martes, 23 de junio de 2009

Fracaso escolar

Leyendo en “Escuela y fracaso: escuela del castigo” Ramón R. Abarca Fernández, me pareció interesante los siguientes párrafos que hablan sobre el fracaso escolar, desde el punto de vista de las responsabilidades paternas, y ahora lo comparto con ustedes:

Para superar el fracaso escolar, Menéndez Benavente, I. propone algunos puntos que es conveniente reseñar:

a) Demuéstrale a tu hijo que le quieres no por sus éxitos sino por él mismo.

b) Permítele que tome decisiones y dale responsabilidades acordes con su edad.

c) Jamás le compares desfavorablemente con sus hermanos o amigos.

d) Jamás le hagas sentirse inútil o culpable, anímale a confiar en sí mismo y a valorarse.

e) Enséñale que no hay que desanimarse ante los primeros fracasos, que hay que ser tenaz y buscar alternativas, practicar para superarse.

f) Fomenta la lectura desde pequeño, contando cuentos, haciendo que los cuente él, animándole cuando lea algo. Enséñale palabras nuevas y haz como un juego, que enriquezca su vocabulario, háblale mucho y con propiedad.

g) Estate atento con sus éxitos, por mínimos que sean, esto le ayudará a ir superándose y a sentirse seguro.

h) Enriquece su ocio. Que no vea sólo la televisión cuando es pequeño. Enséñale programas adecuados, llévale a museos, cuéntale historias, haz que tenga contacto con la naturaleza…

i) En fin, fomenta que tu hijo se quiera a sí mismo, se acepte, esté seguro y sobre todo que SEA FELIZ .

Fuente
http://www.rieoei.org/jano/3078Abarca.pdf

lunes, 15 de junio de 2009

La adolescencia y el sueño

El sueño es un elemento esencial de la vida. Pasamos prácticamente un tercio de nuestra existencia dormidos y la sola magnitud de este dato ya nos da una idea de la importancia que le da nuestro organismo a esta actividad.

Quizá hablar de actividad para referirnos al hecho de dormir nos parezca un contrasentido, pues todos asociamos el sueño a lo contrario, al reposo y la inactividad. Que el sueño tiene una función fundamental de descanso es obvio, pero pensar que se reduce a eso es una simplificación exagerada de una realidad mucho más compleja. El sueño no es un estado homogéneo, sino una secuencia ordenada de procesos que se repiten rítmicamente cada 90-120 minutos, en la que nuestro cerebro pasa de fases de descanso a otras de intenso trajín. Durante las primeras nuestras neuronas recargan sus fuentes de energía, limpian los deshechos que se han ido acumulando durante la vigilia y reparan su maquinaria celular para afrontar las exigencias que vendrán tras el despertar. La función de las segundas aún no la comprendemos completamente, pero sabemos que son indispensables para el establecimiento y consolidación de la memoria y de las emociones. La expresión popular de «consultar los problemas con la almohada» tiene una base fisiológica. Durante el sueño las experiencias vividas durante la vigilia se organizan, se ordenan, se integran con un componente emocional y se articulan con nuestra memoria previa. En este proceso, un problema aparentemente insoluble o una decisión difícil durante la vigilia pueden encontrar su solución. Por este motivo, la privación de sueño disminuye sustancialmente la capacidad de atención, de concentración y de memorización, provoca irritabilidad y agresividad y si se prolonga a la larga acaba modificando el ánimo, ocasionando apatía, anhedonia y tristeza. La función del sueño no se limita al cerebro, sino que se extiende a todo el organismo influyendo decisivamente en el control de nuestras hormonas y de nuestro sistema inmunológico. El sueño hace crecer, porque la hormona de crecimiento, entre otras, se segrega mientras dormimos. La falta de sueño engorda, porque altera el equilibrio entre grelina y leptina, hormonas relacionadas con el apetito y la saciedad. Y las personas privadas crónicamente de sueño sufren más infecciones y más graves que las que satisfacen adecuadamente sus necesidades.

Sin embargo, a pesar de que nuestra propia experiencia nos advierte a corto plazo del efecto nocivo que tiene el dormir poco, tenemos pocos reparos como individuos y como sociedad para maltratar nuestro sueño. Se calcula que dormimos entre una y dos horas menos al día que a principios del siglo XX, cuando no había electricidad, y la tendencia a reducir el tiempo de sueño se mantiene con el desarrollo tecnológico y el aumento de las posibilidades de distracción. La hora de inicio del sueño se retrasa cada vez más. Los programas de televisión de prolongan hasta horas imposibles para nuestros relojes biológicos y las actividades lúdicas se organizan cada vez más entrada la noche. Sin embargo, la hora de despertar se mantiene, o incluso se adelanta con el fin de conseguir un horario laboral más integrado que nos deje la tarde libre para el ocio. Acortar el tiempo de sueño implica entorpecer los procesos de aprendizaje, no de una manera lineal sino exponencial, pues la primera mitad del sueño se dedica fundamentalmente a las tareas de mantenimiento y reposo, mientras que las funciones de integración y memorización de la información se realizan principalmente en la segunda mitad del sueño, que es la que más reducimos si nos obligamos a despertar antes de lo que nuestro cerebro había programado.

El problema es especialmente grave en la adolescencia, pues es una etapa de la vida en la que se combinan necesidades de sueño prolongadas, en torno a nueve horas diarias, adquisición continua de gran cantidad de información nueva que hay que procesar y elaborar y anhelo de integración en un grupo social que gusta de reunirse y comunicarse a horas cada vez más intempestivas, rompiendo el ritmo vigilia-sueño cada fin de semana y sacrificando sin reparo las horas de sueño para dedicarlas al ocio o simplemente para «charlar» por el móvil o por Internet. A esto se añade la tendencia cada vez más extendida de iniciar las clases a una hora más temprana, de modo que los alumnos acuden con frecuencia al colegio cortos de sueño por acostarse tarde y mal desayunados por apurar al máximo los últimos minutos de cama, con el cerebro en una situación que combina la «inercia de sueño» o estado de torpor mental que se da en la transición desde el sueño hasta el despertar completo, con una pájara intelectual por el periodo prolongado de ayuno desde la cena. Periódicamente nos sobresaltamos al conocer las cifras crecientes de fracaso escolar. Si bien es evidente que este es un problema complejo de origen multifactorial, también es indudable que mantener la maquinaria del aprendizaje en condiciones satisfactorias de servicio es el paso primero e ineludible para conseguir un rendimiento óptimo y después de lo expuesto creo que a nadie se le escapa que esto solo es posible con un sueño suficiente en cantidad y calidad.


31-05-09
JUAN JOSE POZA NEURÓLOGO. COORDINADOR DEL GRUPO DE ESTUDIO DE LOS TRASTORNOS DE LA VIGILIA Y EL SUEÑO DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE NEUROLOGÍA (SEN)

http://www.diariovasco.com/20090531/opinion/articulos-opinion/adolescencia-sueno-20090531.html

sábado, 6 de junio de 2009

Hábitos de estudio: poco, mal y tarde

Pocas horas, mal y tarde. Estos son en líneas generales y salvo excepciones -así parece que ha sido siempre- los hábitos de estudio de los jóvenes españoles, que como todos los años por estas fechas están metidos de lleno en la preparación -el atracón final- de los exámenes de fin de curso.

Un "empacho" de apuntes y libros que "no funciona. A veces, puede servir para aprobar un examen, pero lo normal es que lo estudiado se olvide a los pocos días", argumenta, en declaraciones a Efe, Francisco Arroyo, psicólogo y profesor de técnicas de estudio.

"No se estudia suficiente -aclara Arroyo- porque los chavales ni saben ni tienen la motivación para hacerlo. Se junta el hambre con las ganas de comer".

Diferentes informes ponen de manifiesto que durante el curso pocos se dejan los codos ante los libros. Uno del Ministerio de Educación refleja que el 17% de los escolares de primaria dedica al día una hora o menos a hacer los deberes, el 47% entre una y dos, el 21% de dos a tres horas y tan sólo el 9% más de tres. En su lugar, prefieren jugar en la calle o con el ordenador, y ver la televisión.

Ahora bien, son muchos los que piensan que los deberes de casa son excesivos. Así lo creía el 47% de los consultados para el estudio "Tendencias y hábitos de estudio y consumo de material escolar", encargado hace cuatro años por la empresa Office Depot. El 42,2% pensaba lo contrario.

Pero estudiar es algo más que hacer los deberes, advierte Francisco Arroyo, quien tiene muy claro que entre los jóvenes no abunda el hábito "diario" del estudio.

TRECE HORAS SEMANALES
La situación no parece ser diferente cuando llegan a la universidad. Un informe de la Fundación BBVA sobre los universitarios españoles concluye que el tiempo medio que dedican a "empollar" apenas supera las trece horas semanales.

La distribución de esas horas es bastante irregular. Así, mientras que el 30% afirma que estudia diariamente "más o menos el mismo número de horas", el resto se divide entre quienes lo hacen unos días sí y otros no (41%), quienes lo posponen hasta las vísperas de los exámenes (20%) y aquellos que aseguran dejarlo para los fines de semana (7%).
Entre horas de clase, teóricas y prácticas, y estudio en casa, el informe de la Fundación BBVA destaca que, de media, no suman más de treinta y tres horas semanales.

El mismo trabajo pone de manifiesto que los hábitos de estudio varían significativamente según la carrera elegida. Los alumnos de las técnicas y de ciencias de la salud estudian una media semanal de 16 horas, los de ciencias experimentales unas 13 y los de humanidades y ciencias sociales no más de 12.

Otro dato importante del informe: los matriculados en la universidad pública estudian más que los de la privada, 13,6 horas semanales de media frente a 11,2, respectivamente.

"Sí, se estudia poco", reconoce Carlos Javier Ruiz Yébenes, presidente de la Confederación Estatal de Asociaciones de Estudiantes (CANAE), quien alude a la necesidad de inculcar el hábito diario ya desde la escuela, a muy temprana edad, y de que en las aulas se impartan técnicas que contribuyan a consolidar dicho hábito.

MEMORIZAR ANTES QUE COMPRENDER
Pedro Rascón, presidente de CEAPA (Confederación Española de Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos), coincide en que "nadie" enseña a estudiar a los chavales, "se da por supuesto que saben", dice, y habla de la importancia de interiorizar unas pautas "que hagan provechoso" el aprendizaje. "Falla el sistema" educativo, insiste en conversación con Efe.

"Es urgente modernizarlo, pues está anclado en el siglo XIX. Se prima la memorización de contenidos, de conocimientos, antes que su comprensión. El profesorado, en general, no está preparado para enseñar a estudiar, bien porque están cargados de tareas bien porque su discurso está más cercano a la decimonónica clase magistral", advierte el presidente de CEAPA.

Estela D,Angelo, profesora del departamento de Didáctica y Organización Escolar en la Facultad de Educación de la Universidad Complutense, cree que el cambio se está produciendo ya, aunque "con lentitud, porque el pensamiento -dice- siempre va más lento".

En el caso concreto de la Universidad el "vuelco" en el modo de enseñar y aprender, comenta, viene además obligado por la convergencia europea de la educación superior, el llamado proceso de Bolonia.

"Estamos obligados -insiste- a revisar la forma de estudio, uno de los aspectos de la enseñanza más importantes que hay que atacar. Hay resistencias, pero es inevitable el cambio". Revisión que tiene que afectar obligatoriamente al sistema para evaluar los conocimientos del alumno: los exámenes.

"Los chicos no saben estudiar porque no lo aprenden desde edades tempranas. Aprenden conocimientos de manera muy literal, descontextualizados, y ello contribuye al fracaso escolar. Se sienten desbordados, no saben cómo resolver los problemas que conlleva el estudio", recalca.

REFLEXION, COMPRENSION, ATENCION...
Esta profesora universitaria da importancia a la memoria como herramienta -"es la esencia de nuestra vida, somos memoria", dice-, pero no exclusivamente. "Memorizar por memorizar no es útil, sólo en tanto en cuanto sirva para transformar esa memoria en conocimiento".

Valentín Martínez-Otero, psicólogo, pedagogo y también profesor en la Complutense, considera importante la memoria en el estudio, "pero no lo más". "Hay que decir no a su uso abusivo o inadecuado, porque lleva a un aprendizaje mecánico. Son igual de importantes otros procesos intelectuales como la reflexión, la comprensión, la atención, la expresión, la creatividad...."

Si un estudiante, continúa, carece de unas técnicas de trabajo intelectual suficientes, o de hábito de estudio, "tarde o temprano va a encontrar significativos escollos en su proceso formativo".

Charo Pérez Molina, profesora de educación infantil y secretaria de Comunicación del sindicato FETE-UGT, recalca la importancia de introducir hábitos de estudio desde la escuela primaria, y en la necesidad de implicar a padres y profesores en el proceso.
"Juntos tenemos que enseñar a los chavales -declara a Efe- a planificar su tiempo dentro y fuera del aula. Cuando funciona la comunicación entre la familia y la escuela el éxito está más asegurado".

La tarea no es fácil. "Ahora, el problema es más grave, porque la oferta de ocio, de entretenimiento es mucho mayor que antes", advierte el psicólogo Francisco Arroyo.
"El estudio -continúa- compite con el messenger, con tuenti...con la televisión y los videojuegos. Antes los padres tenían la autoridad suficiente para decirle a su hijo que se pusiera a hacer los deberes. Ahora, la mayor parte ni siquiera están en casa cuando sus hijos vuelven del colegio. Es un grave problema social".


Autor Carlos Mínguez.
Fuente
Adn.es
http://www.adn.es/sociedad/20090606/NWS-0409-Habitos-tarde-poco-mal.html

martes, 2 de junio de 2009

Temas para madres y padres

Una nota muy corta aparecida en “las provincias.es” me hizo preguntarme ¿Qué funciones cumplen las Asociaciones de Padres y Madres? ¿Qué cuestiones preocupan? ¿No necesitan de una buena reflexión? ¿No tienen acaso los mismos problemas? Transcribo la nota:

Una encuesta recoge los temas de interés a tratar en la futura escuela de padres
El ayuntamiento de Sant Joan realizó una encuesta con el fin de sondear los temas de interés para la futura Escuela de Madres y Padres. Según se desprende de esta encuesta, elaborada en colaboración con las Ampas (se trata de las Asociaciones de Madres y Padres) de los colegios del municipio, las dos cuestiones que más preocupan a las familias son cómo establecer normas y límites y qué hacer con su tiempo de ocio.

Frente al modelo actual de sociedad, en constante cambio de valores y conocimientos, la escuela quiere ser un espacio de encuentro y reflexión entre la Comunidad Educativa y la Familia que permita profundizar en los conocimientos, habilidades y estrategias para abordar con eficacia el papel de padres y madres.

La asunción de normas y límites es un hito fundamental para favorecer el desarrollo de los pequeños y conseguir un comportamiento responsable y consecuente en el futuro. Los padres y madres son conscientes de dicha importancia y se plantean dudas sobre cuándo y dónde establecer esos límites.

No es extraño encontrarse con la imagen del niño pegado a la videoconsola, la niña sentada delante del ordenador y los padres viendo televisión. Parece que las familias consultadas están interesadas en romper con esa dinámica y desarrollar el tiempo de esparcimiento

Otras cuestiones como ayudar con los deberes, la prevención del consumo de drogas y el cambio que supone pasar del colegio al instituto también merecen una atención especial.

Fuente:
http://www.lasprovincias.es/valencia/20090530/comarcas/encuesta-recoge-temas-interes-20090530.html

martes, 26 de mayo de 2009

El éxito académico


En estas breves líneas me voy a referir a un tema de vital importancia para las familias: la educación de las nuevas generaciones.

Ante lo amplio del problema, lo voy a observar desde una posición determinada, a partir de una pregunta ¿Inciden las actividades familiares en el rendimiento escolar, en el éxito académico? En caso afirmativo ¿Cuáles son las actividades que hacemos en casa que permiten un mejor aprendizaje de nuestros hijos?

A lo largo de muchos años de actividad docente, pude observar en muchas oportunidades que los alumnos con éxito académico en el secundario tenían hermanos en las mismas condiciones, y con una compañera de trabajo nos lanzamos a la búsqueda de los patrones de las conductas familiares que posibilitaban ese acontecimiento, y luego formalizamos los hallazgos, para presentarlos en Congresos de la temática y exponerlos a la crítica de colegas.

De esa manera, entrevistamos a jefes de familias que en forma abierta y generosa nos contaron aspectos de su vida familiar que se relacionan con la escuela. Les cuento algunos de ellos.

Hijos discutidores y responsabilizados
Los padres con quienes dialogamos consideraban que sus hijos eran “muy discutidores”, pero, ¿A qué se debe esto? La respuesta la tenemos en el tipo de liderazgo familiar, que es el basado en reglas, las cuales deben ser cumplidas por todos sin excepciones, y no por caprichos, y no son aceptadas las arbitrariedades. Lo que se discute permanentemente es la aplicación de esas normas, no las normas en si. Si una regla establece que durante el almuerzo o cena, el aparato de televisión permanece apagado, esto no debe ser quebrado por más que el partido de futbol sea muy especial.

Televisión tipos de programas y controles.
Ante la evidente pobreza de nuestra televisión ¿Qué actitud asumieron? Por una parte una discreta vigilancia, y por otra una actitud de acompañamiento y crítica, más que una prohibición. Evitar que el aparato quede prendido permanentemente, como música de fondo y la presencia de uno de ellos en la habitación de los jóvenes son habitualmente recomendados por los expertos en el tema.

Esfuerzos y resultados
Otra característica observable en este tipo de familia, es la preeminencia que se le da al esfuerzo de los hijos. Frente a la obtención de resultados, es frecuente escuchar “Si te esfuerzas, los resultados serán una consecuencia, tarde o temprano”

La lectura
En todos los casos observados, la lectura es una actividad importante para toda la familia, se observan libros en todas partes, ya sean de ficción o de carácter técnico científico.

Cuestionamiento a la escuela y a los docentes
Obviamente la época donde se afirmaba “El docente tiene siempre la razón” se agotó, y también se puede observar el fenómeno en este tipo de familia, pero lo que constatamos es que permanentemente instaban a los hijos a “Ponerse en el lugar del otro”, como estrategia para lograr equilibrios más justos.

En síntesis, esto es un apretado resumen que hace a un hecho de enorme importancia para las familias, que es el de la formación de un capital cultural para nuestros hijos. Lo cierto es que se trata de una tarea compleja, cada vez es más difícil ser padre, y debemos aprender sobre la marcha.La llave que nos puede solucionar el problema es la COOPERACIÓN con la escuela, con otros padres. También mediante la reflexión y el diálogo que lograremos aliviar la pesada carga de ser padres.

martes, 19 de mayo de 2009

Relación entre rendimiento escolar y entorno familiar

Las prácticas docentes se ven afectadas por numerosos factores. Todos sabemos de la influencia que ejerce el entorno damiliar en el rendimiento escolar, y ello afecta profundamente a la actividad en el aula ¿No resulta urgente involucrar a la sociedad toda en el reconocimiento de este tipo de factores? ¿Los medios de comunicación son ajenos a esta problemática? Invito a leer el trabajo de la Consejería de Educación y Ciencia de la Junta de Andalucía.

El presente trabajo trata de establecer, si es que existe, la relación entre el Rendimiento Escolar y el entorno familiar que envuelve a los alumnos y alumnas.

Se divide en diferentes apartados. El primero es un planteamiento teórico sobre qué entendemos por Rendimiento y la influencia que tienen los factores sociofamiliares en el mismo, reflejados en numerosos estudios y experiencias.

Después viene un amplio apartado en el que se plantea el problema y se establecen: el objetivo, hipótesis, variables, etc., para, mediante los datos recogidos, poder establecer o no la relación entre Rendimiento (variable dependiente) y las demás variables y comprobar si son o no ciertas las hipótesis formuladas.

El análisis de los resultados nos permitirá sacar unas conclusiones con las que poder establecer una serie de estrategias que permitan compensar desde nuestros centros las desigualdades familiares que algunos niños y niñas padecen y que, como ya veremos, influyen de manera determinante en su rendimiento escolar.

JUSTIFICACIÓN
Cuando en cada uno de nuestros centros nos enfrentamos a analizar los resultados de la evaluación, detectamos que hay en cada grupo, un número determinado de alumnos y alumnas que vienen obteniendo un rendimiento académico bajo. Analizando las causas que pueden provocarlo, llegamos a que son debidas en una u otra medida, a la familia. Y es que, cuando puestos en juego los recursos de los que disponemos y descartando cualquier tipo de deficiencia psíquica, los resultados no son los apetecidos: una evaluación positiva, no queda sino atribuir ese rendimiento a causas externas a la escuela, pero que inciden directamente en ella, como es el ambiente socio-familiar que rodea al niño o la niña.

Como el alumnado de nuestros colegios es de Educación Infantil y Educación Primaria, el medio social que más directamente incide sobre ellos es la familia.

BASES DEL ESTUDIO
La institución escolar tiene como fin que sus alumnos y alumnas adquieran unos conocimientos, habilidades, instrumentos, ...que los transformen en individuos socialmente productivos.

En la medida en que cada escolar tenga éxito en la empresa, podremos decir que ha obtenido un mejor o peor rendimiento escolar.

Según el profesor Santiago Rodríguez, el concepto de rendimiento escolar es difícil de delimitar, al entrar de lleno en el terreno político y esgrimirse como bandera de la calidad de un Sistema Educativo donde la identificación educación-producción es la base que sustenta el concepto.

Esto nos lleva a la Teoría del Capital Humano, en el que se considera la Educación como el principal capital humano, "en cuanto concebida como productora de capacidad de trabajo”. En este sentido, es una inversión como cualquier otra.

Como inversión hecha por los poderes políticos, está sometida a control y se pretende que "genere beneficios".

Así, el rendimiento escolar se convierte en la variable fundamental de la actividad docente. En función de él, se programan los objetivos, contenidos y actividades de cada período escolar.

El rendimiento escolar es la resultante del complejo mundo que envuelve al estudiante: cualidades individuales (aptitudes, capacidades, personalidad,...), su medio socio-familiar (familia, amistades, barrio,...), su realidad escolar (tipo de Centro, relaciones con el profesorados y compañeros o compañeras, métodos docentes,...) y por tanto su análisis resulta complejo y con múltiples interacciones.

Aunque hayamos analizado el rendimiento escolar como el resultado de numerosos factores que inciden directamente en él, los estudios que ven en causas socioeconómicas o socioculturales el origen de la desigualdad en los rendimientos de los escolares son numerosísimos, fundamentalmente fuera de nuestro país.

En España, cuando Gloria Pérez Serrano (1.981) realizó su estudio relacionando el rendimiento escolar con el origen social, sólo había un estudio previo, el de Carlos Lerena (1976).

Antonio Marín Capitas, en su Tesis Doctoral (1993), recoge los estudios de Samper y Soler en 1982, donde encuentran que las dos terceras partes de los niños y las niñas con bajo rendimiento proceden de familias con nivel económico bajo y establecen correlaciones entre ambos fenómenos. A onclusiones semejantes llegan Molina García y García Pascual en 1984.

Entre los autores y las autoras que defienden la determinación sociológica o socioeconómica en el rendimiento escolar, podemos distinguir 3 tendencias fundamentales:

La primera ve al sistema educativo como un instrumento para la reproducción social, y cumple con la misión de dejar a cada individuo en la posición que le corresponde en el sistema social. El rendimiento escolar es la manifestación de este hecho y son los pobres quienes más fracasan.

Paul Willis, Leonor Buendía, Gloria Pérez, entre otros autores y autoras, afirman que hay una estrecha vinculación entre la clase social y el Rendimiento Escolar.

Quienes se encuadran dentro de la segunda tendencia consideran que es excesivamente amplia la clase social para explicar el diferente rendimiento del alumnado y prefieren indagar en estructuras más próximas al niño o la niña, como la familia, que es el ámbito de incultura primaria del niño, donde se encuentran las claves que explican su Rendimiento en el proceso educativo.

La tercera corriente se puede considerar como síntesis de las dos anteriores, pues es cierto que el entorno más inmediato en el que se desarrolla el individuo es su familia, pero es bien cierto que ésta se encuentra determinada por una serie de factores culturales, sociales, y económicos que la hacen pertenecer a una clase social o a otra, y, en este sentido, también es válido lo señalado en el primer apartado.

Quizás sea el más representativo de esta tendencia el sociólogo de la comunicación Basil Bernstein, para el que el desarrollo del lenguaje tiene una relación inmediata con el fracaso escolar.

Cuando el niño la niña llega a la escuela está en diferente posición de salida, según proceda de una familia o de otra. Los niños y las niñas de los medios sociales menos favorecidos tienen un desarrollo mental medio más lento, porque llegan con un bagaje de experiencias más pobre y menos organizado. Si a la desventaja social unimos la cultural, los comienzos serán más difíciles y recibirán menos ayuda en los momentos difíciles, lo que les hace más vulnerables al fracaso, y ello teniendo en cuenta que las actitudes pedagógicas familiares suelen ser bastante diferentes según las clases sociales.

OBJETIVO E HIPÓTESIS
OBJETIVO
COMPROBAR EL GRADO DE INTERRELACIÓN ENTRE AMBIENTE SOCIO-FAMILIAR CON EL RENDIMIENTO ESCOLAR, PARA PODER COMPENSARLO EN LO POSIBLE DESDE LA ESCUELA.

En este sentido, el núcleo de nuestra investigación se centra en el estudio de aquellos alumnos y alumnas con un rendimiento bajo, para determinar las causas del mismo y comprobar la relación que pueda existir entre el origen social del alumnado y su rendimiento escolar.

HIPÓTESIS

a) Hay una clara relación entre nivel cultural y económico de la familia y el rendimiento escolar de sus hijos e hijas.

b) Las expectativas de encontrar un trabajo fácilmente inciden negativamente en la preocupación de la familia por el rendimiento escolar.

c) El trabajo de ambos progenitores influye negativamente en el rendimiento de los hijos e hijas.

d) Los problemas familiares tienen una repercusión negativa en el rendimiento del niño y la niña.

e) Cuando en la familia se respira un ambiente de interés por la educación de los hijos y las hijas, el rendimiento de éstos es más alto.

f) Un elevado número de hijos e hijas en la familia incide negativamente en el rendimiento escolar.


ANÁLISIS DE RESULTADOS

RENDIMIENTO Y NIVEL CULTURAL DE LA FAMILIA
Para determinar el nivel cultural de las familias, hemos considerado los estudios del padre y de la madre.

Ambas variables tienen una relación directa con la variable dependiente. Tras aplicar las pruebas estadísticas, podemos afirmar que ambas variables están relacionadas en el 99% de los casos.

Si tenemos en cuenta las diferentes categorías en que hemos dividido a las variables, podemos afirmar que, aquellos padres y madres que no tienen estudios y en la práctica rozan el analfabetismo, está más directamente relacionado con un rendimiento escolar malo y, en aquellas familias en las que los progenitores tienen estudios superiores es mayor la relación con el rendimiento escolar bueno, teniendo escasa relación con el rendimiento los estudios primarios y medios de éstos.

RENDIMIENTO Y NIVEL ECONÓMICO
Esta variable también tiene relación con el rendimiento escolar. Analizando cada una de las categorías en las que hemos dividido la variable, observamos que cuando esa relación es más significativa se da entre las familias con nivel económico bajo y un rendimiento bajo, no teniendo significación el resto de las categorías.

Sin embargo, el coeficiente de correlación de Pearson nos indica que existe una relación entre ambas variables en el 99% de los casos.

- RENDIMIENTO Y NÚMERO DE HERMANOS Y HERMANAS
Al aplicar la prueba Chi-cuadrado, aparecen las dos variables relacionadas, pero tras hallar el Coeficiente de Contingencia entre ambas variables, ésta aparece como escasa (0,2), y el coeficiente de correlación de Pearson se aproxima al 0,5, lo que nos lleva a analizar las diferentes categorías en las que se han dividido las variables, siendo realmente relevante la relación existente entre un rendimiento escolar bajo y el tener más de 4 hijos en la familia.

RENDIMIENTO Y PROBLEMAS FAMILIARES
Quizá sea esta variable una de las que mayor correlación tenga con el Rendimiento Escolar.

Si nos fijamos en las categorías de la variable independiente: hay problemas familiares, o no hay problemas; se ve claramente la fuerte relación que hay entre la existencia de problemas en la familia con un rendimiento bajo, siendo la relación entre las demás categorías menos significativas

RENDIMIENTO E INTERÉS DE LA FAMILIA
Estas variables son las que más claramente se ven relacionadas.

El coeficiente de Pearson es aproximadamente igual al 0,8, y el estadístico Z supera el nivel de confianza del 1%, lo que indica que existe relación entre las variables en el 99% de los casos.

Destacan como especialmente significativas cuando el interés de la familia es alto el rendimiento escolar es bueno, y cuando ese interés es nulo el rendimiento es malo.

RENDIMIENTO Y EXPECTATIVAS
Teniendo en cuenta que todos los progenitores "esperan algo" de sus hijos e hijas, según en qué pongan sus expectativas tendrá una incidencia u otra en el rendimiento Escolar.

Esto es lo que refleja el tratamiento estadístico dado a los datos obtenidos, pudiendo afirmar con un nivel de confianza del 1%, que existe relación entre las variables en el 99% de los casos.

Si analizamos las categorías con que contamos, observamos que, cuando las expectativas están puestas en encontrar un trabajo y un rendimiento escolar malo, tienen una alta relación; las expectativas puestas en la Educación Universitaria tiene una relación negativa con el rendimiento escolar bajo.

CONCLUSIONES
De nuestra investigación podemos sacar varias conclusiones, algunas de ellas valiosas de cara al objetivo que nos planteamos al principio.

Una primera conclusión que extraemos es que el nivel cultural que tiene la familia incide directamente en el rendimiento escolar de sus hijos e hijas, así, cuando el nivel de formación de los progenitores está determinado por una escolarización incipiente o rozando el analfabetismo, es más fácil que los hijos no tengan un rendimiento escolar satisfactorio, y, por el contrario, en aquellos progenitores con un nivel de formación medio o alto es más probable encontrar un rendimiento bueno. Esto está en consonancia con los estudios reseñados al principio de este trabajo, y se explica porque la cultura de la escuela es la cultura de la sociedad, por lo que los niños y las niñas que pertenecen a una familia con un status cultural medio o alto tienen ya ventaja en la Escuela sobre aquellos otros que pertenecen a un status cultural bajo, coincidimos en esta apreciación con Bernstein.

El nivel económico de la familia sólo es determinante en el rendimiento escolar cuando es muy bajo, cuando puede colocar al individuo en una situación de carencia, lo que ocurre es que esto normalmente lleva asociado un bajo nivel cultural, elevado número de hijos e hijas, carencia de expectativas y falta de interés. Así, lo exclusivamente económico no tiene por qué ser determinante en el rendimiento escolar.

También podemos concluir que el número de hijos e hijas, salvo cuando el número es elevado y que generalmente lleva consigo otros condicionantes, no influye determinantemente en el rendimiento. Pero la realidad nos dice que esas "superfamilias" lo son por una falta de planificación, de metas y de objetivos a todos los niveles, y por tanto no podemos nosotros pedirles que los tengan respecto a la educación escolar de sus hijos e hijas.

De los apartados anteriores se desprende, igualmente, que cuando en la familia hay problemas, el niño o la niña los viven y esto, necesariamente, influye en su conducta y en su rendimiento. En esto, los niños y las niñas no son diferentes a los adultos y en ellos se puede agudizar porque la familia es casi todo su universo.

Pero la conclusión definitiva a la que podemos llegar es que, cuando la familia demuestra interés por la educación de los hijos e hijas, se preocupa por su marcha en el colegio, están en sintonía con el maestro o maestra, el rendimiento es más positivo pues hay una conexión casa-escuela que el niño percibe y que llega a repercutir en su trabajo.

Este interés de la familia se demuestra valorando lo que se hace en el colegio y, en cierta medida, está vinculado a las expectativas que los progenitores tienen puestas en el futuro de sus hijos e hijas. Cuando esas expectativas cuentan con la institución escolar: estudiar una carrera, tener la suficiente formación, ser alguien en la vida, etc., el interés de la familia por la escuela es sin duda mayor que el de aquellas otras que consideran la escuela como una mera espera para llegar al mundo del trabajo, porque la ley impide trabajar hasta cierta edad. Estos planteamientos tan dispares tienen su claro reflejo, salvo raras excepciones, en el rendimiento escolar de los alumnos y las alumnas y están, a su vez, condicionados por el nivel cultural y económico, el tener un elevado número de hijos e hijas, por padecer algún tipo de problemática familiar, en la mayoría de los casos; son familias que tienen menos interés por la educación escolar de sus hijos e hijas y escasas o nulas expectativas de futuro para ellos y quienes proceden de ellas son niños y niñas que presentan un bajo rendimiento escolar. Es por tanto aquí cuando se plantea un reto a la educación y a la escuela: ¿no tenemos nada que hacer? ¿los maestros y las maestras nos tenemos que cruzar de brazos?.

Para no caer en el desánimo y buscar posibles soluciones recurriremos a la Educación Compensatoria como un medio de paliar carencias y salvar las desventajas que esos alumnos y alumnas tienen en su proceso educativo, desde la institución escolar, con los medios con los que podemos contar en nuestros centros, tanto en medios materiales como personales, plantaremos una serie de medidas que intentaremos poner en práctica en los próximos cursos.

Finaliza el trabajo con un recorrido por lo que la Educación Compensatoria supone y lo que, desde nuestra propia realidad escolar, podemos desarrollar, con una serie de medidas y con un amplio proyecto de actividades extraescolares que figura como uno de los anexos.

AUTORÍA
Morales Serrano Ana María (Coordinadora)

Proyecto de Investigación Educativa subvencionado por la Consejería de Educación y Ciencia de la Junta de Andalucía.

viernes, 8 de mayo de 2009

¿Qué influye más en el rendimiento escolar: lo que eres, o lo que haces?

El compromiso de los padres es más importante que su nivel de estudios

En el discurso público prima la teoría de que los factores que las familias no pueden cambiar son los que más influyen en el rendimiento educativo. Pero estos factores no actúan “mágicamente”, sino a través de comportamientos modificables.

Lo habrán oído una y mil veces, la mayor parte de las veces basados en los datos del Informe PISA: lo que más influye en el rendimiento de un alumno es el nivel socioeconómico y cultural de su familia. Así, el mismísimo presidente Zapatero justificó los mediocres resultados de España en PISA 2006 con el bajo nivel educativo de la población española adulta.PISA llama índice socioeconómico y cultural del alumno (ISEC) a un número que agrupa el nivel educativo de los padres, además de su estatus laboral (que determina el nivel de renta familiar), las posesiones culturales del hogar y otros factores.


Este índice, construido con variables estructurales –es decir, aquellas que la familia puede modificar muy difícilmente–, es lo que más influye en el rendimiento de los alumnos según PISA.Lo que habrán oído muchas menos veces es que todos esos factores agrupados sólo son capaces de explicar el 12% –esta cifra se obtiene a través de un complejo modelo matemático– de la variación del rendimiento de los alumnos españoles. Es decir, que PISA no sabe qué factores –porque no los mide– pueden explicar el 88% de la variación del rendimiento. Factores que pueden ir desde la calidad del profesorado a la inteligencia del alumno, pasando por las horas de estudio, el compromiso de los padres, etc.España como ejemploEspaña es un ejemplo de cómo conseguir que los hijos de padres con pocos estudios obtengan éxito académico y consigan altas tasas de titulación. Por ejemplo, el 20% de los nacidos en 1945 –los datos son del Censo 2001, elaborado por el INE– obtuvieron un título de enseñanza Secundaria superior; esta cifra era ya del 42% entre los nacidos en 1960, quince años después; y entre los nacidos en 1975 ya titulaban en Secundaria superior el 60%. Es decir, al menos dos tercios de los titulados a principios de los 90 tenían padres con un nivel de estudios inferior.
Sin embargo, la situación actual es muy distinta: a pesar de que el nivel de estudios de los padres crece sin parar –según el estudio Los padres ante la educación general de sus hijos, elaborado por Víctor Pérez Díaz, Juan Carlos Rodríguez y Juan Jesús Fernández para Funcas–, los resultados escolares no mejoran. Entre 2000 y 2008 el porcentaje de los padres entrevistados con al menos Secundaria superior subió 14 puntos, mientras que el número de suspensos sigue siendo el mismo.Pero no se queda ahí el estudio. A través de un análisis matemático intenta encontrar qué factores son los que más influyen en el rendimiento –medido por el número de suspensos en ESO– de los alumnos. Sus conclusiones son claras: lo que más influye en el rendimiento son unos perfiles de alumnos y padres, que esconden una serie de valores y comportamientos que pesan más que el nivel de estudios.Naturalmente, estos perfiles “buenos” están más presentes en familias con estudios, y viceversa, pero parece evidente que una familia con valores positivos hacia el estudio, aunque con menor nivel educativo, consigue que sus hijos tengan mejor rendimiento que una familia con más estudios pero más despreocupada. Por ejemplo, los padres que ven más de dos horas de TV al día tienen hijos con más suspensos de media que los padres que ven menos TV.
Lo importante de este estudio es el mensaje: contra el discurso determinista, donde todo parece inevitable, lo cierto es que existen valores y comportamientos que pueden compensar las desigualdades de origen. Aún más: desde los poderes públicos, una serie de mensajes –incluso de campañas– positivos, de responsabilización de los padres en la Educación (como se están haciendo en muchos otros campos) podría dar mejores resultados que las excusas políticas habituales.
Lo que más influye
Variables estructurales
Son las más citadas en el discurso político y en la literatura científica especializada desde los años 60, sobre todo el nivel de estudios de los padres. Sin embargo, este factor no actúa “mágicamente”, sino a través de una serie de comportamientos, fruto de una serie de valores, que están más presentes en los padres con estudios que en los padres sin estudios. –
Genética
Algunos autores –y así lo remarca el estudio de Funcas– consideran que una parte significativa de la responsabilidad de que los padres y los alumnos estudien más años tiene una causa común: la herencia genética.–
Valores y actitudes
Sin embargo, el nivel de estudios de los padres por sí solo no basta: ha de materializarse en una serie de actitudes que ayuden y apoyen a los hijos en los estudios. Naturalmente, estos valores están más presentes en familias con más nivel educativo. Pero la buena noticia es que pueden estar presentes –de hecho, lo están– en muchas familias donde padres tienen un nivel educativo menor. –
Perfiles
En realidad lo que el estudio apunta es que hay una serie de perfiles, tanto de padres como de alumnos, que están relacionados con mejores rendimientos educativos. El que los padres vean o no más televisión o que escogieran el centro por ser el que más a mano pillaba puede ser anecdótico, pero está marcando un perfil que le da poca importancia a la Educación.

Fuente
http://www.magisnet.com/noticia.asp?ref=4989
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