miércoles, 17 de noviembre de 2010

Cómo ayudar a nuestros hijos en los estudios

La tarea educadora de los hijos es un derecho y deber primario que tienen los padres. El resto de las instituciones que aparecen a lo largo de la escolaridad de un niño tratan de educarlo por delegación implícita que hacen los padres de ese derecho primero. Pero delegar una tarea, no quiere decir olvidarse, es por ello, que los padres no pueden omitir el derecho y deber primero a la educación de sus vástagos.

La interrogante que surge es.¿cómo ayudar a nuestros hijos en los estudios?, a esta pregunta vamos a tratar de darle respuestas:

1.- Creando un ambiente de estudio en casa
El ambiente que nos rodea es la influencia que tiene en nosotros el entorno que nos rodea. Watson uno de los iniciadores del conductismo en psicología, ya decía: “Dadme un niño y podré hacer de él o un criminal o un santo”. Con ello quería poner de manifiesto la influencia decisiva que tiene el entorno que nos rodea en la personalidad o en la manera de conducirnos. Somos lo que hemos aprendido a ser.

Crear un ambiente no es la actuación de unos días concretos, sin continuidad de manera esporádica para tratar de conseguir unos objetivos educativos. Crear un ambiente significa una actuación sistemática, perseverante para conseguir los objetivos marcados.

¿Cómo se crea el ambiente de estudio?:
Incidiendo desde todos los planos posibles para conseguir el objetivo, es decir, desde los valores a fomentar, ser laboriosos, ser constante en las tareas, valorar el esfuerzo, etc.
Cuidando los detalles materiales que favorezcan el trabajo: que exista un sitio para estudiar, este lugar deberá reunir algunas condiciones mínimas del tipo de las siguientes: aislamiento de ruidos y cosas que distraigan; iluminación suficiente; silla y mesa de trabajo funcionales para las tareas que se realizan normalmente.
Respetando los padres el tiempo de tareas sin interferir con otros encargos que puedan surgir, que la televisión no esté puesta en el tiempo de trabajo, etc.
Creando hábitos de estudio, es decir, repitiendo siempre el mismo horario de estudio, de trabajo.. en un ambiente de silencio.
Aprovechando los padres el tiempo de estudio para realizar ellos, si es posible, diversos trabajos que tengan pendientes para que sus hijos los puedan ver como modelos que van por delante y son dignos de imitar.
Teniendo un material base para el estudio: diccionarios, enciclopedias, libros de consulta.
Promoviendo para el tiempo libre actividades que tengan que ver con la cultura, con la lectura, con el afán de saber más.

2.- Los padres han de ir por delante en su afán por la cultura
Si los padres tiene, por ejemplo, curiosidad intelectual, afán de saber y afición por la lectura, serán un ejemplo estimulante para el estudio de sus hijos.

Los padres tienen que preguntarse hasta qué punto fomentan, sobre todo con el ejemplo, la cultura familiar. En este punto puede surgir la pregunta de cómo van a hacerlo, si los padres posiblemente no tienen el nivel de estudios idóneo, no son universitarios, y apenas pueden responder a las preguntas que les plantean sobre las dudas en las tareas escolares. En este punto hay que decir, que los hijos no piden un profesor particular en los padres, sino la coherencia en su preocupación por los temas culturales, su sensibilidad ante lo artístico, el afán de saber que han mostrado en su trayectoria personal. Son manifestaciones de esa sensibilidad cultural, la existencia de una biblioteca familiar, las revistas que entran, las conversaciones que se tienen, etc.

3.- Manteniendo una estrecha colaboración con el tutor y profesores de los hijos
Padres y profesores están metidos en una misma tarea: la educación de los niños, por ello, se ha de tirar unos y otros en la misma dirección y se precisa de una colaboración mutua.

En este punto como en tantos otros, hemos de estar en el término medio, no pasarse por un extremo ni por el otro. Hemos de estar en contacto con los profesores, pero no podemos estar un día si y otro no requiriendo información del profesor sobre cómo va nuestro hijo, porque ello puede resultar agotador para el profesorado. Tampoco hemos de pasarnos por el otro extremo, el no aparecer por el centro, el que nos desconozcan, por mucho que requieran nuestra presencia.

Término medio puede ser una entrevista en cada evaluación, en otros casos que nuestro hijo requiere una tutorización mayor por el colegio y los padres, la periodicidad de la reunión puede ser una vez al mes.

Los aspectos que se pueden tratar en esas entrevistas pueden ser:
Intercambiar información sobre la forma de ser: conducta del hijo estudiante: que capacidades mentales tiene más y menos desarrolladas y cómo las usa.
Qué disposición tiene hacia el estudio: ir tirando con el mínimo esfuerzo, muestra interés o no, es perseverante en lo que se propone o enseguida abandona...
Cómo estudia: qué dificultades principales encuentra en la realización de su trabajo, en qué necesita mejorar en concreto.
Que valores son los que se insiste en casa, y cuáles son los que se proponen en el centro.
Esta información del centro educativo se obtiene sobre todo a través de entrevistas periódicas entre padres y profesores. Conviene que los padres acudan a dichas entrevistas habiendo pensado que tipo de información necesitan y qué tipo de información pueden, a su vez, facilitar al tutor o a los profesores.

Convendrá fijarse conjuntamente algún objetivo común para la actuación de los padres y del centro. Conviene que sea preciso y medible, para que en la próxima entrevista que se tenga, empezar por la revisión del objetivo marcado, cómo ha ido, qué dificultades han surgido, cómo adaptarlo para ahora, etc.

En el intercambio de información bidireccional entre padres y profesor, ocurrirá que el profesor o los padres no pueden proporcionar la información sobre algún dato concreto que se le pide. Esto es perfectamente comprensible. Pero los padres no deben por ello renunciar a conseguir lo que se proponían. Pueden pedir al tutor que consiga esa información para la entrevista siguiente, bien a través de su observación personal, bien a través de otras personas de entre las que trabajan en el centro educativo (profesores de las diferentes asignaturas, psicólogo, etc.).

4.- Orientando a los hijos en el manejo de las técnicas de estudio

Los buenos resultados en el estudio depende de querer estudiar, saber estudiar y hacerlo, es decir nos estamos refiriendo a la motivación, a las técnicas de estudio y a la fuerza de voluntad para realizar lo previsto.

Ahora nos vamos a referir a la importancia de tener la suficiente competencia en el manejo de las técnicas de estudio. Éstas son el instrumento del trabajo intelectual, y de igual modo que si quisiéramos tener un jardín arreglado necesitamos de un instrumental: azada, rastrillo, tijeras.... para realizar nuestro propósito, de igual modo nuestra inteligencia necesita de un instrumental para ser eficaz en el estudio. Por otra parte, nuestro método de estudio siempre es perfeccionable, siempre algo se puede hacer mejor con el menor esfuerzo, mejor y en el menor tiempo posible.

Hay que decir que el primero y principal instrumento que se necesita para el estudio es la lectura, de manera que nuestro hijo tenga las suficientes habilidades en comprensión, velocidad y entonación correcta en la lectura. Si este aspecto básico no se ha desarrollado en su momento con la suficiente eficiencia, posteriormente será la causa originaria del fracaso escolar que aparecerá.

Otras técnicas de estudio que nuestro hijo debe manejar adecuadamente son:
Saber organizarse el tiempo.
Saber hacer esquemas, resúmenes.
Saber subrayar un texto.
Pasos a seguir para estudiar un tema.
Es muy probable que en el centro educativo haya un plan de acción tutorial en el que figurarán la impartición a los alumnos de las técnicas de estudio, pero a veces no se practica lo suficiente, y los padres tienen que suplir en ello.

Así pues, la primera tarea es detectar en qué falla nuestro hijo, los defectos de estudio más comunes son: memorismo, estudiar sólo para el examen, dependencia excesiva del profesor y del libro de texto (falta de iniciativa), no saber distinguir lo importante de lo secundario, dificultad para expresar oralmente y por escrito, dificultad para relacionar y sintetizar conocimientos, mal uso del tiempo...

Una vez que entendemos en qué falla y en qué hay que actuar, habrá que hacer un plan para tratar de superar esos puntos débiles.

5.- Animando al estudio sin sermonear
Hay que empujar al estudio sin que se note, sin sermonear, ya que el insistir en un mensaje con oportunidad y sin ella en los adolescentes, puede ser contraproducente. Sermoneamos en la medida que insistimos demasiado en un punto sin que sea el momento oportuno para ello.

Hemos de valorar el esfuerzo y la dedicación de nuestro hijo al estudio más que sus resultados. No ha de centrarse toda la valoración de su hijo en sus notas. Hay que mirarle como persona y en un contexto más amplio que el mero rendimiento académico.

Resaltar sus propios progresos, aunque no estén a la altura de lo que a nosotros como padres nos gustaría. Hay que dar tiempo, lo importante es que vaya subiendo cota, aunque en un momento parezca que está retrocediendo. Recuerden que los éxitos, aunque sean o nos parezcan pequeños, son una pieza clave para mantener el interés.

No poniendo, de entrada, las metas demasiado lejos, para que no cunda el desánimo. Por regla general, son más eficaces los pactos familiares sobre aspectos concretos y con refuerzos también concretos, que los grandes discursos de los que se suele abusar.

6.- Procurando las ayudas pedagógicas oportunas cuando sea necesario
Cada hijo tiene su propio ritmo de aprendizaje, los puntos fuertes en el conocimiento y materias en las que presenta lagunas o dificultades. A estos alumnos hay que dar la respuesta pedagógica adecuada, que puede ir desde nuestra ayuda personal hasta ponerle un profesor particular.

Vamos a analizar algunas de las posibles respuestas:

a) Encargarse los padres.
Teóricamente parece una de las más idóneas porque el conocimiento profundo que los padres tienen de sus hijos les lleva a saber exactamente qué es lo que tiene que superar su hijo, además los padres están revestidos de una autoridad que no tienen otros que pueden intervenir, como son los hermanos.

La dificultad que tiene esta opción es que los padres han de disponer de suficiente tiempo para poder dedicarlo a la ayuda escolar de los hijos. Asimismo han de tener los suficientes conocimientos para ayudar a sus hijos en esas materias.

b) Encargarse algún hermano mayor.
Tiene la ventaja de hacer partícipe a un hermano mayor de la responsabilidad de ayudar a un hermano. Esto crea más unidad familiar entre los miembros al tener un propósito común. Otra ventaja es que entre alumnos se explican de manera más didáctica y con el mismo lenguaje las cosas que tienen dificultades.

Puede tener la dificultad de la falta de autoridad que tiene un hermano de manera que no siga las indicaciones que se le hacen. Otra dificultad es la falta de perseverancia en el encargo que se ha asignado a ambos cuando surgen las dificultades. Suele pasar que el hermano a quien se le ha encargado la atención académica, se escude en que él tiene bastante que hacer y no puede perder el tiempo con su hermano, que además no responde a veces a sus indicaciones.

Para subsanar estas dificultades puede ser conveniente asignarle una paga al hermano con el fin de darle más seriedad y responsabilidad.

c) Tener un profesor particular.
Que puede reforzar aquellas materias en las que tiene más dificultades. Para que un profesor particular sea una ayuda para nuestro hijo, hemos de tener en cuenta los siguientes puntos:
Los contenidos que se vean en las clases particulares han de estar supeditados y ser complementarios a los que se desarrollan en el centro educativo por el profesor de esa materia.
Es conveniente que sea una situación provisional, durante un tiempo. Hemos de tener en cuenta que lo normal es que vaya avanzando por los distintos cursos sin que necesariamente precise de un profesor particular. Se requerirá para situaciones extraordinarias: unos suspensos que indican lagunas importantes, dificultades significativas con área determinada, promocionar a un curso superior sin tener afianzado el anterior, cuando el niño no pueda seguir el ritmo normal de la clase....Sin embargo, puede pasar que lo extraordinario se convierta en ordinario.
Los padres deberán contar con la opinión del tutor y otros profesores. De esta forma, en caso afirmativo puede establecerse, además, una colaboración entre el profesor particular y los profesores del centro.

7.- Siguiendo el quehacer diario sin agobiar
Hemos de seguir el día a día del quehacer diario. El criterio es que cuanto más pequeños más de cerca hemos de hacer el seguimiento de las tareas de nuestros hijos, cuando van siendo más mayores y han ganado en autonomía y responsabilidad, les podemos dar más distancia en el seguimiento.

Hay que saber qué exámenes tienen, qué resultados están obteniendo, con qué dificultades se encuentran, cuáles son sus actitudes, disposiciones....

Hay que guardar un equilibrio entre dos posturas extremas, una hacer un seguimiento pormenorizado, que puede resultar agobiante a nuestros hijos, y que en algún momento determinado hay que seguir esa estrategia porque requiere una tutorización especial, pero que si se aplica más tiempo puede ser contraproducente. Y la otra postura es no preocuparnos por sus cosas, seguirlo a mucha distancia, de manera que indique despreocupación por nuestra parte. El criterio como se ha dicho antes es ir de más seguimiento a menos según va teniendo más años, pero cada caso es único.

Un objetivo educativo que hemos de marcarnos los padres es que tengan la suficiente madurez y autonomía para organizarse nuestros hijos en el tema de los estudios, y también sería extensible a otros ámbitos. Pero centrándonos en el primero, lo deseable sería que cuando están en el primer ciclo de la enseñanza secundaria obligatoria, es decir, con 13-14 años, nuestros hijos se pudieran organizar por si mismos el horario de estudio, si se van a levantar por la mañana o se quedan por la noche porque tienen un examen....

Hemos de tener en cuenta, que los padres podemos mandar que estudien, que hagan esto o aquello otro, pero esto se puede hacer cuando tienen pocos años, porque aceptan nuestras indicaciones sin rechistar, pero cuando llegan a la adolescencia, si no va saliendo de ellos mismos el hacer las cosas, porque entienden que así lo tienen que hacer, poco podremos hacer con imposiciones si nuestros hijos no están dispuestos a estudiar.

Para ir consiguiendo esta meta educativa, los padres tenemos que empezar desde pequeños, poco a poco, que sean ellos los que hacen las cosas porque así lo van decidiendo, con autonomía, aunque a veces haya que mandarles, pero con la tendencia que sean los que llevan las riendas de los estudios.


Fuente
Escuela de Padres
MEC
Ministerio de Educación de España

martes, 9 de noviembre de 2010

Un decálogo de consejos para asegurar el éxito escolar desde casa

Unos pequeños reajustes en casa son claves para mejorar el rendimiento del niño ahora que todavía se adaptan al ritmo de las clases. Y para ello no hay que invertir dinero, pues es suficiente con “proporcionar un entorno propicio en un ambiente libre de distracciones para que todo lo aprendido durante el día pueda convalidarse en casa”, asegura Sebastián Trivière-Casanovas, director de la compañía de clases particulares a domicilio Educa-system, “y eso también es responsabilidad de los padres”.
Para ello, desde esta entidad han elaborado un decálogo de consejos mediante los cuales asegurar el éxito escolar desde los propios hogares:

1. Escoger un buen lugar de estudio, con luz y sin distracciones. Prohibido estudiar en la cocina o el comedor. Es preciso disponer de una mesa de trabajo o despacho específicamente organizado para el estudio.

2. Respetar el orden. La mesa de estudio no es un campo de juegos. Debe disponer de lo imprescindible para estudiar y prescindir de todo aquello que pueda desviar su atención como juguetes o pósters.

3. Promover el uso de la agenda para la organización del tiempo. Más completa o más básica, en función de la edad, el uso de la agenda es un reclamo muy ameno que les enseña a gestionar su tiempo de manera autónoma.

4. Cuidar el entorno. El resto de la familia también debe procurar que durante las horas de estudio el ambiente sea tranquilo y silencioso, lejos de la televisión u otros elementos que puedan captar su atención con facilidad, como ordenadores, música o reuniones informales.

5. Establecer una metodología. El tiempo disponible para un estudiante empieza cuando acaban las clases del colegio. Planificar desde el principio de curso cómo vamos a repartir ese tiempo en casa nos permite sentirnos más seguros y relajados y evitar la ansiedad que provoca la falta de tiempo para organizarlas.

6. Respetar un horario y ser constante. La trampa en la que caen muchos alumnos –y muchos padres- es la de estudiar sólo cuando hay deberes o se acerca un examen. Los horarios deben cumplirse, aunque no hayan tareas y sólo haya que repasar lo aprendido aquel día en clase.

7. Dormir 8 horas y no estudiar por la noche. Las horas de sueño son imprescindibles para asimilar toda la información que han asumido durante el día y que sólo si descansan recordarán al día siguiente. Debemos evitar que los alumnos estudien hasta altas horas de la noche, puesto que afectará a su rendimiento el día después.

8. Estimular la automotivación. Saber más, sacar mejores notas, aprender algo que les gusta y dominar las materias que menos les gustan, son motivos suficientes para convertir el estudio en una tarea imprescindible para su desarrollo personal.

9. Descansar durante el estudio. Un tentempié de 20 minutos e incluso algún juego rápido en compañía con algún miembro de la familia, es un pausa necesaria que le ayudará a desbloquearse para seguir, con energía renovada, con el tiempo dedicado al estudio.

10. Estudiar sin premios. Debemos fomentar el esfuerzo personal sin caer en premios y recompensas materiales. El aprendizaje es el premio y la satisfacción personal de ser un buen estudiante, la mejor recompensa.

Fuente
http://www.aprendemas.com

lunes, 1 de noviembre de 2010

Así aprenden los hijos a escribir

Al igual que hicimos en el artículo titulado "Un programa de aprendizaje de la lectura", pretendemos en éste explicar básicamente las líneas maestras en que se basa un programa de aprendizaje de la escritura y además explicar algunos problemas con los que los aprendices se pueden encontrar. Partimos de que no se trata de un artículo exhaustivo sobre el tema sino más bien, introductorio. Esta información siempre vendrá bien en el ámbito familiar para afrontar, de la mejor manera posible, situaciones conflictivas con el fin de aportar la mejor ayuda a los hijos.

Sabemos de la importancia de la escritura como un instrumento para el registro y comunicación de las ideas. Básicamente se trata de una destreza de tipo motor que se desarrolla a medida que el niño progresa en su vida escolar. La escritura se enseña en conjunción con los restantes aspectos del lenguaje. Con la lectura, el niño aprende a reconocer palabras que luego reproduce y con la escritura se le faculta para hacer frente a sus necesidades gráficas escolares y extraescolares. El resultado final de la instrucción del aprendizaje escritor es la automatización del proceso, hasta un nivel tal que permita al sujeto concentrarse totalmente en las ideas que desea expresar.



Para conseguir la meta de automatización deseada se precisa de un buen PROGRAMA DE ENSEÑANZA DE LA ESCRITURA que se basa en los siguientes PRINCIPIOS:


1. El maestro aprovecha toda oportunidad para desarrollar en los alumnos el deseo de expresar ideas por escrito.

2. El aprendizaje de la escritura es un proceso gradual de desarrollo a través de ciertas etapas bien definidas. El niño cuando garabatea y hace sus primeros trazos ya les asigna un significado por arbitrario que sea.

3. La enseñanza puede comenzar por la escritura script (escritura no ligada) o cursiva (escritura ligada), según el método. Ya lo veremos más adelante.

4. Como no todos los escolares progresan a igual ritmo en el dominio y control de la escritura, la enseñanza debe ser individualizada.

5. Es necesario familiarizar a los niños con las causas más frecuentes de ilegibilidad y con los medios para identificarlos.

6. Las medidas para mejorar la calidad, velocidad y legibilidad de la escritura se apoyan en las necesidades individuales de cada niño.



Pero para aprender de forma correcta, un niño debe contar con la necesaria MADUREZ PARA LA ESCRITURA. Como todo aprendizaje, la enseñanza de la escritura requiere una maduración neurobiológica previa en el niño para lograr que dicho aprendizaje tenga éxito. La madurez para el aprendizaje de la escritura viene definida por las siguientes condiciones:



a) Adecuado nivel intelectual. Sólo un nivel intelectual normal garantiza la correcta adquisición de la escritura en sus niveles de tipo simbólico-conceptual.
b) Desarrollo del lenguaje satisfactorio. Existe una estrecha relación entre el lenguaje oral y el escrito. Muchas deficiencias previas al aprendizaje de la escritura son debidas a patologías en el lenguaje oral.
c) Normal desarrollo socioafectivo. Es necesaria una correcta estimulación ambiental y escolar que facilite el aprendizaje.


d) Desarrollo sensoriomotriz apropiado. Es el conjunto de requisitos que más directamente permitirán al niño aprender a escribir con éxito. Nos referimos a las condiciones neuromotrices como: correcta integración visual y auditiva, adecuada estructuración espacial y rítmica-temporal, establecimiento suficiente del predominio lateral, motricidad manual con control de movimientos de precisión sin alteraciones, etc.

Una vez que el niño cuenta con las condiciones suficientes que garantizan esa madurez necesaria podemos hacer le pasar por las distintas FASES EN EL APRENDIZAJE DE LA ESCRITURA que pasamos a detallar.

En el Período Preparatorio como su nombre indica, se va preparando al niño/a para adquirir el control grafomotor preciso para la estructura elemental. Además, es un período de prevención de alteraciones en el aprendizaje y que, generalmente se le hace coincidir con la etapa de Educación Infantil.

El Período Caligráfico trata del aprendizaje de la escritura propiamente dicha. No hay una fecha establecida para el aprendizaje de la escritura, pero lo que sí se recomienda es que ésta sea simultánea al aprendizaje de la lectura. Suele coincidir con el final de la Educación Infantil y el comienzo de la Primaria (5 ó 6 años).

En el Período de Perfeccionamiento se debe consolidar lo aprendido anteriormente así como perfeccionar y personalizar la escritura.

Una vez que el niño presenta la madurez necesaria y le hacemos pasar por un adecuado programa de aprendizaje escribano, se han preguntado alguna vez ¿CUÁL ES LA METODOLOGÍA MÁS APROPIADA? Veámosla. Básicamente y con el fin de definirla sencillamente, la enseñanza de la escritura debe ser individualizada, partiendo siempre del nivel de competencias del alumno/a. En un principio, el grafismo se realizará en tamaño grande y en soporte vertical guiando la dirección del trazo, pudiéndose realizar en grandes superficies e incluso en el aire.


En un principio, cuando el alumno/a realiza el trazo debemos potenciar más la flexibilidad del movimiento que la precisión del trazo en sí y debe dársele importancia a que realice la letra de un solo trazo y los puntos y barras de las letras i, j, ñ, z y t deben colocarse en último lugar. Igualmente procuraremos que escriba la palabra de una sola vez colocando acentos, barras, etc. al final. De la misma forma, es recomendable enseñar el enlace desde el principio incorporado a la letra.

Y para finalizar, recordar que debemos evitar cualquier situación que reste flexibilidad, espontaneidad o velocidad en la escritura.

Hay distintos TIPOS DE ESCRITURA que básicamente hemos comentado antes y son:

La escritura ligada o cursiva que es la que utiliza la mayoría de las personas. Permite una mayor velocidad escribana en los cursos superiores, pero ordinariamente es menos legible. Presenta las siguientes ventajas:



Mayor rapidez pues no se levanta el lapicero con tanta frecuencia como en los otros códigos de escritura.
Mayor unidad de significación: al escribirse las letras unidas, la captación del sentido es más sencilla que si fuera escritura no ligada.
Permite un sistema de escritura más individualizado: los niños adquieren más rápido un sistema de escritura más personalizado.


La escritura no ligada o script (tipo imprenta) con la que el niño aprende la escritura en caracteres aislados, aprendiendo de forma más individualizada los trazos gráficos que suelen tener mayor simplicidad. Puede ser inclinada o vertical y adopta normalmente la última posición. Sus defensores alegan como razones para justificarla su mayor legibilidad, su facilidad de aprendizaje y su contribución al aprendizaje de otras materias, especialmente lectura y ortografía. Se basa en la idea de que todas las letras, mayúsculas y minúsculas están formadas por rectas, círculos y semicírculos. En conclusión, sus defensores presentan como ventajas las siguientes:


Tiene mayor legibilidad que la cursiva.
Es de más fácil aprendizaje, ya que son necesarios pocos trazos básicos para su perfecto conocimiento.
Es de lectura más agradable.
Reduce el esfuerzo visual.
Produce menor fatigabilidad.
Satisface más el deseo de escribir de los niños pequeños.
Facilita el aprendizaje de la lectura y la ortografía ya que se encuentra más cerca del código de imprenta empleado en los textos de lectura.



Y ¿SABEN CUÁL ES LA MEJOR FORMA PARA HACER LOS MOVIMIENTOS GRÁFICOS? Resulta que el movimiento lateral de la mano, debido a la rotación del antebrazo, es el más fácil y rápido. En el caso de los diestros, el papel se inclina hacia la izquierda quedando la base inferior de la hoja perpendicular al antebrazo. Si el niño es zurdo, el papel se inclina hacia la derecha con el mismo fin.

Por otro lado, en cuanto a la forma de hacer el movimiento gráfico, hay mucho que hablar. Los niños tienden espontáneamente a usar los dedos para formar la letra y para adelantar el lápiz. Lo importante es que cada niño descubra una posición confortable de la mano que le permita un movimiento suave y fácil al deslizar el lápiz de letra a letra y de palabra a palabra.

En el caso de la escritura de los zurdos hay que decir que hoy día está superada la idea anticuada de que había que obligar a los niños zurdos a escribir con la mano derecha alegando que esta mano satisface más plenamente el sistema de escritura. Esto no es verdad porque entraña graves riesgos pues condena al niño a una grafía deficiente y provoca tensiones emocionales que pueden ser causa de perturbaciones de lenguaje y lectura.

Puede ocurrir que por desgracia el niño presente DIFICULTADES GRÁFICAS pese a que a nuestro juicio ha recibido las mejores pautas de enseñanza. Si es así, veamos las CAUSAS de las mismas por que su conocimiento nos ayudará a conocer cómo podemos solucionar esas dificultades:

1. Factores personales. Las características individuales de los niños en su relación con las deficiencias de escritura varían en las diferentes etapas del aprendizaje. Las más significativas son:



Falta de preparación discente.
Defectos visuales.
Inmadurez del desarrollo físico y motor.
Falta de agudeza perceptiva y otras anomalías asociadas a la percepción.
Ineptitud para el aprendizaje de destrezas motoras.
Inestabilidad emocional e inmadurez social.
Dificultad para la retención de imágenes visuales y motoras.
Condiciones vinculadas a la lateralidad dominante.
Indiferencia a las demandas sociales de legibilidad de la escritura.



2. Factores instructivos. También nos encontramos con casos en que existe una enseñanza inapropiada y contraproducente. He aquí algunos aspectos de este tipo de instrucción:



Instrucción rígida e inflexible, adherida a un sistema de enseñanza formal y ritualista aplicado uniformemente a toda la clase.
Inadaptación a las diferencias individuales.
Instrucción demasiado rápida y forzada en las primeras etapas del aprendizaje.
Inadecuada orientación en el proceso de adquisición de destrezas motoras.
Establecimiento de normas y objetivos demasiado ambiciosos e inadaptados alas posibilidades de los niños.
Excesiva acentuación de la rapidez o de la calidad.
Materiales inadecuados y deficiente distribución de los periodos de ejercitación gráfica.
Incapacidad para enseñar a los zurdos la correcta posición del papel y los movimientos más idóneos.



La PRINCIPAL DIFICULTAD EN LA ESCRITURA ES LA DISGRAFÍA que podríamos definir como un


trastorno de la escritura que afecta a la forma o al significado y es de tipo funcional. Se presenta en niños con normal capacidad intelectual, con adecuada estimulación ambiental y sin trastornos neurológicos, sensoriales, motrices o afectivos intensos.


Los errores más frecuentes en la escritura suelen estar en la proporcionalidad de las letras, ausencia o deterioro de los enlaces y falta de paralelismo entre grafemas o líneas. Otros trastornos comunes son las alteraciones en la ejecución del trazo como las abolladuras o temblores, modificaciones relacionadas con la direccionalidad o con la presión del útil de escritura.

Es muy curiosa, pero menos frecuente la conocida como "escritura en espejo" llamada así porque colocándolo frente a un espejo puede leerse correctamente.

Es necesario actuar correctamente en el caso de que el niño presente alguna dificultad de las descritas o alguna otra que no se refleja en este artículo. Ya sabemos que en casa no se van a poner a desarrollar un programa corrector pero sí es conveniente que sepan en qué premisas se basa. En primer lugar entendemos que el TRATAMIENTO requiere:


Iniciarse lo antes posible.
Desarrollarse en sesiones cortas, amenas y con variedad de materiales.
Implicar, responsabilizar y coordinar el mayor número de agentes educativos.
Fomentar la participación activa de quien lo recibe.
Permitir la reflexión sobre la práctica para mejorar la competencia.
Asegurar la progresión y continuidad de la intervención.
Partir de un buen diagnóstico.


Durante el tratamiento proponemos dos tipos de actividades al niño. Por un lado los ejercicios no gráficos para el entrenamiento de los procesos cognitivos implicados en el acto gráfico. Serán ejercicios de relajación, de psicomotricidad, de percepción visual, coordinación viso-motora, orientación espacio-temporal, atención, etc.

Por otro lado se encuentran los ejercicios gráficos que son aquellos en que se ejercita la escritura propiamente dicha como pueden ser: la realización de trazos rectos, curvos, líneas quebradas, onduladas, bucles grandes y pequeños, giros con desplazamiento hacia la derecha, realización de dibujos, etc.

No obstante, no queremos terminar sin dar algunas pautas sencillas que tratan de CÓMO AYUDAR A SUS HIJOS QUE ESTÁN APRENDIENDO A ESCRIBIR.


Enseñe con el ejemplo.
Muéstrele a su niño/a lo que usted está escribiendo cuando haga listas de quehaceres o compras, anote números de teléfono o redacte mensajes, cartas y tarjetas.
Busque oportunidades para que su niño/a escriba.
¿Podría agregar algo a la lista de compras, escribir invitaciones para un cumpleaños o redactar una carta para una tía, una abuela u otro pariente?
Elogie la escritura de su niño/a.
La escritura de su niño/a no va a ser perfecta, pero eso es lógico porque está comenzando a escribir. Durante el transcurso del año va a observar un gran avance en la escritura; de palabras sueltas pasará a frases y a oraciones completas, como cuando estaba aprendiendo a hablar.
Apoye a su niño/a.
Centre sus comentarios en las ideas, no en la ortografía o gramática. Los adultos identificamos rápidamente los errores de los niños pequeños, pero por ahora es mejor dejarlos pasar y conversar sobre las ideas expresadas en estos primeros intentos de escritura.



 



Fuente

Escuela de Padres

MEC

Ministerio de Educación de España



 

lunes, 25 de octubre de 2010

El último niño en los árboles

Los niños de la sociedad actual viven una "infancia desnaturalizada". Daniel Guzmán, menor de 15 años, viajó sin dinero ni documentos a Chile, "obligado" por las circunstancias. Las entidades de control en el aeropuerto y la aerolínea tienen responsabilidad al facilitar y casi provocar esa aventura al no garantizar controles seguros. La familia podría demandar por el riesgo al que fue expuesto el chico por cuenta de unas laxas medidas de inspección. Esta historia nos obliga a evaluar las motivaciones del menor, que tal vez sean las mismas de millones de niños en el mundo.

El padre de Daniel ha dicho que la única diversión de su hijo es la televisión y el Facebook. Allí está el meollo del asunto. Los que tuvimos el privilegio de ser niños libres, teníamos aventuras todos los días en la naturaleza sin que nadie nos controlara. Terminábamos los días exhaustos, untados de tierra y con olor a monte. Éramos felices. En los últimos 25 años, han ocurrido grandes cambios en el estilo de vida. Son comunes los casos de obesidad infantil, déficit de atención, depresión y estrés en niños. Se invierte la mayor parte del tiempo en el uso de la televisión, los videojuegos, las computadoras y los teléfonos celulares.


Se está gestando una generación de niños insensibles ante lo que les ofrece la naturaleza y la vida en familia. Es entendible que Daniel haya reaccionado de esa manera al buscar una aventura para liberarse de la opresión cibernética. Los niños pasan entre 30 y 60 horas a la semana usando teléfonos celulares, computadoras y otros juegos electrónicos. Esta situación representa una amenaza para la salud infantil. Las nuevas generaciones se privan de cosas sencillas. Eso puede traer consecuencias para su salud física y mental. Ver cómo se ordeña una vaca, darle de comer con la mano a una oveja o tocar su lana, levantar un nido y trepar un árbol son cosas que la mayoría de adultos vivimos gratamente en la niñez.


Los niños de hoy no tienen tantas posibilidades de jugar al aire libre y de gozar de la naturaleza, por el ritmo desenfrenado de la sociedad moderna o porque la tecnología ocupa su tiempo. El diario británico The Guardian publicó una encuesta realizada con 2.000 niños de 8 a 12 años. El 64% de ellos sólo había salido a jugar a la calle una vez a la semana, el 28% había dado un paseo por el campo en el último año y la mayoría no habían subido nunca a un árbol. En el 2002, los niños ingleses de ocho años podían identificar más fácilmente a los personajes de Pokemon que a un escarabajo, una nutria o un álamo.


A lo mejor Daniel jamás tuvo la oportunidad de trepar a un árbol. El mundo virtual en el que vive con la mayoría de sus "amigos", lo llevó a hacer algo estrambótico, subirse a un avión sin más. Muy lejos de él quedaron los últimos niños que fueron felices en los árboles, distantes de los alienados por un computador. El mayor indicador del nivel de actividad física del niño es el contacto en el campo abierto que supera a otras posibilidades, como pertenecer a equipos deportivos.


La educación basada en el medio ambiente mejora notablemente el rendimiento escolar, estimula la creatividad y proporciona mayor habilidad en la resolución de conflictos, pensamiento crítico y toma de decisiones. La relación con la naturaleza promueve habilidades cruciales para el éxito en la vida, como asumir riesgos, tolerancia a la adversidad, conciencia ambiental, capacidad para trabajar en equipo y liderazgo. Pero por sobre todo, hace niños más felices.


 


Autor: FABIO ARÉVALO ROSERO MD
Fuente


http://comunidades.semana.com

jueves, 14 de octubre de 2010

¿Tienen valores los hijos?

Nos llama la atención noticias de tanta agresividad, conductas antisociales o hechos delictivos entre jóvenes... ¿realmente la juventud de hoy día es así?, ¿se comportan nuestros hijos así?, ¿a qué se deben estas conductas? No les quepa duda que uno de los motivos fundamentales de que esto suceda, de que las noticias nos salpiquen la conciencia un día sí y otro también con acontecimientos de esta naturaleza es debido, ya digo, en parte, a la falta de valores en los jóvenes, en los adolescentes. Y si no es la falta de valores sí es debido a la valoración inadecuada de hechos, normas, conductas que considera la sociedad como básicas para su subsistencia.

Cuando hechos como los descritos anteriormente suceden, la sociedad se pregunta a qué se debe, qué podemos hacer, dónde y en qué falla el sistema, de quién es responsabilidad. Como partimos de la base de que una parte importante de ¿culpa?, la tiene la supuesta falta de valores en los más jóvenes (y por desgracia, cada vez más jóvenes en cantidad y en edad), consideramos necesario dedicar este artículo a cómo se puede fomentar una educación, aparición y respeto adecuados de los valores en los hijos. Qué pueden hacer los padres, de qué manera, cuándo...

Nos encontramos en una época de búsqueda de valores donde la EDUCACIÓN va a jugar un papel primordial. En todo momento, actividad, situación de la vida cotidiana hay que intentar y practicar el respeto de los principales valores de nuestra sociedad. Valores básicos para la vida y para la convivencia.

Una educación inspirada en un sistema de valores mínimos aceptables por todos y que emana del conocimiento y la riqueza de la convivencia y el pluralismo. Valores humanos que recogen la Carta de los Derechos Humanos y la Constitución: libertad, igualdad, justicia, solidaridad, tolerancia, respeto, ¡la VIDA!, responsabilidad, salud, paz, democracia, aceptación de las diferencias...Si no se provoca desde la educación, en todos los ámbitos, la aceptación de éstos valores, se puede potenciar el adormecimiento moral y el “pasotismo” de los jóvenes que tanto se critica.

No debemos olvidar que toda tarea educativa, sea en la familia o en el entorno escolar, y los procesos de transmisión del pensamiento, conlleva una carga de contenidos ideológicos y apreciaciones éticas aún de una forma no consciente y para evitar mensajes contradictorios la comunidad educativa tendrá que consensuar los valores a transmitir respetando la diversidad y la pluralidad.
Quizá vivimos en un mundo en el que los hijos, los jóvenes tienen de todo que consiguen fácilmente, sin ninguna contraprestación por su parte.

Al mismo tiempo encontramos unos padres muy solícitos a las peticiones de sus hijos; desean agradar a sus hijos y ganarse su afecto con materialismos que en gran parte de las ocasiones son absurdos e innecesarios.

Y decimos esto porque toda persona ante tal cantidad de artilugios y objetos materiales, llega a no valorar en su justa medida lo que tiene. Dispone de tal cantidad de objetos a los que prestar atención que le es imposible valorarlos todos y cuidarlos. ¿Qué le ocurría a nuestros abuelos con sus juguetes?, cuando tenían tan pocos, tan básicos; los recuerdan como algo entrañable que llegaban a amar. Esta situación la debemos generalizar a las personas, la convivencia y tantos valores humanos que han quedado relegados a un ¿segundo? plano.

Puede que hayamos llegado a una situación (no sé si es catastrofismo o no) de personas cuya conducta se rige por valores tales como me gusta-no me gusta, me apetece-no me apetece, me lo paso bien-no me lo paso bien. Afortunadamente no todos los jóvenes son así; y en caso de que consideremos que se caracterizan por esta forma de ser, es posible cambiar su actitud y posicionamiento. Cuanto antes nos lo planteemos más fácil será conseguir los objetivos esperados.

La falta de valores está asociada a un actitud de caprichos, de que aquí cualquier cosa vale para conseguir lo que deseo porque, total, para lo que sirve. Y una actitud caprichosa va asociada a un comportamiento perezoso. Desde casa se puede detectar enseguida la aparición de conductas caprichosas y perezosas que son la antesala de la falta de valores por los siguientes síntomas:
El joven siempre intenta salirse con la suya y se queja con frecuencia. Usa expresiones como: es una injusticia, no hay derecho, no es culpa mía...
El hijo sólo come algunas cosas que le gustan, y en ocasiones abusa de ellas. (Dejan "lo verde o lo rojo" no dejan el plato limpio...).
No tiene en cuenta las normas de convivencia y de educación.
No obedece si no es en última instancia, y con frecuencia por temor a males mayores.
No hace sus tareas escolares con esmero, incluso procura eludirlas. No usa adecuadamente su agenda escolar.
Ante sus cosas y las de los demás muestra descuido y desorden.
Suele ser impuntual tanto para empezar como para acabar. Al hacerlo así actúa de forma desconsiderada con los que le esperan. No tiene en cuenta a los demás, sino que su conducta se rige por la atracción que supone lo que esté haciendo o la repulsa que le suponga lo que va a hacer.

Estas conductas ¿por qué aparecen?, ¿a qué se deben? Si desde pequeños se les acostumbra a ser protegidos, se les evita problemas y se les colma de atenciones y bienes (porque para eso lo han pasado mal los padres), no ha de extrañarnos que desconozcan cualquier móvil de acción que no sea su propia complacencia.

Por eso, desde temprana edad, hay que inculcarles el VALOR DE RESISTIR, de perseverar ante cualquier dificultad, que sepan luchar para obtener algún objetivo y que no siempre se consigue lo que se pretende a la primera o con facilidad, por ejemplo el éxito en los estudios. Para lograr su madurez hay que permitir que vivan las experiencias desagradables que les depare la vida por azar o como consecuencia de sus actos. Pero nunca hay que dejar a los hijos demasiados solos. La actitud correcta de los padres ha de ser estimulante y consoladora cuando haga falta. Nunca ha de dejarse totalmente solos a los hijos cuando no tienen (en la mayoría de las ocasiones) la capacidad de predecir las consecuencias de sus actos.

Unido al valor de resistir, los padres también deben inculcar el VALOR DE EMPRENDER. Supone enseñarles a proponerse metas valiosas y a perseverar para alcanzarlas poniendo los medios necesarios.

Por eso es necesario, entre otras cosas mostrarles metas valiosas en función de valores personales, sociales y religiosos. Pero para mostrar es necesario explicar e ilustrar su valía con nuestro ejemplo. Los padres tienen que explicar y mostrarse como ejemplo coherente.

Y es que queramos o no nacemos en un mundo rodeado de personas como nosotros, nos influimos unos a otros, no podemos crecer y aprender aislados los unos de los otros.

Al individuo le influye tanto lo que hace él mismo como lo que hacen los demás, incluidos los padres. Y de eso se trata. De actuar, porque los valores existen en las acciones de los hombres, no en las palabras. Los valores no son inaccesibles o algo difícil de alcanzar y cumplir.

Aparecen en las acciones más cotidianas, en el día a día. La vida de los padres centrada en el esfuerzo, trabajo, constancia, disciplina, es un modelo. No hace falta preocuparse por transmitirla oralmente al niño. La conducta, por sí sola, educa.

Existen, por tanto, dos PASOS o pautas sencillas que hay que tener en cuenta para, primero cumplir, y después inculcar, con nuestro comportamiento, los valores en la sociedad en que nos toca vivir:

1. El primer paso para vivir los valores es TOMAR CONCIENCIA de ellos. Una sociedad basada en miembros que respetan los valores, es la forma para una convivencia más sana. Vivir en valores es mucho más que cumplir una serie de normas sociales y civiles que organizan la sociedad. Es un estilo de vida. Las normas establecen pautas de comportamiento necesarias para entendernos pero no hablan de la amabilidad, del respeto al otro, de la cordialidad, etc. Por eso, lo primero es ser conscientes de que los valores son vitales.

2. Cuando estamos convencidos de que los valores son importantes para la vida, es necesario reflexionar sobre CUÁLES SON FUNDAMENTALES PARA NOSOTROS, cuáles nos hacen ser mejores. Este nivel implica un proceso de reflexión interna en el que detallaremos, distinguiremos los valores que ya poseemos y los que debemos buscar.

Hay valores que deben considerarse básicos y obligatoriamente tenidos en cuenta en todos los ámbitos de la familia y educativos. Es la relación que anteriormente hemos citado.

A estos valores considerados mínimos y básicos cada comunidad educativa podrá añadir aquellos que considere necesarios para dar respuesta a los problemas que su propia realidad presenta. O quizás dedicar más esfuerzos a aquellos de los relacionados anteriormente que sean necesarios para hacer frente a problemas específicos que se hayan detectado y priorizado.

Pero para educar en valores contamos con 3 MODELOS de entender la educación que es necesario conocer para evaluar y reflexionar a qué modelo pertenecemos o qué modelo aplicamos y si realmente estamos de acuerdo con él o no:

Modelo reproductor. Fomentar el espíritu crítico no es un objetivo educativo. En este modelo nadie, ni los adultos ni los chicos, decide, o al menos se cuestionan, qué valores se deben transmitir; sencillamente se reproducen los valores establecidos.

Modelo "neutral". A veces ha surgido como reacción al anterior. Es el modelo que propone la ausencia de educación en valores. Los defensores de este modelo entienden que es imposible conjugar la doble finalidad de la educación: el desarrollo personal que supone enseñar a pensar por sí mismo, con la inserción social que supone transmisión de valores aceptados socialmente.

Modelo educador. Se trata de un nuevo modelo de educación que propugna un ambiente educador, también en valores. En toda relación niño-adulto se transmiten valores: los sistemas disciplinarios transmiten autoridad y respeto o autoritarismo. Las actividades pueden transmitir cooperación o competitividad. La evaluación puede fomentar la autocrítica y el esfuerzo personal, o por el contrario producir rechazo al sistema. Igualmente, el ambiente y clima generales de un centro son transmisores de valores.



Fuente
Escuela de Padres
MEC
Ministerio de Educación de España

domingo, 10 de octubre de 2010

Educar la tolerancia en un mundo de diversidad



¿Se han parado a pensar QUÉ ENTIENDEN POR TOLERANCIA? Se trata de un término que en la sociedad actual utilizamos a menudo pero cuyo concepto no está demostrado que se conozca con exactitud. Si consultamos el Diccionario de la Real Academia encontramos dos acepciones; en primer lugar se entiende por tolerancia el "respeto y consideración hacia las opiniones o prácticas de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras" Por otro lado, encontramos otra definición con un sentido más específico que afirma que tolerancia consiste en "permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente; o sea, no impedir –pudiendo hacerlo- que otro u otros realicen determinado mal" Si nos damos cuenta, la cuestión está en determinar el límite de lo no tolerable: la legítima diversidad siempre debe tolerarse (respetarse) y, sin embargo, la ilegítima puede tolerarse o no, depende las circunstancias. Estos planteamientos son los que como padres habrá que inculcar a los hijos de cara a su relación con sus iguales e integración en la sociedad compleja que les toca vivir.


    
De lo anterior debemos concluir que la tolerancia, entendida como respeto y consideración hacia la diferencia, como una disposición a admitir en los demás una manera de ser y de obrar distinta a la propia, o como una actitud de aceptación del legítimo pluralismo, es a todas luces un valor de enorme importancia.
Entendida así la tolerancia puede ayudar a resolver muchos conflictos y a erradicar muchas violencias. Por desgracia vivimos en un mundo en el que son frecuentes actos de violencia y maltrato al prójimo por lo que deducimos que una educación centrada en la tolerancia debe primar y promoverse de una forma necesaria y urgente.


    Tal es así que en los sistemas educativos europeos resurge de nuevo la preocupación por el tema de la educación intercultural y del respeto a las minorías. Ya sabemos que vivimos en sociedades multinacionales, complejas y plurales en distintos ámbitos como el religioso, moral y cultural. La tolerancia hacia lo diferente se ha convertido en el reto más serio de la sociedad presente y futura. De ahí que una de las características esenciales de la escuela pública sea conseguir un objetivo de carácter moral; es decir, educar ciudadanos libres, democráticos, críticos y tolerantes. Todo ello desde una perspectiva integral del ser humano.

    El propósito de la tolerancia es la coexistencia pacífica. FEDERICO MAYOR ZARAGOZA (que fue Director General de la UNESCO) afirma que una persona tolerante respeta la singularidad de cada persona. La tolerancia desarrolla la habilidad de adaptarse a los problemas de la vida diaria. Como adultos debemos saber también que la tolerancia es una fortaleza interna que le permite a la persona afrontar dificultades y disipar malentendidos.

    EN EL ÁMBITO FAMILIAR, los padres desean que sus hijos crezcan libres de estereotipos, sin prejuicios. En la sociedad actual nos movemos entre gran variedad de culturas, personas de distintas razas y los hijos comparten aulas, vecindad con niños cuyo aspecto físico, idioma o costumbres son muy diferentes a las suyas. La familia es la primera escuela en la que se aprende la tolerancia porque siempre hay que hacer reajustes para que todos los miembros tengan cabida en la misma. El colegio es la segunda entidad en importancia donde inculcar el espíritu de la tolerancia.

    Hasta los 3 años los niños creen que el mundo es como ellos y las familias como la suya. Tienen una perspectiva del mundo centrada en su persona. Hacia los 4 años se inicia una educación explícita en el campo de la diversidad. Los niños a partir de estas edades van clasificando las cosas por categorías y diferencian al resto por su color de pelo, su piel clara u oscura. En esta fase podemos escuchar preguntas como ¿por qué Irene no celebra la Navidad como nosotros? Entre los 5 y 7 años los niños ven el mundo desde su punto de vista (cosa que ya hacían) y desde el punto de vista de los demás. Tienen una nueva capacidad para comparar la percepción de sí mismos en comparación con otros. Este aspecto comparativo, en ocasiones provoca competición: "ojalá yo tuviera el pelo de María", o miedo a no ser aceptados: "nadie en mi clase lleva muletas".


    Los padres deben responder a los hijos a estos comentarios o preguntas de forma simple e informativa. Por ejemplo: "nuestra familia es católica y la de Irene es judía" Si los hijos no nacen teniendo en cuenta las diferencias ¿cómo aprenden a tener prejuicios?

   En ocasiones los padres se enfrentan al reto de hablar con los hijos de diversidad cuando ellos tienen aún dudas al respecto. Muchos padres se sienten inseguros cuando tienen que tratar a personas distintas a ellos en aspectos importantes debido a que sienten miedo a estar incómodos o a decir algo inconveniente ya que ellos no han tenido muchas oportunidades de encontrarse con gente diferente. Este reto para los padres de reconocer sus inclinaciones y sus limitaciones se ve reforzado por el hecho de haber crecido en una sociedad que tiene prejuicios de los cuales no es fácil librarse.

   Los hijos con un poco de ayuda, acaban estando a gusto entre la diversidad. La semilla de la tolerancia, se planta con compasión y cuidado. Cuanto más afectuoso se vuelve uno y más comparte ese amor, mayor es la fuerza en ese amor. Cuando hay carencia de amor, hay falta de tolerancia. FEDERICO MAYOR ZARAGOZA nos llega a poner el caso de una madre: cuando el hijo experimenta un obstáculo, ella está preparada y es capaz de tolerar cualquier cosa. En ese momento no se preocupa por su propio bienestar, sino que, con amor, afronta todas las circunstancias. El amor hace que todo sea más fácil de tolerar.

   Entre el nacimiento y los 5 años aprenden muchos valores sociales. Aunque en ocasiones ellos se comporten de manera excluyente hacia otros niños, no quiere decir que hayan formado ya sus propios «prejuicios» Si no hay una intervención activa, este comportamiento que en principio es por imitación, acaba en prejuicios reales.

   Llegados a este punto nos preguntamos ¿CÓMO AYUDAR A LOS HIJOS A LUCHAR CONTRA LOS PREJUICIOS? La primera norma es educar y apoyar a los hijos cuando se enfrenten a situaciones en las que sean blanco de discriminación o testigo de ellas. Aquí tenemos algunos puntos que servirán de guía:


Escuche su dolor.
Ofrezca información. Dígale que lo ocurrido no es aceptable. Hágale saber que los insultos y burlas suelen proceder de la ignorancia.
Ofrezca ayuda o protección. A veces los niños no son capaces de responder por sí solos a los actos discriminatorios.
Hable con claridad cuando oiga calumnias.
Ofrezca una visión de cambio social.
Fomente la iniciativa de los niños.
La cooperación genera optimismo sobre el mundo.


   


Es bueno que los niños sepan que existe colaboración y ayuda y les dará confianza saber que tal vez ellos sean capaces de cambiar algo injusto. En nuestra sociedad actual existen educadores que han investigado y han trabajado para crear un programa capaz de contrarrestar prejuicios todavía existentes y han desarrollado un «planteamiento no discriminatorio» para la educación. En ella hay cuatro componentes:


1. Valorarse uno mismo como miembro de todos los grupos a los que pertenece.
2. Valorar a otros que pertenecen a grupos distintos.
3. Reconocer los prejuicios e injusticias sociales por pertenecer a determinados grupos.
4. Pensar en la forma de reaccionar ante la injusticia defendiéndose uno mismo y convirtiéndose en aliado de otros grupos.


    Llegados a este punto debemos saber que EL PRIMER PASO PARA VALORAR LA DIVERSIDAD ES HONRAR Y VALORAR NUESTRA PROCEDENCIA. Todos operamos desde un contexto cultural que desempeña un papel importante en las decisiones que tomamos como padres. Pero la cultura no es algo estático, es dinámico, adaptable a las nuevas influencias, a la economía, geografía, etc. También varía de una persona a otra. La cultura está formada de pequeños detalles: costumbres, recetas de cocina... Todos tenemos un legado cultural importante y mientras lo enseñamos a los hijos les ayudamos a respetar otros y a establecer las bases para apreciar la diversidad.

    Para terminar debemos apuntar varias FORMAS DE AYUDAR A SU HIJO A VALORARSE. En concreto y entre otras, deben hacer lo siguiente:


Enseñe a sus hijos datos sobre su cultura.
Utilice a la familia completa como ayuda.
Estudie y anote la historia de la familia.
Enseñe a sus hijos lo que es más especial de la familia.
Ofrezca modelos de rol positivos.
Ofrezca a su hijo juguetes y libros que reflejen positivamente los grupos a los que pertenecen.
Vigile los prejuicios que aparecen en los medios de comunicación.


 Por último también debemos saber algunas FORMAS DE AYUDAR A LOS HIJOS A VALORAR A LOS DEMÁS. Entre otras apuntamos las siguientes:


Favorezca el encuentro con personas de otras culturas.
Enseñe imágenes "no estereotipadas" sobre diversidad.
Hable con los hijos sobre las diferencias y similitud con otras personas.
Amplíe experiencias sobre arte, culturas diferentes.
Enseñe a su hijo que la diversidad se aplica a todos: también él es "distinto" para otras personas.
Trabaje sobre sus propias ideas y prejuicios.


 


 


Fuente


Escuela de Padres


MEC


Ministerio de Educación de España


 


 

viernes, 1 de octubre de 2010

Cómo aprenden los niños

    En otra ocasión hemos hablado sobre la necesidad de enseñar a poner límites a nuestros hijos. Para llevar a cabo esta necesidad, quizá sea de interés comprender el modo en que las personas aprendemos nuestras conductas, como camino para analizar las de nuestros hijos.

    Empecemos por precisar algo sobre el concepto de conducta. A un niño no se le puede enseñar a ser bueno ni a ser obediente... Se le adiestra en conductas que le hacen parecer bueno, obediente... Las conductas son acciones concretas -adecuadas o inadecuadas- en circunstancias determinadas. Enseñamos a los niños a realizar conductas adecuadas en momentos determinados o a modificar conductas inadecuadas o que se producen en circunstancias inadecuadas.

    La psicología del aprendizaje describe tres modelos principales de incorporación de conductas en la persona:

Condicionamiento clásico.

Condicionamiento operante o instrumental.

Aprendizaje observacional o vicario.


Condicionamiento clásico.

    El condicionamiento clásico surge de los estudios de I. P. Pavlov sobre los estímulos condicionados en animales, que naturalmente tuvo reflejo importante en las teorías sobre el aprendizaje de conductas en las personas.

    Las personas utilizamos esta forma de aprendizaje a través de la asociación de estímulos significativos para la supervivencia con otros no significativos biológicamente (apartarnos con urgencia ante el sonido de la sirena de una ambulancia), pero también sabemos que una sonrisa de nuestro interlocutor puede significar aprobación y que la ausencia de contacto visual con él supone, entre otras cosas, que no le interesa lo que le estamos diciendo y, por tanto, nos callamos.

    En los niños este proceso de aprendizaje se da de manera más significativa. Rápidamente asocian estímulos condicionados con estímulos incondicionados. El niño que se muerde las uñas y se las untan con un líquido de sabor desagradable acabará asociando morder las uñas con la sensación de un sabor desagradable, de tal forma que acabará no mordiéndoselas aunque sus uñas no estén untadas.


   Se puede utilizar esta forma de aprendizaje para descondicionar conductas. Si un niño tiene miedo al agua y se resiste a bañarse, la mejor manera de quitárselo sería exponerle al agua, de forma no traumática (sin aguadillas o empujones), y estar con él hasta que se tranquilice. Evidentemente este procedimiento sólo sirve en casos de miedo, no en el de fobias para las que es recomendable tratar con un profesional.

Condicionamiento operante o instrumental.


    En el condicionamiento clásico lo que realiza el animal es una asociación entre dos estímulos que provoca una respuesta. El psicólogo norteamericano B. F. Skinner descubrió que a partir de la respuesta que da el animal se obtiene un reforzador que permite que se repita esa respuesta. (La paloma aprende a apretar una palanca para conseguir comida)


    Si queremos que un niño repita una conducta tendremos que reforzársela, darle un estímulo, y si lo que buscamos es que deje de realizarla deberemos evitar cualquier refuerzo. Los estímulos reforzadores no tienen que ser siempre materiales. En los niños, son más reforzadores una sonrisa o una felicitación de los padres que una golosina.

   El castigo está incluido en este procedimiento de aprendizaje: el niño que da una respuesta no aceptable obtiene un estímulo desagradable. Dentro del modelo se comprueba que reforzar positivamente las conductas es más efectivo que el castigo, ya que este, aunque no carezca de cierta eficacia, produce agresividad en el individuo y, cuando se abusa de él, indefensión.

    El modelo también explica cómo enseñar conductas complejas, mediante un proceso de aproximaciones sucesivas. Si queremos que el niño aprenda un conducta compleja, descompongamos ésta en partes, ordenadas por el grado de dificultad, y vayamos reforzando su realización sucesiva. Un ejemplo: si queremos que nuestro hijo de seis años colabore en casa poniendo la mesa, al principio le pediremos que coloque el mantel y le felicitaremos por realizarlo. Después de varios días, cuando haya aprendido a poner el mantel, le pediremos que coloque el mantel y que lleve los platos y le felicitaremos por realizarlo. Así sucesivamente hasta conseguir el objetivo.


Aprendizaje observacional o vicario
.

    A diferencia de los dos paradigmas anteriormente citados en los que el sujeto pone en marcha sus habilidades frente a las situaciones, los psicólogos A. Bandura y R. H. Walters plantean el aprendizaje como un proceso que trasciende las características individuales: el sujeto no podría aprender conductas nuevas sin poseer un elenco de conductas previas, es decir, aprende observando cómo actúan otras personas.


    Los niños, más que nadie, son propensos a imitar las conductas que ven en personas significativas. Por tanto nos encontramos con una herramienta potente en el proceso de enseñanza de conductas pero también con una fuente de aprendizaje de conductas poco adecuadas. Un niño no necesita a nadie que le enseñe a ser violento si descubre que hay héroes de la televisión o del deporte que realizan conductas violentas y son aplaudidas por ellas.


   Podemos utilizar sus personajes favoritos para señalarles aquellas conductas que nos parezcan apropiadas, o comportarnos delante de ellos como queremos que se comporten.




Algunas ideas más


El refuerzo, la ausencia del refuerzo o el castigo han de ser contingentes a la conducta desarrollada. No se puede castigar o premiar una conducta semanas después de que ha sucedido porque el niño no asociara conducta y refuerzo.


Si se refuerza o se sanciona una conducta, se ha de ser consistente. No se puede reír una conducta que horas después será amonestada. De este modo se refuerza y castiga la misma conducta lo que produce desorientación en el niño.


El refuerzo o castigo han de ser proporcionales. No se puede premiar el que un niño ponga la mesa con una videoconsola, ni castigar el que rompa accidentalmente un vaso con la retirada de la paga de dos meses.


Se ha de ser coherente con las conductas que se exijan, y con los premios o castigos que se prometan. Los padres han de cumplir aquello que piden a sus hijos.



 



 



Fuente

Escuela de Padres

MEC

Ministerio de Educación de España

 

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