lunes, 26 de marzo de 2012

Educar adolescentes en redes sociales

Las redes sociales en Internet se constituyen en un fenómeno explosivo, y fundamentalmente novedoso. Esto genera incertidumbres en los padres ¿Qué hacer? ¿Cuál es el margen de acción? El siguiente artículo reflexiona sobre el problema.



El autor analiza el componente identitario de las redes sociales para la actual generación de adolescentes, que las utiliza como una herramienta para zafarse del exceso de control y protección paterno. Recomienda dejar espacio a los adolescentes para que ellos decidan, pero a la vez estar cerca, para que sepan que pueden contar con nosotros ante cualquier duda o peligro. Además, recuerda una serie de consejos básicos a transmitir a los menores, para preservar su identidad y sus derechos como usuarios, como no dar datos personales, advertirles de que las imágenes expuestas pueden ser utilizadas o manipuladas, y cuidar la información que enseñan a los demás, entre otras recomendaciones.

Tener hijos adolescentes o poder tenerlos dentro de poco –en cuanto crezcan los niños y las niñas que criamos implica pensar en el fenómeno de las Redes Sociales en Internet. Nuestras generaciones más jóvenes han nacido con el ratón en la mano y el portátil bajo el brazo. Esta situación implica una relación asimétrica con las nuevas tecnologías, ellos saben de estas cosas más que nosotros y esto determina nuestra posición como padres y madres.

Parece que las nuevas tecnologías de la comunicación no sólo separan generaciones por cómo las usan, sino que además, se están utilizando como elemento identitario diferencial. Así, igual que hace unas décadas los vaqueros o la música rock eran vividos como señales que daban sentido e identidad a una generación frente a la anterior, ahora el uso del móvil, Messenger o Tuenti sirven para definir elementos compartidos que definen a nuestros adolescentes y jóvenes.

Las Redes Sociales en Internet existen desde hace muy poco tiempo. Se habla de 10 años, y se afirma que existen más de 100 millones de usuarios. No tenemos porqué tomar la cifra como exacta, pero en todo caso nos ayuda a entender cómo se trata de un acontecimiento con una fuerte tendencia expansiva. En el que participan masivamente jóvenes y adolescentes.

Debemos pensar qué utilidades tiene para los y las adolescentes este espacio de comunicación “virtual”. A través de la página personal de Facebook o Tuenti (por mencionar algunas de las redes más extendidas) los chicos y chicas se muestran, juegan a construir identidades, deciden cómo se exhiben ante los demás… A la vez pueden comunicarse y encontrarse de múltiples formas y evitando las restricciones espacio-temporales que les imponemos desde nuestra cultura. Así esta generación de adolescentes, una de las más protegidas y controladas por los adultos, ha conseguido encontrar un medio desde el que romper el cuidado con el que se les limitaba sus relaciones con los iguales. En un marco social en el que hay pocos hermanos, la relación con la familia extensa –sobre todo con los primos se hace más complicada y cuando los tiempos y espacios libres se han restringido por los posibles peligros que pueden acechar a la infancia y la adolescencia –mucho más en las ciudades-, resulta que los chicos y las chicas han encontrado un medio para hablar con sus amigos desde el ordenador de su habitación o desde el sofá del salón cuando están tecleando en el portátil familiar.

Todo esto provoca un significativo nivel de incertidumbre en muchos padres y madres. Y podemos pensar en algunas razones. Por ejemplo, mencionemos cómo estas nuevas aplicaciones informáticas ponen en cuestión la tradicional asimetría del saber que deja por encima a los padres y madres. Aquí la cosa es al contrario, son los chicos y las chicas los que pueden dar lecciones a sus mayores. Otra fuente de inquietud pasa por reconocer que a través del ordenador ya no sirven los tradicionales sistemas de control familiar. Ahora no basta con determinar a qué hora se vuelve a casa o con llamar por el teléfono móvil para saber con quienes están nuestros hijos e hijas. Con estas nuevas formas de comunicación ellos pueden estar usando el chat de Facebook y escribirse con una persona de 25 años o con un amigo residente en Santiago de Chile con el que comparten la afición por el motociclismo.

Y por supuesto están los otros miedos, los de siempre: que nuestro hijo o hija entre en contacto con alguien que le haga daño, que le “roben” algo valioso, que se exponga a situaciones traumáticas… En este sentido Internet reproduce los temores habituales que tenemos los padres y madres ante cualquier tipo de relación social. Y es que probablemente esto se nos escapa: Internet no es más que un nuevo medio para hacer las mismas cosas. Por eso aparecen razonablemente los mismos y antiguos miedos. “No te salgas del bosque y no hables con extraños” fueron las dos únicas indicaciones que oyó Caperucita de labios de su madre, antes de dejarla para cruzar el bosque.

Y esto nos lleva a que pensar en educar sobre las redes sociales de Internet es hacer lo de siempre en otro contexto. Desde esta perspectiva recuperamos algunos de los instrumentos básicos de la crianza: el control como contención; el apoyo como instrumento de estímulo; la comunicación como recurso para establecer vínculos. Nada más y nada menos.

Por otro lado es importante saber ajustar cada respuesta a la situación y la edad. A veces les dejamos solos demasiado pronto y a veces demasiado tarde. En ocasiones es algo que no decidimos, que viene dado por las circunstancias, pero incluso en esos momentos, si somos conscientes de ello, podemos hacer por reducir las dificultades que esto conlleva. También desde un marco general, queremos destacar la importancia de poder estar cerca para hablar y atender si aparecen problemas. A veces el trabajo educativo en la adolescencia es un trabajo de acompañamiento, de estar junto a ellos atentos y distantes a la vez. Dejar espacio para que ellos decidan a la vez que estamos cerca como un salvavidas que no hay necesidad de usar pero cuya sola presencia recuerda peligros y promete ayuda cuando se pueda requerir.

Desde una perspectiva más específica, pensando en las características de la comunicación en Internet y ciertas características de los y las adolescentes, podemos pensar en cuestiones como la imagen personal, las dificultades entre pensamiento y acción, las relaciones amistosas y el aprendizaje de los derechos como usuarios. Repasémoslos de forma breve. La Red ofrece a los y las adolescentes un mágico escaparate donde mostrarse a los demás y desde el que recibir (e imaginar) respuestas de los otros. Hay que pensar lo que se muestra, cómo se muestra y a quién se enseña. A la vez, cuidarse en Internet implica tener claro que no se deben dar datos personales (domicilio, teléfono, información bancario, números o claves de tarjetas de crédito). Incluso es recomendable identificarse sin dar el nombre completo, usando alias que permitan proteger nuestra identidad. En otro sentido las imágenes expuestas pueden ser utilizadas y/o manipuladas por otros, tener esto en cuenta y cuidar qué se enseña a los demás es importante en un medio en el que la información (escrita o visual) puede permanecer en teoría hasta el infinito.

Y hablamos repetidamente de pensar porque es una acción importante en este grupo de edad que puede tender con demasiada rapidez a la actuación, aunque esto no sea algo exclusivo de los adolescentes. En Internet, una vez que se incluyen imágenes, datos o cualquier otra información sobre una persona esta información queda fuera de su control. Y aunque hablamos del mundo virtual, en ese mundo de pantallas y microprocesadores pasan cosas que nos llegan al mundo real, a nuestras emociones y nuestros afectos. Los ordenadores pueden hacer daño y dejar heridas. Cuidarnos con ellos es cuidarnos a nosotros.

A través de las aplicaciones de Internet los chicos y chicas se comunican. Esto nos lleva a otro punto: cómo se articulan las relaciones. Aquí es importante cuidar a los amigos y en ocasiones cuidarse de ellos ¿Son siempre los amigos de sus amigos sus amigos? Hay que tratar de seleccionar bien a quién se permite acceder a nuestra información. Esto implica usar los niveles de “privacidad” de las Redes, ajustando cada contenido al nivel de privacidad que se estime más oportuno. En este plano hay que prestar atención a las posibilidades de ligar: hacerlo en Internet con extraños puede tener graves consecuencias. Tengamos en cuenta que algunas personas mienten sobre su verdadera identidad. Si bien se trata de situaciones poco frecuentes, a veces se conciertan citas entre personas que se han conocido en Internet. Si esto ocurre, es importante que la cita se organice en un lugar público durante las horas del día y en compañía de amigos de confianza. Es importante avisar a un adulto sobre dónde se va.

Desde otro plano Internet es negocio. Muchas de sus aplicaciones son producidas por empresas y esto también ocurre en las Redes Sociales. Aquí debemos incluir la mirada del consumidor y pensar en nuestras estrategias y derechos como usuarios. Así debemos recordar que no todas las Redes Sociales son iguales ni tratan o defienden nuestra información de la misma forma. Y nosotros podemos escoger cuál nos resulta más útil para nuestros intereses o más respetuosa con nuestros derechos. Además existen mecanismos de regulación y denuncia para utilizar en situaciones en las que consideremos que se producen irregularidades o se usan nuestros datos inadecuadamente, para ello hay que conocer esos procedimientos. Por último, en este sentido comercial hay que abrir el campo de análisis al papel y el impacto de la publicidad. Estos nuevos medios de comunicación son utilizados también por otras empresas comerciales que buscan impactar en los usuarios de las Redes Sociales y dirigir sus conductas y adquisiciones.

En un reciente estudio del INJUVE, Rubio y Menor recogen cómo las preocupaciones de los jóvenes y los adolescentes coinciden con las de sus padres ante los riesgos y peligros de Internet. Hay que construir condiciones desde las que podamos confiar en nuestros hijos e hijas, en sus recursos, su capacidad de análisis, su sensatez, también entendiendo que si se da una dificultad que les sobrepasa van a pedirnos ayuda. Confianza que se vuelva también hacia ellos, ayudándoles a ganar autonomía y madurez.

Acabemos recordando que nuestra sociedad reparte y multiplica los agentes socializadores. No sólo en nuestras casas nuestros hijos e hijas crecen y se educan. Por ello queremos hacer una breve mención del papel de la escuela en la educación ante las nuevas tecnologías. La LOE y sus desarrollos proponen en este sentido educar la competencia digital, en la que se incluyen habilidades y destrezas para utilizar estos nuevos medios. Sólo queremos aquí subrayar la necesidad de no quedarnos en una exigencia de eficacia instrumental (saber usarlos y manejar máquinas y aplicaciones). Además de saber utilizar el teclado y el ratón debemos favorecer entre chicos y chicas el aprendizaje de sistemas éticos y actitudes que permitan que la llamada “ágora digital” esté organizada según principios democráticos. También con los ordenadores se enseña o se aprende a ser ciudadano. Y esto es algo que debemos tener presente a la hora de impulsar iniciativas como madres y padres desde nuestras asociaciones y en los consejos escolares.


Autor
Luis García Campos
Colaborador de Formación de CEAPA, psicólogo y orientador
Extraído de
nov/dic 2009 padres y madres de alumnos y alumnas



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domingo, 18 de marzo de 2012

La corresponsabilidad

Si bien el involucramiento familiar, o alianza escuela-familia, es una necesidad ampliamente reconocida, hay mucho para hacer al respecto ¿Está la escuela preparada para incluir a la familia? ¿Existen las herramientas necesarias? No se puede recorrer el camino de la Calidad Educativa sin la familia. El siguiente artículo aporta el punto de vista de los padres.




Corren tiempos en los que se oye con frecuencia hablar de corresponsabilidad y nos gustaría reflexionar brevemente en estas líneas sobre el término en cuestión y los ámbitos a los que, desde nuestro punto de vista, nos afecta como familias especialmente. Hablamos de corresponsabilidad como sinónimo de asumir responsabilidades, entendiendo que aceptamos las consecuencias de nuestros actos de forma voluntaria, pero con el matiz de que esa aceptación es conjunta, entre varias personas y no con carácter individual. Dicho de otra forma, la corresponsabilidad implica participar activamente en la responsabilidad con otras personas. Es un indicativo de igualdad, que se asocia a tener iguales derechos y también iguales deberes.

Estamos habituados en los últimos tiempos a escuchar muchas disertaciones sobre la corresponsabilidad en las tareas domésticas, no en vano tenemos una novedosa y reciente Ley de Igualdad; entre las distintas administraciones locales, autonómicas y estatal; entre los ciudadanos, cuando hablamos, por ejemplo, de corresponsabilidad fiscal; entre países en misiones humanitarias internacionales; de corresponsabilidad en la educación, a la hora de formar ciudadanos en las aulas; etc.

Sobre este último ámbito de la corresponsabilidad en la educación es sobre el que queremos detenernos. Esta expresión ha adquirido una especial significación desde la elaboración, aprobación y aplicación de la Ley Orgánica de Educación. En esta sociedad del siglo XXI ya nos hemos dado cuenta de que la educación de los chicos y chicas no es cosa sólo de la escuela, y tampoco de las familias, y menos de los alumnos en exclusiva, sino que hemos ampliado la misma a toda la sociedad. El hecho de que el proceso de aprendizaje lleve parejo y de forma inseparable el de enseñanza, nos muestra que ambos son indivisibles, y que en ambos intervienen diferentes y numerosos actores como para exigir la responsabilidad de cualquiera de ellos a un único protagonista.

Nos movemos en términos de corresponsabilidad de toda la comunidad educativa, que para las familias va inexorablemente unido al de participación real y efectiva. No se nos puede exigir a las familias corresponsabilidad en la formación de nuestros hijos e hijas si antes no se ponen a nuestro alcance las herramientas que nos permitan asumir esa responsabilidad conjunta. Sigue siendo una asignatura pendiente para nosotras, aunque cada vez estamos más cerca de aprobarla, porque creemos que hay una mayor conciencia de que las familias somos imprescindibles en el proceso educativo y de que nuestra opinión es necesaria.

No podemos cerrar estas líneas hablando de corresponsabilidad en la educación, sin hacer referencia a la obligación que todos los centros sostenidos con fondos públicos tienen de hacerse corresponsables en la escolarización de todo tipo de alumnado. En unos tiempos en los que el alumnado es afortunadamente y enriquecedoramente diverso, las administraciones educativas que sostienen los conciertos de los centros de titularidad privada deben velar para que esa corresponsabilidad no quede únicamente en el papel de una ley, sino que sea efectiva, y nosotros como familias debemos exigir que así sea.




Autora
Ana Abán
Presidenta de la Federación de APAS de Aragón (FAPAR)
Fuente
nov/dic 2008 padres y madres de al umnos y al umnas 3 3



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sábado, 10 de marzo de 2012

La educación como base de un futuro mejor

El involucramiento familiar en las escuelas es imprescindible, y abarca diversos planos, uno de ellos es el relativo a la calidad educativa ¿Qué escuela necesitamos? El siguiente es un aporte, desde el punto de vista de los padres, a ese importante debate.



Hace algunos días tenía una interesante tertulia con algunos amigos y algunas amigas. Se trataba de una de estas tertulias de sobremesa en las que se habla de muchas cosas. Pero este día tuvo algo diferente. Hablamos, entre otras cosas, del mundo que le vamos a dejar a nuestros hijos e hijas, del grado de responsabilidad que tenemos y sobre todo de qué cosas podemos hacer para que el futuro no parezca tan desolador.

Casi todos y todas nos plateamos la necesidad de cambiar nuestros hábitos de vida, para entre otras cosas no dañar nuestros ecosistemas, y en definitiva no terminar prematuramente con nuestro planeta. Siempre sale a relucir la pregunta: “¿Qué mundo dejamos a nuestros hijos?”; y aunque se ha convertido en un tópico, es algo en lo que no dejamos de pensar. La conversación fue muy larga y todos aportaban geniales ideas, pero casi imposibles de aplicar; al final nos fuimos a casa con la sensación de haber pasado un rato entre amigos y amigas hablando de nuestras cosas.

De camino a casa, no podía dejar de pensar en qué podíamos hacer para que el futuro de nuestros hijos fuera mejor. Después de toda la tarde de tertulia, llegué a la conclusión de que lo mejor que podemos hacer por el futuro de nuestros hijos es ocuparnos de que reciban una buena educación, una buena formación y en definitiva inculcarles valores humanos que les hagan ser ciudadanos que propicien el cambio que este mundo necesita. Son valores como la tolerancia, la solidaridad y el amor por ellos mismos, entre otros tantos.

Está claro que nosotros podemos hacer muchas cosas, pequeños detalles, pero si no nos ocupamos de lo más importante, su educación, haciéndoles personas capaces de cambiar a mejor la sociedad en la que vivimos, de poco valdrán las cosas que hagamos ahora.

Y entonces saltan las preguntas, ¿estamos haciendo lo correcto?, ¿están las Administraciones Públicas facilitando que nuestros hijos e hijas se preparen de verdad y reciban una educación adecuada?... A la vista está que no hacen más que engañarnos.

En general, hablan de mejoras del sistema educativo, para que nuestros hijos estén más preparados, pues de su formación depende el futuro de nuestro país. Claro, en términos económicos, no nos olvidemos nunca de esa premisa de nuestros gobernantes. Las propuestas son muchas, se habla mucho de mejorar en áreas como las lenguas extranjeras, y por supuesto mejorar la comprensión lectora, la escritura y la expresión oral de nuestro propio idioma, y así podríamos hacer un listado casi interminable de las cuestiones que se proponen mejorar, sobre todo cuando estamos en épocas electorales. Si analizamos un poco las propuestas, de unos y otros, podemos estar de acuerdo o no con ellas, pero en lo que sí vamos a coincidir es en que lo que necesitamos es que nuestros hijos tengan a su alcance, y en las mejores condiciones de acceso, la posibilidad de formarse para ser mejores ciudadanos, y que no se sientan apartados ni incapaces de aportar su granito de arena a la sociedad en la que van a vivir. Uno de los grandes problemas de nuestro sistema educativo es la falta de unidad y de criterio global. En este país cada uno quiere ir por su lado, y esto viene propiciado por la falta de acuerdos entre los partidos políticos que cubren nuestro arco parlamentario. No se puede llegar a tener un sistema educativo sólido, con objetivos claros, si cada cuatro años y dependiendo del partido político que gobierne se cambian las leyes y normas que regulan nuestra educación. España debe ser uno de los países más complejos en cuanto a leyes, decretos, normativas, etc. que regulan el sistema educativo. Tenemos leyes y normas estatales y por supuesto las autonómicas, que al ser propias de cada zona hacen aún más complejo el desarrollo del sistema.

Los principales sufridores de esto son los miembros de la comunidad educativa; profesorado, alumnado, padres y madres tenemos que adaptarnos a los cambios y antes de asumirlos o incluso de aplicarlos ya son derogados por otra norma. Esto es inadmisible, necesitamos urgentemente un Pacto Social por la Educación Pública, donde se marque las directrices y objetivos, y sobre todo, donde se recoja el compromiso de todos, partidos políticos, sindicatos, educadores, padres y madres, de defender una Educación Pública para todos y todas con calidad y capaz de formar ciudadanos dignos, críticos, luchadores y con disposición de mejorar lo que no hemos sido capaces de hacer hasta ahora.

En estos momentos de crisis, los gobiernos están recortando, palabra muy de moda, de casi todas las áreas, y digo casi todas porque aquellas con las que puedan conseguir control político de la sociedad se recortan en menor medida; por ejemplo me refiero a los medios de comunicación autonómicos, que se han convertido en agujeros negros de los presupuestos, pero estos entes parece que conviene mantenerlos. Por el contrario, castigan a la educación pública, dejando de invertir, y digo invertir porque de ello depende el futuro de nuestros hijos y nuestras hijas.

Estaremos de acuerdo en que la situación es difícil, pero se trata de gestionar mejor el poco dinero que haya. No se trata de retirar inversión para que el número del presupuesto cuadre y que el déficit, esa palabra a la que ya le tenemos hasta miedo, sea el exigido por la Unión Europea.

No podemos resignarnos a que se siga desinvirtiendo en el Sistema Educativo Público. Es muy probable que con el mismo dinero se puedan conseguir mejores resultados, priorizando unas necesidades como la educación. Como padres no queremos sólo que nuestros hijos estén cuidados y atendidos, demandamos y exigimos que reciban una educación mejor.

Por todo ello, el Pacto Social por la Educación Pública de calidad es una necesidad para garantizar mejores resultados y un futuro provechoso para nuestros hijos y nuestras hijas.



Autor
Manuel Rodríguez
Presidente de FIMAPA
Extraído de
Padres y Madres de Alumnos y Alumnas
Revista de la
Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA)

viernes, 2 de marzo de 2012

Qué ventajas tiene para las familias escolarizar a sus hijos en la escuela pública

¿Escuela pública o privada? Esta opción es analizada desde el punto de vista de los padres. El artículo se refiere al contexto español, pero sus afirmaciones pueden ser válidas a otros, en Iberoamérica, y resulta interesante, a la hora de sacar conclusiones.



El vicepresidente de CEAPA señala en este artículo las características de la escuela pública, y que le llevaron tomar la decisión de escolarizar en ella a sus hijos e hijas. Considera que, por ser una escuela socializadora, democrática, inclusiva, participativa y aconfesional, sus hijos han recibido una buena formación y han adquirido valores democráticos, participativos, tolerantes y respetuosos.

No tuve ninguna duda a la hora de escolarizar a mis hijos e hijas en la escuela pública. Sabía cuáles eran las líneas fundamentales que debería tener la educación de mis hijos e hijas. Para mí, la escuela pública es la que socializa mejor a los niños y niñas, es democrática, inclusiva, participativa y aconfesional.

Socializadora, porque siendo la familia la que en un primer momento constituye el entorno social, es la escuela la encargada de la formación integral, de que nuestros hijos conozcan distintos grupos sociales cercanos a su experiencia, algunas de sus características culturales, valores y formas de vida, generando actitudes de confianza, respeto y aprecio.

Democrática, porque la principal característica de una escuela democrática es la participación en ella de la comunidad educativa, libre e igualitaria, con un proyecto común y unas líneas de trabajo mutuamente aceptadas, donde cada sector debe partir de la premisa de que necesita al otro para sacar adelante un programa educativo, del que se beneficiará toda la comunidad y en espacial el alumnado. Esto se aplica mediante la toma de decisiones conjuntas por parte de todos los participantes en lo relativo a la organización cotidiana mediante los consejos escolares, como órgano máximo de participación de un centro.

Inclusiva, pues ésta es la escuela que incluye a todos, la que reconoce la realidad plural de nuestra sociedad, la que no entiende la diferencia como problema, sino como valor a integrar para el enriquecimiento del grupo y de cada uno de sus miembros.

Participativa, pues es un lugar de encuentro de padres, madres y profesores: la participación de los padres y madres en la escuela debe ser real, porque ella se considera un factor y un componente de la calidad de la enseñanza y además un beneficio para los alumnos.

Aconfesional, concepto que implica que la escuela no asume como propia ninguna confesión religiosa; en la escuela publica no debe haber símbolos de carácter privado, garantizando el total respeto hacia la dignidad de cada individuo y de todas las personas que forman la comunidad educativa.

Basándome en estos pilares, que yo creo fundamentales en la educación, mi elección no podía ser otra que la escuela publica. A un año de que mi tercer hijo termine su último año de instituto puedo afirmar que los tres se han convertido en personas formadas, capaces, cívicas y tolerantes, propias de un país democrático y moderno como
el nuestro. Mis hijos, gracias al sistema de becas, al sistema de préstamo de libros de texto, al sistema de bibliotecas públicas, en definitiva, gracias a la cobertura social del Estado en la importante labor de educar a nuestros hijos, han conseguido lo que han querido, sin verse perjudicados por el lugar de nacimiento, por la ideología de sus padres o su situación económica.

Mis hijos han pasado del cobijo familiar a entrar de lleno en la sociedad como hombres y mujeres democráticos, participativos, tolerantes y respetuosos hacia todo tipo de creencias o tradiciones diferentes a las suyas, lo que demuestra que mi elección por la escuela pública allá por los años 80 fue la correcta, y mi lucha, trabajo y apuesta por la escuela pública merece y merecerá siempre la pena.


Autor
Virgilio Gantes
Vicepresidente de CEAPA
Extraído de
Padres y Madres de Alumnos y Alumnas
Revista de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA)

jueves, 23 de febrero de 2012

Privatización de la Educación: no, gracias

La participación de los padres es vital para conseguir éxito escolar, en este blog mucho se insiste sobre la tarea de ellos en el hogar, pero también son imprescindibles en la escuela. En España han logrado un alto nivel de institucionalización, formando Federación de Asociaciones, que opinan y publican, como en este caso sobre la disyuntiva escuela pública-privada.



Para los que defendemos una escuela pública de calidad, integradora, participativa, democrática, que ofrezca realmente las mismas posibilidades a todos y todas, sin distinción de credos, sexo, procedencia, o estrato social, se nos hace muy difícil asimilar las políticas que defienden la concertación sin ningún tipo de cortapisas.

En algunas comunidades como la Valenciana o la de Madrid, los gobiernos autonómicos están potenciando claramente el modelo de escuela concertada con el pretexto de garantizar la libertad de los padres en la elección de centro, algo verdaderamente perverso, ya que dicha libertad pasaría primero porque la administración ofreciera una verdadera oferta de centros públicos en igualdad de condiciones.

Desde FAPA-València nos preguntamos si los empresarios de la educación van a construir centros en zonas desfavorecidas o rurales para que los padres puedan elegir. Recordemos que en las zonas rurales sólo existe la oferta pública, evidentemente porque el número de alumnos para escolarizar no es rentable económicamente hablando.

¿Va a haber a partir de ahora una verdadera y equilibrada distribución del alumnado entre la escuela pública y la privada? No debemos olvidar que, a pesar de la defensa de la libertad de elección de centro, algunos colectivos de alumnado en desventaja (los excluidos socialmente, aquellos de familias con pocos recursos,…) son rechazados por los centros privados concertados.

¿Van a dejar de cobrar las cuotas ilegales a los padres y madres que utilizan ese tipo de centros? En algunos casos, los padres llegan a pagar tanto como la aportación que se hace desde la Administración y, sin embargo, a pesar de ser totalmente ilegal, se sigue con esta práctica extendida en la gran mayoría de centros concertados.

La educación no puede ser un negocio y mucho menos a costa de las arcas públicas, de esta manera nos parece inconcebible no sólo que se mantenga la concertación, sino que además se fomente en algunas comunidades autónomas la cesión de suelo público para la construcción de centros privados.

En estos tiempos difíciles que corren, las administraciones deben velar porque los servicios públicos básicos sean un bien común y no sólo para unos pocos. Es más, deberían hacer un esfuerzo en la inversión destinada a los centros públicos, garantizando mayor calidad y ampliando la oferta ya que la educación, y con ello la inversión que se destine a la misma, será el futuro de nuestros hijos e hijas. Nosotros como padres y madres preocupados debemos luchar para que reciban una educación de calidad que les ofrezca la posibilidad de tener un futuro digno, y es por esta razón y no otra por la que decimos no a la privatización de la educación.



Autora
María José Navarro
Presidenta de FAPA-Valencia
Extraído de

miércoles, 15 de febrero de 2012

¿Qué tal mejores padres?

Si nos preguntamos ¿Qué escuela queremos? Seguramente será aquella que permite y estimula la participación de los padres. La importancia de la familia en los aprendizajes escolares de los alumnos está reconocida, además de la necesaria participación en la institución escolar, son determinantes en la formación de hábitos. En los siguientes párrafos, se destaca este último aspecto.

 



No hay duda de que un gran maestro puede marcar una diferencia enorme en los logros de un alumno, y necesitamos reclutar, capacitar y recompensar a más de tales maestros. Sin embargo, algunos estudios nuevos están mostrando que también necesitamos mejores padres. Padres más centrados en la educación de sus hijos pueden marcar una enorme diferencia en los logros de un alumno.

 

Cada tres años, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, u OCDE, aplica exámenes como parte del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos o PISA, por sus siglas en inglés, con los cuales se examina a muchachos de 15 años de los principales países industrializados del mundo sobre comprensión de la lectura y capacidad para aplicar lo aprendido en matemáticas y ciencia para resolver problemas reales, las habilidades más importantes para tener éxito en la universidad y en la vida. Los estadounidenses de 15 años no se han distinguido en los exámenes PISA en comparación con alumnos de Singapur, Finlandia y Shangai. 

Para comprender mejor por qué algunos estudiantes florecen al presentar las pruebas PISA y otros no, los países de la OCDE alentaron a Andreas Schleicher, quien las supervisa por parte de la Organización, a ver más allá de los salones de clase. 

Así es que a partir de 2006 y empezando con cuatro países para después agregar 14 más en 2009, el equipo PISA fue con los padres de cinco mil estudiantes y les preguntó “cómo educaron a sus hijos y después comparamos eso con los resultados del examen” para cada uno de esos años, me explicó Schleicher. Hace apenas un mes, el equipo PISA publicó las tres conclusiones principales de su estudio: 

“Los alumnos de 15 años, cuyos padres leen libros a menudo con ellos durante el primer año de primaria, muestran marcadamente calificaciones más altas en el PISA 2009 que el de los hijos cuyos padres leen poco frecuentemente o nada. La ventaja en el desempeño entre los alumnos cuyos padres les leen en sus primeros años de escuela es evidente, sin importar los antecedentes socioeconómicos de la familia. El compromiso de los padres con sus hijos de 15 años se asocia en forma contundente con un mejor desempeño en los PISA”. 

Schleicher me explicó que “sólo preguntarle a tu hijo cómo le fue en la escuela y mostrar un interés genuino en lo que está aprendiendo puede tener el mismo impacto que muchas horas de clases particulares. Es algo que cada padre puede hacer, sin importar cuál sea su nivel académico o antecedentes sociales”. 

Por ejemplo, el estudio PISA revela que “los estudiantes cuyos padres informaron que habían leído un libro con su hijo ‘a diario o casi todos los días’ o ‘una o dos veces por semana’ durante el primer año de primaria, tienen calificaciones marcadamente más altas en el PISA 2009 que aquellos cuyos padres reportaron haber leído un libro con su hijo ‘nunca o casi nunca’ o ‘una o dos veces al mes’. En promedio, la diferencia en la calificación es de 25 puntos, el equivalente de bastante más de la mitad de un año escolar”. 

Sí, los alumnos de hogares acomodados tienen más posibilidades de tener padres más involucrados. “No obstante”, encontró el equipo PISA, “aun cuando se compara a estudiantes con antecedentes socioeconómicos similares, aquellos cuyos padres les leían libros regularmente cuando estaban en primer año de primaria tuvieron, en promedio, 14 puntos más en la calificación que los alumnos cuyos padres no lo hicieron”. 

También importa el tipo de participación de los padres. “Por ejemplo”, nota el estudio PISA, “en promedio, la diferencia en puntos de las calificaciones en lectura asociada con la participación de los padres es más grande cuando estos leen un libro con su hijo, cuando hablan de cosas que hicieron durante el día y cuando cuentan cuentos a sus hijos” La diferencia en las calificaciones es menor cuando la participación de los padres tiene la forma de simplemente jugar con sus hijos. 

Estos hallazgos de PISA se reflejan en un estudio reciente del Centro para la Educación Pública de la Asociación Nacional de Consejos Escolares de Estados Unidos, y escrito por su directora, Patte Barth, para el número más reciente de la revista The American School Board Journal. El estudio, titulado “De regreso a clases. Cómo la participación de los padres afecta el rendimiento de los alumnos” encontró “algo sorprendente”, escribió Barth: 
La participación de los padres puede adoptar muchas formas, pero sólo unas cuantas se relacionan con un desempeño más alto de los alumnos. De los padres que trabajan, las acciones de quienes apoyan el aprendizaje de los hijos en la casa tienen más probabilidades de impactar el rendimiento académico en la escuela”. 

Supervisar la tarea; asegurarse que los niños vayan a la escuela; recompensar sus esfuerzos, y hablar sobre la idea de ir a la universidad. Estas acciones están vinculadas a una mejor asistencia, mejores calificaciones, mejor puntaje en los exámenes y preparación para la universidad”, escribió Barth. “El estudio encontró que hacer que los padres se involucren en el aprendizaje de sus hijos en la casa es un motor más poderoso para el rendimiento que los que asisten a las reuniones de padres de familia y del consejo escolar; ser voluntarios en el salón de clases, participar en recaudaciones de fondos y presentarse las noches de regreso a la escuela”. 

Sin duda que no hay sustituto para un buen maestro. No hay nada más valioso que una gran instrucción en el salón de clases. Sin embargo, ya no dejemos toda la carga a los profesores. También necesitamos mejores padres. 

Mejores padres pueden hacer que cada maestro sea más efectivo.

Por Thomas L. Friedman
Servicio de noticias de The New York Times
Fuente
LosAndes.com 









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lunes, 6 de febrero de 2012

Las competencias parentales

En un mundo que cambia cada vez con mayor rapidez ¿Qué habilidades deben tener los padres? El siguiente artículo, desde la óptica paterna trata de explicarnos cuál es la educación más importante.




Todos los padres y madres sufrimos a diario la dificultad que conlleva, hoy en día, la responsabilidad de ejercer adecuadamente nuestro rol parental. Durante los primeros años de la vida de nuestros hijos e hijas, nos resulta relativamente fácil cubrir todas sus necesidades básicas, además de que solemos contar con el apoyo y supervisión de otras personas o familiares cercanos que nos ayudan y orientan. Pero, como señala Jorge Barudy en su libro “Los buenos tratos a la infancia”, “el desafío de la función parental implica poder satisfacer las múltiples necesidades de los hijos (alimentación, cuidados corporales, protección, necesidades cognitivas, emocionales, socioculturales, etc.), pero dado que estas necesidades son evolutivas los padres deben poseer una plasticidad estructural que les permita adaptarse a los cambios de las necesidades de sus hijos”. Y ahí precisamente es donde en muchas ocasiones nos surge el problema: lo que nos servía antes deja de ser útil, o simplemente en muchas ocasiones no sabemos cómo afrontar la educación de nuestros propios hijos, y este problema puede agravarse claramente cuando llegan a la adolescencia.

En numerosas ocasiones, a la propia angustia que los conflictos con nuestros hijos nos genera, se une la angustia de saber que en libros, revistas, internet... hay tantísimos recursos, técnicas y estrategias para solucionar cualquier problema o incidencia que pudiéramos tener como padres, y que no somos capaces de llevar a cabo, o lo intentamos y no provoca los resultados esperados.

El otro día, la psicopedagoga del IES de mi hija nos daba una charla a los padres sobre cómo conseguir “comunicarnos” mejor con nuestros hijos e hijas adolescentes, y nos repartió una “chuleta” de frases erróneas y adecuadas que teníamos que emplear con nuestros ellos. La sesión fue muy interesante, nos enseñó técnicas para mejorar nuestra comunicación, para evitar conflictos... Sin embargo, por experiencia profesional, estoy convencido de que todas esas técnicas sirven de muy poco si en la base de la relación con nuestros hijos no se ha establecido una adecuada relación paternofilial basada en el apego, en el afecto mutuo y que posibilite que los padres y madres podamos desarrollar plenamente nuestras habilidades y competencias.

Siguiendo el esquema propuesto por Jorge Barudy (a quien recomiendo leer a todo el mundo) señalaré cuatro competencias básicas que debemos poseer todos los padres y madres:
1ª capacidad de apegarse, de vincularse a los hijos. Incluye los recursos emotivos, cognitivos y conductuales que debemos poseer para conseguir un apego seguro de nuestros hijos desde su más tierna infancia;
2ª empatía, es decir, la capacidad de percibir las vivencias internas de nuestros hijos e hijas, de comprender sus manifestaciones emocionales y gestuales, de ponernos en su lugar y sentirnos como ellos se sienten;
3ª modelos de crianza (familiares y culturales) que determinan las formas de percibir las necesidades de nuestros hijos y también la forma de responder a las mismas;
4ª la capacidad de pedir, aportar y recibir ayuda de otros (familiares, redes sociales, etc.)

La función parental, es decir, el objetivo último de ser padre o madre, no es otro que el dar una adecuada respuesta a las tres finalidades que debemos satisfacer en el seno de nuestras familias: la función nutriente, la socializadora y la educativa. Es evidente que antes de utilizar estrategias y técnicas, debemos de hacer con nuestros hijos algo mucho más esencial: quererlos, cuidarlos, contribuir a la construcción de una adecuada identidad y facilitarles experiencias relacionales que les sirvan como modelos de aprendizaje para vivir de una forma respetuosa, adaptada y armónica en la sociedad.

Yo quería hablar de algún tema de educación... y he acabado hablando de nosotros, como padres y madres; es decir, desde mi punto de vista, de la educación más importante de la vida.

Autor
Luis Gómez Casals
Miembro de Junta Directiva de FAPA Castelló “Penyagolosa”
Extraído de
Padres y Madres de Alumnos y Alumnas
Revista de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA)

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