viernes, 10 de julio de 2020
viernes, 23 de febrero de 2018
LAS SEÑALES QUE INDICAN QUE AÚN NO SABEMOS EDUCAR EN IGUALDAD
Las ideas sexistas son tantas y están tan
arraigadas que es prácticamente imposible librarse de ellas
Estamos permanentemente sometidos, entre otras
cosas, a un bombardeo constante de publicidad, películas y series de televisión
que resuman estereotipos de género y estamos tan habituados a ello que no nos
damos ni cuenta de la cantidad de ideas absurdas que acaban por instaurarse en
nuestra vida y que nos hacen actuar de manera sexista, seamos hombres o
mujeres, tanto con niños como con niñas.
Yo he caído en muchas de esas costumbres que ahora
creo que son horrorosas. Desde el momento de elegir la ropa de mis hijos cuando
eran más pequeños, hasta decidir sobre la longitud de su cabello, o los
pendientes en el caso de las niñas. Lo reconozco, algunas costumbres son más
ridículas que otras, por eso intento ser cada vez más crítica con esto. Creo
que son tantas las ideas sexistas y que están tan arraigadas que es
prácticamente imposible librarse de ellas. Podemos intentarlo, pero para ello
tenemos que ser muy conscientes de todo aquello que decimos y hacemos y que
pueda estar condicionando a nuestros hijos en el sentido de seguir manteniendo
dichos estereotipos. No debemos olvidarnos de que somos un modelo para ellos, y
que todo lo que hagamos o digamos estará dejando huella en su educación.
Uno de los primeros obstáculos que nos podemos
encontrar en la búsqueda de una educación no sexista son los juguetes. Hay
juguetes para niños y para niñas, y es una lástima, porque las consecuencias de
esta distinción entre juguetes para ellos y para ellas no son despreciables.
Los juguetes que incitan a pensar, a resolver dificultades lógicas o
matemáticas, potencian en los niños y niñas un tipo de razonamientos y
pensamientos diferente a otro tipo de juguetes como los peluches o las muñecas.
Si le damos los peluches a las chicas y los juegos de construcciones a los
chicos, de manera similar a lo que hicieron los voluntarios de aquel
experimento publicado por la BBC, y mantenemos ese tipo de juegos durante un
largo periodo de tiempo de sus infancias, lo cual suele ocurrir a menudo,
podríamos estar modelando el cerebro de las niñas en cierto sentido para que se
interesen menos por las materias que tengan que ver con las matemáticas o la
tecnología. ¿Explicaría esto que haya menos mujeres que hombres en ciertos
sectores profesionales, como las ingenierías? ¿Hacemos creer a nuestras hijas
que son menos inteligentes que los chicos?
La selección de las actividades extraescolares está
también dominada por las ideas sexistas. Así, lo más típico es escoger fútbol o
robótica, para los chicos, y baile o patinaje para las chicas. Algunas historias,
como la de Billy Elliot e incluso la de Hugh Jackman, al que sus propios
hermanos llamaron “nenaza” cuando dijo en casa que quería estudiar
danza, nos demuestra lo gravemente afectados que estamos en general por
las ideas machistas. Tampoco lo tienen nada fácil las chicas que juegan al
rugby. ¿Qué problema hay en que una chica juegue al fútbol o en que un chico
patine?
Por otra parte, creo que, como padres, deberíamos
evitar decir frases tan perversas como la de “los niños no lloran”, porque son
las que llevan a los chicos a tener que ser fuertes, a no mostrar sus
sentimientos, y a asociar el llanto con una señal de debilidad, que, por otra
parte, se hace propio de las niñas. Deberíamos eliminar las comparaciones
despectivas hacia las chicas, porque si no se perpetúan ideas como la de
que correr como una niña sea un insulto. Y también pegar como una niña se
asocia a debilidad y cobardía. Así, las chicas llegan a la adolescencia
habiendo idealizado la imagen del chico malote como referente masculino atractivo.
En este sentido, recomiendo la lectura de un documento publicado por el
INJUVE que analiza como los chicos y chicas conforman su identidad a
través de los modelos machistas, para que nos demos cuenta de cuántos errores
cometemos en la educación de nuestros hijos.
La ropa es otro factor que marca unas diferencias
enormes, y del que es muy complicado escapar. Los uniformes de muchos
colegios siguen manteniendo la falda solo para las chicas. Las faldas son
solo para ellas, muchas veces obligatoriamente, aunque multitud de chicas las
odien. La comodidad y la libertad de movimiento no importan, si no pueden jugar
tranquilas sin enseñar la ropa interior, es preferible que no jueguen y que se
queden sentadas con las piernas cruzadas. Creo que, como padres, podríamos ser
más críticos con esto.
Así, además, permitimos a las niñas pintarse las
uñas, pero no a los niños. Ellas tienen que llevar el pelo largo, y si no
lo llevan pueden llegar a producirse situaciones como la ocurrida en el pasado
sorteo de la lotería de Navidad, cuando alguien pensó que una de las niñas
de San Ildefonso era en realidad un chico porque llevaba el pelo corto. Ni
siquiera la falda o los pendientes, otra de esas costumbres vinculadas al
género, la salvaron. Al contrario, hubo quien pensó que era un valiente niño
transgénero. Y que a ningún niño se le ocurra ponerse una falda, o un vestido,
o un traje de princesa Disney, porque ya no sería un machote. Peor visto
está incluso esto último que el hecho de que una niña se vista con prendas
masculinas.
Por otra parte, tratar de liberarse de estos
estereotipos puede suponer dejar a tu hijo o hija desprotegido ante una
sociedad que sigue insultando sin pudor en público y en redes sociales al que
es diferente, sin ningún escrúpulo, aunque sea un menor de edad. Hay que ser
muy inconsciente o muy valiente para publicar una foto de tu hijo vestido
de princesa. porque el sufrimiento al que se puede ver sometidos, las
vejaciones y humillaciones pueden ser demoledores.
Dicen los expertos que es a partir de los 10
años cuando los niños interiorizan los estereotipos de género, pero
también hay quien apunta que a los 6 años las niñas ya se perciben menos
inteligentes que los niños. Así que en casa desde el primer momento
debemos tratar de evitar someterlos a roles sexistas, que les hagan pensar que
unos son más listos que otras, y por supuesto tenemos que estar pendientes de
cómo educamos en lo referente a las diferentes tareas domésticas y actitudes
relativas al cuidado de otras personas. Y por supuesto, tratar de ser muy
críticos con las lecturas, las películas, las series de televisión o
la música y videoclips que escuchan.
Por:
Eva Bailén
Fuente: https://elpais.com/elpais/2018/02/13/mamas_papas/1518533893_460334.html
martes, 13 de febrero de 2018
UNICEF: SEGURIDAD EN INTERNET
Estás en línea y
te encuentras con algo que te incomoda o te preocupa. O te enteras de que
alguien está acosando a un amigo tuyo de la escuela y no sabes qué hacer. O tal
vez, los mensajes que recibes pasan de amistosos a amenazantes.
Estar conectado
tiene muchísimas cosas buenas, pero existe una tendencia a hacer un uso inadecuado
y excesivo de internet y son los jóvenes los que están pagando las
consecuencias.
¿Cómo podemos
lograr que internet sea un lugar más seguro para todos? Estas son algunas ideas
que ya puedes llevar a cabo:
- Comparte estos videos para difundir el mensaje de la seguridad en
internet y logra que tus amigos hablen del tema.
- Comparte con nosotros tus consejos para garantizar la seguridad en
línea. Nosotros compartiremos los mejores con el resto del mundo.
- Revisa tus ajustes y tus contraseñas: ¿tu contraseña es
12345? ¿La has compartido con algún amigo? ¿Quién puede ver lo que
publicas en línea? ¿Cuándo fue la última vez que revisaste tus ajustes de
privacidad?
- Y recuerda, ¡esto empieza por ti! No difundas rumores ni compartas
historias o fotos que puedan hacer daño o avergonzar a otra persona. Lo
que a una persona puede parecerle una broma inofensiva, a otra podría
herirla profundamente.
Unámonos para eliminar la violencia en línea. #ENDviolence.
Participa
Descarga estos consejos para
garantizar tu seguridad en línea, y compártelos con tus amigos o con tu clase.
Comparte estos videos para difundir el mensaje
y logra que tus amigos hablen del tema.
Escribe
una entrada de blog sobre la seguridad en internet en La Juventud
Opina.
Piensa antes de
aceptar
Antes
de aceptar una petición de amistad, deberías mirar el perfil de la persona y
tratar de averiguar quién es. Recuerda: hay personas que, a veces, se hacen
pasar por alguien que no son, y es difícil saber si nos están diciendo la
verdad.
¿Tienen amigos en
común? ¿Son de la misma ciudad? No te sientas obligado a aceptar peticiones de
amistad extrañas. Comprueba tus ajustes de privacidad para que la gente que no
conoces no pueda ver la información que no quieras que vean.
Piensa
antes de enviar
No
difundas rumores ni compartas historias o fotos que puedan hacer daño o
avergonzar a alguien. Lo que podría parecer una broma inofensiva puede herir
profundamente a otros.
Piensa
dos veces antes de hacer clic en “enviar”, especialmente si estás molesto o
enfadado. Cuando ya has compartido un mensaje, una foto o un video, es difícil
controlar lo que pueda pasar. Hacer como que no ha ocurrido es prácticamente
imposible.
Y recuerda que
tienes derecho a la privacidad, al igual que los demás. No está bien acceder a
la cuenta de otra persona ni utilizar su teléfono sin su permiso.
Piensa
antes de compartir
Puedes
cambiar los ajustes de privacidad de tus plataformas de redes sociales para
tener más control sobre quién ve tu información, así como todas las ubicaciones
en las que te has registrado.
Piensa
con cuidado qué compartes y con quién. No compartas información personal, como
por ejemplo tu dirección, tu número de teléfono o los detalles de tu cuenta
bancaria. Y, lo más importante, ¡no compartas tus contraseñas!
Si tus ajustes
de privacidad no son seguros, cualquiera puede acceder a tu información.
Denuncia
Si ves algo que
te molesta o te hace sentir mal en las redes sociales, puedes denunciarlo. En
muchas plataformas de redes sociales puedes denunciar una foto o una
publicación específica si va en contra de las normas de la comunidad. La
mayoría de plataformas de redes sociales te permiten “bloquear” a una persona
para que tú no puedas ver el contenido de su perfil y ellos no puedan contactar
contigo ni enviarte mensajes.
Denunciar abusos
/ páginas de seguridad:
Comparte
tus temores
Si
estás preocupado por tu seguridad o por algo que te ha pasado en línea, habla
inmediatamente con un adulto de confianza. También puedes visitar Child
Helpline International para buscar ayuda en tu país. Muchos países cuentan con
una línea de ayuda a la que puedes llamar sin coste para hablar con alguien de
forma anónima.
Descarga estos
consejos para garantizar tu seguridad en línea. Puedes imprimirlos y
compartirlos con tu profesor y tus compañeros. La seguridad en línea es una
responsabilidad de todos. Juntos podemos eliminar la violencia en línea.
#ENDViolence.
Fuente de la
Guía:
https://www.unicef.org/spanish/online-safety/
Unicef es un
programa de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con base en Nueva York
y que provee ayuda humanitaria y de desarrollo a niños y madres en países en
desarrollo. Es uno de los miembros y la comisión ejecutiva de la United Nations
Development Group.
miércoles, 1 de febrero de 2017
PADRES DE FAMILIA, SIN SU PARTICIPACIÓN NO ES POSIBLE LA CALIDAD DE LA EDUCACIÓN.
LA SOCIEDAD Y DE MANERA
ESPECIAL LOS PADRES DEBEN ENTENDER QUE, SI BIEN EL ATRASO ESCOLAR
(NO-APRENDIZAJE O MALA CALIDAD DE DICHO APRENDIZAJE), LA REPETICIÓN DEL AÑO Y
HASTA EL ABANDONO SON UN FRACASO DE LA ESCUELA, DE SUS MAESTROS Y DE SU
PROYECTO PEDAGÓGICO, TAMBIÉN DEBEN SER CONSIDERADOS COMO UN FRACASO DE LOS
PADRES.
En Colombia, a partir de esta semana regresarán a las aulas escolares
más de 9 millones de niños, adolescentes y jóvenes de la educación básica y
media, o irán al preescolar cerca de 700.000 niños, por primera vez.
Este hecho, que debería ser un gran acontecimiento nacional, como
siempre, pasará desapercibido y no tendrá ninguna repercusión social o
gubernamental. Qué bueno sería que el Ministerio de Educación Nacional, MEN, y
sus entidades adscritas se movilizará junto con las Secretarías de Educación,
por lo menos en las dos o tres primeras semanas del año escolar, para lograr
que la sociedad comprenda que los colegios no son los únicos responsables de la
educación y de la calidad de la misma; que se aprende toda la vida; que el
hogar es la primera escuela y la más importante para el desarrollo inicial del
cerebro de los niños y de su proceso de formación; y que los colegios sin la
ayuda y la participación de los padres de familia jamás podrán ser de buena
calidad de manera integral.
Cuando escribo que el MEN y las Secretarías se movilicen, estoy pensando
en algo así como planear, promover y motivar de manera sencilla la participación
de los padres y de las familias en la educación de sus hijos a través de las
redes sociales, medios masivos de información, videos, folletos, entre otros.
Un buen ejemplo de la capacidad de movilización institucional es el esfuerzo y
los recursos que el MEN se ha gastado en demostrar que el Programa es la
panacea en el acceso, la equidad y la calidad de los más pobres en educación
superior. Pregunto: No sería mejor que esta plata en propaganda no la
gastáramos en apoyar a la Labor de los maestros y padres de familia desde
afuera.
Imaginemos por un momento que durante dos o tres semanas todos los años
los padres de familia de Colombia que vean televisión u oigan radio se
acostarán recordando un eslogan sencillo del MEN mediante el cual se promueve
que ellos lean 15 minutos a sus hijos o los escuchen leer, al menos 4 o 5 días
a la semana. O Lograr que los padres comprendan la importancia de hacer
preguntas inteligentes a sus hijos, que vayan más allá del contexto tradicional
del ¿cómo les fue? o ¿qué hizo hoy en el colegio?, o motivar que los padres
asistan por iniciativa propia a los colegios 4 o 5 veces al año, y se pongan de
acuerdo con los docentes sobre cómo ellos pueden ayudar al hijo desde casa, de
manera más efectiva, en su formación, desarrollo y deberes educativos.
Recordemos que los estudiantes, de 365 días que tiene un año, solo asisten a
los colegios cerca de 170 días a clase durante 6 u 8 horas diarias, el resto
del tiempo, más del 80%, ellos están en casa.
Para la mayoría de padres de familia o adultos responsables de los niños
y adolescentes que estudian en la educación básica y media el ingreso de sus
hijos a los colegios se convierte en un descanso. Siguen pensando que el
colegio es una especie de guardería donde los maestros tienen el deber de
cuidarlos, entretenerlos, educarlos y ojalá disciplinarlos, sin ninguna
responsabilidad y acompañamiento de padres de familia.
La evidencia proporcionada en diversos estudios de investigación
educativa ha demostrado un vínculo claro entre la participación de los padres
de familia y el éxito escolar de los niños y adolescentes, de manera especial
se destaca cómo los padres que participan y están enterados sobre los objetivos
educativos de los colegios y del trabajo que realizan los docentes en el aula logran
un mejor apoyo emocional y una mayor motivación hacía el esfuerzo académico de
los estudiantes. Ojo, a los padres no se les exige una habilidad específica o
un dominio sobre un área o saber para ayudar a los estudiantes, sólo conocer
qué pasa en la escuela y tener una actitud positiva hacía lo que allí sucede,
esas son herramientas suficientes para lograr que ellos motiven y participen de
la educación de sus hijos (Grolnick et al. (2009). Parenting and children’s
motivation at school).
La sociedad y de manera especial los padres deben entender que, si bien
el atraso escolar (no-aprendizaje o mala calidad de dicho aprendizaje), la
repetición del año y hasta el abandono son un fracaso de la escuela, de sus
maestros y de su proyecto pedagógico, también deben ser considerados como un
fracaso de los padres o de los responsables directos de los niños o
adolescentes. Este último punto no lo tienen entronizado la mayoría de padres
de familia y por ello la mala calidad de la educación o el fracaso escolar se
considera una responsabilidad exclusiva de los colegios, o de los docentes y
hasta, para algunos, culpa de FECODE, cuando ocurre en los colegios oficiales.
Por lo anterior, me pregunto: cuándo el MEN y las autoridades educativas
incluirán en la política educativa el desarrollo de mensajes, campañas de
educación y programas de formación en los colegios que estimulen a los padres
de familia en el propósito de promover su participación en la educación de los
hijos, de manera especial, en los barrios, municipios y regiones más pobres del
país, donde viven las familias como menos educación y riqueza, y donde, se
requiere más y mejor educación para los niños.
Por: Angel Perez.
Fuente: http://www.dinero.com/opinion/columnistas/articulo/padres-de-familia-participacion-en-calidad-de-educacion-angel-perez/241400
martes, 13 de diciembre de 2016
POR QUÉ DEBES DEJAR QUE TUS HIJOS SE ABURRAN
Las vacaciones de Navidad ya están a
la vuelta de la esquina. La iluminación y la decoración de avenidas y plazas,
el espumillón de los escaparates y el ajetreo en las calles anuncian la
cercanía de un tiempo de celebración que muchas familias viven con ansiedad,
bajo la premisa de que el aburrimiento debe desterrarse de la rutina de sus
hijos. Esta circunstancia genera en los hogares situaciones de estrés y
ansiedad, en un intento de los padres por rellenar con múltiples actividades
cada una de las horas que los pequeños pasan en casa. Se trata, en la medida de
lo posible, evitar escuchar: “Papá, mamá, me aburro”.
Una situación, la de mantener a
nuestros hijos continuamente entretenidos, a la que cada vez más expertos son
contrarios. En opinión de alguno de ellos, el aburrimiento es una sensación
positiva que todos, niños y adultos, podemos y debemos experimentar. Y lo
defienden como una situación a la que nuestros hijos necesitan enfrentarse y
resolver por ellos mismos.
Consuelo Coloma, psicóloga educativa
coordinadora de la Universidad de
Padres, se muestra partidaria de que los padres dejemos a nuestros
hijos que experimenten ese “aburrimiento”. En su opinión, “los momentos de no
saber qué hacer son positivos siempre que se produzcan de manera natural, sin
fomentarlos artificialmente”.
“De unas cuantas generaciones hasta
nuestros días, los padres han buscado un papel más activo en la vida de sus
hijos. Quizás, por ello, hemos perdido un poco la capacidad de saber
diferenciar en qué momentos es necesario que estemos presentes como padres y en
cuáles no, para favorecer que sean ellos mismos los que experimenten”, afirma
Coloma. “Hoy en día, los niños no disponen de ocasiones para disfrutar de juego
libre, es decir, de tiempo que nadie les organiza. Así que cuando sucede una
situación como el aburrimiento, ocurren dos cosas: que el niño no sabe resolverlo
porque no está acostumbrado y que los padres tampoco saben cómo gestionarlo”.
Si echamos la vista atrás, las
generaciones precedentes vivían las vacaciones como sinónimo de descanso y de
profundos momentos de aburrimiento. Momentos en los que aburrirse era casi
obligado y natural. En esta línea, ya en 1930 el filósofo Bertrand Russell
dedicó un capítulo de su libro La conquista de la felicidad al
valor del aburrimiento. En él manifestaba que “un niño se desarrolla mejor
cuando, al igual que una joven planta, se deja reposar en la tierra. Muchos
cambios de lugar, mucha variedad de impresiones, no son buenas para los
jóvenes, y aprenderán a medida que crezcan a ser incapaces de soportar la
fructífera monotonía”. Y seguía indicando que “una generación que no soporta el
aburrimiento será una generación de escaso valor”.
Sabina del Río Ripoll, psicóloga
perinatal, directora de Centro de
Psicología y Especialistas en Maternidad (CALMA), dice: “Isaac
Asimov aseguró que el aburrimiento iba a ser una de las grandes enfermedades de
nuestra época con las consiguientes consecuencias a nivel emocional, mental y
sociológicas. Es necesario para el desarrollo de una sociedad que sus
integrantes sean personas con capacidad de crear, innovar y solucionar, y esto
solo es posible si permitimos que los niños y adolescentes tengan tiempo libre
para ir evolucionando en su capacidad de pensamiento creativo”. Asimismo, Del
Río explica que “Ken Robison, descrito como uno de los mejores docentes del
mundo por su visión del mundo educativo, nos transmite que la imaginación es la
fuente de todo logro humano, y hace hincapié en que la creatividad no es algo
innato, sino que se aprende igual que aprendemos a leer o multiplicar. Cuanto
más creativo sea un niño en su infancia, más posibilidades, tendrá el día de
mañana de autorrealizarse y de obtener éxitos en los distintos ámbitos de su
vida. Un niño aburrido y con tiempo para poder conectar consigo mismo va a
poder ir descubriendo cuáles son: sus aptitudes, sus pasiones, sus actitudes y
sus oportunidades; los cuatro pilares básicos sobre los que este autor
sustentaría el adecuado crecimiento personal de los individuos”.
Una opinión que comparte Consuelo
Coloma, quien destaca que “la creatividad es la capacidad del ser humano para
crear algo dónde no hay o buscar soluciones a problemas, básicamente”. Y señala
que, “para que la creatividad se dé tienen que darse dos circunstancias o una
de las dos: que el niño no esté haciendo necesariamente otra cosa, es decir,
que no tenga su mente ocupada en otras labores; o que teniéndola ocupada tenga
que resolver problemas o enfrentarse a diferentes situaciones que le promuevan
resolver conflictos. Justamente, estas dos situaciones no se dan hoy, bien
porque el niño ocupa la mayoría de su tiempo en realizar labores o actividades,
normalmente, bajo supervisión. O si existe algún conflicto o problema siempre
hay algún adulto dispuesto a solucionarle la vida para que el niño no tenga que
esforzarse mínimamente para hacer volar su creatividad para dar soluciones al
problema”.
¿Cómo debemos enfrentarnos a los
momentos de aburrimiento de nuestros hijos? Sabina del Río afirma que “el
aburrimiento del niño debe ser un problema del que debe darse cuenta y del que
debe aprender a salir por sí mismo”. La psicóloga asegura que “la mejor manera
de ayudar a un niño frente a su aburrimiento es permitirle un espacio y un
tiempo con materiales lo menos estructurados posibles (mejor al aire libre y en
compañía de más niños de su edad), y dejando que sean ellos los que busquen y
pongan en marcha sus recursos, tanto internos como externos, para distraerse y
disfrutar de su tiempo”.
Por Ana Camarero
Fuente:http://elpais.com/elpais/2016/12/11/mamas_papas/1481440372_220104.html?id_externo_rsoc=TW_CM
lunes, 4 de julio de 2016
Para superar el capitalismo, el valor de uso debe prevalecer sobre el valor de cambio
Conferencia de David Harvey:
La contradicción entre el valor de uso y el valor de cambio ha llevado a la actual crisis del capitalismo, afirmó el geógrafo y científico social británico David Harvey durante una de sus intervenciones en el marco del VI Encuentro Internacional de Economía Política y Derechos Humanos, organizado por la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, que tuvo lugar entre el 4 y 6 de octubre en Buenos Aires. Por ello planteó la necesidad de que “el valor de uso debe volver a tener vigencia”.
Harvey se refirió a la situación en torno a la crisis del mercado inmobiliario y señaló que una de las respuestas que debe dar la izquierda en tal sentido “es que la vivienda vuelva a tener su valor de uso. O sea, atacar todo tipo de especulación. Que el valor de uso se imponga al valor de cambio.” Y amplió el concepto: también debe extenderse, recalcó, a la salud y a la educación.
Explicó que el valor de cambio de la vivienda se ha vuelto más relevante por cuanto ésta se convirtió en un elemento de especulación, hasta tal punto que hoy sea muy difícil para millones de familias en varios países adquirir casa.
Como consecuencia del auge especulativo, explicó, más de seis millones de estadounidenses han perdido su vivienda. “El valor de cambio se volvió algo grave y por eso es preciso que el valor de uso vuelva a tener vigencia”, insistió este geógrafo, sociólogo urbano, historiador social marxista y profesor de reputación académica internacional.
“La segunda contradicción a la que me quiero referir es que el valor en el capitalismo se trata de la mano de obra. Es inmaterial pero objetivo. La representación objetiva es el dinero” señaló. “Vemos formas ficticias del capital que se crean constantemente y no tienen nada que ver con la creación del valor, están vinculadas a la apropiación del valor”.
En este sentido, Harvey coincide con lo expuesto por el intelectual y humanista belga François Houtart en su propuesta sobre la necesidad de una declaración Universal del Bien Común, en la que sostiene que “La transformación del paradigma de la economía consiste en privilegiar el valor de uso en vez del valor de cambio, como lo hace el capitalismo. Se habla de valor de uso cuando un bien o un servicio adquieren una utilidad para la vida de uno. Estos adquieren un valor de cambio cuando son objeto de una transacción. La característica de una economía mercantil es privilegiar el valor de cambio. Para el capitalismo, la forma más desarrollada de la producción mercantil, este último es el único «valor». Un bien o un servicio que no se convierte en mercancía, no tiene valor, porque no contribuye a la acumulación del capital, fin y motor de la economía (M. Godelier, 1982).
Para esta perspectiva, el valor de uso es secundario y, como lo escribe István Mészarós, «él puede adquirir el derecho a la existencia si se amolda a los imperativos del valor de cambio». Se pueden producir bienes sin ninguna utilidad a condición de que sean pagados (la explosión de los gastos militares, por ejemplo, o los elefantes blancos de la cooperación internacional) o se crean necesidades artificiales por la publicidad (Wim Dierckxsens, 2011) o también se amplían los servicios financieros en burbujas especulativas. Al contrario, poner el acento sobre el valor de uso hace del mercado un servidor de las necesidades humanas”.
En el análisis de este geógrafo inglés y profesor de la Universidad de Nueva York, en la sociedad capitalista la ciudad se revela en la contradicción entre el valor de cambio –el espacio producido como condición de la realización del lucro, produciendo la ciudad bajo la égida de las necesidades del capital –y el valor de uso– la ciudad creada para la realización de la vida en lugares específicos, muchos de ellos degradados. Esa contradicción, agrega, también revela la condición con que la ciudad se produce una producción socializada pero una apropiación privada.
La ciudad segregada revela la sociedad fundamentada en el intercambio, donde el propio espacio es producido como mercadería, imponiendo al uso la mediación del mercado inmobiliario. De este modo, señala Harvey, la producción del espacio urbano se conecta cada vez más a la forma mercadería que sirve a las necesidades de la acumulación promoviendo cambios, exigiendo readaptaciones de usos y funciones de los lugares en la ciudad, reproduciéndose bajo la ley de lo reproducible. Esto es así porque hoy, cada vez más, el espacio producido como mercadería entra en el circuito del intercambio atrayendo capitales que migran de otros sectores de la economía de modo de viabilizar la reproducción en un momento de superacumulación del capital que coacciona y solapa la producción de la ciudad como espacio-tiempos de realización de la vida humana.
La economía mundial es una plutocracia
En su disertación Harvey también se refirió a la forma como se representa el valor social del trabajo y dijo que la misma es destructiva, por lo cual precisó que se requiere “revolucionar el modo en que adjudicamos valor al trabajo”.
Analizó igualmente la diferencia de ingresos entre la pobreza y la riqueza, y expresó que “no hay ninguna razón por la cual la brecha entre riqueza y pobreza haya llegado a los niveles que llegó. Sería posible manejar esa brecha entre capitalistas y trabajadores. No tiene que ser necesariamente al nivel que llega ahora. Vivimos en una plutocracia. La economía mundial es una plutocracia. Unas 500 familias concentran toda la riqueza. La brecha entre los ricos y los pobres se ha ampliado de manera muy rápida”.
Entre las contradicciones del capitalismo que detalló, habló de “la relación entre la tecnología y las personas. Tenemos una tecnología que está generando personas descartables. El trabajo de muchas personas se ha vuelto descartable. Hay contradicciones que podríamos llamar fatales, otras que son imposibles de resolver o manejar sin destruir el mundo -que siempre han estado latentes- en la historia del capitalismo pero nunca han sido dominantes. ¿Se han vuelto ahora dominantes? ¿Es el momento para pensar alternativas al modo capitalista de producción?”, se interrogó.
Y luego enumeró: “Una es la venganza de la naturaleza, la degradación del medio ambiente global. La segunda es la contradicción del crecimiento perpetuo. Ahora China y el ex bloque soviético han quedado absorbidos por la dinámica capitalista, en la que el crecimiento del 3% para siempre no puede continuar. Que la crisis vaya de un lado del mundo a otro es un signo de esta contradicción”.
“El problema central que debe resolverse –dijo Harvey- está bastante claro: el crecimiento exponencial sin fin no es posible y los problemas que han afligido al mundo durante los últimos treinta años indican que se está llegando a un límite en la acumulación continua del capital que no se puede superar creando ficciones provisionales”.
Aludió igualmente a otra contradicción: “la alienación universal de los seres humanos de ser partícipes activos en la creación del mundo en que viven. Si interpretamos esto como una de las contradicciones profundas que Marx dice que son centrales al capitalismo, ha llegado el momento en que todo se va a quebrar, pero tenemos que intentar que se quiebre de una forma y no de otra”, expresó.
Las ciudades son un botín de la lucha de clases
Dada su especialización en urbanismo y geografía, el teórico social inglés abocó el tema de la relación entre la acumulación del capital y la lucha de clases, centrada en el ámbito de la urbanización.
Sobre el particular trazó un paralelismo entre la crisis del 30 y la situación actual, haciendo notar las ondas especulativas en el ámbito inmobiliario previas a ambos momentos históricos que, según su visión, anticiparon y precipitaron las crisis.
“Los mercados de propiedades y la urbanización tuvieron un papel en la formación de la crisis. Los mercados urbanos y la urbanización también sacaron a las diversas crisis capitalistas de la depresión. Sólo se podía salir con medidas expansivas, una de ellas: la construcción de viviendas”.
La teoría que Harvey desarrolló estuvo centrada en la construcción de zonas residenciales como mecanismo para la acumulación de capital y, a la vez, contención social. “¿Qué revoluciones surgieron de las zonas residenciales estadounidenses?”, se preguntó en ese sentido.
Además, señaló que “recientemente hubo un estudio de la Reserva Federal de San Francisco (California) que sacó como conclusión que Estados Unidos siempre ha encontrado una manera para salir de la depresión: construir casas y llenarlas con cosas. Es una observación interesante porque si miramos la dinámica de la construcción de casas antes de la Segunda Guerra Mundial no se construían más de 500.000 mil viviendas y luego no menos de un millón, más autopistas, autos y energía. Un modo de vida apuntado al consumismo”.
“El punto es que cuando comenzamos a observar esta dinámica vemos que tiene un sentido económico, político, cultural y no es sorprendente observar que con los años EE.UU. se ha convertido cada vez en más conservador de su política”, añadió reforzando su tesis.
Dentro de este contexto, comparó la política económica de China con la empleada por Estados Unidos en la época de posguerra: “Lo que está haciendo China es lo que hizo EE.UU. después de 1945: inyectar recursos para la construcción de viviendas residenciales, construcciones urbanas. Al mismo tiempo inyectaron capital especulativo respecto a esas propiedades”.
Al enfocar el fenómeno en América Latina, Harvey afirmó que “es interesante observar a países como Brasil y Argentina y preguntarse cuál ha sido la relación entre la salida de la crisis 2001 y la construcción de viviendas. ¿Qué tipo de urbanización ocurre aquí? Hay distinciones. Lula construyó casi dos millones de viviendas para los sectores de menos recursos. El estilo de urbanización también es importante”.
Dijo que las dinámicas que vinculan la urbanización con la acumulación de capital son muy fuertes: “Si lo que yo digo es cierto esto implica que el capital tiene la capacidad de construir las ciudades que quiera sin importarle lo que necesita la gente. Como individuos nos vemos obligados a vivir en el tipo de ciudad que el capital quiera y el tipo de ciudad que es coherente con mantener la acumulación de capital”.
“Tenemos que vivir en el tipo de ciudad que el capitalismo quiere vivir y no necesariamente la que queremos. Por definición, la ciudad es un botín de la lucha de clases”, aseveró.
“En general la noción de clase en la traducción marxiana ha estado muy relacionada con el lugar de trabajo pero ¿en qué medida las luchas urbanas han articulado una retórica anticapitalista?”, se preguntó.
Profundizó sus análisis señalando: “¿Dónde se explotan los trabajadores? En el lugar de trabajo. Pero qué pasa cuando llevan su salario a su hogar: son explotados por quienes le cobran la renta. Son formas secundarias de explotación. La explotación se produce en el momento de la realización de la plusvalía, no en el momento de la producción. ¿Cuántas personas, en EE.UU., se han visto desalojadas de sus casas? Esta es una forma de explotación contra la que hay que luchar. Es la economía de acumulación por desposesión”.
“Si la ciudad es el sitio donde tiene que tener lugar la lucha de clases, ¿por qué no pensamos en organizar ciudades enteras? ¿Qué pasa cuando eso ocurre?”, se interrogó y a renglón seguido puso como ejemplo el “Cordobazo”, en Argentina en 1969, y las ciudades de El Alto y Cochabamba, en Bolivia, entre el 2003 y el 2005.
Alienación de los procesos políticos
Finalmente, Harvey habló de “la alienación universal de los procesos políticos”, como está ocurriendo en algunos países europeos en los que, dada la magnitud de la crisis económica, están surgiendo alternativas fascistas y puso como ejemplo el caso de Grecia.
Por ello exhortó a pensar en las contradicciones sociales, económicas y políticas del mundo, habida cuenta que las mismas posibilitan comprender la realidad contemporánea.
Fuente: http://www.rosa-blindada.info/
lunes, 23 de mayo de 2016
domingo, 4 de octubre de 2015
¿Calidad de la educación o educación con calidad?
Desde este blog siempre
hemos considerado que es necesaria una discusión sobre qué escuela queremos, y
eso lleva consigo una idea del significado de “Calidad educativa”. En esta
publicación, el autor hace un interesante aporte para ayudarnos en el debate.
Durante
las últimas décadas, en América Latina se ha hecho cada vez más usual hablar
del tema -calidad - dentro del lenguaje educativo, por considerar que las
connotaciones del tema conllevan implicaciones de orden ideológico y práctico
en la orientación de los procesos que relacionan con la educación, planteamos
la necesidad de un amplio debate teorfco que permita por lo menos, establecer
la validez del término en sus respectivos
Las
repetidas referencias a la calidad en términos de carencias o deficiencias y
como consecuencia de estados de crisis, han generado diversos puntos de vista
sobre la calidad de la educación, los cuales justifican el desarrollo de
investigaciones que aporten nuevos elementos teóricos y alternativas
metodológicas para comprender el tema en cuestión,
La
consideración de la calidad en su sentido más genérico, como “conjunto de
cualidades que constituyen la manera de ser de alguien o de algo", permite
concluir de entrada que cuando se habla de calidad de la educación, la
connotación será diferente a objetos de otra especie.
Al
parecer, las confusiones en tomo a los objetos educativos, han conllevado interpretaciones
que se han limitado a considerar segmentadamente la educación o que han
procurado identificarla con otro tipo de procesos donde es posible un registro
más cuantitativo, como en el caso de la producción Industrial.
En
el primer caso, son comunes las referencias a la calidad de la educación en
términos de rendimiento, insuficiencia o carencia de recursos, deserción y
cobertura, entre otros, En el segundo caso, se alude a estándares, niveles, optimización,
o eficiencia con respecto a una mercancía.
Asumiendo
una connotación de la calidad como “lo mejor”, habría que decir que con
respecto a la educación se debe entender desde
una perspectiva eminentemente histórica y social, por lo tanto, será comparable
en términos de espacio, tiempo, modalidad, metodología y según características
socio-culturales, definiendo el concepto en su especificidad, habrá que referir
calidades diferentes para la educación básica secundaria, la educación media vocacional
o educación superior; para la educación de la década de los setentas y la de
los ochentas: para la educación metropolitana y la educación de la provincia.
De lo anterior se infiere que admitimos una calidad “de
por sí” para la educación, Razón por la cual creemos que es una tautología hablar
de calidad de la educación.
Al considerar lo social como referente al análisis de Ia
calidad, nos identificamos con el investigador Ángel Facundo en que este es un
concepto esencialmente comunitario, el cual presenta a su vez relaciones con el
concepto de necesidad social, Por esta razón consideramos que es válido un
enfoque evaluativo en la Investigación de la calidad de la educación, puesto
que adquieren sentido las opiniones y percepciones de los diversos agentes que
tienen que ver con lo educativo ya que, si una educación satisface el mínimo de
necesidades sociales sobre el cual hay consenso entre los diferentes grupos, clases,
estratos, etc., entonces merece ser considerado de calidad, Según la cuantía de
la satisfacción será el nivel de calidad superior o inferior.
Por otra parte, si se torna La calidad desde la idea de “lo
mejor”, en el a la noción de calidad total, valdría la pena incluir los
conceptos de educación pertinente y de calidad de vida, puesto que tienen que
ver con la satisfacción de necesidades de grupos mayoritarios de la población.
Relacionando brevemente la educación como referente para el análisis
de la calidad, diríamos que lo cualitativo no lo entendernos en contraposición de
lo cuantitativo, por el contrario, asumimos que en una connotación de la
calidad intervienen consideraciones de orden cuantitativo, sin ser estas las
que primen en la determinación de la calidad de La educación.
En este sentido acogemos el criterio de calidad propuesto
por Antanas Mockus cuando plantea que la
calidad de la educación debe ser juzgada más como calidad dc una praxis que como
calidad de una producción.
Por lo indicado, los criterios de calidad no solamente la
circunscribirán al interior de La Institución escolar. Ella tiene en cuenta su
entorno social, razón por la cual tiene sentido hablar de educación pertinente,
entendida como aquella que posee calidad de pertenecer a un contexto socio-cultural
determinado. También en estos términos, adquiere vigencia la posición del
Movimiento Pedagógico cuando plantea que el reto de la educación contemporánea,
en torno a La calidad de la educación, debe centrarse en establecer un sistema
escolar que responda efectivamente a las aspiraciones de progreso y bienestar de
la inmensa mayoría de la población (Congreso Pedagógico Nacional, 1987).
Los planteamientos anteriores insinúan una toma de
posición frente a la calidad como un gran propósito, Por lo tanto, privilegiando
La idea de una educación con calidad, por encima de cualquiera otra
consideración, Asumirlo de esta manera presupone, ante todo, precisar el
concepto de educación según las condiciones concretas de la realidad que se
analiza, permite además, una operacionalización dcl concepto en la práctica, de
manera que pueda constituirse en un proyecto real en lo pedagógico y en lo
comunitario, y obviamente, involucrando lo participativo
Entendida en los términos anteriores, la calidad se
convierte en un problema de sentido para los actores participantes en dicho
proceso, puesto que, corno dice AntanHs Mockus, “una praxis escolar en la que no haya comunicación, o en la que esta no
tenga suficiente sentido para unos y otros, donde no se busquen y no se
encuentren vínculos significativos entre la vida y el libro, la vida y la
escritura, no es definitivamente, desde nuestro punto de vista, una praxis
escolar que pueda considerarse de calidad” (Educación y Cultura, octubre dc
1987). Así pues, como gran propósito y proyecto concertado, la búsqueda de una educación
con calidad compromete a toda la comunidad, puesto que sólo la acción de esta
garantiza que la educación sea propiciadora de sensación de segundad y de
realización social, que se concretice y ejecute como derecho, que llene
expectativas presentes v futuras y posea los recursos necesarios. En síntesis
que se convierta en un espacio real para la realización de la democracia.
Autor
Rodrigo Jaramillo
Roldán domingo, 7 de septiembre de 2014
Hay que acostar a los niños leyendo un libro y no mirando televisión
Es reconocido que la Convención sobre los Derechos del Niño, de 1989, establece que los estados que la suscriben "reconocen el derecho del niño al descanso y el esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural y en las artes" En la siguiente publicación, el autor reflexiona sobre la forma de permitir el ejercicio de ese derecho ¿Cuáles son los mejores juguetes?
El pedagogo Francesco Tonucci dictó una conferencia en el
ministerio de educación. “Hay que acostar
a los niños leyendo un libro y no mirando televisión" Docentes,
bibliotecarios y profesionales vinculados con la primera infancia colmaron el
salón Maestro Alfredo Bravo del Palacio Sarmiento para escuchar al pensador
italiano.
El artículo 31 de la Convención sobre los Derechos del Niño,
de 1989, establece que los estados que la suscriben "reconocen el derecho del niño al descanso y el esparcimiento, al juego
y a las actividades recreativas propias de su edad y a participar libremente en
la vida cultural y en las artes". En ese sentido, para el pedagogo y
dibujante italiano Francesco Tonucci, "es
jugando como el niño se desarrolla, y por eso le es reconocido como un derecho".
Y para jugar, no es necesario gastar un dineral en los
juguetes más avanzados a nivel tecnológico. No. "Los buenos juguetes cuestan muy poco", explica Tonucci durante
la presentación de la conferencia "Más
juego, más movimiento: más infancia" que brindó ayer en el salón
Maestro Alfredo Bravo del Palacio Sarmiento, invitado especialmente por la Biblioteca Nacional
de Maestros (BNM), en una iniciativa compartida entre el Ministerio de
Educación de la Nación y la
Fundación Arcor.
"El barro es el príncipe
de los juguetes –continuó Tonucci–. El barro no es nada y puede ser todo. Y a
lo largo de la historia de la humanidad, ha sido un material que ha servido
para hacer infinidades de cosas. Es un material riquísimo. Y en manos de los
niños…" Tonucci no termina la frase y dibuja con su mano abierta un
rulo en el aire. La metáfora tiene una explicación: "Un buen juguete es lo que se presta a muchos usos, con distintas
condiciones sociales", agrega el pedagogo, que luego enumera y
clasifica como buenos juguetes a la pelota y a la muñeca, chiches que todo niño
y toda niña han tenido alguna vez y que sirven para muchas cosas.
Pero Tonucci deja para el final la referencia a otro "buen juguete": el libro. "A mí me gusta mucho pensar que algún día un
padre le dará dinero a su hijo, lo llevará a una librería y le dirá: 'Elige un
libro'." Ese libro, seguramente, se irá a una casa, de la mano de ese
niño, esperando ser leído. Y para Tonucci ahí nace la relación que generará un
nuevo lector: "Creo que lo más importante
es ofrecer a los niños la experiencia de la escucha. No se puede
aprender a leer bien y con gusto sin haber vivido, sin haber tenido una
experiencia de gozar con la escucha de un adulto que lea al niño. Pero como no
todas las familias pueden acceder a ese derecho, es obligación de la escuela
hacerlo para todos los niños, de manera que todos tengan una experiencia básica
fundamental para pasar a la parte técnica del aprendizaje de la lectura".
Para "Frato", como lo apodan al pensador y dibujante italiano, "un niño debería empezar a leer porque desea
leer; porque vivió la experiencia fascinante de la escucha de la lectura de
libros que un adulto le regaló a lo largo de días y días", y considera
que esto debería ser costumbre en las escuelas, con una franja horaria
establecida para tal fin. "Esta es
la única garantía de que en esos niños pueda surgir el deseo de aprender a
leer. Una vez hecho esto, lo más importante ya estará conseguido, y después el
aprendizaje instrumental de la lectura es una cosa que los niños hoy en día
aprenden solos", agregó.
Además del pedagogo y dibujante invitado, participaron de la conferencia la socióloga Cristina
Diéguez, y especialistas de la Dirección de Educación Inicial
del Ministerio de Educación de la
Nación. La propuesta ha sido declarada de interés educativo
por el Ministerio, y tuvo como eje central el derecho a jugar, buscando
interpelar a los adultos sobre las genuinas oportunidades que tienen los niños
y las niñas en relación con el juego y el movimiento.
Finalmente, para arrojarse a la práctica de la lectura con
un niño, Tonucci recomienda "leer
sin temor, sin pensar que se está perdiendo el tiempo o que se podría hacer
algo de mayor importancia". Y antes de ir a la cama "acompañar a los niños a dormir leyendo un libro
y no mirando la televisión, lo que constituye las bases de la lectura".
Esto, siempre, con la idea de jugar con el chico, porque en términos de jugar,
para Tonucci "nunca se deja de ser
un niño". «
Fuente; Tiempo Argentino
Autor Esteban Schoj
jueves, 3 de julio de 2014
Comunidad, familia y custodia: el adiós a la tradición
Muchas condiciones de socialización y control de la infancia que imperaban en la sociedad tradicional, han desaparecido. Entonces se trataba de una tarea compartida, hoy la sociedad debe recurrir a que tiene más a mano, de allí que se piense en la escuela para cumplir esa función. Aparecen entonces nuevos interrogantes ¿Cómo combinar enseñanza y custodia, para que ambas sean formativas?
Los niños adoran ir de vacaciones al pueblo, pues para ellos
representa un espacio en el que pueden moverse libremente, sin verse encerrados
ni en las escuelas —son vacaciones— ni en los hogares —la vida se hace en la
calle—. Los padres, aunque quizá preferirían el Caribe —sin niños—, también,
pues el pequeño tamaño del lugar, el hecho de que todo el mundo se conozca y la
probable inflación de parientes adultos en la casa permiten una socialización
no institucionalizada de los cuidados infantiles: se les da de comer a las
horas —o ni siquiera eso— y se les deja sueltos el resto del día. Estas
vacaciones retro, tan poco atractivas en otros muchos aspectos, tienen, aparte
de funciones varias, la espectacular virtud de reproducir las condiciones ya
desaparecidas de socialización y control de la infancia en la sociedad tradicional.
Por un lado, una comunidad pequeña, en la que todos se conocen directa o
indirectamente a través de generaciones —todo el mundo es el hijo de…— y saben
a qué familia pertenece cada niño, lo cual permite un control difuso de toda la
infancia por toda la generación adulta. Además, los límites son reducidos y
accesibles, no hay extraños, los vehículos a motor no tienen otro remedio que
circular despacio, etcétera. Por otro lado, una familia extensa en la que se
reúnen varias generaciones de adultos y ramas coetáneas del mismo tronco que el
resto del año viven separadas, los jóvenes también están libres de escuela y
trabajo y pueden cooperar en algunas tareas domésticas —debería decir las
jóvenes—, los varones adultos están en casa o cerca de ella —como cuando sólo
se alejaban hasta el huerto o el pequeño taller artesanal—, etcétera. En este
entorno, el control de los niños y los adolescentes es una carga relativamente
liviana y compartida.
Para bien y para mal, esta forma de vida tradicional se ha
ido para no volver, aunque reaparezca de manera folclórica en las vacaciones.
Ya apenas quedan familias extensas, con más de dos adultos (abuelos, hermanos o
primos de los padres…), con un rosario de hermanos entre los que los mayores
cuidan de los menores y con la madre permanentemente en casa, al tanto de todo.
En lugar de eso tenemos familias nucleares, sin más adultos que la pareja de
progenitores, o tal vez con uno solo de ellos (generalmente la madre, aunque
las familias de padre y niños son hoy las que más rápidamente crecen), en las
que todos tienen un empleo remunerado fuera del hogar aunque sea a tiempo
parcial y con una media de menos de dos hijos, es decir, la mayoría con uno o
dos hijos —y, aun en este caso o en el caso de tener más, de edades tan próximas
que ninguno está en condiciones de cuidar de otro—. El cambio más importante
sin duda es la salida de la mujer al mercado de trabajo, incluso cuando tiene
lugar en condiciones precarias o de dedicación parcial. El propio magisterio,
con su espectacular nivel de feminización, es el mejor testimonio de ello,
aunque las maestras no deberían olvidar que no todas las mujeres consiguen
trabajos de jornadas cortas y vacaciones largas ni, menos aún, que coincidan
minuto a minuto con los horarios y calendarios escolares de sus retoños.
Por otra parte, también han desaparecido las pequeñas
comunidades tradicionales (aldeas, pueblos, incluso barrios urbanos en los que
las mismas familias han vivido por generaciones) en las que el conocimiento era
general y los niños podían sentirse protegidos —y controlados— por todos los
adultos. Las ha barrido del mapa la gran ciudad, en la que nadie conoce a
nadie, primero, por el número y, segundo, por la intensa movilidad geográfica
—y social y profesional, lo que constituye un obstáculo adicional para las
relaciones entre los vecinos, que pueden no tener en común otra cosa que la
residencia—, tanto inter como intrageneracional. Con ella llegaron las ventajas
de la densidad demográfica, la multiplicación de las opciones y las
oportunidades, la libertad del anonimato, pero también la anomia, el riesgo, la
violencia… Para las familias con hijos, la calle deja de ser la extensión del
hogar para convertirse en un lugar más temido que otra cosa.
No estoy lamentando nada, ni mucho menos sugiriendo que
cualquier tiempo pasado fue mejor. Se podría hacer una nutrida lista de las
ventajas traídas por esta evolución: mayor libertad personal, mayor diversidad
social, mayor riqueza cultural, desaparición del agobiante control de las pequeñas
comunidades, emancipación progresiva de la mujer, etcétera. Pero resulta
igualmente claro que la custodia de la infancia, antes asumida sin problemas
por la gran parentela y la pequeña comunidad, ha pasado de no ser problema
alguno a constituir el gran problema de muchas familias. Ciudades inabarcables
y hostiles y hogares exiguos son ya parte del problema al menos tanto como
parte de la solución. En
estas circunstancias, la sociedad se vuelve hacia lo que tiene más a mano, y en
particular hacia esa institución más próxima a la medida de los niños, a menudo
ajardinada y que cuenta con una plantilla profesionalizada en la educación: la
escuela.
Aunque entre el profesorado son frecuentes los reproches
hacia la “dejación” de responsabilidades por parte de la familia (quieren
desembarazarse el mayor tiempo posible de los niños, ven en la escuela una
guardería o un aparcamiento, etcétera), nada hay de chocante en este proceso.
Se trata, valga la redundancia, de una socialización de la custodia análoga a
la de cualquier otra actividad para la cobertura de nuestras necesidades. Los
hogares son cada vez menos autosuficientes, y todos consumimos lo que no
producimos y producimos lo que no consumimos, como corresponde a una sociedad
basada en el intercambio. Además, la mayor parte de lo que producimos lo
hacemos en cooperación, lo cual genera notables economías de escala y garantiza
cierta normalización, es decir, cierta calidad. Se confía (en parte) la
custodia a la escuela como se confía la producción del pan al panadero, la de
la leche al lechero, etcétera. Resultaría sencillamente impensable la salida de
las mujeres a la esfera pública (o la de los hombres, si no fuera porque ya
salieron a costa de las mujeres) sin esa socialización, es decir, sin esa
manera colectiva de asumir la
custodia. La escuela complementa hoy a la familia como ayer
lo hacía la pequeña comunidad entorno.
Lamentarse de este desplazamiento de las funciones de
custodia de la infancia hacia la escuela es absurdo. Si los padres tuvieran más
tiempo para estar con sus hijos a todas horas, muchos de ellos podrían,
simplemente, prescindir de la institución y de quienes trabajan en ella. No es
tanta ni tan obvia la superioridad de los maestros sobre las familias a la hora
de la educación infantil y primaria. Ya menudean, por cierto, los movimientos
desescolarizadores, o por una educación sin escuelas, en los que basta, por
ejemplo, el acuerdo de cinco familias conformes y con hijos de una misma edad
para sustituir por turnos a la escuela con evidentes ventajas y con desventajas
no tan evidentes. La escolarización es un todo que comprende, además de la
enseñanza, la custodia y otras funciones, y nunca antes se habían ofrecido por
separado. De hecho, cuando el profesorado reclama el apoyo del público general
o de su clientela particular para obtener de las administraciones medios que, a
la vez, son mejoras de sus perspectivas profesionales (la ampliación de la
escolaridad obligatoria o de oferta asegurada, la creación o financiación de
más grupos-aula, etcétera) no entra en esos distingos, que sólo llegan después,
una vez que ya se ha conseguido lo que se quería. De lo que se trata es,
simplemente, de estudiar cómo combinar enseñanza y custodia asegurando que
ambas sean formativas.
Extraído de
Educar es cosa de todos: escuela, familia y comunidad
Mariano Fernández Enguita
Universidad de Salamanca
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