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martes, 3 de diciembre de 2013

La responsabilidad en el niño y el adolescente


La responsabilidad es un hábito muy valorado en las escuelas, y también constituye un objetivo a lograr. Este tema está relacionado con el de los límites ¿Cómo contribuir a formar un sentido de ellos? ¿Cuál es el significado de las recompensas? ¿Cómo se lleva a cabo el aprendizaje de la responsabildad?
 
Enseñar a los niños a ser responsables requiere un ambiente especial en el hogar y en la escuela. Se trata de conseguir un ambiente que les ofrezca información sobre las opciones entre las que deben escoger y las consecuencias de cada una de ellas, y que les proporcione también los recursos necesarios para elegir bien.

La responsabilidad es la habilidad para responder; se trata de la capacidad para decidir apropiadamente y con eficacia, es decir, dentro de los límites de las normas sociales y de las expectativas comúnmente aceptadas. Por otro lado, una respuesta se considera efectiva cuando permite al niño conseguir sus objetivos que reforzarán sus sentimientos de autoestima.

La responsabilidad conlleva, en cierta forma, ser autosuficiente y saber defenderse. Estas son dotes propias de poder personal que, según Gloria Marsellach Umbert en su artículo "La autoestima en niños y adolescentes", significa tener seguridad y confianza en uno mismo y para ello es necesario ser responsable además de saber elegir, llegar a conocerse a uno mismo y adquirir y utilizar el poder en las propias relaciones y en la vida.

Para un niño es normal tener cierto temor a los límites, temor que desaparece conforme el niño va comprobando que límites y consecuencias se integran en un sistema coherente. Padres y educadores pueden contribuir a conformar el sentido de los límites de diferentes maneras:
·      Sabiendo claramente ellos mismos lo que esperan de los niños.
·      Exponiendo sus expectativas de manera que los niños las entiendan, incluyendo la asignación de responsabilidad acerca de tareas y deberes.
·      Averiguando si el niño entiende estas expectativas, bien haciéndolas repetir o bien guiándole mientras las cumple.
·      Estableciendo claramente los límites de tiempo razonables para realizar tareas o debes escolares, sin ambigüedades.
·      Explicando al niño las consecuencias de no hacer las cosas. Estas consecuencias deben aplicarse coherentemente, sin sentimientos de culpabilidad o remordimientos y sin hacer sufrir al niño. La coherencia es más importante que la severidad.
·      Redactando y colocando un cartel con todas las reglas y las obligaciones, de modo que no pueda alegarse como excusa "el olvido"
·      Participando padres y madres (cuando sea posible) en la explicación de las reglas al niño. Así sabrá que ambos las apoyan y mantienen.
·      Consiguiendo que todos los niños de la familia o de la clase tengan responsabilidades equiparables, con los ajustes necesarios en función de su edad y de sus habilidades particulares.

Un niño es responsable cuando sus actos coordinan, de forma creativa, sus propios objetivos con las necesidades de los demás. Para ello, los adultos tienen que ayudar al niño a obtener este equilibrio, a definir sus propios valores y a resolver las dificultades en función de sus propios sentimientos.

El niño que posea sentido de la responsabilidad cosechará éxitos cada vez con mayor frecuencia, y se beneficiará de las consecuencias positivas de esos éxitos.

Muchos padres creen que las recompensas por buen comportamiento son una especie de "soborno", pero las recompensas de orden material (dinero, juguetes...) sólo se convierten en sobornos si son la única técnica que se utiliza para motivar a un niño.
Recompensas son aquellas cosas que el niño valora, cosas que desea o que necesita. Existen también recompensas que no son materiales que conviene recordar:
·      Hágale saber al niño, de palabra, mediante elogios, qué cosas ha hecho bien: "has limpiado tu armario estupendamente"
·      Proporciónele ese reconocimiento de forma espontánea, periódicamente, relacionándolo con los logros del niño: "¿Qué te parecería ir a comprarte un helado? La verdad es que has hecho un trabajo muy duro limpiando el cuarto de baño"
·      Apoye al niño cuando lo necesite: "Como me ayudaste ayer a limpiar el jardín, bien puedo yo ahora ayudarte a hacer los deberes"
·      Muestre interés por lo que hace el niño y anímele: "Ya que tienes que ir a una reunión de los boyscouts esta noche, yo me ocupo de lavar los platos"
·      Comparta con el niño algunas tareas de tanto en tanto, como reconocimiento a sus esfuerzos: "La verdad es que ayer dejaste tu habitación limpísima: ¿qué te parece si te ayudo a limpiarla hoy?

En ocasiones las responsabilidades de los niños producirán cierta incomodidad a los adultos. Los niños necesitan que los adultos sean pacientes y tolerantes.

El aprendizaje de la responsabilidad
A los niños que no sean considerados responsables de sus actos les será más difícil aprender de sus experiencias. Enseñar a los niños a ser responsables no quiere decir enseñarles a sentirse culpables. Los que tengan sentido de la responsabilidad poseerán los medios, las actitudes y los recursos necesarios para valorar con eficacia las diferentes situaciones y decidir de forma consecuente para ellos y para los que se encuentran a su alrededor.

Uno de los aspectos básicos de la enseñanza de responsabilidad a los niños es la cuestión: "¿Quién es el responsable de acordarse de las cosas?" Los niños pueden saber hacer las cosas y desear agradar a los padres pero si no han tomado sobre sí la responsabilidad de acordarse, no pueden ser responsables. Hay algunos artificios que estimulan al niño a recordar, tretas que pueden abandonarse conforme el niño crece y va siendo capaz de asumir mayores responsabilidades:
1.         Escriba las cosas y colóquelas en lugar visible.
2.         No les recuerde las cosas a los niños una vez esté seguro de que le han escuchado y entendido. Recordar las cosas a los niños se convierte en una mala costumbre de la cual los niños pasan a depender.
3.         Establezca costumbres lo más regulares posible. Cuando las cosas ocurren de forma predecible y regular, se incrementa la capacidad de recordar de los niños.
4.         No le dé miedo castigar al niño que se "olvida".
5.         Acuérdese de lo que usted ha dicho. Si los padres lo olvidan, están otorgando al niño, tácitamente, permiso para hacer lo mismo.

Una vez que a los niños se les ha asignado ciertas obligaciones, los padres no deben confundirles ni fomentar la irresponsabilidad volviéndose a hacer cargo de las tareas encomendadas. Los padres relevan a sus hijos de sus responsabilidades si...
 ...les recuerdan las cosas cuando ellos "se olvidan"
 ...lo hacen ellos mismos porque "es más sencillo"
 ...subestiman la capacidad de los hijos.
 ...aceptan que los niños se califiquen a sí mismos de incompetentes o irresponsables.
 ... hacen cosas por sus hijos para que ellos les quieran o para que no les hieran en sus sentimientos.
 ...creen que sólo los padres que trabajan duramente y hacen un montón de cosas por los hijos son "buenos" padres.

¿Cómo enseñar a los niños a ser responsables?
Para enseñar a los niños a ser responsables tiene que existir un programa claro de recompensas y alabanzas que ofrezca respuesta a su comportamiento (aspecto este al que hemos hecho referencia anteriormente). Por otro lado, el niño seguirá siendo irresponsable si la respuesta que obtiene es la crítica excesiva, la exposición al ridículo o a la vergüenza. Los niños a los que se recompensa por ser responsables van desarrollando gradualmente la conciencia de que la responsabilidad y los buenos sentimientos están relacionados; y, con el tiempo, disminuye su necesidad de recompensas externas.

Las siguientes pautas nos pueden ayudar a responder la pregunta planteada en este apartado:
1.         Desarrolle la sensación de poder del niño.
Cuando se tiene sensación de poder se poseen los recursos, oportunidades y capacidades necesarias para influir sobre las circunstancias de la propia vida. Enseñar a los niños a ser responsables incrementa su sensación de poder.

2.         Ayude a los niños a tomar decisiones.
Los niños que han aprendido a ser responsables toman mejores decisiones que los que no han aprendido a serlo. Podemos contribuir a aumentar la capacidad del niño para tomar decisiones si ayudamos a:
• Resolver los problemas que crea la necesidad de tomar una decisión.
• Buscar otras soluciones.
• Seleccionar una de las alternativas mediante la valoración de sus consecuencias.
• Valorar la eficacia de las decisiones por medio de una discusión posterior.

3.         Establezca normas y límites.

4.         Utilice tareas y obligaciones para crear responsabilidad.
Tareas y obligaciones son cosas concretas: se puede especificar cómo, cuándo y quién debe hacerlas. Esto ayuda a desarrollar la capacidad de organización y manejar los propios recursos.

5.         Sea coherente.
Es la mejor forma de indicar al niño que los adultos dicen las cosas en serio. Los adultos coherentes ayudan a los niños a sentirse seguros. Cuando no existen normas claras y evidentes, no hay manera de ser coherente.

6.         No sea arbitrario.
Ser arbitrario significa hacer algo diferente de lo que se había dicho o hacer algo sobre lo que no se había advertido. Para evitar ser arbitrarios debemos aclarar lo que queremos, comunicar estas expectativas de forma sencilla y directa, y concretar cuáles son las consecuencias esperables si el niño actúa en consonancia o no con esas expectativas.

7.         Dé recompensas por ser responsable.
Un niño es responsable si...
 ...realiza sus tareas normales sin que haya que recordárselo en todo momento.
 ...puede razonar lo que hace.
 ...no echa la culpa a los demás sistemáticamente.
 ...es capaz de escoger entre diferentes alternativas.
 ...puede jugar y trabajar a solas sin angustia.
 ...puede tomar decisiones que difieran de las que otros toman en el grupo en que se mueve (amigos, pandilla, familia, etc.)
 ...posee diferentes objetivos e intereses que pueden absorber su atención.
 ...respeta y reconoce los límites impuestos por los padres sin discusiones inútiles o gratuitas.
 ...puede concentrar su atención en tareas complicadas (dependiendo de su edad) durante cierto tiempo, sin llegar a situaciones de frustración.
 ...lleva a cabo lo que dice que va a hacer.
 ...reconoce sus errores.



Fuente
Escuela de Padres
MEC
Ministerio de Educación de España

jueves, 16 de diciembre de 2010

La responsabilidad en el niño

Enseñar a los niños a ser responsables requiere un ambiente especial en el hogar y en la escuela. Se trata de conseguir un ambiente que les ofrezca información sobre las opciones entre las que deben escoger y las consecuencias de cada una de ellas, y que les proporcione también los recursos necesarios para elegir bien.

La responsabilidad es la habilidad para responder; se trata de la capacidad para decidir apropiadamente y con eficacia, es decir, dentro de los límites de las normas sociales y de las expectativas comúnmente aceptadas. Por otro lado, una respuesta se considera efectiva cuando permite al niño conseguir sus objetivos que reforzarán sus sentimientos de autoestima.


La responsabilidad conlleva, en cierta forma, ser autosuficiente y saber defenderse. Estas son dotes propias de poder personal que, según Gloria Marsellach Umbert en su artículo "La autoestima en niños y adolescentes", significa tener seguridad y confianza en uno mismo y para ello es necesario ser responsable además de saber elegir, llegar a conocerse a uno mismo y adquirir y utilizar el poder en las propias relaciones y en la vida.


Para un niño es normal tener cierto temor a los límites, temor que desaparece conforme el niño va comprobando que límites y consecuencias se integran en un sistema coherente. Padres y educadores pueden contribuir a conformar el sentido de los límites de diferentes maneras:


Sabiendo claramente ellos mismos lo que esperan de los niños.
Exponiendo sus expectativas de manera que los niños las entiendan, incluyendo la asignación de responsabilidad acerca de tareas y deberes.
Averiguando si el niño entiende estas expectativas, bien haciéndolas repetir o bien guiándole mientras las cumple.
Estableciendo claramente los límites de tiempo razonables para realizar tareas o debes escolares, sin ambigüedades.
Explicando al niño las consecuencias de no hacer las cosas. Estas consecuencias deben aplicarse coherentemente, sin sentimientos de culpabilidad o remordimientos y sin hacer sufrir al niño. La coherencia es más importante que la severidad.
Redactando y colocando un cartel con todas las reglas y las obligaciones, de modo que no pueda alegarse como excusa "el olvido"
Participando padres y madres (cuando sea posible) en la explicación de las reglas al niño. Así sabrá que ambos las apoyan y mantienen.
Consiguiendo que todos los niños de la familia o de la clase tengan responsabilidades equiparables, con los ajustes necesarios en función de su edad y de sus habilidades particulares.


Un niño es responsable cuando sus actos coordinan, de forma creativa, sus propios objetivos con las necesidades de los demás. Para ello, los adultos tienen que ayudar al niño a obtener este equilibrio, a definir sus propios valores y a resolver las dificultades en función de sus propios sentimientos.


El niño que posea sentido de la responsabilidad cosechará éxitos cada vez con mayor frecuencia, y se beneficiará de las consecuencias positivas de esos éxitos.


Muchos padres creen que las recompensas por buen comportamiento son una especie de "soborno", pero las recompensas de orden material (dinero, juguetes...) sólo se convierten en sobornos si son la única técnica que se utiliza para motivar a un niño. Recompensas son aquellas cosas que el niño valora, cosas que desea o que necesita. Existen también recompensas que no son materiales que conviene recordar:


Hágale saber al niño, de palabra, mediante elogios, qué cosas ha hecho bien: "has limpiado tu armario estupendamente"
Proporciónele ese reconocimiento de forma espontánea, periódicamente, relacionándolo con los logros del niño: "¿Qué te parecería ir a comprarte un helado? La verdad es que has hecho un trabajo muy duro limpiando el cuarto de baño"
Apoye al niño cuando lo necesite: "Como me ayudaste ayer a limpiar el jardín, bien puedo yo ahora ayudarte a hacer los deberes"
Muestre interés por lo que hace el niño y anímele: "Ya que tienes que ir a una reunión de los boyscouts esta noche, yo me ocupo de lavar los platos"
Comparta con el niño algunas tareas de tanto en tanto, como reconocimiento a sus esfuerzos: "La verdad es que ayer dejaste tu habitación limpísima: ¿qué te parece si te ayudo a limpiarla hoy?


En ocasiones las responsabilidades de los niños producirán cierta incomodidad a los adultos. Los niños necesitan que los adultos sean pacientes y tolerantes.


El aprendizaje de la responsabilidad

A los niños que no sean considerados responsables de sus actos les será más difícil aprender de sus experiencias. Enseñar a los niños a ser responsables no quiere decir enseñarles a sentirse culpables. Los que tengan sentido de la responsabilidad poseerán los medios, las actitudes y los recursos necesarios para valorar con eficacia las diferentes situaciones y decidir de forma consecuente para ellos y para los que se encuentran a su alrededor.


Uno de los aspectos básicos de la enseñanza de responsabilidad a los niños es la cuestión: "¿Quién es el responsable de acordarse de las cosas?" Los niños pueden saber hacer las cosas y desear agradar a los padres pero si no han tomado sobre sí la responsabilidad de acordarse, no pueden ser responsables. Hay algunos artificios que estimulan al niño a recordar, tretas que pueden abandonarse conforme el niño crece y va siendo capaz de asumir mayores responsabilidades:


1. Escriba las cosas y colóquelas en lugar visible.

2. No les recuerde las cosas a los niños una vez esté seguro de que le han escuchado y entendido. Recordar las cosas a los niños se convierte en una mala costumbre de la cual los niños pasan a depender.

3. Establezca costumbres lo más regulares posible. Cuando las cosas ocurren de forma predecible y regular, se incrementa la capacidad de recordar de los niños.

4. No le dé miedo castigar al niño que se "olvida".

5. Acuérdese de lo que usted ha dicho. Si los padres lo olvidan, están otorgando al niño, tácitamente, permiso para hacer lo mismo.


Una vez que a los niños se les ha asignado ciertas obligaciones, los padres no deben confundirles ni fomentar la irresponsabilidad volviéndose a hacer cargo de las tareas encomendadas. Los padres relevan a sus hijos de sus responsabilidades si...


...les recuerdan las cosas cuando ellos "se olvidan"
...lo hacen ellos mismos porque "es más sencillo"
...subestiman la capacidad de los hijos.
...aceptan que los niños se califiquen a sí mismos de incompetentes o irresponsables.
... hacen cosas por sus hijos para que ellos les quieran o para que no les hieran en sus sentimientos.
...creen que sólo los padres que trabajan duramente y hacen un montón de cosas por los hijos son "buenos" padres.


¿Cómo enseñar a los niños a ser responsables?

Para enseñar a los niños a ser responsables tiene que existir un programa claro de recompensas y alabanzas que ofrezca respuesta a su comportamiento (aspecto este al que hemos hecho referencia anteriormente). Por otro lado, el niño seguirá siendo irresponsable si la respuesta que obtiene es la crítica excesiva, la exposición al ridículo o a la vergüenza. Los niños a los que se recompensa por ser responsables van desarrollando gradualmente la conciencia de que la responsabilidad y los buenos sentimientos están relacionados; y, con el tiempo, disminuye su necesidad de recompensas externas.


Las siguientes pautas nos pueden ayudar a responder la pregunta planteada en este apartado:


1. DESARROLLE LA SENSACIÓN DE PODER DEL NIÑO.
Cuando se tiene sensación de poder se poseen los recursos, oportunidades y capacidades necesarias para influir sobre las circunstancias de la propia vida. Enseñar a los niños a ser responsables incrementa su sensación de poder.


2. AYUDE A LOS NIÑOS A TOMAR DECISIONES.
Los niños que han aprendido a ser responsables toman mejores decisiones que los que no han aprendido a serlo. Podemos contribuir a aumentar la capacidad del niño para tomar decisiones si ayudamos a:
· Resolver los problemas que crea la necesidad de tomar una decisión.
· Buscar otras soluciones.
· Seleccionar una de las alternativas mediante la valoración de sus consecuencias.
· Valorar la eficacia de las decisiones por medio de una discusión posterior.


3. ESTABLEZCA NORMAS Y LÍMITES.


4. UTILICE TAREAS Y OBLIGACIONES PARA CREAR RESPONSABILIDAD.
Tareas y obligaciones son cosas concretas: se puede especificar cómo, cuándo y quién debe hacerlas. Esto ayuda a desarrollar la capacidad de organización y manejar los propios recursos.


5. SEA COHERENTE.
Es la mejor forma de indicar al niño que los adultos dicen las cosas en serio. Los adultos coherentes ayudan a los niños a sentirse seguros. Cuando no existen normas claras y evidentes, no hay manera de ser coherente.


6. NO SEA ARBITRARIO.
Ser arbitrario significa hacer algo diferente de lo que se había dicho o hacer algo sobre lo que no se había advertido. Para evitar ser arbitrarios debemos aclarar lo que queremos, comunicar estas expectativas de forma sencilla y directa, y concretar cuáles son las consecuencias esperables si el niño actúa en consonancia o no con esas expectativas.


7. DÉ RECOMPENSAS POR SER RESPONSABLE.


UN NIÑO ES RESPONSABLE SI...

...realiza sus tareas normales sin que haya que recordárselo en todo momento.
...puede razonar lo que hace.
...no echa la culpa a los demás sistemáticamente.
...es capaz de escoger entre diferentes alternativas.
...puede jugar y trabajar a solas sin angustia.
...puede tomar decisiones que difieran de las que otros toman en el grupo en que se mueve (amigos, pandilla, familia, etc.)
...posee diferentes objetivos e intereses que pueden absorber su atención.
...respeta y reconoce los límites impuestos por los padres sin discusiones inútiles o gratuitas.
...puede concentrar su atención en tareas complicadas (dependiendo de su edad) durante cierto tiempo, sin llegar a situaciones de frustración.
...lleva a cabo lo que dice que va a hacer.
...reconoce sus errores.



 



 

Fuente

Escuela de Padres

MEC

Ministerio de Educación de España



 

lunes, 25 de octubre de 2010

El último niño en los árboles

Los niños de la sociedad actual viven una "infancia desnaturalizada". Daniel Guzmán, menor de 15 años, viajó sin dinero ni documentos a Chile, "obligado" por las circunstancias. Las entidades de control en el aeropuerto y la aerolínea tienen responsabilidad al facilitar y casi provocar esa aventura al no garantizar controles seguros. La familia podría demandar por el riesgo al que fue expuesto el chico por cuenta de unas laxas medidas de inspección. Esta historia nos obliga a evaluar las motivaciones del menor, que tal vez sean las mismas de millones de niños en el mundo.

El padre de Daniel ha dicho que la única diversión de su hijo es la televisión y el Facebook. Allí está el meollo del asunto. Los que tuvimos el privilegio de ser niños libres, teníamos aventuras todos los días en la naturaleza sin que nadie nos controlara. Terminábamos los días exhaustos, untados de tierra y con olor a monte. Éramos felices. En los últimos 25 años, han ocurrido grandes cambios en el estilo de vida. Son comunes los casos de obesidad infantil, déficit de atención, depresión y estrés en niños. Se invierte la mayor parte del tiempo en el uso de la televisión, los videojuegos, las computadoras y los teléfonos celulares.


Se está gestando una generación de niños insensibles ante lo que les ofrece la naturaleza y la vida en familia. Es entendible que Daniel haya reaccionado de esa manera al buscar una aventura para liberarse de la opresión cibernética. Los niños pasan entre 30 y 60 horas a la semana usando teléfonos celulares, computadoras y otros juegos electrónicos. Esta situación representa una amenaza para la salud infantil. Las nuevas generaciones se privan de cosas sencillas. Eso puede traer consecuencias para su salud física y mental. Ver cómo se ordeña una vaca, darle de comer con la mano a una oveja o tocar su lana, levantar un nido y trepar un árbol son cosas que la mayoría de adultos vivimos gratamente en la niñez.


Los niños de hoy no tienen tantas posibilidades de jugar al aire libre y de gozar de la naturaleza, por el ritmo desenfrenado de la sociedad moderna o porque la tecnología ocupa su tiempo. El diario británico The Guardian publicó una encuesta realizada con 2.000 niños de 8 a 12 años. El 64% de ellos sólo había salido a jugar a la calle una vez a la semana, el 28% había dado un paseo por el campo en el último año y la mayoría no habían subido nunca a un árbol. En el 2002, los niños ingleses de ocho años podían identificar más fácilmente a los personajes de Pokemon que a un escarabajo, una nutria o un álamo.


A lo mejor Daniel jamás tuvo la oportunidad de trepar a un árbol. El mundo virtual en el que vive con la mayoría de sus "amigos", lo llevó a hacer algo estrambótico, subirse a un avión sin más. Muy lejos de él quedaron los últimos niños que fueron felices en los árboles, distantes de los alienados por un computador. El mayor indicador del nivel de actividad física del niño es el contacto en el campo abierto que supera a otras posibilidades, como pertenecer a equipos deportivos.


La educación basada en el medio ambiente mejora notablemente el rendimiento escolar, estimula la creatividad y proporciona mayor habilidad en la resolución de conflictos, pensamiento crítico y toma de decisiones. La relación con la naturaleza promueve habilidades cruciales para el éxito en la vida, como asumir riesgos, tolerancia a la adversidad, conciencia ambiental, capacidad para trabajar en equipo y liderazgo. Pero por sobre todo, hace niños más felices.


 


Autor: FABIO ARÉVALO ROSERO MD
Fuente


http://comunidades.semana.com

jueves, 11 de marzo de 2010

EL NIÑO QUE NO HACE LAS TAREAS ESCOLARES

Es frecuente en la enseñanza escolar que algunos niños no sigan el ritmo de sus compañeros y se retrasen en su aprendizaje, olvidando las tareas y estudios encomendados para el hogar.

 Los grandes enemigos del trabajo en el hogar son la televisión y los juegos de video que han invadido los hogares. Pero este no es un problema que haya aparecido con estos elementos.


 Anteriormente eran el fútbol callejero o la bicicleta en los niños y muñecas en las niñas.


 No es extraño que estos niños estén desatendidos durante las horas en que debieran estudiar, quedando a su deseo el hecho de cumplir o no con sus tareas. Muchas veces estos niños se sienten desmotivados porque sus éxitos, aunque menores, no han sido reconocidos por sus padres


En otras ocasiones alguno de los padres ha enviado el mensaje, que los estudios no son garantía de triunfo en la vida y pone por ejemplo su propio caso.


 Sin embargo lo más frecuente es la falta de método y supervisión que el niño encuentra en su casa. Las llamadas de atención de los profesores muchas veces antes de avergonzarlos frente a sus compañeros lo convierten en un líder negativo que algunos pueden imitar.


 Otros ven en su mal rendimiento la forma de llamar la atención de padres distantes, que ante el riesgo del fracaso escolar buscan la manera de ayudarlo en sus tareas.

 

¿Cómo ayudar a recuperar la responsabilidad?

 Deje las cosas claras en cuanto a horarios en el hogar, de tal a tal hora se le dedica a los estudios, de tal a tal otra al orden de la habitación y de tal a tal otra a los juegos o televisión. No transija en cuanto a esta distribución. Proporcione un ambiente de tranquilidad durante el horario de estudios. Si uno de sus hijos está estudiando, el otro no puede estar viendo TV o jugando con videojuegos.


Entregue la responsabilidad total de las tareas escolares a su hijo y manifiésteselo. Él es una persona que está estudiando para su futuro y no para el de sus padres o hermanos.


Si no cumple con las tareas, que asuma las consecuencias en el colegio, no como un castigo añadido, sino como un apoyo al colegio y los profesores.


 Sin embargo si su hijo le pide ayuda en determinadas materias, demuestre su interés, ayúdelo y aproveche de comentar lo que ya sabe y lo bien que está haciendo su trabajo.


 Es conveniente entrevistarse con el tutor/a o los profesores, probablemente aprenderá mucho de su hijo a través de ellos, como los intereses y aficiones del niño.


 No pida imposibles, nadie puede mejorar en un 100% en pocos días o semanas. Los pequeños logros son tanto o más importantes en esta etapa, que los grandes que vendrán después. El sacar buenas notas debe ser motivo suficiente para felicitarlo y demostrar entusiasmo por su mejoría. Dígale claramente que se siente orgulloso de ese cambio y que está seguro que éste continuará. Si en algún momento hay un retroceso, ignórelo y recuerde los pequeños éxitos recientes como argumento de que las cosas ya cambiaron.


 En este punto puede prometer incentivos para el mejor rendimiento (los cuales deberá cumplir religiosamente). Estos deberán ser proporcionados al logro. No exagere o después no tendrá qué prometer. Recuerde que estos incentivos deben ser atractivos para el niño, no para Ud.


Averigüe cuales son sus deseos escondidos y sus gustos.


El incentivo ideal debiera ser aquel que aumenta las ocasiones para compartir los tiempos juntos, pero no siempre puede ser así. Respete las aficiones y los intereses de su hijo y en algunos casos adhiérase a ellos. Algunas veces el premio puede ser un juguetillo, una golosina pero los premios mejores son los referidos a actividades tales como: organizar una merienda, ir al cine…etc.


 

CONSEJOS PARA TENER ÉXITO CON LAS TAREAS

·  Asegúrese de qué tipo de tarea han mandado los profesores y qué es lo que se espera del niño al realizarla. De igual forma, asegúrese de que su hijo/a la realice. Recuerde que mientras más se implique usted, más lo hará su hijo/a.


 · Disponga de un lugar tranquilo en donde su hijo/a pueda realizar su tarea. Haga que sea un lugar con pocas distracciones, pero lo suficientemente cerca de Ud. para que le pueda consultar cualquier duda.


 · Procure que tenga todos los materiales necesarios a mano, antes de iniciar el trabajo, de esta manera evitará distracciones.


 

· Procure que el niño tenga un horario determinado de estudios y asegúrese de que lo cumpla. Evite que el niño realice actividades escolares al final de tarde-noche. Al final de la jornada diaria el niño/a no tendrá energías para asimilar conocimientos.


 

· Refuerce el trabajo que está realizando el niño/a.


· No recompense el haber hecho la tarea, recuerde que es una obligación hacerla y que al tratar de recompensarla se está dando un mensaje implícito de que hacer tareas es algo tedioso y que no le trae beneficios.


 

· Aproveche cuando el niño juega o cuando practica cualquier actividad fuera del horario de estudios para relacionar lo que está haciendo con los contenidos que está estudiando en el colegio.


 

· Estimular el conocimiento de conceptos básicos espaciales, temporales, de forma, colores….


 

· Estimular factores como la curiosidad, imaginación, atención…


Indique los colores de las cosas cotidianas (sol, naranja, hierba, cielo…). Juegue con él/ella a clasificar por colores, formas, tamaños. Para ello puede usar material como: pinzas de la ropa, botones, juguetillos, canicas…


Juegue a situar objetos en el espacio; aprenderá conceptos básicos que luego deberá aplicar en el colegio (delante-detrás, arriba-abajo, cerca-lejos, dentro-fuera, alto-bajo,…).


Para introducir al niño en el reconocimiento de números use juegos como la oca o el parchís.


Ayúdalo/a a descubrir los números que encuentra cada día: puerta, piso, teléfono, monedas…


Para enseñarlo/a a contar, hágalo con cosas concretas (cucharas, botones, galletas, árboles…).


 Desarrollan la inteligencia y la imaginación juegos y actividades como:


· Disfrazarse.


· Adivina-adivinanza, veo-veo…


· Absurdos y errores. Por ejemplo: ¿qué pasa si echamos el agua sin quitar el tapón de la botella?, ¿qué pasa si metemos un helado en el horno?,supongamos que..(hay árboles de caramelos, llueve leche…).


· Ponerles distintos finales a los cuentos.


· Enseñarle a contemplar objetos desde diferentes puntos de vista: el teléfono por debajo, el cuadro por detrás…


· Observar objetos con una lupa comentando lo que ven.


· Hacer preguntas abiertas que susciten interés, desconcierto, deseos de profundizar…


· Esconder objetos.


· Acudir con sus hijos a exposiciones, títeres, teatros, museos…y conversar sobre lo que han visto.


Puzzles y rompecabezas son una actividad lógica que desarrolla también la atención, la orientación espacial y la percepción de formas. Se pueden hacer con revistas, tapas de cuentos viejos…


Juegos desmontables, de construcción, de dominó, hilvanar cuentas o botones, emparejar colores, hojear cuentos, recortar con tijeras romas, garabatear, imitar trazos…refuerzan destrezas que le facilitan el aprendizaje de la lectoescritura y cálculo.


 


Fuente:

http://heliosorienta.wordpress.com


sábado, 11 de julio de 2009

Conoce las claves para entender y educar al niño actual

Si no logras conectarte con los intereses de tu hijo, y presenta problemas de agresividad o bajo rendimiento escolar, deberías poner atención a los modelos que está siguiendo, y ofrecerle otras posibilidades de sana diversión.SANTIAGO, junio 4.- Definitivamente los niños de hoy ya no son como los de ayer, atrás quedaron los que soñaban con una nave espacial al ver una caja de zapatos, en la actualidad están sumidos en la tecnología, viven en un mundo donde abunda el estrés laboral y las presiones económicas, además de la instantaneidad, dejando de lado aspectos tan esenciales como la imaginación y la motivación.

Por lo tanto, entenderlos resulta muchas veces complicado para padres, profesores, y psicólogos, lo que deriva en un replanteamiento de su formación actual, según explicó la connotada neuróloga y psiquiatra infantil, Amanda Céspedes, quien ofreció una charla en la Universidad de Las Américas sobre la forma en que se debe educar a los niños de hoy.

Estableciendo que la educación debe ser para la vida, es decir, para las emociones, además del conocimiento y la cultura, la especialista recalca que el objetivo es lograr que el niño se desarrolle como un adulto integro, y para eso se requiere un ambiente adecuado, donde prime la motivación, las metas y estrategias además de las personas capacitadas para la función.

Efectos de la Modernidad
Los niños actuales, según Céspedes, se encuentran mayoritariamente en un escenario donde prima la soledad, y es ahí donde buscan un compañero que generalmente es la televisión o el computador, y que a la larga resultan perjudiciales.

“Antes influían en los niños los padres y los maestros, en cambio ahora hay muchos invitados, me refiero a lo cibernético, a los juegos, a Internet, y eso produce que se activen las neuronas espejos, que consiste en ver imágenes agresivas y reproducirlas, al aflorar el cavernícola interno que tenemos guardado, obteniendo como resultado: niños desmotivados, agresivos y asustados”, señaló.

De hecho, evidenció cómo se han modificado las gráficas de los dibujos animados, explicando que las figuras del personaje malvado antiguo hoy son reemplazadas por seres sanguinarios. Así como el débil de antaño que generaba el instinto de protección, hoy no merece compasión, haciendo la referencia a Tom y Jerry v/s Tom y Dali (Los Simpsons).
Conoce las claves para entender y educar al niño actualY lo más lamentable es que los padres muchas veces pecan de inocentes: “Los niños piden como regalo juegos para el computador que tienen mucha violencia, como los abuelos ni saben de que se trata, acceden sin percatarse que eso produce que los menores se vuelvan más malitos”, declaró.

Porque otro de los ejemplos que expuso, es que además de los juegos e Internet, existen referentes como los cantantes, los futbolistas, o modelos, que entregan una imagen de dinero fácil, que lleva a los niños a pensar en esa posibilidad, en vez de interesarse por el esfuerzo que conlleva una educación formal.

“Los niños de hoy tienen una psicología nueva, un cerebro diferente, a temprana edad comienzan a procesar la información visual que ingresa de manera dinámica y veloz, y se acostumbran menos a la lectura”, agregando la especialista que se pueden concentrar más en los detalles de la televisión que captar la idea que le brinda un libro, lo que genera dificultades en el estudio y su vocabulario.

¿Qué hacer?
Para paliar estos efectos, la neuróloga y psiquiatra infantil aconseja preocuparse de su formación tempranamente, estableciendo que si el niño disfruta de los juegos del computador, se deberán fijar horarios sólo para los fines de semana, procurando que se entretenga en otras cosas, como con paseos al aire libre, y actividades dirigidas por los familiares.

“El ambiente debe ser propicio, con una salud integral, que se sienta querido, así buscará mucho menos la televisión y el computador. Los pueden estimular con bailes, música, expresiones artísticas que les entreguen experiencias enriquecedoras, además de contar siempre con la presencia sabia de un adulto”, declaró.

Por lo tanto, sería favorable volver a ratos a los juegos de la infancia pasada, donde la imaginación era esencial, para de esta manera entrelazar el ayer con lo positivo de la actualidad, y formar niños actuales felices y seguros.

Por Verónica Lavado
Fuente
http://www.terra.cl/zonamujer/index.cfm?id_reg=1192175&id_cat=1602&pagina=1
recuperado el 4 de julio de 2009-06-04
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