupante la proliferación de casos hasta ahora insólitos en la educación española, como son los actos de violencia de los padres contra los profesores.

A través de las actuaciones del Consejo Escolar, de las Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos, del diálogo, de las frecuentes reuniones, de las tutorías..., deben establecerse fluidos cauces de colaboración entre las familias y los docentes, pues todos deberían ir en la misma dirección. Cuando se respira un clima conflictivo en las aulas, con enfrentamientos entre los profesores y los alumnos, o entre los propios alumnos, acaba salpicando negativamente al trabajo docente.

Según el último Informe TALIS (Teaching and Learning International Survey), elaborado por la OCDE en 2009, el 16% de las clases en España se pierde en imponer orden. Pero hay datos todavía más preocupantes. Por ejemplo, España es el país donde el clima escolar es el “menos favorable” de los países participantes. El Informe reconoce que es necesario fortalecer la figura del profesor y mejorar sus condiciones sociolaborales como factor determinante para que mejore el clima educativo. En este sentido, la mejor dirección es trabajar, con la colaboración de los padres, para reforzar la autoridad y el prestigio del profesor. Sin embargo, los recientes recortes educativos, que han afectado de manera muy especial a los docentes, no parece que sean la mejor medicina de las Administraciones educativas para apoyarlos.


Autor
Por Adolfo Torrecilla
Fuente
Padresycolegios.com

sábado, 18 de diciembre de 2010

El orden es clave para un año escolar exitoso

Siempre el inicio de un año escolar viene acompañado del interés de los padres de que sus hijos lo realicen con éxito, pero ¿cómo conseguirlo?

Lo primero que hay que hacer, si es que el menor se quedó de año o pasó con dificultades, es realizar un recuento de cuáles fueron las fallas y los aciertos, porque a veces cíclicamente se vuelve a repetir lo del año anterior, manifiesta Arelly Zapata, psicóloga, máster en Neurocirugía Infantil y directora del Instituto de la Metodología Infantil.

“Tenemos que ver cuáles fueron nuestros puntos más débiles, cuál fue el frente más vulnerable del alumno. ¿Tal vez las matemáticas o castellano? Entonces hay que reforzar esas áreas y buscar ayuda”, señala Zapata.

También recomienda que después de este paso –tanto para los padres de los chicos que tuvieron bajo rendimiento como los que no, o los que van por primera vez va a estudiar– hay que establecer rutinas. Crearles hábitos que favorecerán su desenvolvimiento académico para este año y los siguientes.

Dentro de estas rutinas están: ponerles horarios para levantarse, lavarse los dientes, desayunar, salir a clases, bañarse, almorzar, hacer las tareas, jugar, practicar deportes, merendar, dialogar con los padres, acostarse.

Pero hay que vigilar que estos horarios se cumplan sin necesidad de que se presenten fricciones entre padres e hijos, mucho menos maltratos físicos.

“Hay que tomar en cuenta que no será fácil, porque si para un adulto no es sencillo manejar una rutina, peor para un menor. Por ejemplo, ¿cuántas personas adultas inician una dieta y la terminan?”, dice Zapata.

Beatriz Lira de Cassinelli, psicoterapeuta y psicóloga educativa, señala que lo principal es que haya responsabilidad de los padres en el hogar, para que el estudiante surja de sus problemas y se vuelva responsable, preocupado de sus estudios.

“Los padres tienen que atender al niño en su alimentación, control de las tareas. Saber con quiénes juegan, ver que no dediquen su tiempo desocupado solo a ver televisión, vigilar que aprendan a usar el internet para buscar información para sus tareas, para despejar dudas sobre algún tema, aprender”, indica Lira.

Muchos padres están dedicados a sus problemas y no saben cómo están sus hijos en los estudios. Tal vez porque no tienen tiempo o no están interesados en dárselo. Hay que dejar un espacio para ellos, porque estos los necesitan sentimental y emocionalmente. Si no, se corre el riesgo de que se resientan, decaigan en los estudios como una forma de rebeldía, de llamar la atención, anota Lira.

Dentro de las responsabilidades de los padres se señala el motivarlos con palabras de elogios por algún logro, porque hicieron bien la tarea, se bañaron a la hora indicada, en fin. También recompensarlos, por ejemplo, por algo bueno que logró en la semana, ya sea en los estudios o como parte de la rutina fijada.

“Juntamos la diversión con lo de imponer algo. Si el niño se logró acostar todas las noches a la misma hora, le doy algo que le guste, algo pequeño, como un paseo, una hamburguesa. Es distinto a si se lo hace indiscriminadamente, entonces ellos lo concebirán como una obligación”, indica Zapata.

Otra de las indicaciones para que el alumno tenga un exitoso año escolar es buscar un plantel donde, aparte de educarlo, lo estimulen y valoren. Los padres también deben cerciorarse de que en la institución no saturen a los chicos con tareas, al punto que no les dejen tiempo ni para dormir lo suficiente (ocho horas) o distraerse.

Dentro del éxito escolar cumple un papel importantísimo la alimentación. Al respecto, la médico nutricionista Narcisa Zambrano anota que durante la jornada estudiantil los niños y adolescentes tienen desgaste físico y mental, por ello deben recibir una buena alimentación.

Señala que nunca debe faltar el desayuno con lácteos, frutas y cereales. Después un refrigerio, el almuerzo con vegetales, carnes y frutas. Un refrigerio a media tarde (alguna fruta) y la merienda, que puede ser un vaso de leche con un sándwich con mermelada o pollo.

Añade que el almuerzo debe ser hasta las 15:00 y para nutrir el cerebro no deben faltar los carbohidratos (como los cereales), proteínas (como las carnes) y grasas (como la mantequilla de maní).

Tareas
La rutina diaria se puede colocar en un cartel (el menor debe participar en su elaboración) en la casa.

Si los padres trabajan y no tienen quién vigile la realización de las tareas de sus hijos, pueden ponerlos en un plantel que dé ese servicio o contratar un maestro de confianza.

No se debe poner al niño a estudiar en una habitación en la que esté encendida la televisión, pues no se concentrará.

Hay que enseñarle al alumno el manejo de una agenda donde registre y organice obligaciones.

Después de llegar de clases debe tomar un descanso que puede ser de una hora, luego hacer los deberes.

Es necesario que realicen deportes y actividades relacionadas con el arte, porque estimula muchas áreas a nivel cerebral. La natación favorece la atención y hace que el cerebro descanse de la actividad intelectual.

En los adolescentes establecer hábitos es un poco difícil, pero no imposible. Con ellos hay que razonar y negociar, pero sutilmente, y ser más estricto en las órdenes. Estas deben ser claras y precisas.

Los padres no tienen solo que pedir, sino también educar con el ejemplo.


Autora
CECILIA ROBALINO
Fuente
http://www.eluniverso.com/

jueves, 16 de diciembre de 2010

La autoestima de los padres también es importante

En el artículo titulado "La importancia de cuidar la autoestima" ya se trataba su concepto y decíamos que es "la idea que tenemos de nuestra valía y se basa en todos los pensamientos, sentimientos, sensaciones y experiencias que sobre nosotros mismos hemos ido recogiendo durante nuestra vida" También nos ha gustado la siguiente definición sobre la autoestima cuando dice que es "la experiencia de moverse por la vida con un sentimiento de bienestar y satisfacción".

    También decimos en el mismo artículo que "la autoestima significa saber que eres valioso y digno de ser amado" Desde aquí nos remitimos a este artículo porque se analizan a fondo las características, cómo se construye la autoestima y factores que influyen en la misma así como la relación que existe entre la autoestima y la adolescencia.

   Es hora de tratar aquí cómo influye a autoestima de los padres en los hijos. s Los buenos padres se preocupan por cuidar y formar correctamente la autoestima de los hijos. Esto se consigue cuando aumentan la suya: si de por sí es alta, todavía mejorarán más la de sus hijos y si todavía merece aumentarla más, tendrá un efecto más positivo.

   Antes hemos hecho referencia a la importancia que tiene el bienestar y la satisfacción para la construcción de una buena autoestima. No nos referimos aquí al bienestar que siente una persona consigo mismo sino la que se genera cuando nos preocupamos por los demás y estamos pendientes del bienestar y la satisfacción de los demás. Los adultos que tienen baja autoestima tienden a pensar demasiado en por qué se sienten mal, sin embargo los que poseen autoestima alta piensan más en todo aquello que les hacen sentirse bien.   


 En definitiva, con la autoestima nos referimos a un estado interior de sentimientos positivos que genera una seguridad en lo que se hace, se piensa y por tanto asegura el bienestar. Los padres deben buscar aumentar la satisfacción en su labor como padres y en la vida de familia en general para así aumentar su autoestima y su buena actuación hacia los demás.



 
 Llegamos a la conclusión de que es necesario encontrar satisfacción de la vida diaria, de la vida familiar, pero no todos los padres lo consiguen. Existen factores que dificultan obtener satisfacción de la vida familiar. Algunos de ellos son los siguientes:

Hoy día es frecuente encontrar familias en las que trabaja el padre y la madre y esto supone escaso tiempo para dedicarse a solucionar los problemas que van surgiendo.

La ausencia de sentido familiar se manifiesta por el creciente número de divorcios, problemas de alcohol, droga, aumento de malos tratos, etc.

  La clave por tanto es sentirse satisfecho como padre/madre. Para ello hay algunos sentimientos básicos que hay que procurar experimentar como si fueran claves para encontrar la satisfacción:
               Debemos divertirnos.
               Debemos estar confiados en que los hijos están sanos y son felices.
               Hay que estar confiado de que los demás nos respetan como padres.
               Debemos estar satisfechos con el trabajo que hacemos.
               Hay que luchar contra el exceso de ansiedad.
               Debemos estar seguros de que los hijos agradecen nuestras contribuciones a sus propios logros.

   La autoestima como padre depende entre otros factores de la satisfacción que se obtiene del hecho de ser padre y de la vida familiar en general. Siguiendo a REYNOLD BEAN en su libro "Cómo ser mejores padres" encontramos que hay baja autoestima en los padres si se demuestra a menudo lo siguiente:



Se deprimen fácilmente (sentimientos de tristeza, energía baja, pensamientos taciturnos) cuando están en casa, incluso cuando los demás parecen sentirse bien.
Evitan hacer cosas con toda la familia por las molestias que ello conlleva.
Los padres no está de acuerdo en temas que conciernen a los niños, así que evita discutirlos, aunque necesite hablar de ellos con alguien.
Están involucrados en más luchas de poder de las que desearían.
Tienen la impresión de que sus hijos manejan su vida.
A menudo no saben cómo manejar a los niños. No quieren que nadie adivine que no saben lo que están haciendo.
Tienen la impresión de que todos los demás (profesores, médicos, enfermeras, padres, artículos de revistas y comedias de televisión) saben más sobre cómo educar a los niños que ellos mismos.
Siempre sienten la necesidad de controlar a sus hijos por miedo a que se le vayan de las manos.
Se deprimen o enfadan cuando los niños les dicen algo ofensivo, en lugar de mantener la compostura.
Desearían un día libre pero parecen incapaces de conseguirlo. Nunca es el momento adecuado.
Nadie en la familia parece hacer bien las cosas y ellos se ven obligados a hacer cosas que desearían que hicieran otros.
La lista de responsabilidades como padre se hace cada vez más larga, pero carecen de motivación para cumplir con su deber. Tienen la impresión de que le están exprimiendo.




   Ante las afirmaciones que se están vertiendo en este artículo es conveniente concretar que es necesario aumentar la autoestima como padre o madre. A continuación y siguiendo una vez más el libro antes citado de REYNOLD BEAN, se aportan algunas sugerencias que pueden ayudar al lector:

                Pasen tiempo a solas con cada uno de sus hijos siempre que puedan para que no le distraigan las necesidades de los otros miembros de la familia. Éste es el método más importante y el menos utilizado para aumentar la satisfacción en la vida familiar.

               Tengan "secretos" para cada miembro de la familia (incluido usted mismo) para que los "tesoros" privados de cada uno estén a salvo de la curiosidad de los demás.

               Los padres debe pasar tiempo a solas todas las semanas, sin niños ni otras distracciones. Es imprescindible salvaguardar este tiempo sagrado.

               Permitan que la casa esté desordenada durante el día, mientras todos están cumpliendo con sus obligaciones, pero exijan que luego participen de la limpieza por la noche. Al fin y al cabo, la casa es de todos.

               Tengan siempre algo disponible para comer que guste a la familia porque la comida es un factor  importante de seguridad, aunque esta medida no soluciona por sí sola los desórdenes nutritivos o la obesidad, que se basan en factores emocionales, no en la disponibilidad de la comida.

               Aprendan a planificar para no desaprovechar las oportunidades satisfactorias por la aparición de acontecimientos imprevistos. Una buena planificación es imprescindible en las familias con poco tiempo libre.

               Establezcan tradiciones familiares cada semana, mes o año. Esto es especialmente importante si los parientes viven a una cierta distancia o si los hijos viven fuera de casa. Acepten el hecho de que a la gente no le gusta que le impongan tradiciones, pero sí los recuerdos agradables que conllevan.

               Si les gusta la música, tengan un casete portátil o un compact-disc con auriculares para poder escuchar la música sin molestar a nadie.

               Cultiven sus amistades. A largo plazo, no se puede depender de la familia para satisfacer todas las necesidades sociales. Ello otorga expectativas poco realistas a los demás miembros de la familia.

               Valoren cada día en una escala que se invente. Esto les obligará a evaluar la calidad de cada día y a encontrar maneras de mejorar. También le proporcionará un sentimiento de satisfacción cuando el día ha ido maravillosamente. Muestre su invento al resto de la familia.

               Dividan sus metas en etapas, para avanzar todos los días en la dirección adecuada. No pospongan las cosas hasta que pueda conseguirlo todo de una sola vez. Si no, lo más probable es que nunca alcance sus metas y se enfade y deprima.

               Escojan un día cada dos semanas y propóngase no gritar durante todo el día. A menos que les divierta gritar, la mayor parte de las personas se sienten estúpidas e impotentes después de hacerlo. Un día sin sentirse estúpido puede hacer maravillas por la autoestima. Si no tienen la costumbre de gritar, elijan prescindir de alguna otra cosa que les haga sentirse estúpidos e  impotentes.

               Desarrollen su propia lista de cosas que puede hacer para aumentar su autoestima. Sin embargo, no incluyan cosas que desean cambiar porque pocas personas pueden cambiar un comportamiento neurótico y disfuncional por ponerlo simplemente en una lista. Sólo conseguirán frustrarse intentando cambiar cosas que no están en sus manos.

               Aprendan a decir "no". Muchos padres no saben, sobre todo si los niños exigen continuamente. Pero no siempre se les puede dar lo que quieren.



 



Fuente



Escuela de Padres



MEC



Ministerio de Educación de España

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