Mostrando entradas con la etiqueta académico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta académico. Mostrar todas las entradas

viernes, 7 de agosto de 2009

Concluyen que hay más suspensos si se dedican más horas a las tecnologías

Es importante e interesante que los medios de difusión se dediquen a estos temas, lamentablemente siguen siendo extremadamente pocos los artículos sobre la temática. Lo cierto es que la televisión y las otras pantallas afectan al rendimiento escolar, que no se trata de “aparatos inocentes”. Transcribo a continuación un artículo publicado en un diario español, “adn.es”.

Un estudio revela que existe "una relación creciente" entre el número de suspensos y las horas dedicadas diariamente a las nuevas tecnologías por parte de alumnos de la ESO.

Se trata de un informe elaborado por universitarios de la Escuela de Ingenieros de la Universidad de Navarra en San Sebastián a partir de 320 encuestas realizadas a chicos de 12 a 16 años en centros públicos y privados de Guipúzcoa, al que atribuyen un grado de confianza del 95%.

Según los datos facilitados hoy por Tecnum, los alumnos con todas sus asignaturas aprobadas no superan las tres horas de uso al día de las nuevas tecnologías, aunque la media sí sitúa su utilización bastante por encima de las dos horas.

Los estudiantes que han tenido un suspenso utilizan las nuevas tecnologías ligeramente por encima de las tres horas diarias y algo más los que suman dos suspensos, mientras que los que llegan a las cuatro horas acumulan tres y los que no han aprobado cuatro o más asignaturas se acercan a las cinco horas.

La mayor parte del ocio dedicado a este apartado corresponde a televisión e internet, aunque la relación más clara se da entre el número de suspensos y las horas que dedican a internet, con un incremento lineal.
Los cinco universitarios que firman el estudio han constatado que el 25 por ciento de los adolescentes tiene televisión en su cuarto y parece que los padres no controlan lo que ven sus hijos, dada la franja horaria que dicen utilizar, que en algunos casos llega a la madrugada.

Los vídeojuegos tampoco escapan al uso habitual de los estudiantes; el 90 por ciento los utiliza entre semana, y un 22% de las chicas y un 47% de los chicos lo hace además con los catalogados para mayores de 18 años.
Quienes cuentan con más de tres suspensos, juegan con estas máquinas prácticamente una hora diaria, aunque la televisión e internet están muy por encima.

El 70 por ciento de los padres no controla el tiempo que dedican sus hijos a los vídeojuegos, aunque se centran más en este aspecto que en los contenidos, incluidos de los internet y televisión, todo según lo manifestado por los alumnos encuestados.

Los autores del estudio, "lejos de cargar toda la responsabilidad en los adolescentes", advierten de que el deterioro del rendimiento académico en los alumnos de ESO "se debe, en gran parte, a la desidia de los padres en la formación de sus hijos en casa, bien porque se inhiben de lo que hacen o porque les proporcionan un hábitat de plena libertad en el uso de consolas, móviles, ordenadores y televisores sin ningún tipo de control".


Fuente
http://www.adn.es/

martes, 26 de mayo de 2009

El éxito académico


En estas breves líneas me voy a referir a un tema de vital importancia para las familias: la educación de las nuevas generaciones.

Ante lo amplio del problema, lo voy a observar desde una posición determinada, a partir de una pregunta ¿Inciden las actividades familiares en el rendimiento escolar, en el éxito académico? En caso afirmativo ¿Cuáles son las actividades que hacemos en casa que permiten un mejor aprendizaje de nuestros hijos?

A lo largo de muchos años de actividad docente, pude observar en muchas oportunidades que los alumnos con éxito académico en el secundario tenían hermanos en las mismas condiciones, y con una compañera de trabajo nos lanzamos a la búsqueda de los patrones de las conductas familiares que posibilitaban ese acontecimiento, y luego formalizamos los hallazgos, para presentarlos en Congresos de la temática y exponerlos a la crítica de colegas.

De esa manera, entrevistamos a jefes de familias que en forma abierta y generosa nos contaron aspectos de su vida familiar que se relacionan con la escuela. Les cuento algunos de ellos.

Hijos discutidores y responsabilizados
Los padres con quienes dialogamos consideraban que sus hijos eran “muy discutidores”, pero, ¿A qué se debe esto? La respuesta la tenemos en el tipo de liderazgo familiar, que es el basado en reglas, las cuales deben ser cumplidas por todos sin excepciones, y no por caprichos, y no son aceptadas las arbitrariedades. Lo que se discute permanentemente es la aplicación de esas normas, no las normas en si. Si una regla establece que durante el almuerzo o cena, el aparato de televisión permanece apagado, esto no debe ser quebrado por más que el partido de futbol sea muy especial.

Televisión tipos de programas y controles.
Ante la evidente pobreza de nuestra televisión ¿Qué actitud asumieron? Por una parte una discreta vigilancia, y por otra una actitud de acompañamiento y crítica, más que una prohibición. Evitar que el aparato quede prendido permanentemente, como música de fondo y la presencia de uno de ellos en la habitación de los jóvenes son habitualmente recomendados por los expertos en el tema.

Esfuerzos y resultados
Otra característica observable en este tipo de familia, es la preeminencia que se le da al esfuerzo de los hijos. Frente a la obtención de resultados, es frecuente escuchar “Si te esfuerzas, los resultados serán una consecuencia, tarde o temprano”

La lectura
En todos los casos observados, la lectura es una actividad importante para toda la familia, se observan libros en todas partes, ya sean de ficción o de carácter técnico científico.

Cuestionamiento a la escuela y a los docentes
Obviamente la época donde se afirmaba “El docente tiene siempre la razón” se agotó, y también se puede observar el fenómeno en este tipo de familia, pero lo que constatamos es que permanentemente instaban a los hijos a “Ponerse en el lugar del otro”, como estrategia para lograr equilibrios más justos.

En síntesis, esto es un apretado resumen que hace a un hecho de enorme importancia para las familias, que es el de la formación de un capital cultural para nuestros hijos. Lo cierto es que se trata de una tarea compleja, cada vez es más difícil ser padre, y debemos aprender sobre la marcha.La llave que nos puede solucionar el problema es la COOPERACIÓN con la escuela, con otros padres. También mediante la reflexión y el diálogo que lograremos aliviar la pesada carga de ser padres.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Expectativas familiares y control

Los padres marcan metas para sus hijos, y éstas determinan lo que los niños consideran importante.

Resultados de la Investigación
Los estudios muestran que los niños alcanzan mejores resultados académicos cuando sus padres marcan para ellos metas altas pero realistas. Hay un conjunto de conductas familiares que generalmente van asociadas a expectativas altas de rendimiento académico. Incluyen interacciones verbales abundantes, que incorporan preguntas que se hacen a los niños, darles pistas para promover sus respuestas, animarles a utilizar nuevas palabras, y a hablar con precisión. Las familias que tienen altas expectativas de rendimiento académico para sus hijos también les proporcionan una orientación y apoyo consistente en relación con los aspectos escolares. Son conscientes de los progresos de sus hijos y tienen interés en conocer el perfil académico que están trazando. Además de este conjunto de prácticas familiares que se asocian con niveles altos de rendimiento escolar, los investigadores encuentran que una marcada ética de trabajo contribuye a obtener éxito en el ámbito académico. Los padres preparan a sus hijos para las demandas del aprendizaje escolar cuando muestran a través de sus propias actividades y de las metas que marcan para ellos que trabajar duro es importante. El hecho de trabajar mucho es más beneficioso cuando coincide con una actitud familiar en la que se hace ver que los resultados se obtienen más a través del esfuerzo que de las habilidades innatas o de “sacar provecho de las situaciones o de las oportunidades”. Además, los niños se benefician a largo plazo cuando sus padres conocen todo sobre sus hijos, quienes son sus amigos, lo que ven en televisión, y mantienen contacto con sus profesores.

Aplicación
Se pueden utilizar varios ejercicios para ayudar a los padres a entender las metas y pautas que están marcando para sus hijos. Un ejercicio consiste simplemente en hacer un esbozo del programa de actividades típicas que realiza su hijo durante la semana después del horario escolar. ¿Cuándo estudia habitualmente?, ¿Cuándo lee?, ¿Cuándo juega con los amigos? ¿Cuándo ve televisión? Analizar este programa proporciona una idea de la prioridad relativa que la familia concede a cada actividad.

Con frecuencia los padres acuden a los profesores para buscar pautas de orientación. La expectativa de que los niños inviertan una mínima cantidad de tiempo al día estudiando y leyendo (quizá 10 minutos por cada grado y nivel) puede ser una de estas pautas. Puede que se exagere sobre el peligro que implica ver televisión, pero cuando los niños la ven más de 90 minutos diarios, el rendimiento académico disminuye. De algún modo, la cantidad de tiempo que se invierte en ver televisión se le roba a otras actividades más productivas, tales como leer o estudiar.

A veces es necesario recordarles a los padres que los niños se benefician cuando realizan actividades variadas, incluyendo las recreativas y sociales, y que el trabajo escolar no tiene que reemplazarlas. Sin embargo, la lectura y el estudio son prioritarios. Los padres pueden ayudar a sus hijos a planificar su propia agenda semanal, permitiéndoles asignar tiempo para divertirse si han dedicado primero el tiempo adecuado para estudiar.

Quizá el reto más difícil para un padre es saber cuándo un niño está haciendo las cosas lo mejor que puede. Marcar expectativas altas pero realistas es más fácil de decir que de hacer. Sin embargo, cuando se trata del trabajo escolar, un buen enfoque es tener en cuenta los hábitos y actitudes del niño hacia la escuela, más que centrarse sólo en las calificaciones. Esto no significa que las notas no sean importantes; pero pueden ser engañosas. Algunos niños obtienen resultados razonablemente altos con poco esfuerzo, y como consecuencia fallan en desarrollar buenos hábitos de estudio. Otros niños trabajan duro, pero nunca consiguen las notas más altas; quizá estén haciendo todo lo que pueden y por eso su dedicación al aprendizaje merece reconocimiento. Por ello, hacer comparaciones entre los hijos es muy peligroso.

Una regla simple para los padres es que sepan siempre dónde están sus hijos, qué están haciendo, y con quién están. Conocer a sus amigos, y saber los nombres y direcciones de sus padres es un buen pre-requisito para permitir al niño pasar tiempo con ellos. Es igualmente importante mantener una comunicación regular con los profesores de los niños.


Extraído de
ACADEMIA INTERNACIONAL DE EDUCACIÓN OFICINA INTERNACIONAL DE EDUCACIÓN
SERIE DE PRÁCTICAS EDUCATIVAS
Familias y centros escolares
Sam Redding

sábado, 14 de marzo de 2009

La rutina de la vida familiar

Los niños rinden más en el ámbito escolar cuando los padres les proporcionan límites predecibles para sus vidas, estimulan un uso productivo del tiempo, y propician experiencias de aprendizaje como algo habitual en la vida familiar.

Resultados de la investigación
Los estudios muestran que la rutina de la vida familiar, las interacciones diarias entre padres e hijos, los hobbies y las actividades recreativas que la familia disfruta, todo ello potencia la predisposición de los niños hacia el aprendizaje académico. Cuando los niños de familias con bajos ingresos económicos realizan actividades con sus padres durante el fin de semana, cenan juntos en familia, y se implican en los hobbies familiares, compensan algunas de las limitaciones que podrían experimentar de otro modo.

El uso del tiempo es un aspecto importante en los hogares de los alumnos que tienen alto rendimiento. Cuando los padres estimulan la independencia de estos hijos, lo hacen con una vigilancia continua de cómo están utilizando positivamente su libertad. Alaban la productividad y el cumplimiento. Siempre animan a sus hijos para que empleen el tiempo con sabiduría. En estos hogares los niños están acostumbrados a los calendarios, horarios, listas de la compra, “a hacer” listas, tareas familiares, a la lectura, el estudio, y a jugar a juegos que estimulan la mente. Un estudio encontró que los alumnos con alto rendimiento invertían alrededor de 20 horas a la semana, fuera del horario escolar, en actividades constructivas de aprendizaje, con frecuencia con el apoyo, guía o participación de sus padres. Estas actividades pueden ser tareas escolares que se realizan en casa, prácticas musicales, lectura, escritura, visitas a museos, e implicación en actividades de aprendizaje patrocinadas por organizaciones juveniles.

Aplicación
Cuando la familia fija un tiempo diario de estudio para los niños, y no les permite que estudien sólo cuando lo indican los profesores, los niños aprenden que estudiar es algo valorado en la familia.

Estudiar y aprender se convierten en una parte natural de la vida familiar. Los niños rinden más cuando actúan dentro de los límites establecidos en la rutina familiar. Algunas acciones constituyen puntos de referencia obligada de la vida diaria, definen la distribución del tiempo y permiten a los niños realizar actividades consideradas de alta prioridad, tales como estudiar, leer y hablar con los miembros de la familia.

Mantener un horario fijo todos los días para comer, irse a la cama, estudiar y leer establecerá un ritmo productivo y saludable en la vida de los niños. También necesitan un lugar tranquilo y bien iluminado para estudiar y leer. Se enriquecen con el interés de la familia en determinados hobbies, juegos, y otras actividades que ejercitan la mente y les mantienen en interacción con otras personas. Una rutina diaria que incluya tiempo para estudiar y leer, un ambiente familiar que proporcione un lugar tranquilo para el estudio, y actividades familiares que incluyan juegos y hobbies que mantengan ocupada la mente de los niños y proporcionen interacción con otros miembros de la familia, caracterizan un hogar donde los niños son preparados en hábitos y valores para aprender en el centro escolar.


Extraído de
ACADEMIA INTERNACIONAL DE EDUCACIÓN OFICINA INTERNACIONAL DE EDUCACIÓN
SERIE DE PRÁCTICAS EDUCATIVAS
Familias y centros escolares
Sam Redding

martes, 2 de diciembre de 2008

La responsabilidad en el niño

Enseñar a los niños a ser responsables requiere un ambiente especial en el hogar y en la escuela. Se trata de conseguir un ambiente que les ofrezca información sobre las opciones entre las que deben escoger y las consecuencias de cada una de ellas, y que les proporcione también los recursos necesarios para elegir bien.

La responsabilidad es la habilidad para responder; se trata de la capacidad para decidir apropiadamente y con eficacia, es decir, dentro de los límites de las normas sociales y de las expectativas comúnmente aceptadas. Por otro lado, una respuesta se considera efectiva cuando permite al niño conseguir sus objetivos que reforzarán sus sentimientos de autoestima.

La responsabilidad conlleva, en cierta forma, ser autosuficiente y saber defenderse. Estas son dotes propias de poder personal que, según Gloria Marsellach Umbert en su artículo "La autoestima en niños y adolescentes", significa tener seguridad y confianza en uno mismo y para ello es necesario ser responsable además de saber elegir, llegar a conocerse a uno mismo y adquirir y utilizar el poder en las propias relaciones y en la vida.

Para un niño es normal tener cierto temor a los límites, temor que desaparece conforme el niño va comprobando que límites y consecuencias se integran en un sistema coherente. Padres y educadores pueden contribuir a conformar el sentido de los límites de diferentes maneras:
Sabiendo claramente ellos mismos lo que esperan de los niños.Exponiendo sus expectativas de manera que los niños las entiendan, incluyendo la asignación de responsabilidad acerca de tareas y deberes.Averiguando si el niño entiende estas expectativas, bien haciéndolas repetir o bien guiándole mientras las cumple.Estableciendo claramente los límites de tiempo razonables para realizar tareas o debes escolares, sin ambigüedades.Explicando al niño las consecuencias de no hacer las cosas. Estas consecuencias deben aplicarse coherentemente, sin sentimientos de culpabilidad o remordimientos y sin hacer sufrir al niño. La coherencia es más importante que la severidad. Redactando y colocando un cartel con todas las reglas y las obligaciones, de modo que no pueda alegarse como excusa "el olvido"Participando padres y madres (cuando sea posible) en la explicación de las reglas al niño. Así sabrá que ambos las apoyan y mantienen.Consiguiendo que todos los niños de la familia o de la clase tengan responsabilidades equiparables, con los ajustes necesarios en función de su edad y de sus habilidades particulares.

Un niño es responsable cuando sus actos coordinan, de forma creativa, sus propios objetivos con las necesidades de los demás. Para ello, los adultos tienen que ayudar al niño a obtener este equilibrio, a definir sus propios valores y a resolver las dificultades en función de sus propios sentimientos.

El niño que posea sentido de la responsabilidad cosechará éxitos cada vez con mayor frecuencia, y se beneficiará de las consecuencias positivas de esos éxitos.

Muchos padres creen que las recompensas por buen comportamiento son una especie de "soborno", pero las recompensas de orden material (dinero, juguetes...) sólo se convierten en sobornos si son la única técnica que se utiliza para motivar a un niño.

Recompensas son aquellas cosas que el niño valora, cosas que desea o que necesita. Existen también recompensas que no son materiales que conviene recordar:
Hágale saber al niño, de palabra, mediante elogios, qué cosas ha hecho bien: "has limpiado tu armario estupendamente"Proporciónele ese reconocimiento de forma espontánea, periódicamente, relacionándolo con los logros del niño: "¿Qué te parecería ir a comprarte un helado? La verdad es que has hecho un trabajo muy duro limpiando el cuarto de baño"Apoye al niño cuando lo necesite: "Como me ayudaste ayer a limpiar el jardín, bien puedo yo ahora ayudarte a hacer los deberes"Muestre interés por lo que hace el niño y anímele: "Ya que tienes que ir a una reunión de los boyscouts esta noche, yo me ocupo de lavar los platos"Comparta con el niño algunas tareas de tanto en tanto, como reconocimiento a sus esfuerzos: "La verdad es que ayer dejaste tu habitación limpísima: ¿qué te parece si te ayudo a limpiarla hoy?

En ocasiones las responsabilidades de los niños producirán cierta incomodidad a los adultos. Los niños necesitan que los adultos sean pacientes y tolerantes.

El aprendizaje de la responsabilidad
A los niños que no sean considerados responsables de sus actos les será más difícil aprender de sus experiencias. Enseñar a los niños a ser responsables no quiere decir enseñarles a sentirse culpables. Los que tengan sentido de la responsabilidad poseerán los medios, las actitudes y los recursos necesarios para valorar con eficacia las diferentes situaciones y decidir de forma consecuente para ellos y para los que se encuentran a su alrededor.

Uno de los aspectos básicos de la enseñanza de responsabilidad a los niños es la cuestión: "¿Quién es el responsable de acordarse de las cosas?" Los niños pueden saber hacer las cosas y desear agradar a los padres pero si no han tomado sobre sí la responsabilidad de acordarse, no pueden ser responsables. Hay algunos artificios que estimulan al niño a recordar, tretas que pueden abandonarse conforme el niño crece y va siendo capaz de asumir mayores responsabilidades:
Escriba las cosas y colóquelas en lugar visible.
No les recuerde las cosas a los niños una vez esté seguro de que le han escuchado y entendido. Recordar las cosas a los niños se convierte en una mala costumbre de la cual los niños pasan a depender.
Establezca costumbres lo más regulares posible. Cuando las cosas ocurren de forma predecible y regular, se incrementa la capacidad de recordar de los niños.
No le dé miedo castigar al niño que se "olvida".
Acuérdese de lo que usted ha dicho. Si los padres lo olvidan, están otorgando al niño, tácitamente, permiso para hacer lo mismo.

Una vez que a los niños se les ha asignado ciertas obligaciones, los padres no deben confundirles ni fomentar la irresponsabilidad volviéndose a hacer cargo de las tareas encomendadas. Los padres relevan a sus hijos de sus responsabilidades si...
...les recuerdan las cosas cuando ellos "se olvidan"...lo hacen ellos mismos porque "es más sencillo"...subestiman la capacidad de los hijos....aceptan que los niños se califiquen a sí mismos de incompetentes o irresponsables.... hacen cosas por sus hijos para que ellos les quieran o para que no les hieran en sus sentimientos....creen que sólo los padres que trabajan duramente y hacen un montón de cosas por los hijos son "buenos" padres.

¿Cómo enseñar a los niños a ser responsables?
Para enseñar a los niños a ser responsables tiene que existir un programa claro de recompensas y alabanzas que ofrezca respuesta a su comportamiento (aspecto este al que hemos hecho referencia anteriormente). Por otro lado, el niño seguirá siendo irresponsable si la respuesta que obtiene es la crítica excesiva, la exposición al ridículo o a la vergüenza. Los niños a los que se recompensa por ser responsables van desarrollando gradualmente la conciencia de que la responsabilidad y los buenos sentimientos están relacionados; y, con el tiempo, disminuye su necesidad de recompensas externas.

Las siguientes pautas nos pueden ayudar a responder la pregunta planteada en este apartado:
DESARROLLE LA SENSACIÓN DE PODER DEL NIÑO.Cuando se tiene sensación de poder se poseen los recursos, oportunidades y capacidades necesarias para influir sobre las circunstancias de la propia vida. Enseñar a los niños a ser responsables incrementa su sensación de poder.

AYUDE A LOS NIÑOS A TOMAR DECISIONES.Los niños que han aprendido a ser responsables toman mejores decisiones que los que no han aprendido a serlo. Podemos contribuir a aumentar la capacidad del niño para tomar decisiones si ayudamos a:· Resolver los problemas que crea la necesidad de tomar una decisión.· Buscar otras soluciones.· Seleccionar una de las alternativas mediante la valoración de sus consecuencias.· Valorar la eficacia de las decisiones por medio de una discusión posterior.

ESTABLEZCA NORMAS Y LÍMITES.
UTILICE TAREAS Y OBLIGACIONES PARA CREAR RESPONSABILIDAD.Tareas y obligaciones son cosas concretas: se puede especificar cómo, cuándo y quién debe hacerlas. Esto ayuda a desarrollar la capacidad de organización y manejar los propios recursos.

SEA COHERENTE.Es la mejor forma de indicar al niño que los adultos dicen las cosas en serio. Los adultos coherentes ayudan a los niños a sentirse seguros. Cuando no existen normas claras y evidentes, no hay manera de ser coherente.

NO SEA ARBITRARIO.Ser arbitrario significa hacer algo diferente de lo que se había dicho o hacer algo sobre lo que no se había advertido. Para evitar ser arbitrarios debemos aclarar lo que queremos, comunicar estas expectativas de forma sencilla y directa, y concretar cuáles son las consecuencias esperables si el niño actúa en consonancia o no con esas expectativas.

DÉ RECOMPENSAS POR SER RESPONSABLE.

UN NIÑO ES RESPONSABLE SI...
...realiza sus tareas normales sin que haya que recordárselo en todo momento....puede razonar lo que hace....no echa la culpa a los demás sistemáticamente....es capaz de escoger entre diferentes alternativas....puede jugar y trabajar a solas sin angustia....puede tomar decisiones que difieran de las que otros toman en el grupo en que se mueve (amigos, pandilla, familia, etc.)...posee diferentes objetivos e intereses que pueden absorber su atención....respeta y reconoce los límites impuestos por los padres sin discusiones inútiles o gratuitas....puede concentrar su atención en tareas complicadas (dependiendo de su edad) durante cierto tiempo, sin llegar a situaciones de frustración....lleva a cabo lo que dice que va a hacer....reconoce sus errores.

Extraído de http://www.isftic.mepsyd.es/
Donde encontrarán mucho material de utilidad

viernes, 28 de noviembre de 2008

Cómo ayudar a nuestros hijos en los estudios

La tarea educadora de los hijos es un derecho y deber primario que tienen los padres. El resto de las instituciones que aparecen a lo largo de la escolaridad de un niño tratan de educarlo por delegación implícita que hacen los padres de ese derecho primero. Pero delegar una tarea, no quiere decir olvidarse, es por ello, que los padres no pueden omitir el derecho y deber primero a la educación de sus vástagos.La interrogante que surge es.¿cómo ayudar a nuestros hijos en los estudios?, a esta pregunta vamos a tratar de darle respuestas:

1.- Creando un ambiente de estudio en casa
El ambiente que nos rodea es la influencia que tiene en nosotros el entorno que nos rodea. Watson uno de los iniciadores del conductismo en psicología, ya decía: “Dadme un niño y podré hacer de él o un criminal o un santo”. Con ello quería poner de manifiesto la influencia decisiva que tiene el entorno que nos rodea en la personalidad o en la manera de conducirnos. Somos lo que hemos aprendido a ser.
Crear un ambiente no es la actuación de unos días concretos, sin continuidad de manera esporádica para tratar de conseguir unos objetivos educativos. Crear un ambiente significa una actuación sistemática, perseverante para conseguir los objetivos marcados.¿Cómo se crea el ambiente de estudio?:
Incidiendo desde todos los planos posibles para conseguir el objetivo, es decir, desde los valores a fomentar, ser laboriosos, ser constante en las tareas, valorar el esfuerzo, etc.
Cuidando los detalles materiales que favorezcan el trabajo: que exista un sitio para estudiar, este lugar deberá reunir algunas condiciones mínimas del tipo de las siguientes: aislamiento de ruidos y cosas que distraigan; iluminación suficiente; silla y mesa de trabajo funcionales para las tareas que se realizan normalmente.
Respetando los padres el tiempo de tareas sin interferir con otros encargos que puedan surgir, que la televisión no esté puesta en el tiempo de trabajo, etc.
Creando hábitos de estudio, es decir, repitiendo siempre el mismo horario de estudio, de trabajo.. en un ambiente de silencio.
Aprovechando los padres el tiempo de estudio para realizar ellos, si es posible, diversos trabajos que tengan pendientes para que sus hijos los puedan ver como modelos que van por delante y son dignos de imitar.
Teniendo un material base para el estudio: diccionarios, enciclopedias, libros de consulta.
Promoviendo para el tiempo libre actividades que tengan que ver con la cultura, con la lectura, con el afán de saber más.

2.- Los padres han de ir por delante en su afán por la cultura
Si los padres tiene, por ejemplo, curiosidad intelectual, afán de saber y afición por la lectura, serán un ejemplo estimulante para el estudio de sus hijos.
Los padres tienen que preguntarse hasta qué punto fomentan, sobre todo con el ejemplo, la cultura familiar. En este punto puede surgir la pregunta de cómo van a hacerlo, si los padres posiblemente no tienen el nivel de estudios idóneo, no son universitarios, y apenas pueden responder a las preguntas que les plantean sobre las dudas en las tareas escolares. En este punto hay que decir, que los hijos no piden un profesor particular en los padres, sino la coherencia en su preocupación por los temas culturales, su sensibilidad ante lo artístico, el afán de saber que han mostrado en su trayectoria personal. Son manifestaciones de esa sensibilidad cultural, la existencia de una biblioteca familiar, las revistas que entran, las conversaciones que se tienen, etc.

3.- Manteniendo una estrecha colaboración con el tutor y profesores de los hijos
Padres y profesores están metidos en una misma tarea: la educación de los niños, por ello, se ha de tirar unos y otros en la misma dirección y se precisa de una colaboración mutua.En este punto como en tantos otros, hemos de estar en el término medio, no pasarse por un extremo ni por el otro.
Hemos de estar en contacto con los profesores, pero no podemos estar un día si y otro no requiriendo información del profesor sobre cómo va nuestro hijo, porque ello puede resultar agotador para el profesorado. Tampoco hemos de pasarnos por el otro extremo, el no aparecer por el centro, el que nos desconozcan, por mucho que requieran nuestra presencia.
Término medio puede ser una entrevista en cada evaluación, en otros casos que nuestro hijo requiere una tutorización mayor por el colegio y los padres, la periodicidad de la reunión puede ser una vez al mes.Los aspectos que se pueden tratar en esas entrevistas pueden ser:
Intercambiar información sobre la forma de ser: conducta del hijo estudiante: que capacidades mentales tiene más y menos desarrolladas y cómo las usa.
Qué disposición tiene hacia el estudio: ir tirando con el mínimo esfuerzo, muestra interés o no, es perseverante en lo que se propone o enseguida abandona...
Cómo estudia: qué dificultades principales encuentra en la realización de su trabajo, en qué necesita mejorar en concreto.
Que valores son los que se insiste en casa, y cuáles son los que se proponen en el centro.
Esta información del centro educativo se obtiene sobre todo a través de entrevistas periódicas entre padres y profesores.
Conviene que los padres acudan a dichas entrevistas habiendo pensado que tipo de información necesitan y qué tipo de información pueden, a su vez, facilitar al tutor o a los profesores.Convendrá fijarse conjuntamente algún objetivo común para la actuación de los padres y del centro.
Conviene que sea preciso y medible, para que en la próxima entrevista que se tenga, empezar por la revisión del objetivo marcado, cómo ha ido, qué dificultades han surgido, cómo adaptarlo para ahora, etc.
En el intercambio de información bidireccional entre padres y profesor, ocurrirá que el profesor o los padres no pueden proporcionar la información sobre algún dato concreto que se le pide.
Esto es perfectamente comprensible. Pero los padres no deben por ello renunciar a conseguir lo que se proponían.
Pueden pedir al tutor que consiga esa información para la entrevista siguiente, bien a través de su observación personal, bien a través de otras personas de entre las que trabajan en el centro educativo (profesores de las diferentes asignaturas, psicólogo, etc.).

4.- Orientando a los hijos en el manejo de las técnicas de estudio
Los buenos resultados en el estudio depende de querer estudiar, saber estudiar y hacerlo, es decir nos estamos refiriendo a la motivación, a las técnicas de estudio y a la fuerza de voluntad para realizar lo previsto.
Ahora nos vamos a referir a la importancia de tener la suficiente competencia en el manejo de las técnicas de estudio. Éstas son el instrumento del trabajo intelectual, y de igual modo que si quisiéramos tener un jardín arreglado necesitamos de un instrumental: azada, rastrillo, tijeras.... para realizar nuestro propósito, de igual modo nuestra inteligencia necesita de un instrumental para ser eficaz en el estudio.
Por otra parte, nuestro método de estudio siempre es perfeccionable, siempre algo se puede hacer mejor con el menor esfuerzo, mejor y en el menor tiempo posible.
Hay que decir que el primero y principal instrumento que se necesita para el estudio es la lectura, de manera que nuestro hijo tenga las suficientes habilidades en comprensión, velocidad y entonación correcta en la lectura. Si este aspecto básico no se ha desarrollado en su momento con la suficiente eficiencia, posteriormente será la causa originaria del fracaso escolar que aparecerá.
Otras técnicas de estudio que nuestro hijo debe manejar adecuadamente son:
Saber organizarse el tiempo.
Saber hacer esquemas, resúmenes.
Saber subrayar un texto.
Pasos a seguir para estudiar un tema.
Es muy probable que en el centro educativo haya un plan de acción tutorial en el que figurarán la impartición a los alumnos de las técnicas de estudio, pero a veces no se practica lo suficiente, y los padres tienen que suplir en ello.
Así pues, la primera tarea es detectar en qué falla nuestro hijo, los defectos de estudio más comunes son: memorismo, estudiar sólo para el examen, dependencia excesiva del profesor y del libro de texto (falta de iniciativa), no saber distinguir lo importante de lo secundario, dificultad para expresar oralmente y por escrito, dificultad para relacionar y sintetizar conocimientos, mal uso del tiempo...Una vez que entendemos en qué falla y en qué hay que actuar, habrá que hacer un plan para tratar de superar esos puntos débiles.

5.- Animando al estudio sin sermonear
Hay que empujar al estudio sin que se note, sin sermonear, ya que el insistir en un mensaje con oportunidad y sin ella en los adolescentes, puede ser contraproducente.
Sermoneamos en la medida que insistimos demasiado en un punto sin que sea el momento oportuno para ello.Hemos de valorar el esfuerzo y la dedicación de nuestro hijo al estudio más que sus resultados. No ha de centrarse toda la valoración de su hijo en sus notas.
Hay que mirarle como persona y en un contexto más amplio que el mero rendimiento académico.Resaltar sus propios progresos, aunque no estén a la altura de lo que a nosotros como padres nos gustaría. Hay que dar tiempo, lo importante es que vaya subiendo cota, aunque en un momento parezca que está retrocediendo. Recuerden que los éxitos, aunque sean o nos parezcan pequeños, son una pieza clave para mantener el interés.
No poniendo, de entrada, las metas demasiado lejos, para que no cunda el desánimo. Por regla general, son más eficaces los pactos familiares sobre aspectos concretos y con refuerzos también concretos, que los grandes discursos de los que se suele abusar.

6.- Procurando las ayudas pedagógicas oportunas cuando sea necesario
Cada hijo tiene su propio ritmo de aprendizaje, los puntos fuertes en el conocimiento y materias en las que presenta lagunas o dificultades. A estos alumnos hay que dar la respuesta pedagógica adecuada, que puede ir desde nuestra ayuda personal hasta ponerle un profesor particular.
Vamos a analizar algunas de las posibles respuestas:
a) Encargarse los padres.Teóricamente parece una de las más idóneas porque el conocimiento profundo que los padres tienen de sus hijos les lleva a saber exactamente qué es lo que tiene que superar su hijo, además los padres están revestidos de una autoridad que no tienen otros que pueden intervenir, como son los hermanos.La dificultad que tiene esta opción es que los padres han de disponer de suficiente tiempo para poder dedicarlo a la ayuda escolar de los hijos. Asimismo han de tener los suficientes conocimientos para ayudar a sus hijos en esas materias.
b) Encargarse algún hermano mayor.Tiene la ventaja de hacer partícipe a un hermano mayor de la responsabilidad de ayudar a un hermano. Esto crea más unidad familiar entre los miembros al tener un propósito común. Otra ventaja es que entre alumnos se explican de manera más didáctica y con el mismo lenguaje las cosas que tienen dificultades.Puede tener la dificultad de la falta de autoridad que tiene un hermano de manera que no siga las indicaciones que se le hacen. Otra dificultad es la falta de perseverancia en el encargo que se ha asignado a ambos cuando surgen las dificultades. Suele pasar que el hermano a quien se le ha encargado la atención académica, se escude en que él tiene bastante que hacer y no puede perder el tiempo con su hermano, que además no responde a veces a sus indicaciones.Para subsanar estas dificultades puede ser conveniente asignarle una paga al hermano con el fin de darle más seriedad y responsabilidad.
c) Tener un profesor particular.Que puede reforzar aquellas materias en las que tiene más dificultades. Para que un profesor particular sea una ayuda para nuestro hijo, hemos de tener en cuenta los siguientes puntos:
Los contenidos que se vean en las clases particulares han de estar supeditados y ser complementarios a los que se desarrollan en el centro educativo por el profesor de esa materia.
Es conveniente que sea una situación provisional, durante un tiempo. Hemos de tener en cuenta que lo normal es que vaya avanzando por los distintos cursos sin que necesariamente precise de un profesor particular. Se requerirá para situaciones extraordinarias: unos suspensos que indican lagunas importantes, dificultades significativas con área determinada, promocionar a un curso superior sin tener afianzado el anterior, cuando el niño no pueda seguir el ritmo normal de la clase....Sin embargo, puede pasar que lo extraordinario se convierta en ordinario.Los padres deberán contar con la opinión del tutor y otros profesores.
De esta forma, en caso afirmativo puede establecerse, además, una colaboración entre el profesor particular y los profesores del centro.

7.- Siguiendo el quehacer diario sin agobiar
Hemos de seguir el día a día del quehacer diario. El criterio es que cuanto más pequeños más de cerca hemos de hacer el seguimiento de las tareas de nuestros hijos, cuando van siendo más mayores y han ganado en autonomía y responsabilidad, les podemos dar más distancia en el seguimiento.
Hay que saber qué exámenes tienen, qué resultados están obteniendo, con qué dificultades se encuentran, cuáles son sus actitudes, disposiciones....
Hay que guardar un equilibrio entre dos posturas extremas, una hacer un seguimiento pormenorizado, que puede resultar agobiante a nuestros hijos, y que en algún momento determinado hay que seguir esa estrategia porque requiere una tutorización especial, pero que si se aplica más tiempo puede ser contraproducente.
Y la otra postura es no preocuparnos por sus cosas, seguirlo a mucha distancia, de manera que indique despreocupación por nuestra parte.
El criterio como se ha dicho antes es ir de más seguimiento a menos según va teniendo más años, pero cada caso es único.Un objetivo educativo que hemos de marcarnos los padres es que tengan la suficiente madurez y autonomía para organizarse nuestros hijos en el tema de los estudios, y también sería extensible a otros ámbitos. Pero centrándonos en el primero, lo deseable sería que cuando están en el primer ciclo de la enseñanza secundaria obligatoria, es decir, con 13-14 años, nuestros hijos se pudieran organizar por si mismos el horario de estudio, si se van a levantar por la mañana o se quedan por la noche porque tienen un examen....
Hemos de tener en cuenta, que los padres podemos mandar que estudien, que hagan esto o aquello otro, pero esto se puede hacer cuando tienen pocos años, porque aceptan nuestras indicaciones sin rechistar, pero cuando llegan a la adolescencia, si no va saliendo de ellos mismos el hacer las cosas, porque entienden que así lo tienen que hacer, poco podremos hacer con imposiciones si nuestros hijos no están dispuestos a estudiar.
Para ir consiguiendo esta meta educativa, los padres tenemos que empezar desde pequeños, poco a poco, que sean ellos los que hacen las cosas porque así lo van decidiendo, con autonomía, aunque a veces haya que mandarles, pero con la tendencia que sean los que llevan las riendas de los estudios.


Extraído de http://www.isftic.mepsyd.es/w3/recursos2/e_padres/html/

jueves, 18 de septiembre de 2008

Familias con hijos abanderados I

Voy a subir la primera parte de un trabajo de investigación sobre hábitos familiares en familias que lograron que los hijos tengan éxito académico. Fue realizada en la ciudad de Villa Mercedes, y presentada en el Congreso Virtual de Antropología y Arqueología y puede ser bajada completa ACA, además se la llevó al Congreso Internacional Virtual de Educación.
Son sus autores Elvira Persa de Yerusalimski y Alberto Christin y por razones de longitud del trabajo lo subiré en partes.

Presentación
La idea de este trabajo surgió cuando observamos en nuestra práctica docente, a aquellos alumnos que se distinguían de los otros con relación a sus competencias y capacidades, en la forma de integrar sus procesos cognitivos y resolver situaciones problemáticas, lo cual los convertía en los abanderados del establecimiento educacional al cual asistían. Además, nos fue posible constatar que los hermanos de esos alumnos, por lo general, también sobresalían por las mismas características. Ello nos llevó a pensar en las familias de estos alumnos y a fijar cierto perfil que deberían tener como padres para que sus hijos fueran abanderados. No obstante, nos dimos cuenta de no podíamos seguir modelos preestablecidos, porque notamos que aún en familias a que se muestran muy preocupadas por la educación, sus hijos no se destacan como abanderados.De modo que comenzamos a consultar por Internet sobre investigaciones afines y otras fuentes bibliográficas, para poder establecer un marco teórico y una metodología de investigación, que nos permitiera preguntarnos: ¿qué averiguar? y ¿cómo saber si existe alguna relación entre estos alumnos y sus respectivas familias?. A medida que avanzamos en el motivo de nuestra búsqueda, fuimos encontrando algunas respuestas. En primer término, observamos que existen familias, las cuales, partiendo de un capital cultural similar a las otras, logran mejores resultados.Compartimos junto a padres y madres espacios de diálogo y reflexión acerca de las condiciones de educación y crianza de sus hijos. Comparamos los datos que cada uno logró extraer de esos encuentros, y obtuvimos los aspectos particulares. Asimismo, observamos la importancia del acompañamiento y apoyo de los padres en el aprendizaje escolar de sus hijos, el tipo de liderazgo familiar, y el impacto de la transmisión de valoraciones positivas sobre la escuela.

Consideraciones Metodológicas y Teóricas
Métodos utilizadosPara abordar el objeto, entrevistamos a los padres de familia, en un marco de una investigación cualitativa. Para ello se consideraron grupos de distintas épocas, que van desde la década de los 70 (en la escolaridad media), hasta la actualidad. Se trata casi en su totalidad de familias biparentales, en la que, a pesar de mantenerse una preponderancia femenina, la presencia masculina es fuerte, y tiende a crecer con el transcurso de las décadas, y en la actualidad tiende a afirmarse a la pareja como “un equipo”, por lo que nuestra preocupación se centró en lo que sucede en el interior de la familia.Sociedad y Familia
En los comienzos del siglo XXI, y en forma independiente de la crisis profundizada por la situación de “default” en la Argentina, y más relacionada con los fenómenos ligados a la desocupación provocada por las nuevas tecnologías expulsoras de mano de obra, nuestra sociedad, dividida en clases, se ve obligada a llevar a cabo una serie de acciones tendientes a resguardar y si es posible mejorar, su posición social relativa. Tal como afirma Bordieu :Los cambios en los estados del capital a reproducir y en los tipos de instrumentos de reproducción imponen una reestructuración de las estrategias de reproducción del capital poseído, más exactamente, una reconversión del mismo o una transformación de la estructura patrimonial.
En nuestro contexto esas estrategias derivan en una devaluación de las credenciales, con estamentos profesionales superpoblados, en la búsqueda de diferenciación o de mayores posibilidades mediante el logro de habilidades especiales (dominio del idioma inglés, de las técnicas de la computación etc.) y mediante el logro del mejor nivel de excelencia escolar, que garantice un tránsito feliz en todos los niveles del sistema educativo. Consideramos que resulta adecuado ver la sociedad como un espacio organizado con múltiples sistemas de valoración. En lo referente a la posición de la persona, cabe considerar dos dimensiones, una relativa a la calidad de su capital, y la otra que considera el volumen total del mismo.En cuanto a la calidad del capital, consideramos válida su clasificación en Capital económico, cultural y social, y tomando en consideración la influencia de los factores sociales sobre el individuo, como dice Tenti Fanfani Una vez que hemos demostrado la insuficiencia de las metáforas corrientemente utilizadas para representar la jerarquía social, podemos preguntarnos: ¿En qué sentido esta clasificación compleja de las formas de capital nos permite evitar las inclinaciones objetivistas o subjetivistas? Para evitar cualquiera de estas dos inclinaciones, una teoría social adecuada necesita dar cuenta de la producción y reproducción de la sociedad como el resultado de fuerzas personales (y no, impersonales) y, a la vez, condicionadas (y no, incondicionadas).Resulta entonces la excelencia escolar como parte del capital cultural, tomando en cuenta lo afirmado por Frank Parkin :
Las calificaciones y los certificados aparecen como los instrumentos más adecuados para asegurar que quienes poseen el “capital cultural” tienen al mismo tiempo las mayores oportunidades de transmitir los beneficios del estatus profesional a sus hijos.En nuestro país es frecuente que la calidad profesional se transfiera de una generación a la siguiente, como una herencia, así vemos estudios jurídicos que son mantenidos a través de varias generaciones, pero en otras ocupaciones, donde la evaluación no está relacionada con las características de la clase, como en el deporte de alto rendimiento, esto resulta infrecuente, como lo es que el hijo de un tenista bien rankeado alcance niveles equivalentes, lo mismo para otros deportes, y las manifestaciones de arte (con la salvedad de los casos en que el capital social es determinante, como el caso de los cantantes populares) En el caso de los abanderados, podemos observar que existe, en nuestro contexto, una reproducción más fiel aún que los beneficios del estatus profesional, lo que nos anima a afirmar el carácter cultural de la transmisiónEs importante señalar que los mecanismos de reproducción social no garantizan una perfecta conservación del capital, se trata de reproducción social, no de mecanismos de copia o repetición social. Una copia o repetición social no existe ni ha existido nunca, y en síntesis, en cuanto al rol de las instituciones escolares no quiere decir que la escuela sea garante y legitimador de la inmovilidad social, pero se convierten en una arena de lucha para conservar o acrecentar las posiciones.

Dentro de estas ideas, si describimos nuestra idea de lo que significa la “excelencia educativa”, cabe destacar que no puede existir una única y universal definición, aplicable a todos los ámbitos, además como afirma Perrenaud : La excelencia escolar, una realidad fabricada… Se olvida muy a menudo que éstas últimas tienen una doble vertiente. Son desigualdades reales en lo que respecta al saber y al saber hacer que se valoran en la escuela, pero no tendrían la misma importan­cia simbólica ni las mismas consecuencias prácticas si la evaluación escolar no las tradujera en jerarquías explícitas. La razón por la cual estas jerarquías; muestran u ocultan, amplían o reducen las desigualdades reales depende, en gran medida, de los procedimientos de fabricación empleados, de la estructura del currículum, de la esencia del trabajo escolar, de las modalidades de excelencia, algunos alumnos, animados a menudo por su ambiente familiar.
Especialmente en la enseñanza obligatoria, el aprendizaje no suele responder a necesidades prácticas, para resolver un determinado problema, sino que constituye una larga marcha hacia un futuro todavía incierto. Además, en cada escuela se instaló el modelo meritocrático, según el cual, tras ofrecer a todos “las mismas oportunidades” de formación, pueden considerarse como más meritorios aquellos que demuestren un grado más elevado de excelencia. En la escuela se aprende fundamentalmente a desempeñar un papel, un “oficio de alumno”, que en los aspectos congnitivos supone el aprendizaje en los primeros años de la lectura y la escritura, así como el dominio de las operaciones aritméticas y últimamente se ha insistido en la necesidad de “aprender a aprender”, a los que hay que agregar otros objetivos como el de orden, respeto a la propiedad, no violencia, etc.Además, sobre todo para el maestro, en el trabajo de todos los días, la excelencia no se alcanza solamente con la obtención de los conocimientos fijados en el currículum, sino también es necesario comprometerse con las actividades realizadas y respetar las reglas.

Esto requiere de la familia se constituya en un ambiente que permita a sus hijos una aceitada relación con la escuela, para ello es necesario una serie de factores, tal como lo ha señalado R. Martiñá:…una síntesis muchos de los llamados fuentes o factores mínimos, fundantes de la resilencia , según algunos de sus expositores, más allá de los predisponentes genéticos aún poco conocidos.
Sostén afectivo, presencia de, al menos un adulto atento a las necesidades del niño…, que no “pesque por él, pero que le enseñe a pescar”. Alguien que le haga “sentir” la pertenencia a un mundo relativamente seguro y estable, donde las dificultades son tomadas como problemas, no como catástrofe… Alguien que esté disponible….
Aprendizaje: la importancia cognitiva y emocional de avistar un nuevo escorzo en el mundo. Un nuevo punto de vista, una nueva posibilidad….
Autonomía: la constancia transferible del poder de influencia sobre la realidad. La autovaloración favorable … y el sentimiento de ocupar un buen “lugar en el mundo”
Juego: disposición al placer, al humor, a la imaginación, a la manipulación de la realidad, a la sustitución, a las alternativas, a la creatividad

Caracterización del objeto de estudio
En la mayor parte de las observaciones, se hace presente una primera generación (de abuelos), que alcanzó únicamente la escolaridad primaria, pero que otorgó a la escuela mucha importancia, una segunda generación (padres), que alcanzó el nivel de excelencia exigido (fueron abanderados por lo menos uno de ellos), y una tercera (los hijos) en la que todos alcanzan esa condición.También observamos en todos los casos un liderazgo burocrático en el sentido weberiano, o sea con reglas impersonales, las cuales deben ser acatadas por todos los integrantes, y además son firmemente discutidas en su implementación.

La segunda parte pueden hallarla ACA

jueves, 17 de julio de 2008

Familia y éxito académico

El tema del “currículum del hogar”, o actividades referidas a la educación académica en el entorno hogareño, es una preocupación en muchos lugares del planeta, como por ejemplo en los EEUU, en los siguientes párrafos transcribo un artículo publicado en Chicago, para la comunidad hispana.

Los padres y el éxito académico
Por Ángeles Vázquez Colaboradora diario HOY
17 de junio, 2008
Chicago -- El papel de los padres es fundamental en el éxito académico de los hijos. La forma de introducirlos al conocimiento desde pequeños y la forma de conducirlos durante toda su vida académica define en mucho la persona que van a ser de adultos.Es por eso que los especialistas en enseñanza recomiendan leerles a los niños desde antes de que caminen y de que hablen. Es una forma de mostrarles que los libros proporcionan conocimiento, aún antes de que lo comprendan totalmente, y es también una manera de inculcarles el placer por la lectura.Poco tiempo después, cuando ya asisten al kinder o a la escuela primaria, no hay que descuidar el aspecto de la lectura y comenzar a fomentar el gusto por la escritura. En los Estados Unidos aprender a escribir ensayos es muy importante, ya que ayuda a organizar las ideas y es la forma más práctica y más frecuente en la que van a demostrar que adquirieron el conocimiento en las diferentes materias.Más tarde, en los exámenes de colocación conocidos como SAT o ACT, uno de los aspectos primordiales que se evalúan en dichos exámenes es el ensayo, por lo que se debe ayudarlos a que sean lo más diestros posibles en la redacción de este tipo de textos. También es fundamental que los padres hablen de ir a la universidad como un hecho y no sólo como una posibilidad o un sueño. Procure sembrar expectativas altas en sus mentes y que ellos se visualicen a futuro como profesionistas.El ejemplo también es muy importante. Es cierto que muchos adultos hispanos tienen que trabajar más de un turno completo para poder sufragar los gastos de la familia. Sin embargo, es recomendable que los hijos no sólo vean a los padres descansar desconectándose de las tensiones del día frente al televisor. Predique con el ejemplo y deje que sus hijos lo vean leer como una forma de relajamiento y disfrute.No hay que olvidar ser asertivo, que el discurso vaya acompañado de hechos que lo corroboren en la realidad. Si promete un incentivo cuando el estudiante obtiene buenas calificaciones es indispensable que lo cumpla, lo mismo que la pérdida de un privilegio. De otra manera, el muchacho no tomará en serio ni las promesas ni las advertencias acerca de su comportamiento y no se hará responsable de sus acciones.Es fundamental dejar claros los límites y establecer reglas, sobre todo con los adolescentes, quienes están en una etapa en que sienten esa necesidad de diferenciarse de sus padres y de rebelarse contra lo establecido. Con ellos pueden ser frecuentes las discusiones por cosas tan sencillas como la hora de dormir. Procure, dentro de lo posible, no caer en una dinámica de confrontación o de debate. Una regla, por definición, no está sujeta a la aprobación de las dos partes. Recuerde que aunque ellos piensan que ya son casi adultos y no lo necesitan, la adolescencia es curiosamente la época en que más requieren de su apoyo y su guía.Procure encontrar un equilibrio entre ser amigo de sus hijos y ser padre y guía. En la actualidad existe la tendencia de tratar de ser más un amigo; sin embargo, al sentirse tan en confianza los niños y los jóvenes tienden a perder la noción de límites y con estos de la realidad. Los especialistas en educación sugieren que es mejor ser un padre que fomente mucho la confianza y con quién se puede hablar de todos los temas. De esta manera no habrá motivo de confusión y usted podrá seguir desempeñando ese papel fundamental en el éxito académico de sus niños y adolescentes.

Como vemos, se destaca la importancia de la familia en el futuro académico del niño, y hábitos como el de lectura, escritura, mantener expectativas favorables, liderazgo parental basado en reglas, límites concretos a la televisión, que son necesarios a la hora de contribuir al éxito académico.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Busca en mis blogs