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lunes, 5 de septiembre de 2011

Ayudar con los deberes, una tarea difícil para los padres


Hay muy poco espacio en los medios para los temas relacionados con Educación, la superficialidad se ha naturalizado, como si la necesidad de entretenimiento fuese el fin superior. En la siguiente nota se trata el tema de las “tareas para la casa”, que muy probablemente han perdido importancia social.


Los chicos aprenden hoy matemática y lengua de forma menos mecánica que sus papás. Así, los adultos no entienden los ejercicios ni saben cómo apoyarlos. La falta de tiempo es otra complicación. Por los cambios en el método de enseñanza Y el poco tiempo

Dos más dos es cuatro, y “mi mamá me mima” tiene muchas “emes”. Dos conclusiones evidentes, pero los caminos para llegar a ellas no siempre son los mismos. Los chicos que hoy van a la primaria aprenden de una manera diferente a cómo aprendieron sus padres. Ahora se intenta que la enseñanza sea más razonada y menos mecánica. Por eso, para los papás, ayudar a sus hijos se puede convertir en una tarea difícil.

Involucrarse más y aprender junto a ellos es lo que recomiendan los especialistas.
En dos cuestiones hay consenso: hoy se aprende mejor y los papás deben participar de ese proceso para que su aporte vaya en el mismo sentido del trabajo que se hace en la escuela. Incluso preguntarle a los maestros tantas veces como lo hacen sus hijos, para comprender lo que se promueve en el aula.

“Las familias contribuyen en el proceso de alfabetización de los chicos –asegura Silvia González, coordinadora del área de Lengua en el nivel inicial del Ministerio de Educación de la Nación–. Alfabetizarse no es sólo aprender las letras. Se trata de aprender (las letras) en el marco de situaciones en donde se leen y se escriben textos”, grafica González. En este sentido, muchas veces aparecen errores de ortografía que sorprenden a los padres y los ponen un poco impacientes.

Algo similar sucede con la matemática. Ahora, en los cuadernos hay ensayos de procedimientos, conclusiones sobre la resolución y demás anotaciones. En la mirada de Graciela Chemello, coordinadora de Matemática en el nivel inicial del Ministerio de Educación, todas esas “anormalidades” chocan contra lo que los padres aprendieron en su momento. “Los padres pueden preocuparse al encontrar en el cuaderno huellas de errores que para los maestros juegan un papel constructivo en el aprendizaje. En la escuela de hoy, el cuaderno de matemática tiene diferentes funciones”, dice Chemello. “Los padres deben estar al tanto de las propuestas curriculares de cada escuela.
Si se quejan por la forma en que aprenden es que el canal de diálogo con la escuela falló”, explica Patricia Redondo, pedagoga e investigadora de FLACSO.

“Hay que incluir a la familia. Si se desliga, la escuela sola no puede”, aporta Ana Ravaglia, subsecretaria de Educación porteña. Según Ravaglia, en las escuelas hay foros de participación con los padres, en donde esta problemática aparece con frecuencia. También, las ocupaciones cotidianas, que son una carga para muchos padres que se sientan sin tiempo para ayudar a sus hijos con la tarea. “El exceso de tareas a veces sobrecarga a las familias”, agrega Redondo. “Si una mamá llega de trabajar y se encuentra con una montaña de tareas para hacer, hay algo que falla.

La tarea debe ser un complemento de lo que se aprende en el aula, una continuidad”.
Pero al mismo tiempo, a veces basta con pequeños gestos para estar a la altura de lo que necesitan los chicos. “Acompañarlos con la lectura y en los primeros pasos de la escritura es fundamental”, explica Marina Cortés, del área de Lengua del Ministerio de Educación. Según Chemello, también pueden ser importantes algunos juegos, como la generala, o hacerlos participar de actos cotidianos, como estimar el gasto al realizar una compra. Llegar a un mismo resultado es importante, pero mucho más será que padres e hijos puedan transitar juntos ese camino.

Fuente
San Luis 24

sábado, 20 de agosto de 2011

IMPLICACIONES DE LAS TAREAS PARA LA CASA EN LA PRÁCTICA EDUCATIVA


¿Cuál es el sentido de las "tareas para la casa" (TPC)? ¿Aportan a la autoregulación del alumno? ¿Bajo qué condiciones hacen aportes positivos? El siguiente artículo reflexiona sobre estas tareas, que forman parte del "folkclore escolar".


Las TPC exige el concurso de tres actores: un profesor que las prescriba y dé feedback, un(a) padre/madre que las monitorice y un alumno que las haga. Si uno de los tres falla, la obra resultará un fracaso. Así, “el papel del profesor al proporcionar feedback – al reforzar positivamente lo que ha sido bien hecho y al volver a repasar lo que aún no se ha aprendido – es la llave de la maximización del impacto positivo de las TPC”.

Dentro del conjunto de profesores, hay algunos que recurre a las TPC como tabla de salvación para rellenar lagunas y dificultades de tiempo para impartir sus contenidos, para promover el entrenamiento individual, que las clases no siempre garantizan o, más positivamente, porque las entienden como herramienta útil e indispensable para el desarrollo de competencias de trabajo independiente y autónomo. Sin embargo, también hay otros que las niegan, casi gratuitamente, despreciando su utilidad, dada la desmotivación de muchos alumnos para su ejecución y cumplimiento, con un mínimo de calidad. En cuanto a los alumnos, encontramos, de un lado, los más alejados y contrarios a las tareas escolares, que fácilmente adoptan una actitud de aversión o repulsa hacia las TPC, considerándolas una intrusión en su tiempo libre o una tarea sin valor y, de otro lado, aquellos alumnos que, metódicamente, se dedican al compromiso diario del cumplimento de las tareas asignadas por los profesores, asumiéndolas, sin grandes cuestionamientos, como integrantes lógicos de su papel de alumno, como principal responsable de su propio aprendizaje.
 
Si, por un lado, muchos educadores creen que las TPC contribuyen a la mejoría del aprendizaje y aprovechamiento escolar, por otro lado, esas mismas TPC son ampliamente criticadas por los efectos negativos que, a veces, producen en el desarrollo de los alumnos. Una de las críticas más acérrimas del uso de las TPC surge, precisamente, respecto a su grado de eficacia. Para que sean eficaces, las TPC deben tener significado  y sentido para el alumno, ser relevantes, siempre que sea posible creativas, y cognitivamente desafiantes.

Las TPC son, por definición, tareas que ocurren fuera del control directo del profesor. Por ello, cuando se enfrentan con su realización, los alumnos pueden elegir que hacer. Primero, decidir si lo hacen. Posteriormente, queda muchas veces a su criterio el tiempo y el esfuerzo a invertir en las tareas prescritas. Incluso, después de esta toma de decisión, sigue teniendo innumerables opciones relativas al “cuándo”, “dónde”, “cómo” y “con quién” quieren (o pueden) realizar las TPC asignadas, opciones que, inevitablemente, tienen repercusión en la calidad final del desempeño.

Es innegable, no obstante, que las TPC son muchas veces fuente de conflictos familiares y motivo de fricción y quejas en las relaciones casa-escuela (Cooper, 2001). En esencia, la discusión respecto a las TPC se centra en el hecho de que éstas sean buenas o malas para los niños (hablando del rendimiento escolar o, por lo menos, de desarrollo de buenos hábitos de estudio) y para sus familias (las TPC como medio para disponer de conocimiento sobre el progreso de sus hijos y/o mejorar la comunicación con la escuela).

Si hay padres que deliberadamente proporcionan  esfuerzos para ayudar a sus educandos a crear un ambiente propicio a la realización de las TPC propuestas por los profesores, otros hay que dimiten de tal responsabilidad o, simplemente, desconocen la forma más adecuada de hacerlo. La medida exacta, la “dosis” ajustada de ayuda y tipo de implicación parental ideal, son algunas de las preocupaciones actuales sobre las TPC.

De todos modos, la literatura sugiere que los alumnos obtienen gran beneficio de la experiencia de hacer las TPC en un ambiente familiar cuando son ayudados por una andamiaje parental apropiado. Esta idea deberá estar presente en el espíritu de los docentes que, junto a los padres, podrán negociar modos viables y útiles en el deseable acompañamiento diario de las tareas de estudio que sus educandos desarrollan y realizan en casa.

CONSIDERACIONES FINALES
Se impone emprender iniciativas serias y concertadas, eventualmente sesiones informativas  de esclarecimiento en las escuelas, orientadas por docentes implicados e informados, tutores expertos en el contacto con padres. Estas sesiones podrían estar orientadas para promover en los padres la toma de conciencia de su primordial papel de educadores y modeladores de comportamientos y actitudes positivas hacia la escuela, en general, y hacia las TPC en particular. Por ejemplo, podrían discutirse aspectos como la importancia del control de los ambientes de estudio en casa, en sus aspectos físicos y emocionales, combatiendo y eliminando distractores externos e internos, muchas veces presentes a la hora de hacer las TPC prescritas (e.g., discusiones, insultos, alteraciones de planes en la hora que interrumpen el estudio, demasiado ruido, mucho frío o mucho calor, espacio físico para trabajar, tele o música alta, móvil, juegos de computador, chats, entre otros). Sería deseable que las escuelas, cada escuela, cada equipo directivo, cada grupo disciplinar, cada profesor, todos y cada uno a su nivel, asumiesen su parte en el fomento y adopción de políticas de TPCserias, viables, teóricamente respaldadas y lo más concertadas posible.

Seria deseable que esto ocurriese no por imposición superior, sino por la convicción de la necesidad de una enseñanza de mejor calidad, donde las TPC asuman su noble función: contribuir para incrementar las competencias de autorregulación y el éxito de nuestros alumnos.


Extraído de
ESCUELA-FAMILIA:
¿ES POSIBLE UNA RELACIÓN RECÍPROCA Y POSITIVA?
Pedro Rosário*, Rosa Mourão*, José Carlos Núñez**, Júlio António González-Pienda**y Paula Solano**
* Universidad de Minho (Portugal). **Universidad de Oviedo


viernes, 12 de agosto de 2011

EL ENTORNO DE LAS TAREAS PARA LA CASA


Las "Tareas para la casa" (TPC) son parte de los esfuerzos necesarios para el aprendizaje, también reconocemos como importante la actitud frente a ellas. En la siguiente nota se analiza el entorno que las rodea.


Más allá de la propia naturaleza de las TPC hay todo un complejo contexto de expectativas a considerar. En éstas se incluyen las expectativas de los profesores, de los padres, de la familia, de los niños y las de sus compañeros. Padres y profesores pueden insistir a los niños que las tareas hay que hacerlas siempre con 100% de corrección.

Elevar las expectativas  hasta este nivel puede tener consecuencias nefastas, obligando  al alumno a ir más allá de sus límites, reduciendo horas importantes de sueño, sólo para cumplir expectativas inadecuadas. No es deseable que el niño adopte el comportamiento de trabajar para el “9” o “10”, aprobación y satisfacción de los padres, u otras recompensas. Más bien es preferible que los niños disfruten de la experiencia de aprender y sientan la satisfacción del deber cumplido (Corno, 2000). En todo caso, lo ideal es que las expectativas de los demás estén ajustadas a las capacidades reales de sus educandos para que no haya lugar a frustraciones; solo así ganaran las dos partes interesadas.

En los primeros cursos de primaria los alumnos pueden beneficiarse cuando un adulto corrige o verifica su TPC. Una vez que los alumnos se van haciendo más expertos, el adulto debe distanciarse quedando en la retaguardia del proceso, clarificándoles bien que la responsabilidad, tanto por la realización y terminación de las TPC como por su calidad, es de ellos y sólo de ellos. Si las TPC son siempre entregadas a los profesores ya corregidas por un adulto, el profesor no tiene la posibilidad de discernir entre lo que el alumno realmente sabe y consigue hacer por sí solo, y lo que no domina aún.

A los profesores les sería de gran utilidad una mayor comprensión de las dificultades y tensiones que acompañan la realización de las TPC por parte de los alumnos, particularmente los más pequeños (Corno, 1996). Pero también deben ser conscientes de que, según los datos de la investigación en este dominio, la adquisición de estrategias de autorregulación y competencias de gestión y organización a través de las TPC son una posibilidad, más que una realidad. La responsabilidad personal necesita ser cultivada y proporcionar condiciones que le permitan desarrollarse. Comprensiblemente, algunos alumnos suelen precisar más apoyo y tardan más tiempo en desarrollar rutinas para las TPC que otros (Xu y Corno, 1998).
El control del tiempo y la gestión de recursos son aspectos de la autorregulación que los profesores abordan en la escuela, pero hay otros aspectos más sutiles, por ejemplo, los relativos a las dimensiones energizantes del comportamiento, a la motivación y el control volitivo (e.g., el control emocional), que no están muy presentes en la agenda educativa de los colegios.

Para mejorar estas competencias hay que aunar esfuerzos de padres, profesores y de otros agentes educativos, en un trabajo común, proporcionando  oportunidades que faciliten al alumno el desarrollo de sus capacidades, por ejemplo, regulando los ambientes de trabajo, especialmente a la hora de hacer las tareas de TPC, y monitorizando el control volitivo y sus estados de humor durante la realización (Xu y Corno, 1998). Los profesores deberían ser realistas respecto a las exigencias emocionales y temporales que implican las TPC.

Finalmente, las numerosas actividades  extraescolares que diariamente realizan niños y jóvenes también compiten con la realización diaria de las TPC. Aunque, conscientes de todas estas amenazas,  insistimos en creer en el potencial de las TPC como estrategia educativa y subscribimos, reiterando, la importancia y peso de los frutos de su adecuada utilización en el proceso de enseñanzaaprendizaje.


Extraído de
ESCUELA-FAMILIA:
¿ES POSIBLE UNA RELACIÓN RECÍPROCA Y POSITIVA?
Pedro Rosário*, Rosa Mourão*, José Carlos Núñez**, Júlio António González-Pienda**y Paula Solano**
* Universidad de Minho (Portugal). **Universidad de Oviedo

miércoles, 3 de agosto de 2011

¿QUE NOS DICE LA INVESTIGACIÓN SOBRE LA TAREAS PARA LA CASA?

Las "Tareas para la casa" (TPC), asignadas por los docentes a los alumnos, forman parte de nuestra cotidianidad. Cumplidas fielmente, o rechazadas, integran parte de los hábitos que hacen a lo que se considera "buen alumno". En los párrafos siguientes se resumen los resultados de las investigaciones sobre el tema. 
La relación entre tiempo utilizado  en las TPC y rendimiento académico ha sido foco de gran cantidad de investigación a nivel internacional.  Presentamos a continuación un breve sumario de algunas de sus conclusiones:
Tiempo utilizado en las TPC
✔ Es clara y positiva la relación entre tiempo utilizado en las TPC y el rendimiento académico en los últimos cursos de Enseñanza Secundaria Obligatoria y en Bachillerato. La evidencia empírica de esta relación en Primaria es menos clara siendo los datos de la investigación inconsistentes y poco concluyentes.
✔ El tiempo utilizado en las TPC explica solo parte de la variabilidad en los resultados académicos de los alumnos.
✔ Estudios llevados a cabo en los Estados Unidos indican que los alumnos más pequeños (enseñanza primaria),  especialmente alumnos con  bajo rendimiento escolar, usan más tiempo en las tareas de casa. Entre los alumnos mayores (Bachillerato), la tendencia es inversa: son los alumnos con mejor rendimiento, aquellos que gastan más tiempo en las TPC.
✔ Los estudios americanos indican que las chicas tienden a invertir más tiempo que los chicos en las TPC y los alumnos asiáticos dedican más tiempo a las TPC que alumnos de otros grupos étnicos. Estos alumnos asiáticos suelen aprovechar más el tiempo invertido en las TPC.
✔ Diversos estudios internacionales sugieren que la relación entre el rendimiento académico y el tiempo utilizado en las TPC puede ser curvilínea.
✔ Las correlaciones positivas y significativas entre tiempo gastado con las TPC y el rendimiento no deben ser tomadas como una evidencia de que, por sí solo, más tiempo invertido en las TPC conduce necesariamente a un elevado rendimiento.
Las TPC y las actitudes de los alumnos
✔ De un modo general, los alumnos presentan actitudes positivas hacia las TPC y verbalizan su importancia para ayudarles a “ir bien” en la escuela. Actitudes positivas hacia las TPC se asocian con actitudes positivas hacia la escuela, y a la inversa.
✔ La escasa investigación existente sobre las preferencias de los alumnos indica que a los alumnos no les gusta mucho las tareas diarias y de rutina que les son prescritas (e.g., tales como concluir o completar tareas inacabadas en clase). Prefieren, en general, tareas interesantes, desafiadoras y divergentes.
✔ Las actitudes de los alumnos hacia las TPC suelen estar relacionadas con el género. Estudios recientes sugieren que las chicas tienden a invertir más tiempo con las TPC que los chicos.
✔ La prescripción de TPC adecuadas en los primeros cursos de Primaria, cuya realización es apoyada por modelado y monitorización responsable de padres, o de otros adultos significativos (e.g., hermanos mayores), ayuda a interiorizar hábitos de estudio, desarrolla la organización y gestión del tiempo, instalando rutinas que serán útiles en cursos posteriores.

Implicación parental en las TPC
En general a los padres les gusta que las escuelas prescriban TPC, a pesar de que las TPC puedan ser, eventualmente, causa de conflictos entre padres, estudiantes y profesores. Seguidamente, se exponen algunos de los resultados derivados  de la investigación sobre este tema:
✔ Los padres se implican más en las TPC cuando los chicos son más pequeños. El tipo y grado de implicación parental en las TPC se relaciona con factores de nivel socio-económico y cultural.
✔ No hay datos de investigación que comprueben una relación clara entre la implicación parental y el rendimiento académico de los alumnos. No obstante, la evidencia sugiere que más que la cantidad de tiempo invertido por los padres en ese trabajo sobresale la calidad y tipología de actuación durante el tiempo utilizado con sus hijos.
✔ La implicación de los padres en las TPC asume diferentes formas y, consecuentemente, distintas repercusiones en las notas de los alumnos. Es posible identificar padres que intervienen de forma apropiada, por ejemplo, posibilitando espacios adecuados y materiales apropiados  para que puedan estudiar. Otros padres actúan de forma menos apropiada; por ejemplo, haciendo las tareas por los hijos, planificando y controlando sus horarios de estudio sin permitirles ejercitar la libertad para actuar y la responsabilidad para asumir las consecuencias de sus actos.
✔ La investigación revela como muy importante el apoyo de los padres y adultos a la autonomía de los niños.
✔ La tipología de la implicación parental (e.g., lo que hacen, cuándo y cómo lo hacen), más que el tiempo usado, puede ser el factor clave del éxito de la interacción entre los padres y los hijos en el dominio de las TPC.

Extraído de
ESCUELA-FAMILIA:
¿ES POSIBLE UNA RELACIÓN RECÍPROCA Y POSITIVA?
Pedro Rosário*,
Rosa Mourão*,
José Carlos Núñez**,
Júlio António González-Pienda** y Paula Solano**
* Universidad de Minho (Portugal). **Universidad de Oviedo


lunes, 18 de julio de 2011

Anatomía de Las Tareas Para la Casa

¿Qué son las "tareas para la casa"? ¿Para qué son prescriptas? ¿Debe intervenir la familia? ¿Cuál debe ser el nivel de exigencia? Estas son algunas cuestiones sobre las que gira el siguiente artículo:

Las TPC constituyen una herramienta poderosa para el aprendizaje escolar. Los profesores siempre las han prescrito y continuarán haciéndolo, aunque no podemos tomar esta tradición por garantía (Corno, 2000). Entender las TPC de una nueva forma implica no limitarnos sólo a debatir sus efectos en el rendimiento escolar.

Las TPC están claramente influenciadas por muchos aspectos de la sociedad, tanto en lo que respeta a su proceso de realización como a sus productos. En muchas familias, los padres ayudan a los hijos en las TPC facilitan libros, revistas, hay hermanos mayores, se dispone de internet, etc. Pero, obviamente, esto no es así para todos los alumnos, y los profesores deberían tenerlo en cuenta a la hora de prescribir las TPC.

Las TPC deberían incorporar una adecuada combinación de desafío y competencia de realización con el fin de convertirlas en algo gratificante a los ojos del alumno. No pocas veces, los profesores prescriben las TPC con el objetivo central de consolidar contenidos o ampliar conocimientos sobre materias estudiadas en clase. Otras veces, las TPC son prescritas como forma de cumplir un plan curricular muy extenso.

Sin embargo, del mismo modo que el trabajo desarrollado en la escuela evoluciona en complejidad cognitiva, también las TPC deberían hacerlo. Es importante que a lo largo de la escolaridad presenten un nivel de complejidad adaptado a las capacidades de los alumnos, pero también un grado de desafío e incentivo que les anime a implicarse en la tarea. Los alumnos necesitan entender que aprender no es solo memorizar, entrenar y practicar.

Cuando las tareas son demasiado exigentes y están por encima de la capacidad percibida de los alumnos, puede que éstos queden en un estado o una especie de auto-consciencia que inhibe su acción. En estos casos, la persona en este estado se olvida de la tarea que tiene entre manos y se sumerge en un estado que Bandura designa como “ideación perturbante repetitiva”, centrándose sobre sus flaquezas personales e infravalorando sus capacidades. Esta situación ocurre más frecuentemente a los alumnos con bajo rendimiento académico.  En un estudio de Butler (1999), donde fueron recogidos  relatos personales de alumnos con dificultades de aprendizaje, uno de los alumnos describía así sus sentimientos hacia las TPC: “me ponía nervioso”, “me desconcentraba (…) quedaba como tonto, no quería terminar, trabajaba más lentamente y distraído”. El cuarenta y nueve por ciento de los alumnos de esta investigación relatan reacciones emocionales desagradables durante la realización de las TPC.

Muchos profesores se preocupan de enseñar a sus alumnos a priorizar las tareas no dejando para el final las más difíciles o menos agradables, ocasión en que la voluntad, las fuerzas y la energía bajan. En primaria, los profesores pueden alertar a los padres sobre la importancia de proporcionar un espacio adecuado para hacer las TPC en casa, minimizando los distractores y manteniéndose, siempre que sea posible, disponibles para las preguntas y problemas que surjan.

En los Estados Unidos, y otros países, especialmente de habla inglesa, se divulgan indicaciones e instrucciones útiles para los padres sobre las TPC: los llamados TIPS (Teachers Involve Parents in Schoolwork). Corno (2000) aporta sugerencias interesantes para los padres sobre la realización de las TPC, por ejemplo: “establezca una hora determinada para empezar; acompañe a su hijo, pero no haga las tareas por él; utilice un reloj para incrementar en los niños el control y dominio del tiempo utilizado, pero también para desarrollar sus competencias de monitorización y control volitivo hacia las tareas; ofrezca un simple vaso de agua como recompensa”, etc. El objetivo principal es establecer rutinas que el niño asocie a la realización de las TPC (Klavan, 1992). Estas rutinas sirven de apoyo en las dificultades puntuales y muchas veces perdurarán toda la vida. Citando a Zimmerman (1998), Corno (2000) nos recuerda que los sujetos que se destacan por su elevado grado de excelencia suelen atribuir su éxito a rutinas efectivas de trabajo y deliberadamente establecidas.

Si hay TPC demasiado difíciles, también hay otras demasiado fáciles que aburren a los alumnos. El aburrimiento puede dar lugar a la distracción y a sentimientos de alejamiento de las tareas; por ejemplo, “soñar con lo ojos abiertos y perderse en fantasías en vez de realizar la tarea” son comportamientos que pueden aparecer. En el peor de los casos, los niños pueden incluso negarse abiertamente, generar pensamientos más destructivos, planteando cuestiones como: “¿Para qué estar aquí sentado haciendo esto?”, “¿Por qué no nos ha dado algo más interesante para hacer?”, ”Detesto las TPC”, “Detesto el(la) profesor(a)”, “Detesto la escuela”.


Extraído de
ESCUELA-FAMILIA:
¿ES POSIBLE UNA RELACIÓN RECÍPROCA Y POSITIVA?
Pedro Rosário*, Rosa Mourão*, José Carlos Núñez**, Júlio António González-Pienda**y Paula Solano**
* Universidad de Minho (Portugal). **Universidad de Oviedo


viernes, 8 de julio de 2011

APROXIMACIÓN AL CONCEPTO DE TAREAS PARA CASA (TPC)

¿Qué son las "tareas para la casa"? Los docentes sabemos que constituyen una parte que no se puede suplantar en el proceso de aprendizaje, son parte de las actividades escolares. El siguiente artículo trata sobre diversas cuestiones relacionadas con ellas.


Las tareas para casa (TPC), definidas por Cooper (1989, 2001) como las tareas que los profesores prescriben a los alumnos para realizar fuera del horario lectivo, tienen una larga y arraigada tradición escolar, siendo una práctica habitual en la mayoría de las escuelas a lo largo de todo mundo. La literatura sugiere que, en períodos de reforma de los sistemas educativos, las TPC asumen un papel más sobresaliente en el día-a-día escolar, ya que se traducen en un aumento de la carga de las tareas prescritas a los alumnos para que las realicen fuera del contexto del aula. En este sentido, las TPC son reconocidas como un indicador tanto de escuelas como de alumnos exitosos (Epstein y Van Voorhis, 2001). En este sentido, estudios realizados  a nivel internacional, como el estudio PISA 2000 y 2006, constatan que los países y escuelas que prescriben más TPC son aquellos que presentan mejores niveles de rendimiento académico.

Las TPC son, de hecho consideradas por muchos profesores como una de las herramientas más útiles, e incluso indispensables, para la promoción de la calidad del aprendizaje de sus alumnos y la consiguiente mejora de la calidad de su proceso educativo. Según Epstein y Von Voorhis (2001), ya en los años ochenta, investigadores como Coleman, Hoffer y Kilgore concluyeron en sus trabajos que una mayor cantidad de TPC, así como de disciplina son dos de los factores más importantes en la mejora del  ambiente de aprendizaje y el consecuente éxito académico que presentan las escuelas privadas en contraposición a las escuelas públicas.

La idea de prescribir más TPC se basa en la presunción de que cuanto más tiempo dediquen los alumnos al estudio de los contenidos transmitidos, más aprenderán. Esta idea, sustentada por algunos autores, es muy discutida por otros. Entre los primeros se defiende la idea de que si hay algo universalmente aceptado es que la cantidad de tiempo invertida en la tarea predice la cantidad de material que se aprende. En este sentido, las TPC serían una forma de extender el día de escuela, como defiende Walberg y sus colaboradores. Además, según datos de algunos estudios, las TPC prescritas de una forma diaria y regular, evaluadas con un feedback adecuado respecto a la realización que proporcione formas de mejorarlo, son algunas de las prácticas más ligadas con los efectos ventajosos de las TPC como herramienta de refuerzo del aprendizaje de los alumnos.

No obstante, aunque existe una aceptación creciente del influyente papel de las TPC en el resultado escolar de los alumnos, actualmente se cuestionan aún las relaciones causales entre estas dos variables, especialmente debido a la gran diversidad de efectos de las TPC en los diferentes niveles de enseñanza.

Hablar de TPC es algo complejo, dado que las variables implicadas son muy diversas y heterogéneos los focos que las observan.

Los teóricos de la autorregulación defienden las TPC como una herramienta útil para promocionar la implicación y la concentración del alumno en la tarea proporcionando una ética de trabajo, pero no sancionan, obviamente, cualquiera TPC. Respecto a este constructo, como a tantos otros del día-a-día educativo, más que inclinarse emocionalmente hacia uno de los bordes de la barrera, quizás la solución este en la discusión de su anatomía (e.g., carga, tipología de tareas prescritas, periodicidad, funcionalidad percibida por los alumnos y padres, feedback dado), de manera que las tareas propuestas promuevan y optimicen el querer y el hacer de los alumnos no siendo intrusivas para la familia.

¿Qué sabemos sobre el impacto del cumplimiento de las TPC en el rendimiento escolar?, ¿Qué deben hacer los profesores hacia las tareas de casa?, ¿Qué papel debe ser asumido por los padres en la construcción de un ambiente de estudio adecuado?,  Estas son algunas de las preguntas a las que trataremos de contestar en las páginas siguientes profundizando  en algunos de los qués y porqués de las TPC.

PROBLEMÁTICAS EN TORNO A LAS TAREAS PARA CASA
Es algo muy comentado en los medios educativos, que los alumnos, de un modo general, estudian y trabajan cada vez menos. También son comunes comentarios como los siguientes: “los alumnos hoy día no estudian” y “no hacen ni las TPC”. Tanto a partir de estos indicadores de la calle, como por el apoyo a estas ideas recogido en los informes de OCDE y PISA, podemos afirmar que los alumnos dedican poco tiempo a su estudio y trabajo personal, lo que tiene implicaciones directas en sus bajas notas (Mourão, 2004).

La dedicación de tiempo en el estudio personal y, particularmente, en la realización de las TPC, es sin duda un factor determinante en el rendimiento académico de los alumnos. La investigación subraya y confirma la importancia que tiene el papel del “tiempo en la tarea” (time on task), tanto durante las clases, como posteriormente en casa completando las TPC y estudiando. A pesar de todo, conviene subrayar que, cuando hablamos en tiempo dedicado a las TPC, la investigación aconseja diferenciar entre la cantidad y la calidad de dicho tiempo. Invertir demasiado tiempo con las TPC puede significar, simplemente, insuficientes conocimientos previos o dificultades obvias para trabajar los contenidos. Así, dedicar poco tiempo en las tareas puede estar relacionado con una elevada eficiencia del alumno o, al revés, una gran incapacidad. Por ello, más importante que el tiempo utilizado, es la calidad y nivel de realización de las tareas prescritas, pues estos factores se relacionan positivamente con los resultados escolares de los alumnos. Los datos de un amplio programa de investigación de Cooper y colaboradores (1998) demuestran que las TPC ejercen una mayor influencia en los niveles de escolaridad más avanzados, en comparación con los niveles iniciales. Un examen más detallado de los beneficios de las TPC en los primeros cursos de primaria demuestra que los alumnos más pequeños tienden a ser menos eficientes que sus compañeros mayores en sus hábitos de estudio y en el control de los distractores, lo que pesará, de hecho, a la hora de hacer los trabajos prescritos. A esto se une los hallazgos de Muhlenbruck y colaboradores, dados a conocer en 2000, los cuáles sugieren que los profesores de primaria valoran más en las TPC la oportunidad del alumno de entrenar competencias de gestión de tiempo y hábitos de estudio que propiamente el trabajo de los contenidos. El desarrollo de estas competencias ocurre no solo en el amplio contexto de la escuela, sino también en el contexto casa-familia. Como compañeros en el proceso de aprendizaje de los alumnos, padres y profesores desempeñan un papel primordial en el desarrollo de las creencias y enfoques que acompañan las TPC.

A lo largo de la escolaridad, las TPC juegan un papel cada vez más importante en la consolidación de los aprendizajes. Si en los primeros cursos de primaria los profesores utilizan las TPC para desarrollar buenos hábitos de estudio y mejorar el auto-control, ya en los últimos años de primaria y en la ESO, los alumnos deberían empezar a asumir las TPC como una responsabilidad personal, anotando cuidadosamente las tareas prescritas, ejecutándolas a tiempo y verificando su realización. Así, consolidar buenos hábitos de trabajo debería ser un objetivo explícito en primaria. Los profesores y los padres deberían trabajar cooperativamente en el sentido de proporcionar una atmósfera de TPC suficientemente rica y favorecedora en oportunidades de modelación y orientación.

La asunción de responsabilidades en la gestión de tareas y en el estudio personal, competencias que alargan y profundizan el conocimiento del alumno sobre las asignaturas, corresponde a las características del paso de “aprendiz” a “experto”. Dicho de otra forma, las TPC debería ser uno de los hilos conductores en el camino hacia la maestría, dado que constituye una herramienta privilegiada de autorregulación.


Extraído de
ESCUELA-FAMILIA:
¿ES POSIBLE UNA RELACIÓN RECÍPROCA Y POSITIVA?
Pedro Rosário*, Rosa Mourão*, José Carlos Núñez**, Júlio António González-Pienda**y Paula Solano**
* Universidad de Minho (Portugal). **Universidad de Oviedo


sábado, 1 de enero de 2011

Las tareas escolares

Las investigaciones científicas demuestran claramente que los niños son mucho más aptos a tener éxito en el aprendizaje cuando sus familias los apoyan activamente.

Cuando las familias leen con sus hijos, dialogan con sus maestros, participan en la escuela o en otras actividades educativas y les ayudan con sus tareas escolares, les otorgan una gran ventaja.

Que ningún niño se quede atrás, reside la promesa de incrementar las normas para todos los niños y ayudar a todos los niños a alcanzarlas. Los maestros altamente capacitados y la instrucción basada en las últimas investigaciones científicas, pueden asegurar que las mejores estrategias educativas y los programas de más alta calidad alcancen a todos los niños para verdaderamente asegurar que "ningún niño se quede atrás." Sin embargo, las horas del día escolar son muy escasas y el tiempo que un maestro le puede dedicar a un alumno individualmente es limitado. Los maestros necesitan de la comprensión y la ayuda de las familias para apoyar la instrucción que se realiza en el aula. Una de las maneras más importantes que las familias pueden usar para apoyar la educación es demostrar un interés en las tareas escolares que los niños llevan a casa y encontrar las maneras más efectivas de ayudarles con ellas.

Las tareas escolares han formado parte de la vida estudiantil desde que la educación formal comenzó en los Estados Unidos. Son muy importantes porque pueden mejorar el razonamiento y la memoria de los niños. Pueden también ayudarles a desarrollar destrezas de estudio y hábitos intelectuales que les servirán el resto de sus vidas. Hacer la tarea fomenta el buen criterio en el uso de su tiempo, los alienta a independizar su aprendizaje y responsabilizarse por su trabajo.

Ayudar a los niños con sus tareas escolares también rinde múltiples beneficios para las familias. Por ejemplo, puede proveer una avenida para descubrir qué están aprendiendo los niños en la escuela y abrir una oportunidad para la buena comunicación tanto con sus niños como con los maestros y directores.

Su interés en la educación de sus hijos puede despertar su entusiasmo y ayudarlos a comprender que el aprendizaje trae consigo muchas recompensas y vale la pena. Esperamos que este folleto sea útil para usted y su niño.

tareaescolar

lunes, 27 de diciembre de 2010

Motivación familiar

Coloco el resumen y las conclusions del trabajo de investigación sobre Motivación Familiar, el resto pueden leerlo en Scribd.

RESUMEN
Con base en el Modelo de Expectativa-Valor de Elecciones (Jacobs y Eccles, 2000) se realizó un análisis cualitativo del proceso de interacción madre-hijo(a), vinculado con la motivación de este(a) último(a) hacia el aprendizaje escolar. Participaron 12 diadas madre-hijo(a). Los niños(as) cursaban 2º, 4º o 6º grado de primaria (niño y niña de
cada grado con alta motivación y grupo equivalente con baja motivación) y fueron seleccionados mediante la Escala de Orientación Intrínseca versus Extrínseca en el Salón de Clases de Harter (adaptada por Jiménez y Macotela, 2008). Se videograbó la interacción madre-hijo(a), mientras el niño(a) realizaba una tarea escolar en el hogar y después, se les entrevistó por separado. Se encontró que las madres de los niños(as) con alta motivación enfatizan los logros de sus hijos(as), les apoyan con mayor gusto y dedicación en la tarea escolar y establecen condiciones favorables en el hogar. Las madres cuyos hijos(as) presentan baja motivación, suelen limitarse a supervisar el cumplimiento de la tarea y emplean frecuentemente la crítica. Se concluye que es necesario diseñar programas para fomentar la motivación hacia el aprendizaje en el hogar.

CONCLUSIONES
El estudio de casos específicos en detalle y la comparación con otros casos permite hacer una generalización representativa del contexto y de los(as) participantes estudiados, que podrá hacerse extensiva a otras familias provenientes de un medio sociocultural semejante.
Dicha generalización constituye una hipótesis a considerar y no una conclusión. La información recolectada en el presente estudio verifica en lo general, la relevancia y la dinámica de las variables consideradas en el Modelo Cognoscitivo-Social de Expectativa-Valor y el Modelo de Socialización de los Valores en el Hogar de Eccles-Parsons y col. (en Jacobs y Eccles, 2000), los cuales sirvieron de base en la planeación de la investigación y el análisis de los datos.
En el grupo estudiado se confirma que las condiciones del hogar y las creencias y prácticas de las madres que enfatizan y estimulan el aprendizaje escolar, favorecen la motivación de sus hijos(as) hacia el aprendizaje.
El análisis detallado mostró la importancia que tiene la actitud de la madre hacia su hijo(a) y su trabajo escolar, en particular la confianza en las capacidades de su hijo(a) y el interés y entusiasmo con que realiza su labor de apoyo.
Los datos señalan que diversos factores socioeconómicos son mediadores de las creencias y conductas de las madres y los niños(as), y también permiten
apreciar que la interacción entre las madres y sus hijos(as) con alta motivación al aprendizaje, es más positiva. Se observó que el nivel socioeconómico influye
en las actitudes de la madre hacia el aprendizaje escolar de su hijo(a) y que el apoyo del padre al sostén del hogar y la relación de armonía y colaboración entre padre y madre, favorecen la dedicación de ella al trabajo escolar de su hijo(a).
En todos los casos analizados, se identifican deseos de progresar y se da importancia a los estudios; la diferencia estriba en lo que las madres hacen y sobre todo en cómo lo hacen, lo que señala la necesidad de impulsar y orientar la labor de las madres y los padres para que su esfuerzo en el hogar impacte favorablemente en la motivación de los niños(as) por aprender.

motivación familiar

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miércoles, 17 de noviembre de 2010

Cómo ayudar a nuestros hijos en los estudios

La tarea educadora de los hijos es un derecho y deber primario que tienen los padres. El resto de las instituciones que aparecen a lo largo de la escolaridad de un niño tratan de educarlo por delegación implícita que hacen los padres de ese derecho primero. Pero delegar una tarea, no quiere decir olvidarse, es por ello, que los padres no pueden omitir el derecho y deber primero a la educación de sus vástagos.

La interrogante que surge es.¿cómo ayudar a nuestros hijos en los estudios?, a esta pregunta vamos a tratar de darle respuestas:

1.- Creando un ambiente de estudio en casa
El ambiente que nos rodea es la influencia que tiene en nosotros el entorno que nos rodea. Watson uno de los iniciadores del conductismo en psicología, ya decía: “Dadme un niño y podré hacer de él o un criminal o un santo”. Con ello quería poner de manifiesto la influencia decisiva que tiene el entorno que nos rodea en la personalidad o en la manera de conducirnos. Somos lo que hemos aprendido a ser.

Crear un ambiente no es la actuación de unos días concretos, sin continuidad de manera esporádica para tratar de conseguir unos objetivos educativos. Crear un ambiente significa una actuación sistemática, perseverante para conseguir los objetivos marcados.

¿Cómo se crea el ambiente de estudio?:
Incidiendo desde todos los planos posibles para conseguir el objetivo, es decir, desde los valores a fomentar, ser laboriosos, ser constante en las tareas, valorar el esfuerzo, etc.
Cuidando los detalles materiales que favorezcan el trabajo: que exista un sitio para estudiar, este lugar deberá reunir algunas condiciones mínimas del tipo de las siguientes: aislamiento de ruidos y cosas que distraigan; iluminación suficiente; silla y mesa de trabajo funcionales para las tareas que se realizan normalmente.
Respetando los padres el tiempo de tareas sin interferir con otros encargos que puedan surgir, que la televisión no esté puesta en el tiempo de trabajo, etc.
Creando hábitos de estudio, es decir, repitiendo siempre el mismo horario de estudio, de trabajo.. en un ambiente de silencio.
Aprovechando los padres el tiempo de estudio para realizar ellos, si es posible, diversos trabajos que tengan pendientes para que sus hijos los puedan ver como modelos que van por delante y son dignos de imitar.
Teniendo un material base para el estudio: diccionarios, enciclopedias, libros de consulta.
Promoviendo para el tiempo libre actividades que tengan que ver con la cultura, con la lectura, con el afán de saber más.

2.- Los padres han de ir por delante en su afán por la cultura
Si los padres tiene, por ejemplo, curiosidad intelectual, afán de saber y afición por la lectura, serán un ejemplo estimulante para el estudio de sus hijos.

Los padres tienen que preguntarse hasta qué punto fomentan, sobre todo con el ejemplo, la cultura familiar. En este punto puede surgir la pregunta de cómo van a hacerlo, si los padres posiblemente no tienen el nivel de estudios idóneo, no son universitarios, y apenas pueden responder a las preguntas que les plantean sobre las dudas en las tareas escolares. En este punto hay que decir, que los hijos no piden un profesor particular en los padres, sino la coherencia en su preocupación por los temas culturales, su sensibilidad ante lo artístico, el afán de saber que han mostrado en su trayectoria personal. Son manifestaciones de esa sensibilidad cultural, la existencia de una biblioteca familiar, las revistas que entran, las conversaciones que se tienen, etc.

3.- Manteniendo una estrecha colaboración con el tutor y profesores de los hijos
Padres y profesores están metidos en una misma tarea: la educación de los niños, por ello, se ha de tirar unos y otros en la misma dirección y se precisa de una colaboración mutua.

En este punto como en tantos otros, hemos de estar en el término medio, no pasarse por un extremo ni por el otro. Hemos de estar en contacto con los profesores, pero no podemos estar un día si y otro no requiriendo información del profesor sobre cómo va nuestro hijo, porque ello puede resultar agotador para el profesorado. Tampoco hemos de pasarnos por el otro extremo, el no aparecer por el centro, el que nos desconozcan, por mucho que requieran nuestra presencia.

Término medio puede ser una entrevista en cada evaluación, en otros casos que nuestro hijo requiere una tutorización mayor por el colegio y los padres, la periodicidad de la reunión puede ser una vez al mes.

Los aspectos que se pueden tratar en esas entrevistas pueden ser:
Intercambiar información sobre la forma de ser: conducta del hijo estudiante: que capacidades mentales tiene más y menos desarrolladas y cómo las usa.
Qué disposición tiene hacia el estudio: ir tirando con el mínimo esfuerzo, muestra interés o no, es perseverante en lo que se propone o enseguida abandona...
Cómo estudia: qué dificultades principales encuentra en la realización de su trabajo, en qué necesita mejorar en concreto.
Que valores son los que se insiste en casa, y cuáles son los que se proponen en el centro.
Esta información del centro educativo se obtiene sobre todo a través de entrevistas periódicas entre padres y profesores. Conviene que los padres acudan a dichas entrevistas habiendo pensado que tipo de información necesitan y qué tipo de información pueden, a su vez, facilitar al tutor o a los profesores.

Convendrá fijarse conjuntamente algún objetivo común para la actuación de los padres y del centro. Conviene que sea preciso y medible, para que en la próxima entrevista que se tenga, empezar por la revisión del objetivo marcado, cómo ha ido, qué dificultades han surgido, cómo adaptarlo para ahora, etc.

En el intercambio de información bidireccional entre padres y profesor, ocurrirá que el profesor o los padres no pueden proporcionar la información sobre algún dato concreto que se le pide. Esto es perfectamente comprensible. Pero los padres no deben por ello renunciar a conseguir lo que se proponían. Pueden pedir al tutor que consiga esa información para la entrevista siguiente, bien a través de su observación personal, bien a través de otras personas de entre las que trabajan en el centro educativo (profesores de las diferentes asignaturas, psicólogo, etc.).

4.- Orientando a los hijos en el manejo de las técnicas de estudio

Los buenos resultados en el estudio depende de querer estudiar, saber estudiar y hacerlo, es decir nos estamos refiriendo a la motivación, a las técnicas de estudio y a la fuerza de voluntad para realizar lo previsto.

Ahora nos vamos a referir a la importancia de tener la suficiente competencia en el manejo de las técnicas de estudio. Éstas son el instrumento del trabajo intelectual, y de igual modo que si quisiéramos tener un jardín arreglado necesitamos de un instrumental: azada, rastrillo, tijeras.... para realizar nuestro propósito, de igual modo nuestra inteligencia necesita de un instrumental para ser eficaz en el estudio. Por otra parte, nuestro método de estudio siempre es perfeccionable, siempre algo se puede hacer mejor con el menor esfuerzo, mejor y en el menor tiempo posible.

Hay que decir que el primero y principal instrumento que se necesita para el estudio es la lectura, de manera que nuestro hijo tenga las suficientes habilidades en comprensión, velocidad y entonación correcta en la lectura. Si este aspecto básico no se ha desarrollado en su momento con la suficiente eficiencia, posteriormente será la causa originaria del fracaso escolar que aparecerá.

Otras técnicas de estudio que nuestro hijo debe manejar adecuadamente son:
Saber organizarse el tiempo.
Saber hacer esquemas, resúmenes.
Saber subrayar un texto.
Pasos a seguir para estudiar un tema.
Es muy probable que en el centro educativo haya un plan de acción tutorial en el que figurarán la impartición a los alumnos de las técnicas de estudio, pero a veces no se practica lo suficiente, y los padres tienen que suplir en ello.

Así pues, la primera tarea es detectar en qué falla nuestro hijo, los defectos de estudio más comunes son: memorismo, estudiar sólo para el examen, dependencia excesiva del profesor y del libro de texto (falta de iniciativa), no saber distinguir lo importante de lo secundario, dificultad para expresar oralmente y por escrito, dificultad para relacionar y sintetizar conocimientos, mal uso del tiempo...

Una vez que entendemos en qué falla y en qué hay que actuar, habrá que hacer un plan para tratar de superar esos puntos débiles.

5.- Animando al estudio sin sermonear
Hay que empujar al estudio sin que se note, sin sermonear, ya que el insistir en un mensaje con oportunidad y sin ella en los adolescentes, puede ser contraproducente. Sermoneamos en la medida que insistimos demasiado en un punto sin que sea el momento oportuno para ello.

Hemos de valorar el esfuerzo y la dedicación de nuestro hijo al estudio más que sus resultados. No ha de centrarse toda la valoración de su hijo en sus notas. Hay que mirarle como persona y en un contexto más amplio que el mero rendimiento académico.

Resaltar sus propios progresos, aunque no estén a la altura de lo que a nosotros como padres nos gustaría. Hay que dar tiempo, lo importante es que vaya subiendo cota, aunque en un momento parezca que está retrocediendo. Recuerden que los éxitos, aunque sean o nos parezcan pequeños, son una pieza clave para mantener el interés.

No poniendo, de entrada, las metas demasiado lejos, para que no cunda el desánimo. Por regla general, son más eficaces los pactos familiares sobre aspectos concretos y con refuerzos también concretos, que los grandes discursos de los que se suele abusar.

6.- Procurando las ayudas pedagógicas oportunas cuando sea necesario
Cada hijo tiene su propio ritmo de aprendizaje, los puntos fuertes en el conocimiento y materias en las que presenta lagunas o dificultades. A estos alumnos hay que dar la respuesta pedagógica adecuada, que puede ir desde nuestra ayuda personal hasta ponerle un profesor particular.

Vamos a analizar algunas de las posibles respuestas:

a) Encargarse los padres.
Teóricamente parece una de las más idóneas porque el conocimiento profundo que los padres tienen de sus hijos les lleva a saber exactamente qué es lo que tiene que superar su hijo, además los padres están revestidos de una autoridad que no tienen otros que pueden intervenir, como son los hermanos.

La dificultad que tiene esta opción es que los padres han de disponer de suficiente tiempo para poder dedicarlo a la ayuda escolar de los hijos. Asimismo han de tener los suficientes conocimientos para ayudar a sus hijos en esas materias.

b) Encargarse algún hermano mayor.
Tiene la ventaja de hacer partícipe a un hermano mayor de la responsabilidad de ayudar a un hermano. Esto crea más unidad familiar entre los miembros al tener un propósito común. Otra ventaja es que entre alumnos se explican de manera más didáctica y con el mismo lenguaje las cosas que tienen dificultades.

Puede tener la dificultad de la falta de autoridad que tiene un hermano de manera que no siga las indicaciones que se le hacen. Otra dificultad es la falta de perseverancia en el encargo que se ha asignado a ambos cuando surgen las dificultades. Suele pasar que el hermano a quien se le ha encargado la atención académica, se escude en que él tiene bastante que hacer y no puede perder el tiempo con su hermano, que además no responde a veces a sus indicaciones.

Para subsanar estas dificultades puede ser conveniente asignarle una paga al hermano con el fin de darle más seriedad y responsabilidad.

c) Tener un profesor particular.
Que puede reforzar aquellas materias en las que tiene más dificultades. Para que un profesor particular sea una ayuda para nuestro hijo, hemos de tener en cuenta los siguientes puntos:
Los contenidos que se vean en las clases particulares han de estar supeditados y ser complementarios a los que se desarrollan en el centro educativo por el profesor de esa materia.
Es conveniente que sea una situación provisional, durante un tiempo. Hemos de tener en cuenta que lo normal es que vaya avanzando por los distintos cursos sin que necesariamente precise de un profesor particular. Se requerirá para situaciones extraordinarias: unos suspensos que indican lagunas importantes, dificultades significativas con área determinada, promocionar a un curso superior sin tener afianzado el anterior, cuando el niño no pueda seguir el ritmo normal de la clase....Sin embargo, puede pasar que lo extraordinario se convierta en ordinario.
Los padres deberán contar con la opinión del tutor y otros profesores. De esta forma, en caso afirmativo puede establecerse, además, una colaboración entre el profesor particular y los profesores del centro.

7.- Siguiendo el quehacer diario sin agobiar
Hemos de seguir el día a día del quehacer diario. El criterio es que cuanto más pequeños más de cerca hemos de hacer el seguimiento de las tareas de nuestros hijos, cuando van siendo más mayores y han ganado en autonomía y responsabilidad, les podemos dar más distancia en el seguimiento.

Hay que saber qué exámenes tienen, qué resultados están obteniendo, con qué dificultades se encuentran, cuáles son sus actitudes, disposiciones....

Hay que guardar un equilibrio entre dos posturas extremas, una hacer un seguimiento pormenorizado, que puede resultar agobiante a nuestros hijos, y que en algún momento determinado hay que seguir esa estrategia porque requiere una tutorización especial, pero que si se aplica más tiempo puede ser contraproducente. Y la otra postura es no preocuparnos por sus cosas, seguirlo a mucha distancia, de manera que indique despreocupación por nuestra parte. El criterio como se ha dicho antes es ir de más seguimiento a menos según va teniendo más años, pero cada caso es único.

Un objetivo educativo que hemos de marcarnos los padres es que tengan la suficiente madurez y autonomía para organizarse nuestros hijos en el tema de los estudios, y también sería extensible a otros ámbitos. Pero centrándonos en el primero, lo deseable sería que cuando están en el primer ciclo de la enseñanza secundaria obligatoria, es decir, con 13-14 años, nuestros hijos se pudieran organizar por si mismos el horario de estudio, si se van a levantar por la mañana o se quedan por la noche porque tienen un examen....

Hemos de tener en cuenta, que los padres podemos mandar que estudien, que hagan esto o aquello otro, pero esto se puede hacer cuando tienen pocos años, porque aceptan nuestras indicaciones sin rechistar, pero cuando llegan a la adolescencia, si no va saliendo de ellos mismos el hacer las cosas, porque entienden que así lo tienen que hacer, poco podremos hacer con imposiciones si nuestros hijos no están dispuestos a estudiar.

Para ir consiguiendo esta meta educativa, los padres tenemos que empezar desde pequeños, poco a poco, que sean ellos los que hacen las cosas porque así lo van decidiendo, con autonomía, aunque a veces haya que mandarles, pero con la tendencia que sean los que llevan las riendas de los estudios.


Fuente
Escuela de Padres
MEC
Ministerio de Educación de España

miércoles, 7 de julio de 2010

Consejos sobre el arte de pactar

    Una de las mejores maneras de conseguir una relación saludable entre hijos y padres es llegar a pactos. El pacto hay que entenderlo como un acuerdo entre las dos partes y realmente no es difícil llegar a pactar y enseñarles a los niños pactar. En definitiva se pretende que el niño aprenda a responsabilizarse de una obligación y asumir una tarea por algo que acuerda previamente con su papá o mamá. Deben aprender desde muy pequeños que existe una finalidad en todo lo que hacemos. Hay veces que les dejamos plena libertad para que hagan lo que quieran sin ningún objetivo definido (siempre viene bien y es necesario que tengan tiempo libre para jugar), y otras deben ser conscientes de que hacen algunas actividades porque han llegado a acuerdos previos y responsables con los mayores.

Veamos algunos consejos sencillos de llevar a cabo:
  • Espere recibir del niño algo que usted necesite realmente, o que le sería de gran ayuda, y no aquello que a su hijo le guste hacer o cumplir de todos modos.
  • Evite los pactos a posteriori: “Ayer te llevé a casa de tu amiga, ahora deberías hacer algo por mí”. Esto hace que el niño se sienta culpable; no es un buen trato.
  • Obligue al niño a cumplir su parte del trato pronto y rápidamente. Los acuerdos contractuales a largo plazo se olvidan o se modifican. Los niños creerán que se han librado de cumplir su parte del trato y los padres tendrán la impresión de haber sido estafados.
  • Cuando el niño hace algo por el padre sin intentar llegar a un trato (a veces ocurre), hay que devolver el favor cuanto antes.
    Hay que recordar a los niños los pactos a los que se han comprometido sin castigarles por no haber cumplido su parte. La consecuencia será la negativa del padre a hacer otro pacto en un breve espacio de tiempo. Limite su buena disposición a hacer favores a un niño que no los devuelve.

Al establecer un pacto se pretende que el niño aprenda a responsablizarse de una obligación y asumir una tarea previamente acordada con sus padres

Fuente
Escuela de Padres
MEC
Ministerio de Educación de España

jueves, 11 de marzo de 2010

EL NIÑO QUE NO HACE LAS TAREAS ESCOLARES

Es frecuente en la enseñanza escolar que algunos niños no sigan el ritmo de sus compañeros y se retrasen en su aprendizaje, olvidando las tareas y estudios encomendados para el hogar.

 Los grandes enemigos del trabajo en el hogar son la televisión y los juegos de video que han invadido los hogares. Pero este no es un problema que haya aparecido con estos elementos.


 Anteriormente eran el fútbol callejero o la bicicleta en los niños y muñecas en las niñas.


 No es extraño que estos niños estén desatendidos durante las horas en que debieran estudiar, quedando a su deseo el hecho de cumplir o no con sus tareas. Muchas veces estos niños se sienten desmotivados porque sus éxitos, aunque menores, no han sido reconocidos por sus padres


En otras ocasiones alguno de los padres ha enviado el mensaje, que los estudios no son garantía de triunfo en la vida y pone por ejemplo su propio caso.


 Sin embargo lo más frecuente es la falta de método y supervisión que el niño encuentra en su casa. Las llamadas de atención de los profesores muchas veces antes de avergonzarlos frente a sus compañeros lo convierten en un líder negativo que algunos pueden imitar.


 Otros ven en su mal rendimiento la forma de llamar la atención de padres distantes, que ante el riesgo del fracaso escolar buscan la manera de ayudarlo en sus tareas.

 

¿Cómo ayudar a recuperar la responsabilidad?

 Deje las cosas claras en cuanto a horarios en el hogar, de tal a tal hora se le dedica a los estudios, de tal a tal otra al orden de la habitación y de tal a tal otra a los juegos o televisión. No transija en cuanto a esta distribución. Proporcione un ambiente de tranquilidad durante el horario de estudios. Si uno de sus hijos está estudiando, el otro no puede estar viendo TV o jugando con videojuegos.


Entregue la responsabilidad total de las tareas escolares a su hijo y manifiésteselo. Él es una persona que está estudiando para su futuro y no para el de sus padres o hermanos.


Si no cumple con las tareas, que asuma las consecuencias en el colegio, no como un castigo añadido, sino como un apoyo al colegio y los profesores.


 Sin embargo si su hijo le pide ayuda en determinadas materias, demuestre su interés, ayúdelo y aproveche de comentar lo que ya sabe y lo bien que está haciendo su trabajo.


 Es conveniente entrevistarse con el tutor/a o los profesores, probablemente aprenderá mucho de su hijo a través de ellos, como los intereses y aficiones del niño.


 No pida imposibles, nadie puede mejorar en un 100% en pocos días o semanas. Los pequeños logros son tanto o más importantes en esta etapa, que los grandes que vendrán después. El sacar buenas notas debe ser motivo suficiente para felicitarlo y demostrar entusiasmo por su mejoría. Dígale claramente que se siente orgulloso de ese cambio y que está seguro que éste continuará. Si en algún momento hay un retroceso, ignórelo y recuerde los pequeños éxitos recientes como argumento de que las cosas ya cambiaron.


 En este punto puede prometer incentivos para el mejor rendimiento (los cuales deberá cumplir religiosamente). Estos deberán ser proporcionados al logro. No exagere o después no tendrá qué prometer. Recuerde que estos incentivos deben ser atractivos para el niño, no para Ud.


Averigüe cuales son sus deseos escondidos y sus gustos.


El incentivo ideal debiera ser aquel que aumenta las ocasiones para compartir los tiempos juntos, pero no siempre puede ser así. Respete las aficiones y los intereses de su hijo y en algunos casos adhiérase a ellos. Algunas veces el premio puede ser un juguetillo, una golosina pero los premios mejores son los referidos a actividades tales como: organizar una merienda, ir al cine…etc.


 

CONSEJOS PARA TENER ÉXITO CON LAS TAREAS

·  Asegúrese de qué tipo de tarea han mandado los profesores y qué es lo que se espera del niño al realizarla. De igual forma, asegúrese de que su hijo/a la realice. Recuerde que mientras más se implique usted, más lo hará su hijo/a.


 · Disponga de un lugar tranquilo en donde su hijo/a pueda realizar su tarea. Haga que sea un lugar con pocas distracciones, pero lo suficientemente cerca de Ud. para que le pueda consultar cualquier duda.


 · Procure que tenga todos los materiales necesarios a mano, antes de iniciar el trabajo, de esta manera evitará distracciones.


 

· Procure que el niño tenga un horario determinado de estudios y asegúrese de que lo cumpla. Evite que el niño realice actividades escolares al final de tarde-noche. Al final de la jornada diaria el niño/a no tendrá energías para asimilar conocimientos.


 

· Refuerce el trabajo que está realizando el niño/a.


· No recompense el haber hecho la tarea, recuerde que es una obligación hacerla y que al tratar de recompensarla se está dando un mensaje implícito de que hacer tareas es algo tedioso y que no le trae beneficios.


 

· Aproveche cuando el niño juega o cuando practica cualquier actividad fuera del horario de estudios para relacionar lo que está haciendo con los contenidos que está estudiando en el colegio.


 

· Estimular el conocimiento de conceptos básicos espaciales, temporales, de forma, colores….


 

· Estimular factores como la curiosidad, imaginación, atención…


Indique los colores de las cosas cotidianas (sol, naranja, hierba, cielo…). Juegue con él/ella a clasificar por colores, formas, tamaños. Para ello puede usar material como: pinzas de la ropa, botones, juguetillos, canicas…


Juegue a situar objetos en el espacio; aprenderá conceptos básicos que luego deberá aplicar en el colegio (delante-detrás, arriba-abajo, cerca-lejos, dentro-fuera, alto-bajo,…).


Para introducir al niño en el reconocimiento de números use juegos como la oca o el parchís.


Ayúdalo/a a descubrir los números que encuentra cada día: puerta, piso, teléfono, monedas…


Para enseñarlo/a a contar, hágalo con cosas concretas (cucharas, botones, galletas, árboles…).


 Desarrollan la inteligencia y la imaginación juegos y actividades como:


· Disfrazarse.


· Adivina-adivinanza, veo-veo…


· Absurdos y errores. Por ejemplo: ¿qué pasa si echamos el agua sin quitar el tapón de la botella?, ¿qué pasa si metemos un helado en el horno?,supongamos que..(hay árboles de caramelos, llueve leche…).


· Ponerles distintos finales a los cuentos.


· Enseñarle a contemplar objetos desde diferentes puntos de vista: el teléfono por debajo, el cuadro por detrás…


· Observar objetos con una lupa comentando lo que ven.


· Hacer preguntas abiertas que susciten interés, desconcierto, deseos de profundizar…


· Esconder objetos.


· Acudir con sus hijos a exposiciones, títeres, teatros, museos…y conversar sobre lo que han visto.


Puzzles y rompecabezas son una actividad lógica que desarrolla también la atención, la orientación espacial y la percepción de formas. Se pueden hacer con revistas, tapas de cuentos viejos…


Juegos desmontables, de construcción, de dominó, hilvanar cuentas o botones, emparejar colores, hojear cuentos, recortar con tijeras romas, garabatear, imitar trazos…refuerzan destrezas que le facilitan el aprendizaje de la lectoescritura y cálculo.


 


Fuente:

http://heliosorienta.wordpress.com


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